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(Ingresan a Sala los representantes del Centro de Bodegueros del Uruguay.)

Buenas tardes a todos.

Antes que nada, queremos pedir disculpas por la demora, pero la reunión con la anterior delegación se extendió más de lo previsto.

Tenemos el gusto de recibir a los representantes del Centro de Bodegueros del Uruguay y vamos a escuchar su opinión sobre el proyecto de ley por el que se modifican disposiciones relativas al INAVI.

SEÑOR VARELA.-  En mi calidad de Presidente del Centro de Bodegueros del Uruguay, antes que nada quiero agradecer a los señores Senadores por recibirnos en la Comisión y por escuchar nuestras opiniones.

                Hemos estudiado este proyecto de ley, así como las consideraciones previas que se hicieron y quisiéramos realizar una serie de observaciones. En primer lugar, entendemos que se está modificando en forma sustancial la integración del Consejo de Administración del INAVI, integración que originalmente pretendió -y entendemos que en el correr de todos estos años lo consiguió- permitir que estuvieran presentes en el máximo órgano de dirección del Instituto los distintos actores e intereses que confluyen en la producción vitivinícola, como es el caso de los productores de uva, los bodegueros, los productores que particularmente integran cooperativas -cabe acotar que uno de los cometidos de INAVI es impulsar y promover todo lo que tenga que ver con la cooperativización de los productores- y los integrantes del movimiento CREA, por considerar que son de avanzada en lo que tiene que ver con el caso particular de la viticultura.

                Esta propuesta disminuye a la mitad -de seis a tres- el número de representantes del sector privado, lo que entendemos está limitando en forma importante la posibilidad de expresión de esas distintas realidades y, sobre todo, de interactuar en ese Consejo de Administración. De esa discusión que se pueda dar -que será lo más fermental posible- entre los distintos actores, seguramente surgirán las posturas y los lineamientos para poder llevar adelante los cambios que serán propuestos al Poder Ejecutivo que, en definitiva, siempre es el que tiene la última palabra en estos casos. El INAVI no dicta leyes ni decretos; solamente tiene algunos cometidos y su relación con el Ministerio consiste en asesorarlo y realizar propuestas  en lo que tenga que ver con el aspecto vitivinícola. Entendemos, entonces, que esa reducción, no sólo no permite que estén presentes esas distintas voces, sino que además ya deja en una minoría a los delegados del sector privado, de forma tal que se pierde toda posibilidad de tener alguna injerencia en las decisiones, porque pasarían solamente a dar su opinión, ya que la mayoría, dada por los votos del sector público, sería la que estaría predominando. Los representantes estarían tres a tres, pero se sabe que el Presidente tiene voto doble.

                El otro aspecto que queremos destacar, porque para nosotros es fundamental, refiere a la elección de esos delegados, que hoy se hace a través de las gremiales que lo integran y que, entre sus participantes, eligen a aquellos que no sólo los van a representar, sino que fundamentalmente van a llevar las propuestas y las ideas que la base, que son precisamente las gremiales, les puedan trasmitir. Al pasarse ahora a una elección por voto secreto y obligatorio entre un padrón abierto de viticultores y bodegueros se pierde, justamente, todo el campo fértil que significa la discusión entre gremiales y el llevar luego esas posiciones al seno del Consejo. Habría que hacer asambleas en la plaza pública para poder trasmitir a esas personas que resulten electas el sentir de los bodegueros para llevar las propuestas al INAVI.

                Estas son las consideraciones más importantes que tenemos para plantear, pero de todas formas, hemos elaborado un breve documento en el que exponemos nuestras posiciones sobre los distintos puntos que están considerados y que hacen tanto a la forma como al fondo de este proyecto de ley que se ha presentado.

SEÑOR AROCENA.- Soy  Juan José Arocena, integrante del Centro de Bodegueros del Uruguay.

 Nosotros consideramos que la vitivinicultura en los últimos veinte años ha dado un salto cualitativo muy importante; de ahí surge el prestigio que ha obtenido el vino uruguayo, tanto a nivel nacional como en el exterior. La propia población del Uruguay nos ha acompañado tremendamente en ese proceso de prestigio del vino uruguayo, gran parte del cual se debe, por supuesto, a los productores y a las gremiales, pero por supuesto, también corresponde al INAVI que, en definitiva, está formado por nosotros mismos, por las propias gremiales.

Hay dos aspectos que me interesa destacar en este sentido: uno es que las gremiales que integran el INAVI han sido elegidas dentro del padrón de productores viticultores y bodegueros de este país. Inclusive, de parte de los viticultores no se ha logrado tener un representante más; hay una silla vacante, hoy ocupada por el Centro Viticultor del Uruguay, que sería para otra gremial que no se ha presentado y que nunca estuvo presente. Hay que tener en cuenta que el uruguayo es un poco haragán para integrar gremiales, porque implican trabajo y, fundamentalmente, tiempo, por lo que no todo el mundo se arrima a ellas. De todos modos, queremos destacar que las gremiales que hoy integran el Consejo de INAVI han sido elegidas dentro de lo que establece la ley del organismo y que, si ha faltado una representación, es porque la gremial no se ha hecho presente y no porque no esté la silla correspondiente.

                En segundo lugar, queremos destacar un concepto mencionado por el Presidente: el INAVI asesora al Poder Ejecutivo, no dicta leyes ni decretos.

                Consideramos que, pese a todas las discrepancias y a las mejoras que se puedan instrumentar respecto a la Ley de INAVI, no es necesario elaborar una nueva ley, aunque por supuesto admitimos que se debe ajustar, pues hace veinte años que el Instituto está funcionando con esta normativa. Es lógico, entonces, que sea necesario ajustarla, pero de ahí a llegar a una nueva ley, nos parece que no es necesario, pues de ese modo se abriría la posibilidad de que las gremiales pierdan su poder representativo. Con sus pro y sus contra el Instituto ha funcionado bien e incluso, durante estos veinte años se ha autofinanciado; tan así es que, por ejemplo,  el Poder Ejecutivo nunca destinó recursos para las campañas de publicidad que se han desarrollado, tanto aquí como en el exterior, sino que fueron cubiertas por el INAVI.

                Pensamos que un Instituto que funcionó más o menos bien, de pronto, con ajustes puede desempeñarse mejor aún. Para nosotros no es necesaria la elaboración de una nueva ley; por el contrario, se debe ajustar lo que ya tenemos sin desarmar lo existente.

SEÑOR VARELA.- Cuando se analiza la integración de otros Institutos similares como, por ejemplo, el INIA, el INAC y el INASE, se puede observar que todos ellos se caracterizan por la participación de actores privados: delegados de la Asociación Rural, de la Federación Rural, de la Comisión Nacional de Fomento Rural, CAF y FUCREA. Inclusive, en varios de esos institutos hay mayoría de actores privados, como es el caso de INASE, el que está integrado por cuatro actores privados y uno público; y de INAC, que lo está por dos actores privados y uno público. En todos esos casos, se considera que la integración a través de las gremiales y sus representantes es la mejor forma de funcionar, pues mediante ese mecanismo pueden quedar plasmados los intereses de los productores, pero también el de la comunidad a través de los delegados públicos.

                De la misma forma en que se entiende que ese es un buen mecanismo para esos otros organismos, también tiene que serlo para el INAVI. Además estamos hablando de entidades gremiales que, en muchos casos, ya tienen setenta y cinco años, otras más de cincuenta o treinta y pico; no estamos hablando de organizaciones nuevas, pues hace muchos años que están trabajando en la vitivinicultura y, por lo tanto, conocen desde adentro lo que sucede en el sector.

                Se dice que hay otras voces que no se sienten representadas en el Consejo del INAVI, pero las gremiales no sólo están abiertas a recibir nuevos integrantes, sino que existe la posibilidad de que pueda ingresar alguna otra gremial, porque existe un lugar que no ha sido ocupado. La Ley establece que dos lugares son para los delegados de los vitivinicultores, pero hoy existe una sola gremial que ocupa esos lugares debido a que no ha aparecido otra que reclame su lugar. Si hoy o mañana se presenta una organización de bodegueros, que cumple con las normas del decreto de 1992 -que establece cómo debe ser la representación, en función de la antigüedad, de la personería jurídica y de la representabilidad en producción y en productores- y reclama su lugar y tiene más derecho que algunas de las que integran hoy el Consejo de INAVI, pues tendrán que dejar su lugar para que pueda ser ocupado por esa nueva organización. De modo que no es algo que esté trancado o que  haya un grupo que domina y maneja todo el INAVI.

                También se argumenta que puede haber casos en los que algunos integrantes se han perpetuado en sus cargos. Sin embargo, si se mira las decenas de personas que han actuado como Consejeros del INAVI durante estos años, se podrá comprobar que han sido muchos, e incluso, es algo que se puede solucionar fácilmente si se establecen topes a los períodos en que se puede ser reelecto.

                En definitiva pensamos que ninguno de esos elementos que puedan merecer un ajuste, justifican la instrumentación de una modificación al marco en el que funciona el Consejo del INAVI. A nuestro entender, la solución de los problemas que pueda tener actualmente el sector de la vitivinicultura, va a surgir mucho mejor de un ámbito en el que puedan confluir la mayor cantidad de intereses y en cual estén representadas todas las voces, pero no disminuyendo el número de integrantes. Consideramos que la salida se puede encontrar en la formulación de políticas, tanto en lo productivo como en lo comercial, pero no cambiando el marco de funcionamiento, pues ello es como si quisiéramos solucionar los problemas del país modificando la Constitución de la República o la integración de la Cámara de Senadores. Entendemos que ese tipo de cosas no son las que, en el fondo, nos pueden llevar a encontrar las soluciones que corresponden.

SEÑORA PRESIDENTA.- Quiero decir a la delegación que nos visita que nosotros recién empezamos el estudio de este proyecto de ley y estamos en la etapa de recibir a todos sus implicados, que son varios. Además, es una iniciativa que, por supuesto, no viene cerrada.

Las observaciones que ustedes están planteando, ya fueron realizadas por otras delegaciones. Creemos que la redacción de la norma debe ser afinada porque, por ejemplo, cuando se habla de la forma de elección de las autoridades, no se expresa realmente lo que se quiso decir. Y esto trae aparejado una serie de problemas.

En realidad -y esto fue algo que aclaró el señor Ministro con relación a otra iniciativa que presenta el mismo inconveniente- aquí lo que se quiere es fortalecer a las gremiales. Probablemente, la redacción no fue feliz o no quedó explicitada, pero, para tranquilidad de ustedes vuelvo a decir que la idea aquí es fortalecer a las gremiales.

Como bien expresó el señor Arocena, sabemos que hay gente que después de una jornada laboral no tiene ganas de concurrir a otras reuniones. Entonces, creo que habría que buscar la forma de que ese productor o bodeguero también participe. Esa es la intención. Quizás haya que afinar la redacción y, por eso, estamos recibiendo a las delegaciones para escuchar las distintas opiniones.

En virtud de que nosotros nos encontramos en la etapa de recopilación del material de trabajo, me permito solicitarles que si tienen alguna propuesta para realizar -y en este sentido, nos manifestaban que el INAVI podría realizar algunos ajustes al proyecto de ley- nos la hagan llegar a efectos de poder precisar y ajustar la redacción.

Vuelvo a decir que todavía no comenzamos con la discusión de la iniciativa, sino que estamos escuchando a las delegaciones. De manera que si nos  quieren  acercar  algún  material  o introducir cambios en la Ley Nº 15.903 -que es la ley original- no duden en hacerlo, porque no estamos cerrados a ninguna sugerencia. Simplemente el Poder Ejecutivo nos envió este proyecto de ley y sobre él estamos trabajando.

Pensamos que es muy importante -y por esa razón fue que enviamos la iniciativa a consideración de todo el sector- conocer la opinión de todos los implicados en la iniciativa.

En otro orden de cosas, algunos productores nos han señalado que el precio de la uva debería seguir siendo fijado por el Poder Ejecutivo. Nosotros tomamos debida nota de esa sugerencia realizada por la gente que está en este proceso, por entender que es un sector que socialmente nos importa, porque proporciona mucha mano de obra. Entonces, los ajustes que hagamos los queremos hacer sin perjudicar al propio sector.

SEÑOR AROCENA.- El Centro de Bodegueros del Uruguay es una gremial con 75 años de vida. El cambio de autoridades se realiza cada dos años y no se permite la reelección. Además, en el caso particular nuestro, quiero decir que realizamos las reuniones en las diferentes casas de los productores, cada quince días, justamente, como una forma de ir rotando. Sin embargo, nos encontramos con que uno de los grandes problemas que se presenta es la concurrencia del productor, porque va al principio y lo sigue haciendo durante  uno, dos o tres meses, pero después empieza a faltar. Tratamos de que la reunión sea equidistante de los lugares en que  vive cada uno. Una de las discusiones que tenemos cuando llega el momento de las elecciones es encontrar un candidato a Presidente, porque representa toda una carga. Como dije, uno de los grandes inconvenientes que siempre vemos en las gremiales es el de la asistencia del productor como, por ejemplo, en la Cámara de Industrias de la que fui integrante durante muchos años.

                Volviendo al tema de la integración del INAVI quiero decir lo siguiente.  Actualmente está integrada por seis representantes privados -seis gremiales- y tres representantes del Estado, cada  uno con sus alternos. Nosotros consideramos que con la integración de seis gremiales está bien representada la parte productora de la actividad que, cabe aclarar, es muy compleja.

Como bien dijo la señora Presidenta, el sector brinda mucha mano de obra y normalmente está conformado por pequeños productores y granjeros, es decir, por emprendimientos familiares. Por ser una actividad compleja  no se puede regular por un decreto. Entonces, estimamos que si se disminuye la representación de las  gremiales a tres algunos grupos quedarían afuera y cuando se elaboró la ley la intención fue contemplar a la mayor cantidad de los productores que había en el sector.  Por esa razón, hay delegados de los grupos  CREA,  de  las  cooperativas, de los vitivinicultores, de los bodegueros -que tienen dos gremiales- y tres representantes del Poder Ejecutivo. Si se baja esa representación a tres, ¿quiénes quedan? 

Por otra parte, los vitivinicultores son más cantidad que los bodegueros, entonces otra interrogante es si de acuerdo a la ley sólo van a quedar los representantes de los vitivinicultores. Pero se debe tener en cuenta que los vitivinicultores tienen una labor distinta y no conocen todo lo que es la parte comercial, de promoción y producción. Por estas razones consideramos inconveniente reducir el número de las gremiales representadas en la integración del INAVI. Creo que esta Institución ha funcionado bien durante los últimos veinte años y si bien hay que hacerle ajustes, no hay que desarmarla. 

SEÑOR VARELA.-  Estamos muy preocupados por las consideraciones previas que tiene la presentación del proyecto, porque cualquiera que las lea y  no conozca en profundidad el tema puede pensar que se trata de un organismo que ha sido desastroso en su funcionamiento. Hay una serie de acusaciones en cuanto a una mala gestión y un mal uso de los fondos. Insisto que de su lectura surge que un sector que  fue gobernado por un Instituto con ese  desempeño durante los últimos veinte años debe estar realmente liquidado. No podemos decir que la vitivinicultura no esté pasando por un momento difícil, pero tengamos presente cuál era su panorama cuando en el año 1990 se firmó el Tratado del MERCOSUR. Sin ningún tipo de dudas, junto con el sector del azúcar, estábamos condenados a desaparecer. Lamentablemente, el sector del azúcar no ha podido salir de una situación difícil como sí lo hemos podido hacer nosotros. Aclaro que no estoy diciendo que esto no haya tenido su costo. Es verdad que muchas bodegas no han podido seguir, pero sin duda hubieran sido muchas más si durante todos estos años no se hubieran tomado algunas medidas. Creo que testigo de eso es nuestra población, porque si de algo está convencido el uruguayo es de la evolución positiva que han tenido los vinos y la industria de la vitivinicultura en el Uruguay y eso no puede ser producto de un engaño de todos quienes estamos en esto ni de la gestión de un organismo que no hizo las cosas medianamente bien. Si lo comparamos con lo  que sucede en otros países, vemos que en proporción y con la superficie de viña que tenemos podrían quedar diez o quince establecimientos vitivinícolas y cuatro o cinco bodegas. Eso sería más que suficiente para la producción de uva y la elaboración de vinos para consumo en el país. Sin embargo, hoy tenemos 1.800 productores y todavía contamos con 270 bodegas. A su vez, producimos en 8.500 hectáreas lo que antes producíamos en 14.000 ó 16.000 hectáreas. Eso significa que ha habido toda una evolución positiva que es la que ha permitido que podamos seguir intentando defendernos de lo que es el mundo de la vitivinicultura.

                Por otro lado, tampoco estamos ajenos a esa situación, porque en todo el mundo está ocurriendo algo similar a lo que sucede aquí, ya que los países de tradición más vitícola están atravesando grandes dificultades. A diferencia de lo que pasa con otros rubros productivos que hoy están en pleno auge en el mundo, hoy -y desde hace muchos años- está sobrando vino. Hay una cantidad de países productores, sobre todo del hemisferio sur, que están intentando conquistar mercados, por supuesto, los más exigentes que son los del hemisferio norte. Los propios productores franceses, españoles e italianos están viendo cómo disminuyen sus ventas y empiezan a aparecer vinos de Australia, Nueva Zelanda y de Sudáfrica, que son de muy buena calidad y de muy buen precio. Aun con todos los subsidios que tienen enfrentan serios problemas, a tal punto que en Europa se están planteando, entre otras cosas, arrancar 400.000 hectáreas de viña, lo que equivale a dos Argentinas vitivinícolas. Fíjense la magnitud que eso supone; el Uruguay sólo tiene 8.500 hectáreas y todavía no ha podido solucionar el tema.

                La situación que está viviendo nuestro país es, en gran medida, reflejo de lo que sucede en las oscilaciones de una producción que depende del clima. En el año 2004 tuvimos una cosecha récord y en los años subsiguientes hemos tenido buenas cosechas; además, tenemos una existencia importante de vinos. A partir del año 2002 -como consecuencia de la crisis que vivió nuestro país- el consumo ha venido bajando y no se ha recuperado. Además, tengamos presente lo que es la competencia de los vinos argentinos, tanto de los que ingresan legalmente como de contrabando, así como lo que significa la venta de otras bebidas, concretamente de las cervezas, cuyas marcas están reunidas en una sola multinacional que, sin duda, concentra un poder que no poseen todas las bodegas juntas. Nosotros debemos pelear contra todo eso.

El sector está pasando por un ciclo difícil, pero entendemos que todos juntos y tratando de aportar ideas podemos encontrar una salida.

SEÑORA PRESIDENTA.- Somos conscientes de las dificultades del sector y de la prueba que fue el MERCOSUR. En lo personal, vivo en un barrio de viñas y recuerdo que la firma del Acuerdo del MERCOSUR tuvo ese pro: la gente se debió reciclar; la que lo hizo mejoró muchísimo, pero algunos no lo lograron. Además, la tecnología ha avanzado de una forma extraordinaria en este sector como, por ejemplo, la productividad por planta, entre otros aspectos.

                De todos modos, queremos echar una mirada al sector y tratar de optimizar su funcionamiento. Por ese motivo, a partir del proyecto de ley que ha enviado el Poder Ejecutivo al Parlamento estamos en este plan de escuchar la voz del sector para después trabajar en su articulado.

SEÑOR DA ROSA.- Voy a hacer una pregunta referida concretamente al proyecto de ley y otra a la problemática global del sector.

                Con respecto al proyecto de ley quisiera saber si el cuestionamiento central que ustedes realizan a las modificaciones que está planteando el Poder Ejecutivo se refiere básicamente al tema de la integración del INAVI o si consideran que dentro de esa propuesta hay algún otro aspecto que es especialmente crítico o con el cual tienen diferencias importantes.

                En cuanto al tema global del sector, me interesaría saber cómo han estado evolucionando en los últimos años -estaba escuchando lo que se decía recién con relación a que el consumo interno del vino ha venido cayendo desde la crisis del año 2002- las posibilidades de colocación del vino nacional en el mercado exterior nacional.

SEÑOR VARELA.- En lo que respecta a la primera pregunta, los dos puntos que más nos preocupan tienen que ver con la disminución de la cantidad de representaciones y, por lo tanto, de voces diferentes que puedan estar llevando sus problemas allí. Tampoco estamos de acuerdo con la forma en que son elegidos.

Siempre hemos escuchado que la fuerza política que gobierna hoy prioriza la agremiación de productores, de estudiantes, como forma de hacer conocer la voz de la gente. Nosotros entendemos que eso es así y, en este caso, nos parece que esas bondades de la agremiación de productores se han visto reflejadas en el funcionamiento del INAVI.

                En cuanto a la evolución del consumo, debemos decir que el mercado interno llegó a cifras de 32 litros por persona por año, lo que ubicaba al Uruguay entre los diez principales países consumidores del mundo; más precisamente, nos encontrábamos en el lugar siete u ocho de la lista. En la actualidad, la cifra bajó a 28 litros por habitante por año.

                En el mercado externo la evolución ha sido lenta y despareja y desde el origen nuestro país ha tenido una estrategia dirigida a vender vino de más alta calidad y no el genérico, el que se denomina “vino a granel”. Tal como decía anteriormente, en situaciones de superproducción, aquellos países que pueden producir los vinos de más bajo costo son los que tienen ventajas. En cambio, el Uruguay tiene que apostar a un producto de mayor precio y, por lo tanto, de mayor valor agregado. Es decir, se trata de valorizarlo y venderlo como vino embotellado, con una marca y país de origen. Creemos que esa es la forma de valorizar un producto aunque, sin duda, no es algo sencillo, porque el consumidor no solamente está consumiendo el líquido que hay dentro de una botella, sino que también tiene en cuenta lo que dice la etiqueta, el país de origen, la variedad, la empresa y la bodega que lo hace. En un producto como este, todos estos aspectos son importantes y la historia y la tradición juegan mucho. En el área de la producción de vino, el Uruguay es un país prácticamente desconocido y es menos conocido aún en lo que refiere a los vinos de buena calidad. Si bien ya estamos ganando algunos premios, somos bastante nuevos en la materia y lo que se ha logrado es el fruto de la reconversión que se hizo, lo que permitió mejorar la calidad de los vinos.

                Entonces, es importante lograr ese reconocimiento en los mercados consumidores y, sobre todo, en el consumidor final, es decir, en aquella persona que realiza la selección. Podremos convencer a un exportador mostrándole el vino, dándolo a probar y destacando el precio, pero éste, a su vez, tiene que conseguir convencer a quien tiene un restaurante o una tienda especializada para que lo compre y todavía falta el último eslabón principal de la cadena, que es el consumidor que genera el hueco para que el vino se reponga. Allí es donde importa el conocimiento masivo del producto y la publicidad es relevante a la hora de hacer conocer al país. Inclusive, esto nos sucede con otros productos emblemáticos del Uruguay como, por ejemplo, la carne. Todos sabemos que en muchos lugares se vende carne uruguaya como si fuera argentina, porque este país sí suena en el mundo. Lamentablemente, nuestro país no se conoce o se conoce muy poco, a pesar de que esa carne de la que estamos hablando proviene del Uruguay.

                ¿Qué sucedió cuando se pretendió ingresar carne uruguaya en México? Sin duda, nuestra carne es uno de nuestros mejores productos y que no tiene ningún problema sanitario; sin embargo, estuvimos peleando durante mucho tiempo para poder ingresar a ese mercado. ¿Por qué sucede esto? Porque todo el mundo se protege y porque los mexicanos no quieren que ingrese carne de otro país.

Entonces, si en un producto tan conocido como la carne nos han sucedido todas estas cosas, en un sector como el del vino se nos hace mucho más difícil poder competir y llegar a los volúmenes que podrían permitir drenar el vino que está sobrando.

                A causa de esto, el año pasado se establecieron otras estrategias como la de venta de vino a granel, es decir, en grandes volúmenes. Fundamentalmente, este vino se está vendiendo a Rusia como consecuencia de una dificultad -algunos problemas políticos- que tuvieron aquellos que tradicionalmente exportaban este producto a ese país. De esta forma, se ha generado una corriente que si bien desde el punto de vista económico es muy poco rentable o casi de nula rentabilidad, permite sacar el stock que está haciendo presión, como ocurre cuando sobra la oferta y, por tanto, el precio baja. Esto se ha hecho con la intención de promover lo que se denominó como prestaciones vínicas. En definitiva, se trata de establecer un determinado volumen proporcional a la producción de cada bodega, que permanece imposibilitado de ser vendido en el mercado interno. Eso no solamente descomprime la cantidad de vino existente, sino que también genera mayor necesidad de colocarlo afuera. Entonces, llega un momento en que eso tiene un costo financiero, ocupa espacio. En fin, los responsables de la bodega pueden pensar que tal vez no ganan tanto vendiendo este vino a granel, pero se lo sacan de encima y, a su vez, aligeran esa presión que hay en el mercado interno y el precio mejora un poco. 

                Ese tipo de medidas lo que tratan de hacer es equilibrar la situación. No nos olvidemos que estamos hablando de una producción que sufre los avatares climáticos. Por ejemplo, en el año 2002 tuvimos la cosecha más baja del país, mientras que en el 2004 tuvimos la más alta; quiere decir que en dos años existió una diferencia de producción que pudo haber llegado al 40%. No hay consumo -ya sea interno o externo- que sea capaz de absorber esas diferencias de producciones.

                Entonces, la idea es establecer mecanismos que regulen esas diferencias con la existencia de un vino que ahora se llama “de garantía” o algo así; se trata de un porcentaje de vino que queda inmovilizado cuando sobra y que, cuando hay faltante ‑porque la producción disminuye- permite recurrir a él de forma de mantener los equilibrios.

                Entendemos que podemos avanzar con ese tipo de medidas o con otras parecidas, pero siempre tratando de promover la venta del vino, en primer lugar, en el mercado interno, para que no sigamos perdiéndolo y, si se puede, ir ganando espacios en él. Después tratamos de abordar el mercado externo y, más tarde, de contemplar la salida de otros subproductos, porque con la uva se puede hacer jugo de uva, mosto y,  también, se puede hacer alcohol con el vino.

                En fin, se trata de buscar otras salidas que también tiendan a descomprimir esta producción en exceso.

SEÑOR SCIUTTO.- Quería decir algo al respecto.

                Tenemos un mercado interno que es muy rico y lo queremos conservar y proteger, pero todavía no estamos a salvo de la amenaza de nuestros vecinos, concretamente, de Argentina. Todo lo que hemos mejorado no quiere decir que la amenaza no siga existiendo. O sea que tenemos que seguir trabajando para el exterior y tratando de solucionar ese problema a los efectos de que, si mañana el 50% del vino que se consume en el Uruguay es argentino, nosotros podamos tener una salida por otro lado. De lo contrario, en el futuro Argentina nos invadirá.

                Este es un grave problema que seguimos teniendo.

SEÑOR VARELA.- A veces se menciona que tenemos una industria, un sector sobreprotegido, pero no debemos olvidar que aquí cerca, del otro lado del Río de la Plata, tenemos a uno de los productores vitivinícolas más grandes del mundo que, además, ha tenido circunstanciales situaciones de crisis. Digo esto, porque ha pasado, por ejemplo, de tener 300.000 hectáreas, a perder 100.000 hectáreas en diez años. Esto ha sido producto de malas políticas y de un incentivo demasiado exagerado en un principio ya que, lógicamente, llegó un momento en que el mercado no pudo soportar y se perdieron muchos viñedos.

                Aún así, sigue siendo un productor muy grande, que tiene importantes oscilaciones en su producción como consecuencia de estas cosas.

                Entonces, cualquier crisis productiva argentina que se traslade aquí, aunque sea en una pequeña proporción, nos arruina, nos ahoga en poco tiempo, porque somos muy diferentes en tamaño.

                En consecuencia, algunas medidas como, por ejemplo, que no se permita el ingreso de vino a granel -o sea, en grandes volúmenes- de Argentina -y esto es para todo el MERCOSUR- justamente tienden a eso. Asimismo, también tienden a poder controlar y a que no ocurran cosas como las que sucedieron en Argentina, donde se adulteró un vino de traslado a granel con alcohol metílico y murieron nueve personas. Quiere decir que estas medidas sirven para eso.

                Ahora mismo, como se ha dicho, estamos teniendo una competencia importante de los vinos argentinos, no sólo de los de contrabando, sino también de los que ingresan legalmente. ¿Por qué?  Esto es fruto de que, como todos sabemos, Argentina está llevando adelante políticas de control de la inflación que hacen que los precios de los combustibles estén anormalmente bajos, así como los de la energía, de las telecomunicaciones, en fin, los de una cantidad de parámetros que influyen en la producción y que hacen que pueda tener esos costos tan bajos, lo que posibilita el ingreso a Uruguay de vinos que compiten con los nuestros. 

Esas son situaciones que, según entendemos, no reflejan el hecho de que haya una mayor eficiencia productiva de ese país, sino que simplemente derivan de situaciones particulares que en algún momento se van a tener que revertir. No se puede ir contra la realidad durante mucho tiempo, pero mientras tanto, estas medidas causan un daño, un perjuicio grande a nuestras producciones, porque no tenemos esos  precios en muchos insumos.

SEÑOR FILGUEIRA.- Normalmente, a las reuniones que se llevan a cabo a esta hora de la tarde uno ya llega cansado del traqueteo de la mañana, pero no quisiera irme sin recordar cómo ha cambiado el panorama entre 1990 y 2007. ¿A quién se le podía ocurrir en 1990 que el Uruguay iba a sacar premios tan importantes como los que está obteniendo actualmente? En esa época, teníamos vinos que se llamaban “lija” en su gran mayoría y hubo una reconversión realmente muy importante. Es más, en estos últimos 17 años atravesamos crisis no sólo del Uruguay, sino del mundo entero y aún así se mantienen 272 bodegas. Tengan en cuenta que la Argentina, cuya producción es mucho mayor y tiene más superficie y habitantes, sólo conserva 1.100. Quiere decir que en cantidad de bodegas tenemos un 20% de las que hay en la Argentina. Existen algunas pequeñas y medianas y no tenemos concentraciones como en Chile, donde el 50% de la demanda es de una sola bodega.

                Este sector se ha ido moviendo dentro de ciertos parámetros. La gente se ha mantenido trabajando en el campo. Si nos comparamos con los países del Nuevo Mundo, vemos que allá hay cosechadoras automáticas y bodegas que tienen fácilmente 700 hectáreas de viñas. Se ven conglomerados y formas de funcionamiento totalmente distintas y ésta no es la realidad actual del Uruguay. Aún así han subsistido viñas pequeñas y medianas -viñas grandes no tenemos en nuestro país- y lo mismo podríamos decir de las bodegas. Esto no fue algo natural, ya que el mundo está agrediendo de manera importante en contra de esta situación. Si además pensamos en la cantidad de mano de obra directamente vinculada a este rubro, creo que es lo suficientemente importante como para mantener esto funcionando de buena manera.

SEÑORA PRESIDENTA.- El tema de la mano de obra lo tenemos claro y a eso habría que sumarle el plus zafral, que también es importante.

                Agradecemos su visita y continuaremos recibiendo delegaciones. Posteriormente, vamos a estudiar el proyecto de ley y tendremos en cuenta las observaciones realizadas por las distintas gremiales.

                Se levanta la sesión.

(Así se hace la  hora 17 y 33 minutos)

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Montevideo, Uruguay. Poder Legislativo.