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Nº 174 - TOMO 411 - 23 Y 24 DE MAYO DE 2002

REPUBLICA ORIENTAL DEL URUGUAY

DIARIO DE SESIONES

DE LA

CAMARA DE SENADORES

TERCER PERIODO ORDINARIO DE LA XLV LEGISLATURA

21ª SESION EXTRAORDINARIA

PRESIDEN EL SEÑOR LUIS HIERRO LOPEZ Presidente

Y EL SEÑOR SENADOR DOCTOR RUBEN CORREA FREITAS Segundo Vicepresidente

Concurren: el señor Ministro de Relaciones Exteriores, Dr. Didier Opertti; el señor Subsecretario, Embajador Guillermo Valles; Embajador Alvaro Moerzinger; Director General para Asuntos de Integración y MERCOSUR, Embajador Elbio Rosselli y el Director General para Asuntos Económicos Internacionales, Embajador Carlos Gianelli.

ACTUAN EN SECRETARIA LOS TITULARES SEÑOR MARIO FARACHIO Y ARQUITECTO HUGO RODRIGUEZ FILIPPINI

S U M A R I O

1) Texto de la citación

2) Asistencia

3) Asuntos entrados

4) Pedido de informes

- El señor Senador Nin Novoa solicita se curse un pedido de informes al Ministerio de Economía y Finanzas, referido al Programa MEVIR

- Oportunamente fue tramitado.

5, 7, 11 y 13) Solicitudes de licencia

- La formulan los señores Senadores Astori, Rubio y Mujica.

6, 12 y 14) Integración del Cuerpo

- Notas de desistimiento. Las presentan las señoras Senadoras Nelly Goitiño, Lucía Topolansky y el señor Delpino comunicando que, por esta vez, no aceptan la convocatoria de que han sido objeto.

8, 10 y 15) Política exterior del país

- Invitación a Sala al señor Ministro de Relaciones Exteriores para que brinde información sobre este tema.

-Exposición del señor Senador Gargano.

-Exposición del señor Ministro.

-Intervención de varios señores Senadores.

-Por moción de varios señores Senadores el Cuerpo declara que, oídas las explicaciones del señor Ministro de Relaciones Exteriores, el Senado pase a considerar el Orden del Día.

9) Fondo de Reconstrucción y Fomento de la Granja

- La Cámara de Representantes remite aprobado en nueva forma, el Proyecto de Ley por el que se grava con el IVA a las frutas, flores y hortalizas para financiar dicho Fondo.

- A la Comisión de Hacienda.

16) Se levanta la sesión

1) TEXTO DE LA CITACION

"Montevideo, 21 de mayo de 2002.

La CAMARA DE SENADORES se reunirá en sesión extraordinaria, el próximo jueves 23, a la hora 16, a fin de recibir al señor Ministro de Relaciones Exteriores doctor Didier Opertti, para que, de conformidad con lo dispuesto en el artículo 119 de la Constitución de la República, informe sobre "la política exterior del país".

Hugo Rodríguez Filippini Secretario - Mario Farachio Secretario."

2) ASISTENCIA

ASISTEN: los señores Senadores Abelenda, Arismendi, Atchugarry, Bayardi, Brause, Cid, Couriel, de Boismenu, Fau, Fernández Huidobro, Gallinal, Garat, García Costa, Gargano, Heber, Korzeniak, Larrañaga, Michelini, Millor, Nin Novoa, Núñez, Pereyra, Pou, Riesgo, Sanabria, Segovia, Singer, Virgili y Xavier.

FALTAN: con licencia, los señores Senadores Astori, Mujica y Rubio.

ASISTEN expresamente invitados, el señor Ministro de Relaciones Exteriores, doctor Didier Opertti; el señor Subsecretario Embajador Guillermo Valles; Embajador Alvaro Moerzinger; Director General para Asuntos de Integración y MERCOSUR, Embajador Elbio Rosselli y el Director General para Asuntos Económicos Internacionales, Embajador Carlos Gianelli.

3) ASUNTOS ENTRADOS

SEÑOR PRESIDENTE.- Habiendo número, está abierta la sesión.

(Es la hora 16 y 22 minutos)

- Dése cuenta de los asuntos entrados.

(Se da de los siguientes:)

"El Ministerio de Educación y Cultura remite:

- la información solicitada por la señora Senadora María J. Pou con respecto a la aplicación del artículo 42 de la Ley Nº 16.095 sobre Discapacitados y sobre la resolución del CODICEN referida a la inclusión en las aulas de alumnos con discapacidad.

- OPORTUNAMENTE LE FUE ENTREGADO A LA SEÑORA SENADORA MARIA J. POU.

- y el informe producido por el Consejo Directivo Central de la Administración Nacional de Educación Pública dando respuesta al planteamiento formulado por la Comisión de Educación y Cultura referido al asesoramiento del artículo 202 de la Constitución de la República con respecto a la designación con el nombre de Doctor Guillermo L. Ruggia al Instituto de Formación Docente de Fray Bentos,

- y a la designación de Daniel Fernández Crespo, a la Escuela Nº 83 de la ciudad de San José de Mayo del Departamento de San José.

- A LA COMISION DE EDUCACION Y CULTURA."

4) PEDIDO DE INFORMES

SEÑOR PRESIDENTE.- Dése cuenta de un pedido de informes.

(Se da del siguiente:)

"De conformidad con lo establecido en el artículo 118 de la Constitución de la República, el señor Senador Rodolfo Nin Novoa solicita se curse un pedido de informes con destino al Ministerio de Economía y Finanzas referido al programa MEVIR.

- OPORTUNAMENTE FUE TRAMITADO."

(Texto del pedido de informes:)

"Por intermedio de la presente y de acuerdo al artículo 118 de la Constitución solicito sea elevado al Ministerio de Economía y Finanzas, el siguiente pedido de informes:

Con relación al programa MEVIR y de acuerdo al Art. 475 de la Ley 13.640 solicito la siguiente información:

1) ¿Cuánto se ha recaudado en el año 2001 por este concepto?

2) ¿Cuánto de esta recaudación corresponde a compraventa de bienes muebles en remate público?

3) ¿Cuánto se ha transferido efectivamente al MEVIR en dicho año?

Sin otro particular, saluda atentamente,

Rodolfo Nin Novoa, Senador."

5) SOLICITUD DE LICENCIA

SEÑOR PRESIDENTE.- Dése cuenta de una solicitud de licencia.

(Se da de la siguiente:)

"El señor Senador Astori solicita licencia por el día de la fecha."

- Léase.

(Se lee:)

"Montevideo, 23 de mayo de 2002.

Señor Presidente de la

Cámara de Senadores

Don Luis Hierro López

Presente

De mi mayor consideración:

Compromisos políticos contraídos con anterioridad me impiden estar presente en la sesión de hoy. Por tal motivo solicito al Cuerpo me conceda licencia por el día de la fecha.

Sin otro particular, saluda al señor Presidente muy atentamente,

Danilo Astori, Senador ."

SEÑOR PRESIDENTE.- Se va a votar si se concede la licencia solicitada.

(Se vota:)

- 17 en 17. Afirmativa. UNANIMIDAD.

6) INTEGRACION DEL CUERPO

SEÑOR PRESIDENTE.- Dése cuenta de un desistimiento.

(Se da del siguiente:)

"La señora Nelly Goitiño comunica que en esta oportunidad no acepta la convocatoria de que ha sido objeto."

- Léase.

(Se lee:)

"La señora Nelly Goitiño comunica que en esta oportunidad no acepta la convocatoria como suplente del señor Senador Astori."

SEÑOR PRESIDENTE.- En consecuencia, queda convocado el señor Senador Segovia, quien ya ha prestado el juramento de estilo, por lo que si se encontrare en Antesala, se le invita a pasar al Hemiciclo.

(Ingresa a Sala el señor Senador Segovia)

7) SOLICITUD DE LICENCIA

SEÑOR PRESIDENTE.- Dése cuenta de otra solicitud de licencia.

(Se da de la siguiente:)

"El señor Senador Rubio solicita licencia por el día de la fecha."

- Léase.

(Se lee:)

"Montevideo, 23 de mayo de 2002

Sr. Presidente de la

Cámara de Senadores

Don Luis Hierro López

Presente

Por su intermedio solicito al Cuerpo se me conceda licencia por razones personales el día 23 de mayo de 2002.

Sin más, le saluda atentamente,

Prof. Enrique Rubio, Senador."

SEÑOR PRESIDENTE.- Se va a votar si se concede la licencia solicitada.

(Se vota:)

- 17 en 17. Afirmativa. UNANIMIDAD.

En consecuencia, queda convocado el señor Senador José Bayardi, quien ya ha prestado el juramento de estilo, por lo que si se encontrare en Antesala, se le invita a pasar al Hemiciclo.

(Ingresa a Sala el señor Senador Bayardi)

8) POLITICA EXTERIOR DEL PAIS

SEÑOR PRESIDENTE.- El Senado ingresa a la consideración del único punto del Orden del Día: "Informe sobre la política exterior del país".

Tiene la palabra el señor Senador Gargano.

SEÑOR GARGANO.- Señor Presidente: el Orden del Día establece que hemos convocado al señor Ministro de Relaciones Exteriores para que, de conformidad con lo dispuesto en el artículo 119 de la Constitución de la República, informe sobre la política exterior del país.

Un poco como introducción y para explicar las razones de esta interpelación, conviene reflexionar previamente sobre qué es para nosotros la política exterior. Quizá una definición no tomada de los textos, sino del sentido común, nos indica que ella es la forma y práctica de relacionamiento con el mundo para un país y la manera en cómo se lleva adelante. Esa política de relacionamiento con el mundo, la política exterior, es una proyección, a nuestro juicio, de la política interior, no mecánica, pero al fin y al cabo siempre refleja el proyecto dominante al interior de un país. Ahora bien, existen tiempos en que por la especial coyuntura histórica en que vive una nación, por su situación geográfica, por la dimensión que tiene y por su población, se realizan ciertas reglas comunes a todos los protagonistas nacionales de forma que, como veremos más tarde, con la recuperación de las libertades en el Uruguay se forjó un marco propicio para que, por encima y más allá de las diferencias partidarias, se articularan ciertas bases mínimas de acuerdo para una nueva inserción internacional.

Debe recordarse que en 1985, si bien la realidad latinoamericana mostraba claros signos de cambio, en la región subsistían las dictaduras en Brasil, en Paraguay con Stroessner , y en Chile con Pinochet, para hablar nada más que del marco regional. Esa realidad imponía la articulación de una política exterior que fuera atendida, escuchada y respetada y para conseguirlo era necesario lograr un grado de acuerdo interno que se reflejara hacia el exterior. Por ello, sin textos, sin pactos escritos, sino por acuerdos tácitos y a veces expresos se fue formulando lo que se dio en llamar "Política Exterior de Estado", una definición en torno a la cual no todo el mundo está de acuerdo. No obstante, así se la dio en llamar. En sustancia, consistía en la práctica de unos principios forjados a lo largo de más de un siglo y medio de existencia del Uruguay como nación; principios que recogían lo mejor de la tradición del Derecho Internacional en materia de respeto a todos los Estados. Me refiero, a título de ejemplo, a la defensa de la soberanía nacional, a la defensa de la autodeterminación de los pueblos, al principio de no intervención en los asuntos internos de otros países y al principio de la solución pacífica de las diferencias entre los Estados.

Ello permitió que nuestro pueblo, que se había ganado un sólido prestigio -hablo del pueblo- en América y en Europa, por su lucha contra la dictadura militar -a la que hay que recordar también que sirvieron muchos amanuenses civiles-, mostrara una sólida imagen de buen hacer en el campo internacional. En ello consistió el "respeto" -en este caso hay que remarcar las comillas porque son, justamente, de respeto- por Uruguay, muy por encima de su peso geográfico, poblacional o de riquezas materiales. Ese respeto permitió incidir en el campo internacional y específicamente en la región.

Ahora bien, desde hace más de tres años esta política nacional, como la llamó después Enrique Iglesias, ha venido siendo sistemáticamente desmontada. En su lugar, y en una al parecer desbocada carrera de declaraciones, discursos, viajes, conferencias de prensa, anuncios a favor del MERCOSUR, otras que los caracterizan como un "corralito" para Uruguay, enfáticas declaraciones a favor del ALCA, el Acuerdo de Libre Comercio para las Américas que propicia los Estados Unidos, la secundarización de la Unión Europea, (el Presidente ha dicho que ellos tienen que ocuparse de los países del Este) y el colocar a Uruguay como vanguardia, punta de lanza en una campaña para aislar y condenar a Cuba. Esto, en un episodio que parece reeditar, por lo deplorable, aquel día de 1964 cuando se rompieron relaciones con Cuba, cumpliendo con Estados Unidos y la OEA de entonces; un episodio que yo he relatado aquí con palabras de Wilson Ferreira Aldunate, en una entrevista que le hizo María Esther Gilio, en donde él señalaba que se había silenciado la vergüenza en función de defender el honor del país, porque el voto de Uruguay había sido prácticamente comprado.

Ahora hemos logrado que el Presidente Bush elogie a nuestro Embajador y nos caracterice como los mejores amigos y que el Ministro de Exteriores, Colin Powell, elogie nuestra política fiscal y diga que somos una isla de estabilidad. Esta mañana, mientras miraba estas notas, pensé que hubiera sido muy interesante que el Secretario de Estado norteamericano estuviera anoche aquí cuando discutíamos el ajuste fiscal para ratificar esta imagen, aunque creo que se refería a la isla de estabilidad institucional, en lo que sí tiene razón. También logramos que el Fondo Monetario Internacional imponga duras condiciones de ajuste que llevaron, por ejemplo, a votar el proyecto de reajuste fiscal que se votó ayer en el Senado, pero a la vez se muestre generoso al prestarnos plata para que le paguemos la deuda. En fin, del MERCOSUR ni nos acordamos; todas las miradas se dirigen hacia el Norte. Ese Norte nos responde con U$S 140.000:000.000 en subsidios a la agricultura, no vota ni suscribe el Tratado de Kyoto para la defensa del medio ambiente y se opone al Tribunal Penal Internacional retirando su firma del mismo. Nosotros, en este momento lo tenemos a estudio, porque el Poder Ejecutivo ha enviado un proyecto de ley en que ratifica el Tratado, pero articula una ley cuya interpretación analizaremos posteriormente. En realidad, deja por el camino mucho de lo que el propio Tratado plantea. Todo esto ha sido con la mira puesta en que Estados Unidos firme un tratado bilateral con Uruguay, porque lo del ALCA parece estar muerto. Los Estados Unidos tienen tres o cuatro acuerdos bilaterales; el resto de su relacionamiento se lleva a cabo a través de la Organización Mundial del Comercio, en la que negocia y decide como la primera y única gran potencia del mundo.

Todo lo señalado, señor Presidente, configura una política exterior errática, que deteriora la imagen y el respeto hacia el país. En esa política exterior, un día se alaba a Cavallo y a De la Rúa y otro día a Menem. Se gana la molestia del Brasil a través de las declaraciones del Embajador Botafogo, que nos acusa de violar la Resolución 32 del MERCOSUR. Un día desprecia o secundariza a la Unión Europea y otro va a exigir o pedir que nos den una parte de la cuota Hilton que no pudo cubrir Argentina por la aftosa. Esa política exterior es protagonizada por el Presidente de la República, lo que no cuestionamos, pero no la compartimos y no tanto por su forma, que a veces puede parecer divertida, como por su contenido, que coloca al Uruguay en un papel, a nuestro juicio, deplorable, como el que jugó en el 2001 la República Checa, que hoy expresamente no quiere jugar más ese rol.

Pensamos que hay que cambiar esta política no para romper con nadie sino, por el contrario, para fortalecer nuestros lazos con los vecinos de la región, para profundizar los acuerdos con ellos y agrandar el MERCOSUR con Venezuela y la gente del Pacto Andino y para convertir a América del Sur en el mercado y el espacio económico primero para los sudamericanos y luego para estar abiertos económicamente con quienes se abran a la región, unidos a los hermanos, no desandando caminos que fueron y son muy difíciles y que costaron mucho al país, y sin caer en la simpleza -que no creemos que se tenga- de creer que los elogios de un día, ganados en jornadas nada gloriosas, se transformarán en ventajas para el Uruguay y males para otros.

Estas son las razones que motivan esta interpelación y habría otras que, seguramente, el país examinará en su momento. Menciono, a título de ejemplo, algunos de los temas que nos preocupan y que algún día van a estar a estudio del Senado. El tema de los límites y las notas reversales con Argentina sobre el Río de la Plata preocupa a mucha gente porque, en alguna medida, hemos perdido soberanía y esta es una opinión que va más allá de los partidos, que no es propia de la gente del Frente Amplio y Encuentro Progresista. La forma en que se aplicaron los tratados para prevenir y erradicar de la región la fiebre aftosa es un tema que justo en el día de hoy apareció en los medios de comunicación. Por otro lado está la administración y gestión de los recursos del Ministerio, que tantas veces hemos examinado y que, seguramente, al ser investigados, dieron lugar a consecuencias nada loables.

Hoy vamos a referirnos a lo que tenemos planteado como temas centrales. El Parlamento nacional, señor Presidente, tiene facultades constitucionales para juzgar la conducta y la gestión de los Ministros de Estado. Así lo establecen el numeral 19) del artículo 85 y el artículo 147 de la Carta. Nos proponemos reflexionar sobre lo que ha sido la política internacional de este Gobierno y, por ende, juzgar la actuación del señor Ministro de Relaciones Exteriores, pero fundamentalmente también del Poder Ejecutivo.

A los efectos de introducirnos en el tema, nos parece oportuno historiar brevemente cuál ha sido el proceso de relacionamiento de la República a nivel internacional, fundamentalmente, el referido a su vinculación a los procesos de integración subregional.

El fin de la Guerra Fría, ocurrido cuando terminaba la década pasada, ha generado, entre otras consecuencias, una revitalización de los procesos de integración a nivel mundial. El nuevo escenario de la Post Guerra Fría nos presenta un mundo organizándose en grandes espacios económicos que compiten entre sí. La economía regional sería, entonces, la escala intermedia que lleva de las economías nacionales a la economía mundial en el actual proceso de internacionalización creciente. El Uruguay está hoy inserto en un proceso de integración subregional que tiene sus antecedentes en la ALALC. Esta tuvo su nacimiento con la firma del Tratado de Montevideo en febrero de 1960. Se atribuye la idea de este proyecto a la CEPAL. En aquel entonces se resolvió apostar a una zona de libre comercio integrada por los Estados latinoamericanos de la parte sur del continente más México. Se apostaba a un proceso progresivo de eliminación de barreras arancelarias para llegar, en una etapa posterior, a la constitución de un mercado común latinoamericano. Doce años después, y sin que corresponda hoy analizar las causas, se constató que se estaba lejos de alcanzar esta meta, razón por la cual el plazo de vigencia del proyecto se prorrogó hasta 1980. En forma paralela a ese proceso que estamos analizando, desde la década del 70 diversos Estados miembros de la Asociación Latinoamericana de Libre Comercio -ALALC- comenzaron a acelerar acuerdos de preferencia comercial bilaterales, ya que el Tratado de Montevideo del 60 preveía la posibilidad de otorgar tratamientos preferenciales a favor de los países de menor desarrollo económico relativo. Fue al amparo de las previsiones referidas que nuestro país, el Uruguay, obtuvo, tanto de Argentina a través del CAUCE como de Brasil por medio del PEC, concesiones no recíprocas que nos permitieron incrementar en condiciones ventajosas el comercio con los países vecinos. La realidad indicaba entonces que los acuerdos bilaterales resultaban más eficaces, pautándose así una tendencia hacia la subregio-nalización en los procesos de integración.

Más tarde, los hechos demostraron que los dinamismos comerciales no se canalizaban a nivel regional, sino subregional o por pares de países y que esta circunstancia contradecía una de las bases del sistema, la de la cláusula de la Nación más favorecida, unido esto con el hecho de que se notaba un estancamiento en el proceso de integración, se generaron cambios. Así nació, por el Tratado de Montevideo, lo que conocemos como Asociación Lationoamericana de Integración, la que apunta en forma realista al establecimiento de manera gradual y progresiva de un Mercado Común Latinoamericano. El nuevo Tratado asume la realidad en el sentido de que la experiencia mostraba que las energías integracionistas se instrumentaban fundamentalmente a nivel subregional o bilateral, y procede a otorgarles seguridad y regularidad jurídica mediante el reconocimiento de los llamados acuerdos de alcance parcial, en los que no se exige la participación de todos los miembros, excluyéndose de ese modo la cláusula de la Nación más favorecida. Se crea, pues, un espacio regional como un régimen abierto a la profundización a través de la libre voluntad de los Estados miembros sin un programa preestablecido.

Así llegamos al MERCOSUR. Los antecedentes inmediatos del Tratado de Asunción pueden ser localizados a mediados de los años 80. Brasil y Argentina estructuraron 24 protocolos que propendían a la integración entre los dos países, fundamentalmente, a la estructuración de una zona de libre comercio entre ambos. El retorno a la vida democrática, junto con la similitud de las políticas económicas en aplicación en el área, hizo posible superar antiguas rivalidades entre las dos naciones. Se percibía que las condiciones de la economía mundial requerían cada vez más de grandes espacios económicos. Los primeros pasos dados estuvieron direccionados a terminar con la hipótesis de conflicto entre ambos países y, fundamentalmente, guiados a terminar con la carrera armamentista y desactivar la política de confrontación entre ambos países, incluida la materia nuclear. Si bien es cierto que fue un móvil político el que guió este incipiente proceso integracionista -el MERCOSUR-, su culminación fue y es una construcción de la economía de la región. A partir del Acta de Iguazú en 1985, Argentina y Brasil avanzaron en una aproximación mutua que los llevó a suscribir el 29 de noviembre de 1988 el Tratado de Integración, Cooperación y Desarrollo que preveía la constitución de un espacio económico común en un plazo de 10 años.

Seguramente, el fin de la Guerra Fría haya sido uno de los factores determinantes para que los Presidentes de Argentina y Brasil resolvieran por el Acta de Buenos Aires, el 6 de julio de 1990, apresurar el proceso de integración entre ambos países para llegar a constituir un mercado común en sólo 5 años, es decir, antes del 31 de diciembre de 1994. Esto era lo que se declaró.

Como dije antes, a esta altura, Argentina y Brasil habían firmado 24 protocolos referidos a los más variados temas binacionales en materia comercial. Esta decisión marcó para nuestro país la necesidad de ser contemplado en el referido proyecto. Era obvio que había llegado el fin de la diplomacia pendular aplicada por la República en el marco de la región.

Quiero recordar aquí -lo dije cuando se trató el Tratado de Asunción- que el Gobierno de aquel momento, es decir, el que funcionó entre 1985 y 1990, había mantenido una actitud de expectativa ante el proceso; eso fue descripto así. Muchos opinaban que era mejor tener socios ricos y lejanos que pobres y cercanos; eso fue dicho públicamente y también aquí en el Parlamento. Se olvidaban de que a través del CAUCE y del PEC el 40% de nuestro comercio exterior iba dirigido a Argentina, Brasil y, subsidiariamente, a Paraguay. Cuando esto ocurrió, el entonces Canciller Gros Espiell, en una rápida reacción, en aquel mes de julio de 1990, exigió en nombre de Uruguay -el Gobierno reaccionó activamente- el incorporarse al proceso de integración. En ese momento dijimos que entramos al acuerdo mal, tarde y porque no había más remedio; realmente, se corrían los riesgos inherentes a que los dos vecinos que tienen productos competitivos con los nuestros hicieran un proceso de liberalización comercial y nuestras exportaciones a ellos corrieran el peligro de desaparecer en muy corto plazo.

Esta iniciativa uruguaya fue acompañada por Paraguay. Argentina y Brasil admitieron el ingreso de los nuevos socios dando lugar a negociaciones que, en un breve plazo, concluyeron con la firma del Tratado que dio nacimiento al MERCOSUR.

La principal característica del Tratado de Asunción está dada por su brevedad. En aquel entonces, lo llamamos Tratado Marco porque marcaba ambiciosos objetivos en sólo 24 artículos y 5 anexos; se programó la constitución de una zona de libre comercio en 5 años, se proyectó el establecimiento de una unión aduanera y la constitución de un mercado común. Sus disposiciones, por ser un Tratado Marco, se deben ejecutar a través de sucesivos convenios entre las partes, así como por la actividad de sus órganos. El Tratado no crea un mercado común y se limita a instituir un programa a desarrollar en el período transitorio que concluía en 1994, como muy bien destacaba el ex-Canciller doctor Gros Espiell.

(Ocupa la Presidencia el señor Senador Correa Freitas)

- Las características del Tratado tienen su respaldo en su propio preámbulo, al enunciar los principios de acción como de gradualidad, flexibilidad y equilibrio. El pragmatismo que ha caracterizado a este proceso integrador fue determinando que a posteriori, mediante la elaboración de sucesivos protocolos, se fuese perfeccionando el instrumento. Así el Protocolo de Brasilia instituyó un mecanismo de soluciones de controversias, el cual prevé como solución de última instancia, la convocatoria de un Tribunal Arbitral. Como sabemos, las limitaciones de este mecanismo han sido una preocupación constante para el Uruguay. Hoy el Protocolo de Olivos, que todavía no hemos ratificado -que está a consideración de la Comisión de Asuntos Internacionales-, porque fue firmado en febrero -y al que vamos a hacer referencia más adelante- recoge en parte las aspiraciones de nuestro país en la materia. En diciembre de 1994, al finalizar el período transitorio, se acordó el régimen institucional y jurídico a regir a partir de entonces, dando lugar a la firma del Protocolo de Ouro Preto. Por el mismo se acuerda la actual estructura institucional, que no vamos a describir porque lo consideramos innecesario en este momento, y se reconoce expresamente -y esto es de vital importancia para nosotros- que el MERCOSUR tendrá personalidad jurídica de Derecho Internacional. El MERCOSUR pasó a ser, de esta forma, una nueva organización internacional que cubre un espacio geográfico y económico muy importante, pudiendo así relacionarse de igual a igual con las ya existentes y las que se crearán, en un mundo que aparece cada vez más compartimentado en mega bloques económicos, lo que exige que los Estados se integren a este tipo de asociaciones para tener posibilidad de diálogo y poder incidir en la realidad actual.

He hecho esta relación porque me parece importante describir qué es lo que está en juego, cuánto costó construir esto durante los 11 años que llevamos de trabajo en esta área, cuánto ha pagado el Uruguay en materia de pérdida de puestos de trabajo y cuánto ha ganado en materia de beneficios comerciales.

Quiero decir que la decisión fue adoptada por la inmensa mayoría del Parlamento, ratificada con la participación de todos y estudiada a fondo, como he visto pocas veces trabajar en la materia, por la importancia y la trascendencia que tenía y que hoy posee.

Luego del Protocolo de Ouro Preto y de la decisión 5/94, que creó el denominado régimen de adecuación que reguló el tratamiento arancelario para el comercio intra MERCOSUR y de la decisión 7 de 1994 que aprobó un proyecto de arancel externo común, se determina el período de convergencia hacia el mismo, el cual culminará, o debería hacerlo, el 1º de enero de 2006. Este arancel externo común entró en vigencia el 1º de enero de 1995, con ventajas peculiares para los socios más débiles de la región, es decir, para Paraguay y Uruguay.

Con este elemento, podemos decir que el MERCOSUR se transformó en una Unión Aduanera imperfecta, dadas las perforaciones que a la fecha tiene nuestro Arancel Externo Común.

Más tarde, el Protocolo de Ushuaia, que es un documento sustancialmente político, instaura una cláusula democrática que reviste especial importancia, puesto que allí se declara expresamente que sólo se podrá pertenecer al sistema en la medida en que tenga vigencia el régimen democrático en cada uno de los países miembros. La pérdida de esta condición, significa la exclusión automática del MERCOSUR.

Podemos afirmar que, una vez restaurada la democracia, en lo que tiene que ver con la integración regional, Uruguay comenzó a practicar una política exterior nacional articulada, no sin dificultades, entre todas las fuerzas políticas. Han existido divergencias y discrepancias, quizás, por lo ineficaz de nuestra acción y de nuestro propio Servicio Exterior que, muchas veces, parece ser suplido en sus carencias por la dinámica tanto de los titulares de la Cartera como del propio señor Presidente de la República. Pero existió un consenso de principios básicos de relacionamiento internacional que constituyen una tradición muy cara para los orientales. Hace unos instantes me referí a los principios de autodeterminación de los pueblos, de no intervención, de solución pacífica de las controversias y del respeto irrestricto al Derecho Internacional. Sobre tales fundamentos se comenzó a desarrollar una participación y aporte de la totalidad del sistema político nacional. ¿A qué se aspiraba? A tener legitimidad externa -luego del período de la dictadura- y a colocar los intereses superiores del Estado, así como también los valores y principios de nuestro sistema constitucional republicano y democrático, como grandes objetivos, demostrando un consenso interno que proyectara hacia el exterior una imagen de seriedad y coherencia al tiempo que consolidara un sentimiento de unidad nacional. Se aspiraba a una política estable en sus principios esenciales, más allá de la rotación de los Gobiernos, con una construcción consensual para el mediano y largo plazo.

Como expresara entonces el contador Enrique Iglesias, que fue el primer Canciller de la República luego de la dictadura, "el país es demasiado pequeño para hablar de protagonismo en algún campo, salvo aquel que surge de una presencia digna que se destaca por sí sola". Me parece que es menester recordar bien esta frase, por ello la repito: el país es demasiado pequeño para hablar de protagonismo en algún campo, salvo aquel que surge de una presencia digna que se destaca por sí sola. ¡Y vaya si será importante este rasgo de dignidad a nivel internacional, que implica decisiones y opiniones independientes y autónomas sin permitir la injerencia de terceros, por más poderosos que sean! Es así que se produjo la normalización de las relaciones diplomáticas con Venezuela, que habían sido rotas a raíz del secuestro de Elena Quinteros, la reanudación de las relaciones con Cuba y el establecimiento de relaciones con China Popular, así como también los Acuerdos de Cooperación Económica con España, Alemania Federal, China, la ex Unión Soviética, Irán y Argelia, que constituyeron algunos de los ejemplos notorios del nuevo perfil en el relacionamiento mundial. El Grupo Contadora y el Grupo de Río también fueron ejemplos de participación en módulos internacionales destinados a preservar la paz y de lucha en defensa de los derechos humanos en su más amplia acepción. Los ex Cancilleres Enrique Iglesias, Héctor Gros Espiell y Sergio Abreu, entre otros, fueron protagonistas de esta política con alta dosis de continuidad, como consecuencia de una deliberada voluntad política de todos los Partidos interesados en dar coherencia interna, fuerza y estabilidad al posicionamiento internacional del país. Los analistas catalogan este período como de buena relación con Estados Unidos, sin un alineamiento automático con la gran potencia. Esa conducta permitió, por ejemplo, reaccionar en forma enérgica ante la invasión de Panamá por tropas norteamericanas, y efectuar las críticas que correspondían en materia de política internacional, cuando así lo exigieron las circunstancias.

Esa era la apuesta estratégica. En este contexto, el MERCOSUR salió adelante con un fuerte consenso nacional de apoyo. Fue un paso trascendente en la inserción internacional de nuestro país y, en especial, una opción a una estrategia de desarrollo y de integración en un mundo unipolar política y militarmente, caracterizado en lo económico por bloques y unidades regionales muy poderosos: Estados Unidos y el NAFTA, la Unión Europea, Japón y el Sudeste Asiático.

El señor Wilson Fernández, en su trabajo "Globalización y regionalización en el cambio de siglo" dice que es muy importante tener en cuenta que el MERCOSUR nace como consecuencia de decisiones de índole política, antes que comerciales, y que el fundamento central de estas decisiones fue disminuir la fragilidad de las economías de los países miembros ante el avance de las tendencias globalizadoras, que estaban dejando cada vez más acotado el espacio de acción de los Gobiernos, las empresas y las sociedades de la región.

Por el Tratado de Asunción nos comprometimos como Nación a evitar que se afectaran los intereses de los demás Estados Parte y los objetivos del Mercado Común del Sur.

Por el Protocolo de Ouro Preto nos comprometimos como Nación -lo recalco- a negociar y firmar acuerdos en nombre del MERCOSUR con terceros países y organismos internacionales. Este compromiso fue asumido por todos y en ello nos hemos jugado a una estrategia nacional para el desarrollo del país.

El nuevo Gobierno, emergente de las elecciones de 1999 en la segunda vuelta electoral, presidido por el doctor Jorge Batlle, no anunció cambios en la política internacional del país, ni en los compromisos de integración regional que el país se había dado. No lo hizo ni en su plataforma electoral, ni en su Partido, ni tampoco se lo comunicó a sus socios de la coalición de Gobierno, a la oposición y, mucho menos, al Parlamento. Expresamente ratificó esa política nacional. Así, por ejemplo, el señor Subsecretario -permítame que lo cite-, contestando a una entrevista periodística el 25 de mayo de 2000, señalaba que tenemos dificultades puntuales, pero que eso no nos podía llevar a una suerte de autoflagelación como para decir que el MERCOSUR no nos sirve. Más concretamente, ante una pregunta del periodista, respondió que Uruguay estaba viviendo con tranquilidad y optimismo el relanzamiento del MERCOSUR y que teníamos bien claro lo que queríamos: para seguir profundizando la Unión Aduanera era necesario consolidar la zona de libre comercio". Asimismo expresó que el énfasis estaba puesto en el afianzamiento de la libertad de comercio entre los cuatro países, con lo cual se estaba demostrando que nuestro rol no sólo era proactivo, sino una apuesta al MERCOSUR. Expresó que el relanzamiento del MERCOSUR implicaba cumplir con lo pactado; en primer lugar, con el acceso a los mercados. Según indicó, el MERCOSUR en ningún momento dejó de ser una prioridad y querían que dicho mercado funcionara y cumpliera con lo pactado, para pensar luego en profundizarlo y perfeccionarlo desde el Protocolo de Ouro Preto.

Estas fueron las certezas que pudo tener el país, que no sólo son importantes en el ámbito nacional, sino que ayudan a la credibilidad exterior de la Nación como tal.

El tiempo pasó y, en los últimos tiempos, se han seguido caminos preocupantes en cuanto a la inserción internacional del país. Se han producido cambios inesperados. Es notorio que en el período comprendido entre 1990 y 2000, predominó la política de apertura y liberalización económica, en general, en forma indiscriminada, pero también con apoyo al MERCOSUR y al bloque regional. Ya conocemos las consecuencias que ha traído la apertura indiscriminada de la economía. En Sala hay personas con más capacidad y conocimiento que yo para hablar de esto. Pero esa política -como la cambiaria y la monetaria- trajo la realidad económica que vivimos hoy y que el Gobierno que asumió en 2000 enfrentó, tanto a nivel económico como internacional.

Se ha dicho que todos somos responsables de esto, y discrepo, porque en realidad es la consecuencia de una política económica que fue claramente examinada en el Senado en el día de ayer. En el 2001 el país estaba al borde de una crisis de incalculables proyecciones. En aquel momento, el Frente Amplio habló de un plan de emergencia nacional -lo hizo en la propia campaña electoral, en junio de 1999-, y algunos dirigentes de la coalición de Gobierno nos preguntaron de qué emergencia hablábamos.

Como consecuencia de la política económica seguida, de la devaluación brasileña de 1999 y de una situación social insostenible, a poco de andar el nuevo Gobierno, guiado por sus concepciones, viró bruscamente el timón de la política exterior sin consultar a nadie. Un buen día, el señor Presidente de la República decidió por sí y ante sí, que la prioridad era realizar un Acuerdo de Libre Comercio con los Estados Unidos, y marchó al Norte en busca de apoyo.

En el Frente Amplio ya se había advertido esta tendencia. En la sesión del Senado del 15 de mayo de 2001, en régimen de debate libre promovido por el señor Senador Couriel, se citó al señor Ministro de Relaciones Exteriores -que también nos acompaña en el día de hoy- para que brindara información y explicaciones sobre el tema de las relaciones comerciales entre el ALCA y el MERCOSUR. A lo largo del mencionado debate quedó claro para la Bancada del Frente Amplio que en materia de políticas referidas al comercio exterior no existía por parte del Gobierno una política de Estado. Es más; se había violado lo que hasta entonces mantenía la República, esto es, sustentar la prioridad que se asignaba al relacionamiento comercial basado en el proceso de integración que giraba en torno al MERCOSUR. Se destacó que esta prioridad no implicaba en absoluto desconocer la necesidad y conveniencia de diversificar la oferta exportable del país y que se consideraba un acierto la apertura de nuevos mercados e, incluso, ampliar las posibilidades de penetración en otros, en los que se encontraban trabas de diversa índole.

En tal sentido, se dijo claramente que por parte del Frente Amplio no había oposición a la búsqueda de la ampliación del intercambio comercial con Estados Unidos. Basados en las declaraciones del señor Presidente de la República -de las cuales podríamos hacer un anecdotario y que confirman que a pesar de que algunos lo tomen como divertido, esto está resultando muy grave para el pueblo uruguayo-, se comenzó ya en la cumbre de Quebec infiriendo claramente por parte del Frente Amplio que había una clara intención del Presidente uruguayo de acelerar la puesta en vigencia del ALCA, en clara oposición al resto del bloque del MERCOSUR y en especial a Brasil, su socio mayoritario. En ese entonces expresó que ojalá llegara el año 2003 -la fecha final del ALCA es el año 2005- para acercar aún más el tiempo de las relaciones comerciales con los países que integrarían esta formación comercial que ya veremos qué destino tuvo. Incluso, señaló que si esto no era viable se debía llegar a una aceleración del Acuerdo bilateral con Estados Unidos.

Señor Presidente: no resisto la tentación de citar algunas de estas manifestaciones, aunque adelanto que lo haré de la forma más breve posible. Antes que nada, advierto que esta información la saqué de la página web de la Presidencia de la República, por lo que tiene la garantía de su origen.

El 21 de noviembre de 2000, el señor Presidente dice: "Uruguay está en el MERCOSUR, y junto con Argentina, Paraguay y Brasil tiene una negociación común con el ALCA. Quiere decir que si Chile inicia hoy una relación con Estados Unidos vamos a ir sabiendo de antemano cuáles son. Mientras tanto, Chile tendría de cualquier manera algunos problemas con el MERCOSUR. El MERCOSUR, por ejemplo, desde hace seis años no ha dado un solo paso en el desarrollo institucional". Más adelante agrega: "Vamos a tener que acotar nuestras políticas económicas a determinadas normas que todos vamos a tener que respetar y eso me parece que cada día se va a profundizar más".

Por su parte, el 16 de marzo de 2001, en un reportaje que concedió a la periodista Marcela Sánchez, del "Washington Post", expresó: "Los uruguayos creen en un Mercado Común desde Alaska hasta Tierra del Fuego".

A su vez, el 1º de abril, en relación con algunas declaraciones de Cavallo, el Presidente Batlle señaló: "¡Qué buena persona Cavallo! Si él está con la idea de volver a un régimen de zona de libre comercio, eso nos va a facilitar las cosas".

Vea, señor Presidente, la coherencia de estos planteos y la forma en la que se van proyectando.

El 24 de abril de 2001 se entrevista con el Presidente de los Estados Unidos, George Bush. Cuando un periodista le pregunta si cuando se refiere a explorar en el comercio está hablando definitivamente de un Acuerdo bilateral de libre comercio, el Presidente uruguayo responde: "En realidad, no estamos hablando de eso, porque la mayor parte de las cosas del libre comercio entre Estados Unidos y Uruguay pasan por la OMC, puesto que la mayor parte de nuestro comercio con Estados Unidos se refiere a ‘commodities’, y esto está regulado, no por una relación bilateral, sino por una relación multilateral. La meta es muy clara, el objetivo es muy claro. Si no creamos un Mercado Común entre América del Norte y América del Sur, ¿hacia dónde puede ir América del Sur? ¿Puede usted decírmelo? ¿A Europa? Imposible. Los europeos, antes de llegar a un Acuerdo con América del Sur, tienen que ocuparse de los países de Europa del Este y de los países de la parte septentrional del Africa".

Quiere decir que a Europa era imposible recurrir. Sin embargo, hace una semana estuvo en Madrid negociando con la Unión Europea y buscando que nos otorgaran una parte de la cuota Hilton que no utilizó Argentina el año pasado por la aftosa.

El 15 de mayo, en una entrevista concedida al periodista Jorge Traverso, el Presidente manifestó que la cuestión es que hay que impulsar el ALCA para poder acceder a otros mercados y no tener que estar únicamente dependientes de los dos mercados vecinos, con los cuales notoriamente tenemos dificultades. Luego habla de que prácticamente a raíz de las declaraciones en torno a negociar un Acuerdo bilateral con Estados Unidos, hubo una reacción de parte del principal negociador que hubo en el MERCOSUR por parte de Brasil, el señor José Botafogo Gonçalves, quien enterado de las expresiones del Presidente uruguayo, manifestó: "Uruguay debe abandonar la Unión Aduanera MERCOSUR si desea obtener un Acuerdo bilateral de libre comercio con Estados Unidos, ya que las normas de la Unión Aduanera prohíben negociaciones fuera del bloque". Asimismo agrega: "Una resolución interna del MERCOSUR, firmada por todos los socios de la Unión Aduanera, establece que un país miembro no puede negociar acuerdos comerciales en forma individual".

Se agrega que, en el caso de Uruguay, tenemos la Decisión Nº 32, que consensuamos, que establece que las negociaciones internacionales se conducen en nombre del MERCOSUR.

Quienes integramos la Comisión de Asuntos Internacionales desde hace tantos años, sabemos que estas cosas no se dicen gratuitamente por parte de funcionarios de este nivel, y menos en la diplomacia brasileña. Cuando se señala este tipo de cosas es porque se entiende que son extraordinariamente graves en sus repercusiones.

Tengo aquí declaraciones del 27 de marzo de 2002. En un comentario periodístico, se afirma: "Batlle fue claro al descartar al MERCOSUR como una opción válida que permita al país salir de la crisis, y redobló la apuesta a los mercados extrarregionales". Agrega: "Los países crecen en base a las exportaciones. En el MERCOSUR había una paridad monetaria argentino-brasileña. Dentro de esa estabilidad, Uruguay creció hasta 1997, en el momento de mayor fuerza exportadora, donde el 40% de la producción se canalizaba dentro del bloque". De enero a abril de este año se canaliza el mismo porcentaje dentro del bloque, aunque han caído brutalmente las exportaciones. En otra parte, se habla del escaso reflejo que tienen nuestras exportaciones hacia el Brasil, pero se afirman cosas muy contundentes: "La opción de Uruguay está fuera del MERCOSUR".

El Gobierno es uno, y de él forman parte tanto los Ministros del Partido Colorado como los del Partido Nacional. Vea, señor Presidente, qué contradicción. El 16 de mayo -hoy estamos a 23 de mayo, es decir, hace ocho días-, el señor Ministro de Industria, Energía y Minería -que es el ex Canciller, doctor Sergio Abreu-, en una charla de estas que dan las organizaciones que reúne a la gente a comer y a comentar los problemas de Gobierno, concretamente en la Asociación de Dirigentes de Marketing, afirma: "Estados Unidos no va a dar un paso en materia comercial hacia el Uruguay si no tiene la aprobación de Brasil para hacerlo. Ojalá me equivoque, pero esto está en la tapa del libro". A juicio del doctor Abreu, el MERCOSUR debe seguir siendo una prioridad para el país en su estrategia de inserción, y necesita complementarse simultáneamente con otros mercados, porque ninguno de estos es excluyente. He citado estas palabras, aunque podría seguir mencionando otras; quizá deba hacerlo, porque hay algunas declaraciones que importan, ya que todo esto va conformando una determinada realidad que se va reflejando.

El señor Ministro de Relaciones Exteriores, creo que en una entrevista con el periodista señor Cotelo, señala: "¿Qué hace el Gobierno? El Gobierno sale a buscar nuevas fórmulas, sale a buscar un Acuerdo bilateral, que podrá tener o no el porte de un Acuerdo de Libre Comercio o será sólo un Acuerdo bilateral".

Lamento tener que abundar en esto, pero lo traigo a colación, porque demuestra que hay un cambio extraordinariamente importante. Las palabras que se dicen están escritas y los socios las escuchan, toman notas de ellas. Es más; van conformando la imagen que el país da hacia el exterior, de su política hacia la región. Naturalmente, esto puede traer consecuencias.

Estoy seguro, señor Presidente, de que la situación de la Argentina es muy grave y que lo que ocurrió en Brasil con la devaluación de enero de 1999 fue algo muy grave. Téngase en cuenta que Brasil es la octava potencia comercial e industrial del mundo y que tiene 170 millones de habitantes. Además, hacia ahí van dirigidas las principales exportaciones de arroz y lácteos de nuestro país, y también, en determinado momento, las de carne.

¿Se puede articular una política exterior tan errática como la que aquí se describe por los comentarios que he hecho? Si nos lo preguntamos nosotros, ¡qué se preguntarán los socios del MERCOSUR!

En la visita del señor Presidente a los Estados Unidos, con la publicitada entrevista personal que mantuvo con el señor Bush, a su regreso, una vez arribado a Montevideo, nuestro Primer Mandatario dijo que volvía al Uruguay "con lo que vinimos a buscar: la posibilidad cierta de celebrar un Acuerdo comercial". Posteriormente, veremos que en realidad volvió con las alforjas vacías.

Este hecho ha demostrado, sin lugar a dudas, que las presunciones del Frente Amplio eran correctas. Había, desde hace ya mucho tiempo, una clara intencionalidad por parte del Gobierno de apartarse del MERCOSUR, dejando de lado una política de Estado instituida en la materia desde que se firmó el Acuerdo de Asunción. De más está decir que en ningún momento se trasmitió ni se informó al Parlamento esta decisión. También cabe acotar que para nosotros no fue una sorpresa la actitud asumida por el Poder Ejecutivo.

¿Cuáles han sido las consecuencias inmediatas de esta inconsulta decisión adoptada por el Poder Ejecutivo? Indudablemente, con esta actitud hemos colaborado en el debilitamiento del MERCOSUR. Nos comportamos como uno de los socios que ha resuelto dejar de lado las decisiones adoptadas a título expreso sobre la temática de las negociaciones bilaterales, especialmente la que he referido, la Resolución Nº 32.

Como ya mencioné, uno de los socios más importantes nos ha invitado indirectamente -obviamente en una actitud de provocación, para generar reacciones- a abandonar el MERCOSUR.

Voy a leer la Resolución Nº 32, si bien sé que es tedioso y muy duro de seguir, pero si el país quiere tener una política comercial, exterior y de inserción económica en el mundo, hay que discutir estos temas en el Parlamento.

La Resolución Nº 32, de 29 de junio de 2000, dice: "El Consejo del Mercado Común decide:

Artículo 1º.- Reafirmar el compromiso de los Estados Parte del MERCOSUR de negociar en forma conjunta Acuerdos de naturaleza comercial con terceros países o agrupaciones de países extrazona en los cuales se otorgue preferencias arancelarias.

Artículo 2º.- A partir del 30 de junio de 2001, los Estados Parte no podrán firmar nuevos Acuerdos preferenciales o acordar nuevas preferencias comerciales en Acuerdos vigentes en el marco de ALADI, que no hayan sido negociados por el MERCOSUR". Me ahorro los comentarios, pero sí quiero señalar que esto es absolutamente claro y de alguna manera traduce cuán errada y qué consecuencias puede acarrear la política que se está implementando y llevando adelante.

Parto de la base de que el señor Ministro conocía la aseveración efectuada por el señor Botafogo. Leídas las declaraciones que ha efectuado el señor Presidente del Uruguay, cabe preguntarse si los servicios de la Cancillería aconsejaron esos pasos o se habían informado o recomendado determinados criterios en torno a ellos.

No escapa al señor Ministro la gravedad de estos hechos. Hemos creado un recelo entre los socios del MERCOSUR; no somos confiables, no respetamos los acuerdos integrados, se juega una carta alternativa y se opta por el bilateralismo en lugar de la integración regional. La jugada fue lograr un acuerdo bilateral rápido de consecuencias inmediatas, pero con la mayor potencia del mundo, la cual no tiene intereses económicos relevantes en nuestro país. Como muy bien lo señaló el ex Ministro Abreu, difícilmente Estados Unidos dé un paso sin la aquiescencia de Brasil.

Quiero decir, a esta altura, que no se me escapan las dificultades que nos plantea Brasil con la política, diría, de hermano mayor, no de líder, porque el liderazgo en un proceso de integración significa también hacer concesiones y otorgar espacios a los más débiles. Cuando discutíamos el Tratado del MERCOSUR alguien dijo que la integración es tal cuando le sirve a todo el mundo; si sólo le sirve a uno, no es integración, sino absorción. Brasil, en el proceso de integración, ha hecho ciertas cosas como, por ejemplo, la devaluación del mes de enero. Quiero recordar que, en el mes de diciembre, cuando nosotros anunciábamos que iba a haber devaluación en Brasil, el Ministro de Economía y Finanzas de aquella época, el economista

Mosca, trajo un video del señor Malan -que, si no me equivoco, exhibió en una de las comidas a que hice referencia- en el que éste aseguraba que no iba a haber devaluación. Sin embargo, quince o veinte días después hubo devaluación del cien por ciento, lo cual trajo consecuencias muy graves para el Uruguay.

Comparto la idea de que no se han conseguido las metas económicas que se esperaban lograr oportunamente, porque la coordinación de las políticas macroeconómicas es extraordinariamente dificultosa, debido a la disparidad de potencialidad económica que tiene cada uno de los países integrantes del bloque. Pero, en mi opinión, hay que lograrlas. El Uruguay no debería apuntar a la tesis de la bilateralidad con Estados Unidos porque, diría, es una tesis idílica y, concibiendo lo que es Estados Unidos, prácticamente inalcanzable. Nosotros trabajamos en el Parlamento Latinoamericano y puedo decir cómo actúan los socios mexicanos de Estados Unidos. El Presidente de los uruguayos ha dicho reiteradas veces que miremos el ejemplo de México. Este país exportaba U$S 40.000:000.000 a Estados Unidos y hoy lo hace por U$S 190.000:000.000. Pero debe tenerse en cuenta que México tiene plazos de hasta 15 años para entrar con sus productos libre de aranceles a este país; y a la inversa, ocurre lo mismo. Quiere decir que esa es una zona de libre comercio, pero va a demorar muchísimo tiempo en materializarse. ¡Ni hablar lo que nos costaría a nosotros! Allí está Chile, precisamente, negociando desde hace diez años. ¡Ni qué hablar también de lo que ha sido el comportamiento de la Argentina!

En la sesión de ayer se examinó la política económica y no tengo por qué reiterar a mis colegas del Senado los conceptos vertidos por el señor Senador Couriel en cuanto a las consecuencias de la política monetaria de la Argentina durante prácticamente once años y cómo esto ha hecho estallar toda nuestra relación comercial con ese país.

Lo cierto es que Argentina y Brasil son dos espacios económicos de una tremenda potencialidad. Podrán pasar los gobiernos de Menem, de De la Rúa, de Duhalde, el de Fernando Henrique Cardoso y el que venga próximamente en Brasil, pero van a seguir existiendo como grandes potencias económicas, pues tienen los recursos del mundo. La Argentina está dotada de las riquezas mayores. Ayer se decía que fue el granero del mundo, pero además tiene petróleo, hierro, cobre y un clima tropical que le permite producir lo que quiera. Y lo mismo ocurre con Brasil, que llega a mercados a los que nosotros nunca vamos a poder entrar. Además, es una potencia mundial en materia industrial.

Para valorar todo esto que decimos basta con analizar las cifras del MERCOSUR, que quizás nos indiquen el acierto o no de este camino emprendido. La entrada en vigencia del Tratado de Asunción, que se produjo el 29 de noviembre de 1991, provocó una evidente incidencia en el comercio, tanto intrarregional como en el resto del mundo. Así, podemos decir que las exportaciones intra MERCOSUR pasaron de U$S 5.100:000.000 en el año 1991 a U$S 20.400:000.000 en 1998, que ha sido el pico más alto, representando un incremento del 300%. En el caso concreto de Uruguay, en similar período, nuestras exportaciones intra MERCOSUR pasaron de U$S 557:000.000 a U$S 1.533:000.000 en el año 1998, año en el cual el total exportado por nuestro país ascendió a U$S 2.769:000.000. Esta cifra muestra que el 50% de nuestras exportaciones iba a la región. Naturalmente que esto refleja un marco de dependencia, pero es de extraordinaria importancia y no se pueden menospreciar las consecuencias que puede traer un cambio abrupto de políticas en esta materia.

De modo que las cifras son elocuentes. Creemos que no es una buena opción elegida por el Presidente de Uruguay y mucho es lo que nos debería comprar Estados Unidos para poder desplazar a los mercados de la región.

Obsérvese que en el año 2001, cuando en medio de la crisis Uruguay sólo exportó U$S 2.255:000.000, el destino de esas exportaciones, en un 40%, prácticamente fueron al MERCOSUR, mientras que el 7.8% fueron a Estados Unidos y el 21.55% a la Unión Europea.

Asimismo, es interesante comparar la composición de los productos exportados a uno y otro destino. A Estados Unidos sólo le exportamos prácticamente productos básicos, sin agregado industrial, mientras que es en la región en donde podemos colocar producción con agregado industrial, elemento esencial para la generación de empleo. Se habla ahora de cómo han caído las exportaciones. Sí cayeron, comparando enero-marzo del 2001 con el mismo período del año 2002, a Brasil de U$S 145:000.000 a U$S 105:000.000. Las exportaciones a Argentina cayeron en el mismo perío-do de U$S 96:500.000 a U$S 27:000.000. Pero, en el mismo lapso, las exportaciones a Estados Unidos cayeron de U$S 57:000.000 a U$S 34:000.000. En cambio, crecieron las que se hicieron con destino a la Unión Europea y sólo en este caso hubo un aumento de exportaciones. Como puede observarse tampoco el descenso de las exportaciones verificado recientemente a la región es un justificativo de la opción elegida, porque también se ha registrado un descenso en las exportaciones que tienen como destino Estados Unidos.

Sin embargo, hay muchas ilusiones con relación a los acuerdos bilaterales. En mi opinión, esta apuesta al acuerdo bilateral con Estados Unidos no está sostenida por argumentos firmes, además de los que ya hemos dado. Precisamente, tengo aquí los últimos datos de lo que está ocurriendo en Estados Unidos en este momento. Aparte de lo que los señores Senadores y la opinión pública ya conocen, podemos decir que en materia de libre comercio Estados Unidos lo predica desde hace un siglo. Hace dos meses impuso un arancel del 35% al acero que viniera desde afuera de ese país a los efectos de defender esa industria. En materia de libre comercio y de subsidios es enemigo total de los subsidios; de los subsidios que nosotros le apliquemos a nuestra producción.

El Parlamento de Estados Unidos acaba de aprobar una ley llamada "Farm Bill", en la cual en diez años van a incrementar los subsidios en U$S 170.000:000.000. Hice los cálculos y de acuerdo con las proyecciones del señor Ministro de Economía y Finanzas el Producto del Uruguay cayó de U$S 20.000:000.000 -en relación a los datos de los últimos cuatro años- a U$S 17.500:000.000. Quiere decir que los subsidios para la producción agrícola en los Estados Unidos anualmente representan prácticamente lo que Uruguay produce en un año. Eso no es todo, porque simultáneamente el Gobierno de los Estados Unidos -y esto ha sido muy publicitado- está tramitando la "Trade Promotion Authority", que sustituiría al "fast track" , o sea, la vía rápida. Es la autorización que da el Congreso para que el Poder Ejecutivo de los Estados Unidos pueda negociar con otros espacios económicos o, bilateralmente, con otras naciones. Se aprobó en la Cámara de Representantes por 215 a 214 votos. Pero me pregunto qué fue lo que se aprobó por un margen tan estrecho. Tengo en mi poder una hoja sacada de Internet en donde hay una lista de productos sensibles, restringida, que abarca 315 productos y que constituyen el 18% del total de las líneas arancelarias en la agricultura y el 11% del valor de las importaciones agrícolas norteamericanas del año 2000. También aparece otra lista ampliada que abarca las importaciones con y sin cuota, que alcanza a aproximadamente 475 líneas. Supongo -aquí hay expertos en materia de comercio internacional- que esto quiere decir rubros a los cuales se les aplica la limitación. ¿Qué quiere decir productos sensibles? Que para hacer un acuerdo sobre ellos, tiene que presentarse ante el Congreso y ser aprobado por esas mayorías tan apretadas. En esta misma hoja se explican cuáles son los sectores sensibles. Allí se encuentran: carne vacuna, leche en polvo, leche concentrada, quesos, girasol, otros lácteos, azúcar y leche combinados, lana, cítricos y también los textiles. Me pregunto qué le vamos a exportar; autos sería un poco difícil. Esto no significa que no desee que les exportemos. Estoy de acuerdo con que hagamos los esfuerzos más grandes por exportarles y que, por ejemplo, se pueda conseguir ampliar la cuota de carne. Sinceramente, creo que como consecuencia de todo esto podemos llegar a tener problemas en el MERCOSUR, pero a lo mejor conseguimos que el año que viene nos compren 20.000 toneladas de carne como lo hacían antes. No digo que no haya que vendérsela, pero el esfuerzo que se está haciendo en el plano de deterioro de nuestras relaciones es de tal magnitud, que no tiene "comparancia", como dicen los paisanos.

En Estados Unidos, el Senador demócrata Mark Dayton y el Senador republicano Larry Craig presentaron una iniciativa que permite que el Congreso modifique los acuerdos concertados por el Presidente, si considera que pudieran perjudicar en general a la industria estadounidense. Este proyecto tiende a parar todo lo que se considere en el Congreso de los Estados Unidos que pueda ser afectado. Asimismo, contiene una serie de limitaciones a las que, en su momento, se refirieron el Presidente Fernando Henrique Cardoso de Brasil y el Secretario General de la ALADI. Ellos dijeron que si fuera aprobada esta iniciativa, impondría serias restricciones al libre comercio y, en general, liquidaría el proyecto del ALCA. Con estas condiciones, ¿qué zona de libre comercio desde Alaska hasta Tierra del Fuego se va a construir? Prácticamente ninguna.

Por otro lado, me pregunto qué interés comercial puede tener Estados Unidos en nuestra República. Actualmente la balanza comercial le resulta favorable. Es posible concebir con sentido común que nuestro país pueda ser socio en forma bilateral de la primera potencia del mundo, que siempre fue proteccionista y sólo proclamó el libre comercio, pero nunca lo puso en práctica. ¿Qué ejemplo se tomó? El de Chile, que viene negociando un acuerdo de libre comercio desde 1989 y no sabemos aún si lo va a lograr. Chile está celebrando ahora un Tratado que ha firmado con la Unión Europea. Escuché al Presidente Lagos elogiar largamente ese acuerdo en televisión. Es muy probable que no consiga el que está negociando con los Estados Unidos, ya que no dudamos que estas disposiciones del TPA -que sustituyen al "fast track"- sean aprobadas. A lo mejor, ni siquiera se aprueba esto, pero si se aprueba, serán tantas sus limitaciones que no será viable celebrar ningún tipo de acuerdo con esa nación, y menos aún en forma bilateral.

Nos preguntamos si por parte de nuestro Ministerio de Relaciones Exteriores no se ha comprendido esta realidad. ¿No se comprende que los Estados Unidos son absolutamente proteccionistas y no van a negociar ningún tipo de acuerdo, y menos aún de naturaleza bilateral? A nuestro juicio, no se comprende la estrategia de los Estados Unidos con respecto a la región y, en ese sentido, queremos esbozar, simplemente, algunos lineamientos. El inicio del mandato del Presidente Bush se dio en un marco recesivo de la economía norteamericana, luego de diez años de incesante crecimiento económico. Una de las prioridades del novel Presidente fue proceder a revertir esta situación. En ese sentido, en América del Sur se dieron una serie de situaciones que entorpecían los intereses de esa potencia hegemónica. La penetración de la inversión directa de capitales de origen europeo ha igualado a los de origen estadounidense y, por otra parte, los procesos de integración sudamericanos con el MERCOSUR entorpecen la penetración comercial de los Estados Unidos en la región, teniendo en cuenta además que este proceso, en particular, es liderado por Brasil, la octava economía mundial.

Quisiera señalar que, a nuestro juicio, no hay un real interés de los Estados Unidos en la celebración de acuerdos comerciales bilaterales. En primer lugar, porque ese país es, tal como lo han demostrado los hechos, esencialmente proteccionista, pese a proclamar insistentemente las bondades del libre comercio. En segundo término, la celebración de un acuerdo bilateral contraría la estrategia de negociación comercial de los Estados Unidos. Para nosotros es casi una certeza que a esa nación le interesa la negociación a nivel global porque allí es donde pesa y para eso cuenta con un formidable instrumento como es la Organización Mundial del Comercio, que luego de la reunión de Doha lanzará a partir del año 2003 una nueva ronda de negociaciones multilaterales. En ese ámbito posee los instrumentos para imponer sus condiciones sin verse en la obligación de otorgar concesiones a nivel bilateral. Incluso pensamos que el ALCA ha perdido su vigencia en la medida en que los Estados Unidos vaya logrando sus objetivos mediante la Organización Mundial del Comercio.

Concluimos esta parte de nuestra exposición señalando que esta aproximación por parte del Gobierno uruguayo a los Estados Unidos, intentando la celebración de un acuerdo bilateral, sólo ha sido funcional a los intereses de aquella nación, que busca debilitar los procesos de integración regional. Si no advertimos que las relaciones internacionales son claramente mercantilistas, no podremos entender este mundo globalizado, en el que se han mundializado algunos adelantos tecnológicos y científicos, en especial, las comunicaciones, el transporte y la informática, así como también se ha globalizado la pobreza. Hay documentos de alguna de estas organizaciones en los que señalan a Estados Unidos -y en los cuales muchas veces apoyan su política exterior- que los niveles estratégicos son las telecomunicaciones, la energía, los combustibles, los puertos y los aeropuertos. Quien apunte a esos controles, controlará el mundo del futuro y no dudo que esa sea la política de los Estados Unidos. Eso es lo que ellos recomiendan y es lo que le piden a Uruguay que privatice; insisten en ello sistemáticamente una y otra vez. Esto no sólo lo hace Estados Unidos, sino también los europeos.

En definitiva, la opción en el mundo de hoy para poder hacerse oír es ser fuerte y nosotros somos un pequeño país, o actuar en bloque unidos a aquellos con los cuales podemos tener intereses comunes. Esto en la historia reciente, para nosotros, es el MERCOSUR, así de sencillo y la historia lo ha demostrado y lo sigue demostrando a cada paso. La negociación con Estados Unidos y las futuras en el seno de la Organización Mundial del Comercio son a través del MERCOSUR porque, de lo contrario, no es una negociación sino algo mucho más duro e indigno. Esto es peligrosísimo, señor Presidente, para el país, para sus empresas y para sus trabajadores.

Paso ahora a ocuparme de otro de los temas que va a formar parte de esta interpelación y es lo que yo llamo la peripecia de Cuba. Desde hace décadas, señor Presidente, el Gobierno de Estados Unidos desarrolla una estrategia destinada a aislar a Cuba políticamente. Su escenario privilegiado es la Comisión de Derechos Humanos de Naciones Unidas y el objetivo es lograr que se condene a dicho Gobierno para de esta forma justificar una política de constante bloqueo en el plano comercial -dicho bloqueo comprende, incluso, la venta de medicamentos- y su apoyo indisimulado no ya a los opositores del régimen castrista -como se dice- sino y principalmente a un exilio agresivo y armado que ha perpetrado acciones terroristas incontables. Entre ellas podemos citar el derribo de un avión de Cubana de Aviación con la muerte de todo su pasaje y tripulación y el fallido intento en Panamá, hace muy poco, en ocasión de una Cumbre, de asesinar al Presidente Castro.

Aunque no se compartió años atrás la promoción de una condena a una presunta violación de los derechos humanos en Cuba, nuestro país, muchas veces, ha acompañado esa condena. Si no estoy equivocado sólo una vez se abstuvo y, en otra oportunidad, votó en contra. Observo que el señor Ministro me corrige señalando que esto ocurrió en dos oportunidades. El resto de las veces ha votado en contra de Cuba. A su vez, nuestro país nunca había sido el promotor de la resolución. En realidad el que gestiona la promoción de la resolución es Estados Unidos, pero casi nunca ha hecho él directamente la propuesta ya que en general opta porque sea otro país el que se encargue de protagonizar el operativo. El capítulo más destacado de estos encargos lo cumplió el año pasado la República Checa que es, algo así, como los dos tercios de la ex Checoslovaquia, en virtud de que ahora hay una República Checa y una Eslovaquia. Esta República, en un alarde realmente significativo del interés de ese país por la vigencia de los derechos humanos en el mundo, promovió una resolución que nuestro país votó, luego de que su Viceministra de Relaciones Exteriores -creo que ese era el cargo, aunque quizás estoy equivocado y era uno inferior- cumpliera una extensa gira por América Latina visitando a cada uno de los países integrantes de la Comisión. El tiempo y los costos materiales de esta promoción que estaba haciendo -hay que recorrer desde Checoslovaquia, venir hasta acá y pasar por todos los demás países- es una muestra de la preocupación exultante de ese país por los derechos humanos de Cuba; diría por demás significativa.

A esta altura cabe señalar que el año pasado, a nuestra iniciativa, el señor Ministro de Relaciones Exteriores fue convocado a la Comisión de Asuntos Internacionales del Senado, en la que realizó una extensa exposición sobre el tema, recordando todas las veces que Uruguay como miembro de la Comisión votó resoluciones en contra de Cuba, más allá de sus contenidos y de las únicas dos veces en que no votó. No interesa aquí detallar la exposición que en aquel momento, hace un año, realizó el señor Ministro -seguramente él la recordará- pero sí es preciso destacar que se le solicitó que informara sobre si existía algún estudio y recomendación de los estudios técnicos del Ministerio sobre la materia. Respondió que sí existían y también quedó claro que dichos servicios recomendaban que Uruguay se abstuviera en la votación.

Por otro lado es preciso destacar que el señor Ministro, interrogado en esa oportunidad sobre cuál sería el voto de Uruguay, cuando faltaban quince días para la votación en Ginebra, dijo a la Comisión que el voto aún no estaba definido. Finalmente Uruguay definió a través del señor Presidente de la República el voto a favor de la resolución presentada por la República Checa y avalada por Estados Unidos. Se votó contra Cuba y no se rompieron relaciones. Esta es la historia hasta el año pasado, o si se quiere la peripecia, a nuestro juicio nada edificante -para utilizar un vocablo- del tratamiento del tema Cuba en Naciones Unidas.

Precisamente, Naciones Unidas podría tener y tiene centenares de casos de países que violan los derechos humanos, según Amnesty International, pero que o no figuran en la agenda o si están incluidos no se ubican en las prioridades de las preocupaciones de nuestra Cancillería y naturalmente de otras, y menos de los medios de comunicación.

A esta altura y a efectos de ilustrar al Senado es menester decir que en la agenda de la Comisión de Derechos Humanos de Naciones Unidas, existen varios ítems o apartados que gradúan la consideración de este tema tan particularmente delicado para cualquier nación. Si nuestra información es correcta -y no dudamos que lo sea- en la gradación de preocupaciones de las sanciones o de la colaboración de Naciones Unidas para ayudar a la vigencia de los derechos humanos, existen dos numerales muy significativos. Uno de ellos es el numeral 9, o punto 9 de la agenda, en el que se examinan las causales que consideran los temas más graves de violaciones a los derechos humanos, refiriéndose a los casos de las violaciones masivas, flagrantes y sistemáticas de estos derechos. Algo así como la exterminación de los "tutsi" en Burundi, lo que ha pasado en el Congo o aquellos asesinatos masivos, flagrantes y sistemáticos. Ese es el numeral 9.

El otro apartado es el numeral 19, que habla de dar ayuda o contribuir a la vigencia de los derechos humanos en determinado país. El introducir el tema en uno u otro numeral cambia significativamente la naturaleza del tratamiento y la gravedad del enjuiciamiento, más allá de las palabras o de los circunloquios que se empleen.

Adelantándonos un poco en la exposición, digamos que este año Uruguay dejó de ser acompañante para pasar a ser protagonista de una resolución contra Cuba que todo el mundo ha considerado de condena. Para hacerlo, optó por utilizar la vía del numeral 9 de la agenda, es decir que consideró necesario señalar que la resolución que se propiciaba se hacía por tratarse de un caso de violaciones masivas, flagrantes y sistemáticas de los derechos humanos. Es una decisión y no de poca monta; muy importante. También adelantándonos, es necesario informar al Senado que a propuesta -creemos que de China- se votó una resolución en el sentido de sacar el tema del numeral 9 de la agenda, votación que según nuestro informe terminó empatada en 24 votos, razón por la cual resultó negativa. Obviamente, Uruguay votó en contra de esta propuesta, es decir que propició el empate, el resultado negativo.

SEÑOR FERNANDEZ HUIDOBRO.- ¿Me permite una interrupción, señor Senador?

SEÑOR GARGANO.- Con mucho gusto.

SEÑOR PRESIDENTE (Dr. Correa Freitas).- Puede interrumpir el señor Senador Fernández Huidobro.

SEÑOR FERNANDEZ HUIDOBRO.- Señor Presidente: no sé si estoy bien informado, pero creo que en el numeral 9 al que se está refiriendo el señor Senador Gargano, están incluidos Burundi, Sierra Leona, República Democrática del Congo -donde ya han muerto tres millones de personas, un Uruguay entero, en pocos años-, Irán, Irak y los Territorios Arabes ocupados, eufemismo por la situación que todos conocemos.

Muchas gracias.

SEÑOR PRESIDENTE (Dr. Correa Freitas).- Puede continuar el señor Senador Gargano.

SEÑOR GARGANO.- Desearía proporcionar lo que me parece es el encuadre presidencial porque a todo esto hay que darle un marco, por eso le he dado ese nombre. No creo que la resolución que adoptó Uruguay de propiciar esto haya sido improvisada, de último momento o gestada al calor de una discusión o intercambio de adjetivos entre los Presidentes de uno y otro país.

¿Cómo veo ese encuadre presidencial? Señor Presidente: en noviembre del año 2000 se celebró una Cumbre en Panamá, una conferencia convocada para tratar el tema de la niñez. Sin embargo, allí se dieron algunos episodios que sólo vamos a reseñar y se verá que van dando inicio a una peripecia que está vinculada a las relaciones con Cuba. Uruguay reanudó relaciones con la República de Cuba después de la recuperación democrática y durante casi una década y media, pese a algunos episodios resueltos diplomáticamente, los Gobiernos del doctor Sanguinetti primero -al que él llamaba de "entonación nacional"- del doctor Lacalle después -que denominaba de "coincidencia nacional"- y del doctor Sanguinetti nuevamente -que ya era de coalición expresa-, mantuvieron esas relaciones. Hubo intercambios fuertes de personas hacia Cuba y, si bien comercialmente las cosas no fueron brillantes, parecía que el Gobierno uruguayo estaba por dar a conocer sus opiniones en forma diplomática, no ocultando diferencias, pero apuntando a hacer valer sus razones en el marco de una acción reservada de país a país. Tan así fue que el Gobierno del doctor Sanguinetti -el que tuvo lugar entre 1995 y 2000- invitó al señor Fidel Castro a visitar el Uruguay. Dicho sea de paso, esta visita discurrió sin problemas aunque, seguramente, si nuestro Gobierno quiso decir algo en esa oportunidad, lo dijo.

Por otro lado, en Panamá, las cosas empezaron a cambiar. Nuestro Presidente, preocupado por la niñez, aprovecha su turno para tirar un tema político obviamente atacando a Cuba por la no rotación de su Presidente. No venía al caso pero, como luego lo comentaran los periodistas, estos temas como los chistes del Presidente Chávez le divertían. En Panamá los terroristas cubanos montaron un operativo con el objetivo claro de asesinar al Presidente de Cuba; esto fue denunciado, los terroristas fueron detenidos y aún están presos. Además, se probó que tenían su arranque en El Salvador.

En la Conferencia se propició, por la presencia de España y además porque seguramente correspondía, una declaración de condena al terrorismo, en especial al etarra. Cuba dijo allí que estaba dispuesta a votarla, pero que también quería que se incluyera una condena contra el terrorismo que se practicaba contra ese país; como no se votó esto último, Cuba no votó la otra resolución. Allí hubo intercambios duros, especialmente entre el Presidente de El Salvador y el de Cuba, en el que el primero acusó a Castro de ser asesino. Nuestro Presidente dijo que recordaba perfectamente el hecho y al joven y valiente Presidente de El Salvador que tenía grandes agallas. Tengo por ahí anotado el texto que más tarde puedo aportar. Parecía que el encuadre de las relaciones debía cambiar un poco -después vendría más-, porque se iba a hablar de la niñez y se terminó abordando el tema del régimen. A veces pienso, señor Presidente, ¡qué hubiera ocurrido si el Presidente de Cuba o el de otro país, por ejemplo, Fernando Henrique Cardoso, hubiera hecho una exposición sobre la economía uruguaya criticando duramente lo que pasa aquí en materia económico financiera o hubiera hablado sobre las cárceles del Uruguay! ¡Un Primer Mandatario hablando de estos temas en una Conferencia internacional! ¡Ni que hablar que si lo hubiera dicho Fidel Castro, el lío habría sido de órdago!

El 16 de abril de 2001 tuvo lugar otro pequeño episodio. En una entrevista con el periódico "La Raza" de Chicago el Presidente uruguayo, que es contrario al bloqueo -aclaro que aquí todos lo somos, como lo era la resolución checa en la primera redacción que tuvo-, dijo que este al único que le sirve es a Castro, porque le da un pretexto para no otorgar libertades. No es que crea que esto no se puede pensar, o incluso trasmitir al Gobierno cubano o a otros, si se quiere, pero en realidad este estilo apuntaba a otra cosa. El tema es que el doctor Jorge Batlle Ibáñez es Presidente de Uruguay, no es un ciudadano común y cuando habla y dice estas cosas, rebotan en todos lados. Por eso dije que este estilo apuntaba a otra cosa y no precisamente a que las cosas cambiaran para bien en Cuba. Esta línea se acentuó este año el 21 de marzo de 2002, en la Conferencia de Monterrey, que pasará a la historia aunque no precisamente por el tema que debía tratar, que era el de la Conferencia Internacional de Naciones Unidas sobre Financiación para el Desarrollo. A esta altura, en nuestro país, nadie sabe lo que se trató allí ni cuáles fueron sus conclusiones, pero lo que todos recuerdan es lo que pasó entre Castro y Fox, y entre el Presidente del Uruguay y Castro, con las consecuencias que esto tuvo. No sé si aquí algunos de los especialistas saben algo acerca del financiamiento, pero yo sentí hablar muy poco del tema. Digo esto, porque lo que luego se supo acerca de los pedidos del Presidente Fox a Fidel Castro para que no estuviera más de lo imprescindible en Monterrey y que provocó serios incidentes en ambos países, no se conocía, pero más tarde salió a la luz en un episodio lamentable, ¡que vaya a saber qué orígenes tiene! Esto se hizo para que Castro no creara problemas, especialmente al Presidente Bush. Nadie puede explicarse qué problemas se podrían crear en una conferencia destinada a estudiar el financiamiento para el desarrollo, al cual generosamente contribuye Estados Unidos en todo el mundo.

Para describir a nuestro país, allí el Presidente del Uruguay subrayó: "Pero además de todos estos bienes -y había enumerado la educación gratuita, laica y obligatoria, el lugar que ocupamos en materia de protección de la salud y demás- tenemos elecciones libres, hay libertad de prensa, no hay presos de conciencia y a los Presidentes los elegimos y los cambiamos cada cinco años, con voto libre, secreto y universal; no hay reelección y no nos quedamos cuarenta o cuarenta y cinco años en el Gobierno". Esto era algo que servía al financiamiento del desarrollo, y fue un tema tirado como por casualidad. Quiero decir que esto último que leí está mal escrito en la página "web" de la Presidencia y lo corregí porque, de lo contrario, parecía que el Presidente se trabucaba cuando hablaba, ya que el sentido era claro. Digo esto, por las dudas, porque seguramente se puede corregir. Insisto: ¿Qué pasaría si Fidel Castro hablara del régimen uruguayo y del "impuestazo", de los ciclos que hubo o si interviniera juzgando y dando opinión sobre las elecciones? Todo esto lo dijo el Presidente del Uruguay porque los demás Presidentes no estaban enterados de que en nuestro país hay elecciones libres, que votamos cada cinco años y que los Presidentes rotan. Lo hizo para enterarlos y lo dijo atacando a Cuba y a Fidel Castro, para lo que tiene todo el derecho del mundo como persona, pero obviamente tenemos que sacar alguna conclusión: esto genera reacciones.

Yo supongo que no es que se lo haya mandado nadie. He dicho una y mil veces que para decir esto, el Presidente del Uruguay no necesita que nadie se lo sugiera; es lo que piensa y dice desde hace cuarenta años. Lo que ocurre es que ahora es Presidente.

Y para rematar la faena -como dicen los españoles, hablando en lenguaje torero-, en una entrevista con Televisa, ante una pregunta del periodista sobre la abrupta partida del Presidente de Cuba, dice: "Ahora por qué llegó y por qué se fue es un asunto de él". Y el periodista le dice: "¿Es irrelevante?" A lo que el Presidente de Uruguay contesta: "Totalmente. Ya aburre". El periodista insiste: "¿Empaña algún momento?" Y el Presidente de Uruguay responde: "No, para nada; no, para nada. Hace un show. Cada vez que va a una conferencia de estas hace un show. En Panamá hizo un show". Aclaro que yo pronuncio "chow" la palabra show, tal como lo hacen los centroamericanos. Y continúa: "Le dijo de todo a Paco Flores. Paco, que tiene unas agallas imponentes, le contestó como corresponde: ‘No es un show; es un show de viejo’." Y agregó, divertido: "Estamos los dos viejísimos. Yo tengo setenta y cuatro y él también. Que no embrome, que no aburra". Es un lenguaje diplomático, apto para relacionarse con un país. Yo lo digo todo, porque cada uno juzga y saca las conclusiones. Como se apreciará, un buen hacer, que le dicen. Ahora bien, en mi modesta opinión, esta no es una cuestión improvisada. Ni fruto de la irascibilidad del momento.

Digo esto, señor Presidente, porque estoy seguro de que el Presidente de Uruguay no sabía del pedido de Fox a Castro y ocurrió que lo que hacía Castro, en lugar de irse enojado porque Fox le había pedido que se fuera para que no lo molestara ante la presencia de Bush, era un show de viejo. Yo estoy seguro de que el Presidente no sabía esto porque los mexicanos no se lo van a contar, supongo. O a lo mejor lo sabía, no sé. Pero lo que el Presidente de Uruguay dijo un mes después -y aquí vamos a una de las partes que me importan más de esto-, es que él y el señor Canciller habían redactado en el avión en viaje a Monterrey la resolución que se presentó el 18 de abril en Ginebra. Ya veremos cuánto de verdad hay en esto, a la luz de la documentación de que hoy disponemos. Y en el mismo reportaje, cuando lo interrogan sobre el MERCOSUR, el Presidente de Uruguay explica, coherentemente con lo que yo leí hoy: "La opción uruguaya para crecer está fuera del MERCOSUR". Yo compagino las dos cosas porque me parece que todo esto está interconectado; acá no hay nada improvisado. Es lo que dice la página web de la Presidencia; como quien dice, una apuesta a la coherencia. Y esto forma parte del encuadre en el que se forjó la resolución sobre Cuba y las razones de nuestro protagonismo, es decir, de nuestra acción protagónica de presentar ese proyecto de resolución.

Sobre esta parte de Cuba, hay un último capítulo. Yo quiero decir, señor Presidente, que con la ingenuidad de buscar lo mejor para Uruguay de mi parte, convocamos al señor Canciller a la Comisión de Asuntos Internacionales, una comparecencia demorada hasta el 4 de abril. En ella hicimos las mismas preguntas que en el año 2001, es decir, qué posición tenía la Cancillería, qué informes y recomendaciones habían dado los cuerpos técnicos, qué razones tenía la Cancillería para adoptar determinadas posiciones, qué razones tenía para pasar de acompañante en el 2001 a protagonista o promotor de una resolución. Se nos dijo: "La Cancillería no ha redactado ningún texto". Aclaro que esto consta en la versión taquigráfica. "No hay ningún papel redactado por nosotros". Y agregó textualmente: "Anda por ahí un papel cuyo origen no sabemos pero tenemos algunos indicios. Hay alguna referencia sí precisa que se harán consultas para que una temática como la de Cuba se mantenga en la agenda del año que viene". Además hay ciertas consideraciones sobre el régimen cubano que hizo el señor Ministro, tales como el tema de la pena de muerte en Cuba, no en Texas donde creo que se han ejecutado en los últimos diez años aproximadamente cuatrocientas personas. Aclaro que es un hecho condenable; yo no soy partidario de la pena de muerte ni en Cuba ni en Texas, y si la condeno lo hago en todos lados. Nos habló de algunas cosas positivas como de la visita del Papa, la libertad religiosa -aunque después algunos colegas y amigos me dijeron que está un poco acotada-, la visita de los Legisladores norteamericanos y el buen hacer cubano acerca de la prisión de los talibanes en Guantánamo. No tuve tiempo de leer la versión taquigráfica, pero creo que en ella consta -y si no es así, lo digo ahora, para que quede claro- que no me parece un mérito que se tenga a los presos en jaulas de acero y a la intemperie y que se los traiga de Afganistán hasta allí, aunque fueran terroristas, porque el tratamiento a los terroristas como seres humanos no debe ser diferente al de los otros delincuentes. Con los terroristas hay dos opciones: matarlos o tenerlos presos. En este último caso hay que tratarlos como gente que son. En tal sentido, no creo que sea un detalle bueno el del régimen cubano no protestar porque estuvieran ahí. Yo hubiera hecho otra cosa, con todo respeto por el régimen cubano. Yo hubiera dicho que aparte de lo que ha pasado con Guantánamo desde hace cien años, no me gusta que además de robarme el territorio lo hagan aparecer como cárcel para gente de otro hemisferio. Lo digo "por si las moscas", porque siempre es bueno dejar algún detalle esclarecido. Pero lo digo también porque es un detalle acerca de los valores que se manejan para apreciar a veces la política exterior. No sé si me hago entender, pero si se maneja esto, es un detalle.

La conclusión de esto es la siguiente. Primero, no había ningún papel redactado. Segundo, por ahí andaba un papel anónimo. Me pregunto: ¿anónimo en la Cancillería? Con algún indicio de dónde podía venir, pero anónimo. Tercero, estaba claro que Uruguay pasaría a ser el que presentara la moción e incluso algunos de sus contenidos, como se verá, imaginados por la Cancillería como una parte de la moción que dice "como los avances en salud y en educación", aunque se cambiaron vocablos, ya que creo que se sustituyó el término "avances" por "esfuerzos".

Podríamos leer ahora el texto de la versión taquigráfica, pero no es del caso; lo vamos a hacer más adelante. El caso es examinar el camino a través del cual Uruguay llegó a presentar el proyecto de resolución. Quiero dejar constancia de lo siguiente. En materia de derechos humanos, Cuba -esto fue informado por el Gobierno cubano- invitó al Alto Comisionado para los Derechos Humanos de Naciones Unidas a visitar la Isla, y el señor Ayala Laso lo hizo en 1995 y elaboró un informe que no fue tratado en la Comisión de Derechos Humanos de Naciones Unidas. Antes, en 1989, Cuba había invitado a toda la Comisión y concurrieron y hubo mil entrevistas y un informe que nunca se trató en aquella Comisión. A lo mejor dicen algo de condena a Cuba, como por ejemplo que habrían apaleado a algunos presos o que tenían gente detenida por razones políticas o que discrepaban con el régimen. De todas maneras, convendría saber qué se decía allí.

Quiero decir lo siguiente. Alguien se molesta cuando se oye decir que Cuba no tolera la injerencia en los asuntos internos. El año pasado estuvo aquí la señora Mary Robinson, que es la Alta Comisionada de Naciones Unidas para los Derechos Humanos. Vino a un seminario y se le ocurrió decir algunas cosas.

Pienso que lo que dijo no debe haber sido muy fuerte porque yo no me acuerdo. Creo que se refirió a las cárceles, a los desaparecidos y, como me acota el señor Senador Korzeniak, a la discriminación de la mujer. Me parece que convendría invitarla nuevamente para que viera las cárceles, los asentamientos y el récord de muertes diarias que hay en Montevideo. Estoy asombrado de que no nos ocupemos de eso, porque todos los días mueren dos personas -y a veces hasta tres- en la periferia de Montevideo y no por accidentes, sino por tiros. Pese a eso, en este país seguimos tan campantes, ocupándonos de la vigencia de los Derechos Humanos en otros países, aunque aclaro que me parece bien ocuparnos también de estos temas.

Muchos se enojaron con la señora Robinson porque se metió en los asuntos internos y tengo las declaraciones del señor Representante Scavarelli -que no voy a leer-, quien le dijo a los periodistas que esta era una intromisión intolerable en los asuntos internos del país. También tengo las declaraciones del doctor Lacalle que reaccionó diciendo que no éramos una colonia para que nos vinieran a decir este tipo de cosas. A Cuba sí se le pueden decir porque es una colonia, supongo yo.

Analizando el tema de la futura votación en la Comisión de Derechos Humanos de la ONU, en la Comisión de Asuntos Internacionales del Senado, ante nuestras preguntas, el señor Canciller dio las siguientes respuestas y me voy a remitir a la página 4 de la versión taquigráfica de la sesión de 4 de abril. En esa oportunidad el señor Canciller dijo: "Hay países que están trabajando en esa dirección y nosotros, como Gobierno, estamos manteniendo contacto con ellos. Lo hicimos en Monterrey, en ocasión de la Cumbre que allí se realizó, y lo vamos a seguir haciendo con motivo de la reunión del Grupo de Río, a partir del próximo lunes en Costa Rica. No hemos preparado, ni estamos distribuyendo ningún papel; estamos recibiendo algún papel y trabajando sobre ideas para un papel". Un rato antes el Canciller había hablado del papel de origen desconocido y aclaro que estoy leyendo textualmente. El continuó diciendo: "El Uruguay no ha preparado ningún proyecto, pero tampoco se niega a trabajar con otras delegaciones, que así lo estimen, en la posibilidad de la preparación de ese documento que, reitero, tiene plazos perentorios para su presentación y para su eventual aprobación". Más adelante, en la página 5 de la versión taquigráfica el señor Canciller manifestó: "Al día de hoy no tengo elementos como para decirle a la Comisión que existe un texto o un grupo de países comprometido con él, pero sí puedo afirmar que hay algún papel en circulación, de cuya autoría no hemos podido tener todavía una confirmación absoluta..." Obsérvese de nuevo que hay en la Cancillería un papel, todavía anónimo, que ésta examina. Tal como leí, el Canciller decía que no tenía una confirmación absoluta, aunque sí relativa. Con los respetos debidos, estas son palabras del Canciller.

Hoy la opinión pública sabe: 1) Uruguay fue quien presentó el texto finalmente aprobado por dos votos de diferencia; 2) También sabe que Uruguay promovió activamente apoyos para ello y consiguió algunos, aunque no obtuvo el de Brasil, a pesar de que procuró tenerlo. Todo esto ocurrió en 11 días, porque en una versión taquigráfica de la Cámara de Diputados el señor Canciller aclaró que el día 4 había dicho lo que manifesté en una Comisión del Senado y que el día 7 había redactado en su casa ese texto. En tres días había pasado de no tener un proyecto a tener uno ya estructurado.

"3) Conocidos los resultados de esta acción surgen comentarios en la prensa internacional y nacional que dicen lo siguiente: "a) que el texto es sustancialmente idéntico al que desde octubre de 2001 el Departamento de Estado de Estados Unidos hizo circular". -tengo los documentos acá, en inglés y la traducción, que si el señor Presidente lo desea podría exhibirlos, aunque me parece que basta con que los mencione- "b) a ello se agrega el comentario de que existe otro texto o versión de Estados Unidos, circulado a México y obsérvese que el Presidente Fox entregó en febrero, en su visita a Cuba, al Canciller Pérez Roque". Tengo hasta la descripción de lo que hizo el Presidente Fox: subió al avión, le pidió al Canciller que lo esperara y, mirándolo, le envió a través de una persona el papel, y el papel está ahí. Esta versión no ha sido desmentida por el Gobierno de México y sería el documento Nº2. Existe un documento Nº3. La numeración está hecha por funcionarios debido al momento en que comenzaron a circular los documentos; "c) El día 9 de abril de 2002 se entrega a los Embajadores en Ginebra otro texto más desarrollado pero conceptualmente igual, distribuido por Perú". Cabe recordar aquí, señor Presidente, que el Presidente Bush visitó, en esos días, Perú y la prensa peruana comentó profusamente las presiones de que fue objeto dicho Gobierno para que promoviera el proyecto de resolución. Inmediatamente después el Parlamento peruano adoptó en forma expresa una resolución de no propiciar ninguna resolución de condena a Cuba. Igual actitud había adoptado en sus dos ramas el Parlamento argentino, pero el Presidente Duhalde no le hizo caso al Parlamento. A pesar de que se había resuelto que el Gobierno no apoyara una resolución de ese tipo, el Presidente Duhalde acompañó la moción de condena a Cuba.

Perú, finalmente, no presentó oficialmente dicho proyecto. El Presidente y el Canciller no se animaron, sin el respaldo del Congreso o con su opinión contraria, a presentar ese documento. Este sería el texto dentro de un ordenamiento temporal -se dice cronograma por Cronos el dios del tiempo- que correspondería al documento número 4.

Por último tenemos el texto entregado por Uruguay. El mismo recoge casi a la letra el texto presuntamente hecho por Perú, aunque distribuido, pero no presentado por dicho país. El texto peruano dice: "1- Reconoce los avances obtenidos por la República de Cuba en la realización de los derechos sociales de la población, pese al entorno internacional adverso". Por su parte, el texto uruguayo dice: "Sin perjuicio de reconocer los esfuerzos..." -aquí ya no se habla de avances- "...hechos por la República de Cuba en la realización de los derechos sociales de la población, pese al entorno internacional adverso...". Se verá que es textual. Luego cambia la palabra "invoca" por "invita" en el texto uruguayo. A su vez, los numerales tercero y cuarto del proyecto que nunca presentó Perú, son exactamente iguales a los números 2 y 3 del proyecto uruguayo. El punto 4 del texto uruguayo desarrolla formalmente el punto 3 y el 5 propone seguir examinando el tema en el 59º período, el año próximo. Ahora, existe la presencia de Estados Unidos como integrante de la Comisión, dada la renuncia indeclinable que hicieron algunos otros países para integrar la Comisión. Se trata de la renuncia indeclinable de algunos países para integrar la Comisión, a fin de que pueda entrar Estados Unidos.

Todo lo expuesto hasta ahora -y lo digo con toda responsabilidad- da vergüenza ajena y, más que eso, pena. Pero a ello se agrega más tarde, y en forma como siempre espontánea y sincera, que el Presidente uruguayo informa a los medios de comunicación que en marzo, en su viaje a Monterrey, en el avión, ya había redactado con el Canciller el texto finalmente presentado a la reunión de Ginebra. Con ello desmentía categóricamente las versiones de que el texto tuviera origen o fuera promovido y redactado a instancias de Estados Unidos y que el texto peruano fuera producto del texto que redactó el Presidente de los uruguayos con el Canciller en el avión a Monterrey. Pegó una vuelta, rebotó en Perú y volvió para acá. Con esto el Presidente uruguayo realizaba un desmentido categórico en cuanto a las versiones de que ese documento tuviera origen o fuera promovido y redactado a instancias de Estados Unidos.

Esto es tan o más grave que todo el proceso anterior, pues desmentía las versiones del propio Canciller en la Comisión de Asuntos Internacionales del Senado donde afirmó, como hemos transcripto, "no hemos redactado ningún texto, no hemos confeccionado ningún papel". ¿Quién afirmaba lo cierto, jerárquicamente? El Presidente, es obvio. También cabe pensar que el Canciller, estando al tanto de esa redacción, no informó correctamente a la Comisión; en todo caso, es inadmisible que se haya actuado de esta forma. Mas luego de describir esta peripecia, lo concreto es que se ha producido un cambio de actitud: hemos pasado de acompañantes a ser protagonistas. ¿A qué obedece este cambio? ¿Por qué el Canciller asesoró en este sentido? ¿Con qué política la Cancillería está de acuerdo? ¿Con la que ha seguido el doctor Sanguinetti o el doctor Lacalle en los anteriores gobiernos o con esta nueva del gobierno del doctor Batlle? ¿Qué hechos nuevos se han producido que expliquen esta toma de decisión? Después de que Castro vino aquí, fueron a Cuba el Papa, los Legisladores norteamericanos y ahora el ex Presidente Carter. Además, hay más libertad religiosa, están los presos talibanes. En fin, ¿qué hay de nuevo para que haya un cambio acentuado en esta materia?

El 21 de febrero de este año el señor Canciller tuvo una entrevista periodística. Al respecto, quiero decir que antes hubo otras informaciones y comentarios de la visita del Canciller a Estados Unidos y su primera entrevista con el Canciller Colin Powell y la candidatura a la Secretaría General de la OEA del señor Canciller, etcétera. Tengo los papeles de todo esto, pero me importa esta entrevista en la que el señor Ministro pone énfasis en las declaraciones de un señor llamado Jerry Galucci, del Departamento de Estado, en las que señaló el compromiso de que "Uruguay ha adoptado racionalmente la lucha contra el terrorismo proponiendo normas y apoyando situaciones del Derecho Internacional para ese trabajo. Puso especial énfasis en los valores democráticos, en los derechos humanos, en las libertades individuales y en el medio ambiente". El Canciller terminó diciendo: "decirle una vez más que esta evaluación del proceso de acercamiento de Estados Unidos a Uruguay, o de Uruguay a Estados Unidos, comprende más cosas que lo económico, comprende más cosas además del comercio. Indudablemente, el camino trazado alienta la expectativa de llegar a un acuerdo de libre comercio y crea en nuestra vocación de logros ese objetivo final. Naturalmente" -dice el Canciller en esta entrevista- "que el acercamiento comercial entre países también significa concertación política". Yo no digo más, está dicho ahí. Uno no puede dejar de preguntarse qué relación hay entre la gestión uruguaya contra Cuba en Ginebra y esta política de relacionamiento comercial, ¿por qué no hay algo similar con la Unión Europea? ¿Por qué no pasa lo mismo? En medio de este accionar el Canciller entra en una acusación de espionaje involucrando a funcionarios de la Cancillería y a un Senador de la República. Se toman represalias que luego se desarman formalmente pero estamos seguros, prácticamente, de que se mantienen. Todo ello sin una investigación administrativa ni un esclarecimiento de los hechos. Tengo sobre mi mesa los diarios donde aparece mi nombre en primera plana: "Opertti implicó a Gargano en una denuncia de presunto espionaje". Esto no sale en la prensa porque sí. Además, una funcionaria, Directora del Departamento de Derechos Humanos, es separada de su cargo y, según trasciende públicamente, también un Director de Política Exterior. Se supuso y difundió que informes reservados de la Cancillería habían sido filtrados por una funcionaria a este Senador. Aclaro que yo no había visto en mi vida a tal funcionaria porque no la conozco, ni siquiera hoy, aunque hubiera tenido posibilidades de conocerla ahora, después de todo el escándalo que se armó. Tampoco conocía qué funciones desempeñaba en la Cancillería. Expreso categóricamente, señor Ministro, si hubo duda acerca de la reserva de documentos, ¿por qué no se utilizó la vía legal para esclarecer la situación e identificar responsabilidades? Se ocasionó un daño funcional difícilmente reparable y un daño moral muy grave a gente irreprochable. ¿Acaso el opinar distinto que el señor Ministro en un informe conlleva el riesgo de ser relevado de las tareas en las cuales se es especialista y se ha sido fiel, eficiente y responsable durante años?

Ahora viene el acto final, es decir, la ruptura de relaciones con Cuba. Sin duda, esto ha sido muy del agrado de Washington; insisto, no tengo la más mínima duda. Se trató de una resolución absolutamente inconsulta porque ni el Parlamento ni las Comisiones de Relaciones Internacionales fueron enteradas. Tanto es así que en la Comisión de la Cámara de Representantes, el Diputado José María Mieres, del Partido Nacional, se vio en la obligación de observar que: "Como partido integrante de la coalición de gobierno tendríamos que habernos enterado antes de la decisión que se iba a tomar". Obviamente, no nos enteramos ni la oposición ni los socios de la coalición, ni el Partido Colorado. El doctor Lacalle declaró, por ejemplo, en televisión, que estaba de acuerdo con romper relaciones con Cuba pero que no había sido consultado. ¿Acaso piensa el señor Ministro que la ruptura de relaciones diplomáticas con un país no es un tema grave que afecta las políticas de Estado en materia de relaciones internacionales? ¿O es que la Cancillería no estaba enterada? ¿Estaba de acuerdo el señor Ministro? ¿Por qué asesoró al Presidente en el sentido de romper relaciones con Cuba? ¿No es asombroso este cambio, teniendo en cuenta que veinte días antes, en el seno de la Comisión de Asuntos Internacionales del Senado, el Ministro dice: "En cualquier caso, para terminar esta reflexión, debo decir que no creo que estemos en un mal momento de las relaciones con Cuba, y esto deseo aclararlo especialmente". Refiriéndose al señor Subsecretario dijo que "él estará en condiciones de testimoniar que no existe a nivel de los gobiernos una confrontación que se traduzca en actos de enfriamiento de la relación diplomática o de deterioro de la relación política. Simplemente, hay criterios distintos, modos diferentes de entender la política y organizar la vida ciudadana". Menos de veinte días después se rompían relaciones con Cuba sin mediar consulta política con ningún interlocutor partidario.

La ruptura es absolutamente inoportuna; se da en el momento en que más de cuarenta Legisladores demócratas y republicanos de Estados Unidos exigen revisar la política hacia Cuba; en el momento en que Carter visita ese país; en el momento en que el 47% de los norteamericanos está contra el embargo a Cuba; después que una delegación parlamentaria uruguaya se reuniera con la disidencia cubana en el Hotel Riviera de La Habana y también en la Embajada de Uruguay, según la información que tengo, sin que pasara absolutamente nada. Todo esto después del episodio de la vacuna, tema del que no me quiero ocupar porque ¡pobres niños los uruguayos! Ahora están inmunizados contra la meningitis pero les van a meter el comunismo a través de la vacuna. En tal sentido parece ser que el tema, más que el de la certificación de la vacuna, era su origen. Me parece que acá era sobre la coincidencia con la política norteamericana. Creo que la decisión se puede caracterizar como absolutamente desprolija desde el punto de vista diplomático. En un primer momento se habló ante la prensa de suspensión de relaciones. Allí, delante de donde estaba el Presidente, mientras este hablaba de declarar persona no grata y la ruptura de relaciones, el señor Secretario del SEPREDI, tal como me lo informaron los amigos periodistas, decía: "No, no, no, es suspensión, no ruptura".

Luego, hay una declaración de persona no grata del Embajador de Cuba, que nadie vio ni leyó. Por último, cuando ya se había ido el representante diplomático, el día 6 de mayo se dicta, en acuerdo con el señor Presidente y el Ministro interino, el Decreto Nº 163/02, que se publica el pasado 14 de mayo. Recién ese día adquiere validez jurídica, cuando el Embajador ya se había ido y sin que el Gobierno de Cuba realizara alguna comunicación especial. Me adelanto a decir que seguramente importará mucho si se llevó unas cuantas botellas o cajas de cigarrillos; digo esto porque es seguro que se esgrimirá como argumento por allí, para justificar las cosas o para disminuir la entidad de la cuestión.

Podría recordar los tristes sucesos del 3 de setiembre de 1964 cuando Uruguay, presionado por Estados Unidos, rompió relaciones con Cuba. Asimismo, podría recordar los votos contrarios de Alberto Heber, Alberto Abdala y Amílcar Vasconcellos; la digna posición del Canciller Alejandro Zorrilla de San Martín y del Embajador Carlos María Velázquez; el alegato del consejero batllista Alberto Abdala; la posición y opinión del señor Luis Hierro Gambardella, de destacados dirigentes herreristas y también del doctor Jorge Batlle, quien se manifestó contrario a la ruptura de relaciones.

Cabe aclarar que el tema de la falta de independencia en nuestras relaciones exteriores ya no constituye una idea conspirativa de la izquierda latinoamericana y eso puede leerse y verificarse en documentos emanados de los propios Estados Unidos. Por mi parte, tengo aquí anotado lo que figura en esos documentos del Comité de Santa Fe. Se trata de un clan que elabora la estrategia de la derecha estadounidense y que ya en el documento número uno señalaba que los peligros más grandes eran Torrijos y Roldós. Los dos murieron en accidentes aéreos. No hay ninguna correspondencia entre una cosa y otra; sería una mera casualidad. En el documento dos, se habla del desmantelamiento del Estado, de la necesidad de la apertura económica y de la privatización de los ferrocarriles, de las telecomunicaciones, de la energía eléctrica, de los combustibles, etcétera. Esa es la tesis, es decir, le van dando línea a la gente del clan. Según se me informó, el documento número tres no se publicitó porque ganó Clinton y, entonces, se bajó el nivel de difusión del material. Y finalmente, el 6 de noviembre de 2000 se publicó el último documento en el que se analizan los temas fundamentales de la política exterior estadounidense, con críticas muy duras a la línea blanda de Clinton, la preocupación por la influencia china en el Canal de Panamá, críticas al proceso de paz de Colombia, la preocupación por los problemas demográficos y el aumento de la población en Brasil y el de la población hispana en Estados Unidos. Asimismo, se incluye el problema de la deuda, el de la deforestación y el de la desindustrialización. En este capítulo se habla del Tratado de Asunción, del MERCOSUR y de la preocupación por el hecho de que antes de terminar la próxima administración, toda Sudamérica estará unida en un mercado común. Parece ser que los autores de esto miran lejos; ponen los ojos en objetivos que están a la distancia. Asimismo, se analiza el populismo democrático pos guerra fría, en especial el de Argentina, Venezuela y México y aquí aparece el nombre del Presidente de Venezuela, Hugo Chávez, de quien se dice que está expandiendo un nuevo bolivarismo y que aspira a reunir en la gran Colombia a Venezuela, Colombia, Panamá y Ecuador, sin duda, como una República socialista.

Los comentarios son múltiples, pero digamos solamente que en noviembre de 2000 nos anuncian que terminará el proceso de paz en Colombia y que el Gobierno de Chávez está desestabilizado. En fin, se hace referencia a todo lo que ocurrió en 2002. Si a ello agregamos los enormes condicionamientos que los organismos financieros internacionales -como el Fondo Monetario y el Banco Mundial- imponen a nuestras soberanías económicas y políticas, llegamos a que, además de los porcentajes del Producto Bruto Interno para políticas sociales y otras erogaciones, para asegurar el pago de los servicios de la deuda, exigen a Argentina la derogación o modificación de dos leyes: la de quiebra y la de subversión económica, para dar inmunidad a los dirigentes de los Bancos Centrales, de modo que puedan hacer cualquier cosa sin terminar presos. Claro, como hay varios presos, nadie quiere ir ahí a renegociar la deuda y a lo mejor ganarse unos dólares. Pero también se puede terminar con los huesos en la cárcel. Se impuso una reforma de la seguridad social privatizadora, que fue cuestionada duramente por Stiglitz, Premio Nobel de Economía, que fuera citado en el día de ayer en este Recinto.

Se podría hablar de este tema durante varias horas, pero lo importante es tener conciencia de los severos condicionamientos a la independencia de nuestra política exterior. Por ello, como decíamos antes, es menester ser muy fuerte o actuar en bloque.

¿Cuál es nuestra alternativa estratégica? Sigue siendo el MERCOSUR. El apoyo crítico al MERCOSUR sigue siendo, para nosotros, inalterable. Naturalmente, hay muchas cosas para hacer y muchas cosas para cambiar; por ejemplo, hay que cambiar las políticas económicas. Como parte de una política nacional, Uruguay debe adquirir un protagonismo en el bloque regional, basado en sus valores nacionales, no en su tamaño relativo, y negociar constantemente, teniendo como objetivo final la complementación de las economías y los aparatos productivos de los socios de Europa. Cualquier negociación con potencias o bloques económicos debe realizarse como MERCOSUR, y no por los socios en forma aislada, principio que no excluye la búsqueda de mercados y de oportunidades comerciales en cualquier parte del mundo. Este tema debe ser el objetivo central y prioritario de nuestro servicio exterior. Hace falta una conciencia y una cultura del MERCOSUR. En un bloque regional los intereses nacionales se integran y subsumen en un nuevo interés común a los socios, para participar en foros internacionales con posiciones comunes, lo que presupone un relacionamiento interno cada vez más estrecho y una eliminación de las desconfianzas recíprocas entre los asociados. De país vecino -que podía ser en otra época una hipótesis de conflicto-, se pasó al país socio, a la defensa de los intereses comunes a la región y a enfrentar unidos las consecuencias negativas de la globalización, negociando como bloque ante las instancias planteadas por el mundo, es decir, la Organización Mundial de Comercio, la Unión Europea, el ALCA y todo organismo internacional. Más aún, nuestro país, con una crisis recesiva de largo plazo, con una disminución de los niveles de vida de su población, no puede dar marcha atrás en cuanto a la posición relativa alcanzada, pues se estaría generando su exclusión del sistema internacional. Con una visión solidaria e integradora, debe forzar e impulsar los pasos que faltan para la complementariedad de las economías locales, para coordinar las macroeconomías y para compartir mercados con los socios. Como destacaba Luis Faroppa, una nación de poco más de tres millones de habitantes, entre los doscientos millones que tiene el MERCOSUR, debe destacarse en el plano de los conocimientos y debe también mantener su identidad nacional y cultural, para lo cual hay que aplicar en lo interno una política que contemple estos objetivos y otorgue participación a toda la sociedad civil en la adopción de las decisiones del proceso de integración. En el contexto internacional de hoy y en las condiciones de la economía y producción de nuestro país, el MERCOSUR es un camino sin retorno, en el cual hay que aplicar con mucha energía y creatividad todo el sentido nacional.

Los últimos acontecimientos indican que desde la Presidencia de la República se han dado pasos muy delicados totalmente inconsultos, para romper el consenso nacional existente sobre el MERCOSUR y transitar por caminos imposibles e inconvenientes de convenios bilaterales con Estados Unidos y de apertura indiscriminada para todo el mundo, en momentos en que se acentúan claramente el proteccionismo y el subsidio a los productos agrícolas.

Los últimos actos de política internacional del Uruguay son de automática alineación con Washington y ameritan los elogios de Colin Powell a la isla de estabilidad, lo que tanto emocionó al Presidente de nuestro país.

El Gobierno de Estados Unidos tuvo, hasta hace poco, a la Argentina de Menem y de Cavallo como modelo, paradigma de la política económica de esta parte del mundo.

Una tercera conclusión, señor Presidente, es que en el Uruguay la política internacional está totalmente en manos del señor Presidente. Por mi parte, tengo la convicción más absoluta de que es así. Es público y notorio que las decisiones fundamentales de la política exterior emanan del Edificio Libertad, sin pasar por la Cancillería.

Las principales decisiones, como el bilateralismo, la negación del MERCOSUR, la declaración contra Cuba y posterior ruptura de relaciones diplomáticas, son personales del señor Presidente de la República. No digo que no pueda ser así; expreso que no hay política de Estado, y tampoco política de la coalición o del partido de gobierno. Como en muchos ámbitos del país, la política internacional es manejada en forma inconsulta y soberbia desde la Presidencia. Ahora bien; el Canciller es el Canciller y tiene la responsabilidad de la política exterior. Si esas cosas ocurren, él debe cesar en su cargo, pues es el fusible que se quema cuando se dan estos hechos.

9) FONDO DE RECONSTRUCCION Y FOMENTO DE LA GRANJA

SEÑOR PRESIDENTE (Dr. Correa Freitas).- Dése cuenta, por Secretaría, de un asunto entrado.

(Se da del siguiente:)

"La Cámara de Representantes remite, aprobado en nueva forma, el proyecto de ley por el que se grava con el IVA a las frutas, flores y hortalizas para financiar el Fondo de Reconstrucción y Fomento de la Granja."

- A LA COMISION DE HACIENDA.

10) POLITICA EXTERIOR DEL PAIS

SEÑOR PRESIDENTE (Dr. Correa Freitas).- Continuando con el Orden del Día, tiene la palabra el señor Ministro.

SEÑOR MINISTRO.- Hemos escuchado la extensa exposición del señor Senador Gargano que él ha organizado en dos grandes núcleos. Uno hace a los temas de la política económica internacional, particularmente en orden a los temas vinculados al MERCOSUR, a las relaciones con los Estados Unidos y a otros elementos que también ha manejado en su exposición. En un segundo núcleo ha puesto especial atención al origen del proyecto relativo a Cuba, aprobado en la Comisión de Derechos Humanos de las Naciones Unidas, en Ginebra, y a imputaciones severas, graves diría yo, de monopolio de la política exterior por parte del señor Presidente de la República y de no participación de la Cancillería, seguidas de una conclusión expresada de una manera muy sintética, según la cual el Ministro, siendo responsable, debe abandonar su cargo.

A continuación, voy a analizar con la mayor serenidad posible sus palabras, incluso pasando por alto ciertos detalles que me hicieron recordar mis 22 años de ejercicio de la profesión de abogado, cuando muchas veces nos encontrábamos ante situaciones en las que se quería desdibujar, enturbiar u oscurecer los temas de manera de inducir al Juez a error. Reitero que hoy aquí he evocado en mi imaginación dichas situaciones. Quizás más tarde, en el transcurso de mi exposición, pueda precisar esto con mayor detalle.

En primer lugar, voy a hablar del tema de la política económica internacional, de cómo ha evolucionado el escenario negociador del Uruguay, un país dentro de los 192 Estados que integran la Comunidad de Naciones, que en la década de los noventa vivió y vio un cambio radical en los patrones de relacionamiento externo del mundo. Hasta entonces, Uruguay desarrollaba una posición basada esencialmente en su individualidad y, a partir de los años noventa, ingresa en el terreno de la integración.

El señor Senador Gargano refirió, con detalle, el proceso de gestación de la integración y ciertamente hizo un análisis histórico previo a la constitución del Tratado de Asunción, del Protocolo de Ouro Preto e, incluso, del propio Protocolo de Ushuaia, que no voy a reiterar, porque creo que podemos tomar como válida su exposición en lo que tiene que ver con la presentación de dichos datos, desde que están en conocimiento de todos. Sin embargo, es importante recordar que en economía, como en otros campos, no se trabaja en soledad, en aislamiento, y que los procesos son dinámicos, activos, con el elemento adicional de que normalmente son simultáneos. Vale decir que cuando Uruguay trabaja dentro del MERCOSUR, al mismo tiempo lo hace en el ALCA y, desde el MERCOSUR, con la Unión Europea, sin perjuicio de las relaciones bilaterales que tienen también, ciertamente, un gran significado.

Lo primero que quiero señalar, porque me parece que es una línea de política exterior importante, significativa, más allá de que coincidamos o no todos los que aquí estamos en su lectura, en su interpretación, es que el Uruguay ha sido, es y seguramente seguirá siendo mercosureño. Lo ha sido porque, tal como señalaba el señor Senador Gargano, Uruguay no podía quedar fuera del relacionamiento impuesto por el ámbito geográfico común del que participa, por una historia con la que está comprometido y por un inexorable relacionamiento de aproximación al mercado. Por lo tanto, su opción, al ingresar en el Tratado de Asunción fue lógica e hizo muy bien el Gobierno de la época al adoptarla, así como hizo muy bien, en 1994, la Administración del Presidente Lacalle al firmar el Protocolo de Ouro Preto que daba al MERCOSUR el status de organismo internacional dotado de personería propia, así como una institucionalidad más robusta que aquella tan frágilmente creada en Asunción, en marzo de 1991.

Personalmente, me tocó, en nombre del Presidente electo, doctor Sanguinetti, acompañar al Presidente Lacalle, a los Ministros de Posadas y Abreu en el momento en que se discutía y se aprobaba el Protocolo de Ouro Preto. Recuerdo que uno de los grandes logros del país en esa instancia internacional fue tener un MERCOSUR con una estructura con órganos de los que no estaba dotado en el Tratado de Asunción, lo que constituía un progreso institucional cierto.

En esa línea -lo hemos conversado en más de una oportunidad, tanto en Comisión como en el Senado con el señor Senador Gargano-, el Uruguay ha apostado fuertemente a la institucionalidad mercosureña. Es quizás uno de los socios que más ha apostado a esa institucionalidad. Cuando hace algún tiempo, en este mismo Recinto se nos preguntaba sobre cuál era la iniciativa del Uruguay en orden a mejorar esa estructura institucional, decíamos que, al respecto, había dos elementos fundamentales. Por un lado, la creación de un Tribunal central independiente permanente y, por otro, la creación de la Secretaría Técnica, capaz de seguir los procesos de comercio endógenos al MERCOSUR y las relaciones de éste con el mundo exterior, desde una visión independiente, que no fuera el reflejo, un espejo de la posición de cada uno de los países.

Con respecto a la primera de las iniciativas, ella se expresó y se reflejó claramente en el Protocolo de Olivos, recientemente aprobado y que ya está a consideración de este Parlamento. Su Mensaje y proyecto de ley fueron enviados hace pocos días.

En orden a esa Secretaría Técnica, existe un avance muy fuerte en la negociación y todo indica que, probablemente durante la Presidencia argentina, en este semestre tengamos ocasión de aprobar la creación de este instrumento, acaso bajo una denominación distinta, desde que ahora se habla de Asesoría Técnica.

Entonces, nuestro país, como la mayor parte de los países en desarrollo, apuesta a la institucionalidad, se nuclea en torno a nuevas disciplinas de relacionamiento con economías mayores y busca, acuciosamente, no perder ninguno de esos escenarios.

Los énfasis, las prioridades y el orden de los factores en cuanto a determinar cuál es uno, dos o tres, no es fácil de establecer en un mundo dinámico, en el cual hoy parece más claro y posible, a la luz del acontecimiento reciente del acuerdo entre Chile y la Unión Europea, que ésta hoy flexibilice un tanto su posición hacia América Latina con respecto a la de algunos meses atrás. En cambio, aparece más distante en cierto modo, como un emprendimiento más complejo y quizás con estrategias de aproximación distinta, la negociación con el ALCA.

Es evidente, también, que el desplome de la economía argentina, la situación regional, la caída de nuestras exportaciones al país al cual llevábamos el 20% de nuestros productos exportables, en fin, toda esa situación, no puede pasar inadvertida para ningún Gobierno responsable que trate de buscar sustitutos razonables de mercado. Y eso es lo que además justifica nuestro énfasis, pero se dice que sólo se apunta a Estados Unidos, ignorando -seguramente no por ignorancia, sino por selectividad- que también emprendimos una gestión similar con México, país con el que estamos tratando de profundizar un acuerdo, llevándolo a niveles de amparo de todo el universo arancelario que nos permita ingresar a ese gran mercado. Este fue tema de Monterrey, de conversación y encuentro bilateral entre el Presidente Fox y el Presidente Batlle. Se ha dicho que de Monterrey ha quedado muy poco, pero yo puedo afirmar que no me quedó sólo la anécdota a que refirió el señor Senador Gargano, sino que también otras cosas sustantivas que hacen a la continuidad de nuestro relacionamiento.

En orden, pues, al MERCOSUR -y particularmente a éste-, quisiera señalar que todavía tenemos algunas asignaturas pendientes. Es cierto que en los últimos tiempos el Mercado Común del Sur ha vivido una etapa de recesión de las economías de los países socios que ha determinado una disminución del comercio. Es importante recordar que hace relativamente poco tiempo, en la Comisión Permanente, en una reunión que mantuviéramos en el mes de enero, y explicando cuál era la participación en porcentajes en nuestro comercio exterior, señalábamos que el MERCOSUR ocupaba el 40%, Chile un 2%, la Unión Europea un 19% y el NAFTA un 15%, es decir, un total de 76%, y el 24% restante refería a otros destinos, que decíamos eran países a los cuales teníamos que dirigirnos para mejorar nuestra presencia en ellos. Mencionábamos países en los que hoy estamos trabajando, como Arabia Saudita, Argelia, India, Irán, Egipto, Rusia y China, para poder cubrir de alguna manera el déficit que nos había impuesto la recesión argentina.

Esta línea de acción no ha sido mencionada por el señor Senador Gargano, sino que la ha omitido, y seguramente es un dato que no podemos sustraer al conocimiento del Senado, porque esto también marca que no hay una señalización ideológica, que no buscamos el mercado norteamericano para convertirnos en una estrella más, que no buscamos el acercamiento al Departamento de Estado o al Departamento de Comercio para alinearnos políticamente. La prueba del nueve de lo que estoy diciendo está en que a diez días de nuestra visita al Presidente Bush salgo para Irán, uno de los vértices del triángulo del mal al cual el Presidente de los Estados Unidos se había referido públicamente en la víspera. Concertamos con Irán acuerdos de comercio vigentes, que profundizamos y extendimos. En estos días hay una vigorosa, dinámica y continua exportación de productos a ese país.

Podríamos aportar muchos elementos más para señalar el porqué de la búsqueda de mercados. Si nosotros pudiéramos recuperar en los mercados de los países que mencioné los niveles de comercio que tuvimos en la década que va de 1988 a 1998, que sólo suponen el 24% de nuestras ex-portaciones, podríamos mejorar y pasar de U$S 155:000.000, cifra del año 2000, a U$S 228:000.000, que es una cantidad preventiva. Estas son cantidades en el aire, porque son preventivos de metas a trabajar y no de metas tangibles. Sin embargo, voy a hablar de metas tangibles y hacer un comparativo que me parece importante. En el primer trimestre de 2001 exportábamos a Brasil U$S 145:000.000 y en el de 2002, U$S 105:000.000, es decir que hay una variante en menos de 27,35%; a Estados Unidos, en el primer trimestre de 2001, exportamos U$S 56:000.000 y en el de 2002, U$S 34:000.000, lo que supone una variante en menos que obliga luego a explicar por qué y dónde tenemos que tratar de corregir esa situación. Es obvio que el no acceso al mercado cárnico en virtud de barreras sanitarias impuestas por el tema aftósico, ha determinado un quiebre del fluido de nuestras exportaciones a ese destino.

Veamos ahora algunos de esos otros países que mencionaba, por ejemplo, el caso de Irán. Primer trimestre de 2001: U$S 1:000.000; primer trimestre de 2002, casi U$S 8:000.000, es decir, casi una multiplicación del 616%. Miremos Egipto. Primer trimestre de 2001: U$S 201.000; primer trimestre de 2002: U$S 6:689.000, o sea, un aumento de 3.219%.

Veamos, entonces, cómo estamos direccionando nuestro mercado hacia países que muestran claramente la posibilidad de ir cubriendo, con su participación en nuestro comercio, el déficit que hoy tenemos en el MERCOSUR, que nadie podría discutir porque la situación argentina es notoria y no requiere de mayores explicaciones.

El señor Senador Gargano ha tratado de presentar la acción en lo económico como una acción errática, como una acción variable, no sujeta a ciertas premisas, a ciertos conceptos u orientaciones generales, y ha introducido elementos de valoración que mostrarían que el Uruguay tiende a debilitar su compromiso integracionista. Hasta ha llegado a mencionar -cosa que me sorprende-, como un elemento, diría, decisivo para verificar el estado de relación del Uruguay en el MERCOSUR, las palabras de un diplomático brasileño que hoy es embajador ante el Gobierno de la República Argentina, el señor Botafogo. Pero en esto, como en otras cosas, se ha olvidado de dar la versión completa, al igual que lo hizo cuando leyó una parte de la versión taquigráfica del día 4 de abril. Tampoco la leyó completa, sino sólo aquello que servía a su propósito. Botafogo habló y dijo algunas cosas, pero cuando lo hizo ya era incompetente para hablar de lo que estaba hablando; ya no era más el señor embajador Botafogo representante de Brasil ante el MERCOSUR, sino que era un embajador en tránsito hacia la República Argentina. Eso determinó una rectificación que está publicada y recogida ampliamente por la prensa uruguaya, en donde el señor Botafogo echa para atrás, se retracta, puesto que llega hasta a decir que en el bloque existe mucha comprensión por la difícil situación económica que atraviesa Uruguay. Y agrega -y lo cito textualmente- lo siguiente: "La economía uruguaya es probablemente la que más sufrió con la crisis regional, porque depende mucho de las exportaciones hacia Argentina y Brasil. Tenemos toda la comprensión para que Uruguay encuentre caminos para conquistar mercados que le permitan recuperarse." Eso fue lo que dijo el señor Botafogo, pero no lo señaló sólo él, sino también Itamaratí, política exterior brasileña a la que el señor Senador Gargano le ha reconocido, en el decurso de su exposición, méritos que nadie discute. El embajador Botafogo no tuvo la fortuna de encontrar en este caso el apoyo de su Gobierno, porque no hubo cuestionamiento alguno y cuando el Presidente Fernando Henrique Cardoso tomó conocimiento de esas expresiones, no sólo no las ratificó, sino que a su vez confirmó que su país, Brasil, estaba también intentando aproximaciones con México.

De manera, pues, que no se trata aquí de presentar las cosas como una falacia de falsa oposición, como si estuviéramos diciendo que como somos socios del MERCOSUR, como tenemos el Tratado de Asunción, el Protocolo de Ouro Preto y el de Ushuaia, estamos dentro de una asociación y no tenemos ningún derecho a buscar otras, u otros destinos. No estamos declinando de nuestra voluntad mercosureña, sino que estamos tratando de insertarnos en una relación comercial que nos permita cubrir el déficit de mercados que el país tiene.

En definitiva, sobre este punto, donde la mayor parte de la exposición del señor Senador Gargano estuvo referida a una suerte de apreciación sobre que hemos abandonado al MERCOSUR, que nos estamos yendo o que hay señales negativas, quiero recordar que en este mismo Cuerpo se nos preguntó qué debemos hacer frente a la devaluación brasileña, bajo el período de Gobierno de la Administración anterior. Se nos llegó a preguntar si no era posible que Uruguay previera, anticipara y tomara una alerta temprana con relación a la devaluación de enero de 1999. En aquel momento dijimos que difícilmente pueda un país, un Gobierno o un equipo económico, saber con propiedad algo tan -diría- manejado con el sigilo, reserva y discreción del caso, como es una devaluación.

SEÑOR COURIEL.- ¿Me permite una interrupción?

SEÑOR MINISTRO.- Con mucho gusto, señor Senador.

SEÑOR PRESIDENTE (Dr. Correa Freitas).- Puede interrumpir el señor Senador Couriel.

SEÑOR COURIEL.- Señor Presidente: durante muchos años, aquí en el Senado y en los medios de comunicación, estuvimos denunciando la política cambiaria. Lo hicimos con el entonces señor Ministro de Economía y Finanzas, contador Mosca, y en presencia del entonces Senador Jorge Batlle. No proponíamos devaluaciones abruptas porque son terriblemente malas y la historia así lo demuestra -esto lo manifestamos ayer y, como ejemplo, podemos citar las devaluaciones de los años 1959, 1967, 1972 y la nefasta "Tablita" de 1982-, sino graduales porque hay deudores en dólares. ¿Para qué? Para que no nos ocurriera esto que nos está sucediendo ahora; para que no mantuviésemos una política cambiaria de atraso, porque la chance de que en Brasil no se pudiese aguantar era alta, ya que había una discusión interna muy grande entre los Ministros Malán y el de Planificación, José Serra, quien era partidario de modificar la política cambiaria durante el Plan Real. Esta discusión la ganó Malán; Serra terminó como Ministro de Salud y es el candidato a la Presidencia de ese país en la actualidad.

Quiero decir que no es que no se previó, sino que se hizo exactamente lo contrario. El ex Ministro Mosca, en abril de 1998, cuando se hablaba permanentemente de la posibilidad de una devaluación en Brasil porque había una discusión interna, achicó la banda cambiaria y bajó el ritmo devaluatorio. Es decir, exactamente lo contrario de lo que todos hubiéramos esperado que hiciera. Cuando se produjeron las elecciones en Brasil, el Presidente Cardoso, para ganarlas, no podía modificar la política cambiaria, pero ese país perdió U$S 30.000:000.000 de reservas internacionales. Entonces, si un país pierde esa cantidad de dinero y si sabemos que hay una discusión interna, por más que, como dijo el señor Senador Gargano, traigan el video de Malán -que es lo que hizo el ex Ministro Mosca en diciembre- para decirnos que en Brasil no se devaluaba, esto todo Madrid lo sabía. Hasta el Fondo Monetario Internacional le estaba exigiendo a Brasil que hiciera una modificación de la política cambiaria en diciembre de 1998. De manera que hay previsiones y previsiones, señor Ministro; usted sabe que estas no son ciencias exactas, que no puede existir la perfección, pero había tantos indicios que, en realidad, lo que explicitó el señor Senador Gargano en cuanto al video que presentó el ex Ministro Mosca relativo a Malán, era una demostración nítida de los errores y equivocaciones de la política cambiaria, que todavía se mantiene en el caso de Uruguay.

SEÑOR PRESIDENTE (Dr. Correa Freitas).- Puede continuar el señor Ministro.

SEÑOR MINISTRO.- Deseo volver sobre por qué nosotros afirmamos y sostenemos que no hemos declinado nuestro compromiso mercosureño. Lo hemos dicho haciendo referencia a lo institucional, podríamos también reflejarlo claramente cuando se manejan las cifras de lo que ha sido el comportamiento de nuestro comercio con el MERCOSUR, que nos ha obligado a buscar otros mercados de alternativa.

En 1998, exportamos al MERCOSUR U$S 1.532:000.000 y en el año 2001, U$S 838:000.000. Descomponiendo la exportación, podemos decir que a Brasil, en el año 1998, fueron U$S 935:000.000 y en el año 2001, U$S 439:000.000, cifra similar a la que teníamos en 1994. A la Argentina le exportamos U$S 513:000.000 y luego pasamos a U$S 316:000.000. Quiere decir que se ha producido una caída brutal de nuestro comercio exterior con Argentina y Brasil. Cabe preguntarse, frente a esta situación, ¿qué es lo que un Gobierno debe hacer? ¿Debe seguir esperando que se produzca una evolución positiva de la economía de sus socios o se modifiquen los términos de su política monetaria de modo de hacer competitiva nuestra oferta? ¿O debe, además de tener una expectativa acerca de esos temas, vigilante y atenta, como señalaba el señor Senador Couriel, buscar otros mercados? Es lo que el Uruguay ha venido haciendo y, a continuación, voy a referirme a lo que nuestro país ha estado haciendo con Estados Unidos. A juicio del señor Senador Gargano, la negociación con Estados Unidos es poco menos que un ejercicio téorico, inútil, y no habría ninguna posibilidad de tener éxito. No creo, porque lo considero a él, al igual que a todos los demás señores Senadores, como alguien que está inspirado en el bien del país y, por lo tanto, mal podría pensar que estuviera alentando un resultado negativo que confirmara su tesis. Por el contrario, creo que se sentirá muy feliz si su tesis fracasa y demostramos que, en la realidad, el acceso al mercado de Estados Unidos mejora. ¿Qué es lo que está pasando con Estados Unidos? Se creó un Consejo Económico Conjunto que celebró una primera y única reunión en Montevideo, en julio del año pasado. Luego, tras la reunión de los Presidentes Batlle y Bush, se volvió a dimensionar esta fórmula o este formato, y se creó la Comisión Conjunta de Comercio e Inversión, que responde a un modelo más ambicioso porque es el formato que tuvo, en su origen, la negociación de Chile con Estados Unidos.

Pero consideremos algunas cifras que son elocuentes y que tienen que ver, por ejemplo, con la fuerza que ha tenido, para México, el acuerdo con Estados Unidos. En el año 1990, le exportaba U$S 18.000:000.000 a Estados Unidos; a finales de esta década, lo hace por U$S 120.000:000.000. ¿Podemos decir, con esto, que México ha dejado de ser un país independiente o una nación con su propia política? Creemos que México sigue siendo una voz representativa e importante en la región. Pero, veamos un poco más la situación con Estados Unidos. A mediados de abril, como decíamos, se estableció la Comisión Conjunta de Comercio, cuya creación fue dispuesta en ocasión de la visita del Presidente Batlle.

Dicha Comisión es un Foro que tiene como fin localizar oportunidades de comercio y de inversión. ¿Está mal o bien que entre Estados Unidos y Uruguay tengamos una Comisión bilateral para estudiar las nuevas posibilidades de comercio e inversión? ¿Es o no un mejoramiento con respecto a la situación anterior? ¿Es un paso atrás o adelante? Mi conclusión es que hemos dado un paso adelante, porque esta negociación ya no es con el Departamento de Estado, sino con el Departamento de Comercio. Quiere decir que nuestro vínculo no se refiere a una relación político-diplomática con el Departamento de Estado, sino a una relación eminentemente económico-comercial.

En este proceso, a esta altura, hay un programa de trabajo para organizar las tareas del Comité y se prevé que en los primeros días de junio se tenga un programa completo de trabajo.

Naturalmente, los señores Senadores podrán preguntarse qué ha ocurrido entre tanto con el "Cuatro más Uno", tema que tampoco fue mencionado por el señor Senador Gargano en su exposición. Precisamente, fue Uruguay quien habló por primera vez del Tratado del Jardín de las Rosas, de junio de 1991. De este modo, nuestro país planteó, primero a sus socios del MERCOSUR y luego a los Estados Unidos, la necesidad de trabajar dentro de ese formato. Recordemos este hecho porque, a mi juicio, reafirma la voluntad integradora de Uruguay con respecto al MERCOSUR. Considero que esto no ha sido suficientemente destacado.

¿Quiere decir que este principio de negociación con Estados Unidos reemplaza, sustituye o deja de lado el formato "Cuatro más Uno"? No, en absoluto. ¿Significa que esta negociación deja de lado el formato del ALCA? Tampoco es así. Simplemente agrega, suma, no resta ni divide. Por lo tanto, creo que cualquiera de nosotros debería ver este emprendimiento como una señal de interés recíproco entre Estados Unidos y Uruguay por mejorar su relacionamiento comercial.

Observemos cuáles son los espacios que nos quedan para acceder al mercado de Estados Unidos, conforme a lo que se ha denunciado como una política proteccionista de ese país, dirigida a poner barreras que harían poco menos que imposible nuestra participación. Es evidente que tanto la Ley Agrícola, el llamado "farm bill", como el proteccionismo de la Unión Europea, son elementos contra los que tenemos que luchar. No hay diferencias en que lo practique uno, u otro. Estamos contra el proteccionismo, cualquiera sea el que lo ponga en práctica. Estamos contra los subsidios a la exportación, independientemente de la economía de la que provengan. Pero, veamos si existe algo concreto que podamos hacer en este momento. A tales efectos, tomemos rubros que son fundamentales para nosotros, como -por ejemplo- la carne, cuya exportación disminuyó y fue lo que determinó la reducción en los volúmenes comparativos del primer trimestre del año pasado y del presente. Con respecto a la carne, se procura volver al mercado de los Estados Unidos antes de los plazos que marca la OIE, Organización Internacional de Epizootias. El objetivo es que al año de finalizar el último foco aftósico en Uruguay, es decir, el 21 de agosto, podamos comenzar el proceso -luego de la audiencia pública que este tema requiere- de venta de nuestra carne a Estados Unidos. Éste es un capítulo muy importante de nuestra negociación, porque no estamos solicitando que remuevan obstáculos de tipo comercial, sino de índole sanitaria.

En cuanto al rubro de los citrus, se está tratando de que Estados Unidos haga un análisis del riesgo que normalmente se efectúa cada año, y que en nuestro caso ha sido postergado durante mucho tiempo. Tenemos información de que sería posible acelerar ese proceso, aunque esto no garantice el ingreso automático e inmediato de los citrus a Estados Unidos. Pero, al menos, estaríamos en mejores condiciones. También sabemos la fuerza que tienen los "lobbys" productores de citrus en Estados Unidos, y las ventajas que puede significar el hecho de estar en la propia cancha donde el tema se plantea.

Con respecto a los lácteos, existe un sistema de asignación de comprador preferencial, en el cual hemos procurado introducir cambios a fin de tener una pluralidad de compradores para la oferta de nuestra producción láctea. De esa manera, tendríamos un abanico mayor de posibilidades.

He dejado para el final el funcionamiento del Sistema General de Preferencias. De los U$S 240:000.000 que vendemos a Estados Unidos, U$S 84:000.000 corresponden al Sistema General de Preferencia, o sea, el 35%. Dentro de los objetivos de nuestra negociación bilateral con dicho país, figura el mejoramiento de la posición dentro de este Sistema, que data de muchos años atrás, concretamente, de 1968, en oportunidad de celebrarse la segunda UNCTAD. Este mecanismo permite que algunos productos ingresen sin impuestos a Estados Unidos. Los productos que más se han beneficiado son los cueros, cuya exportación es equivalente a U$S 60:000.000 -o sea, el 71%-; la peletería, que ocupa U$S 6:400.000; los azúcares, U$S 6:300.000; las autopartes, U$S 4:500.000; las preparaciones a base de carne, U$S 1:600.000; los plásticos, U$S 1:400.000 y las cerámicas U$S 1:100.000. En este último rubro hemos procurado aumentar nuestro acceso al mercado norteamericano, y ha sido uno de los puntos en los que ha puesto especial énfasis el doctor Jorge Batlle en su entrevista, primero con el Presidente Bush y luego con el señor Cheney, es decir, en el mejoramiento de nuestras posibilidades dentro del Sistema General de Preferencias.

En el comparativo 2000-2001, las exportaciones hacia Estados Unidos cayeron un 23%; en cambio, las del Sistema General de Preferencias aumentaron casi el 15%. Esto muestra la importancia de trabajar en esta línea. Este es uno de los puntos que estamos analizando en el marco del mejoramiento de las relaciones comerciales con Uruguay.

También hay que tomar en cuenta que se han advertido dificultades serias en la negociación del ALCA. Sé que todos los señores Senadores conocen y siguen la política exterior; saben lo que pasa en el mundo, que está cada vez más unido en su formación y en todos los temas. Por lo tanto, son conscientes de que nuestra región, al igual que otras en el mundo, viven situaciones turbulentas, de irritación. Hay regiones de América Latina que, en este momento, están soportando situaciones turbulentas. Hace una década, o más, el problema de América Latina era Centroamérica. Hoy día, Centroamérica ha dejado de ser un problema y se ha ido convirtiendo, paulatinamente, en parte de la solución de los problemas de América Latina. En cambio, en América del Sur sí hay problemas realmente muy serios. De más está decir que una guerra instalada en uno de los países hermanos de la región, es decir, en Colombia, una situación de irritación institucional y de polarización, como la que se vive en Venezuela y el desplome del sistema financiero en Argentina, repercuten negativamente en la relación interregional MERCOSUR-Comunidad Andina. Dicha repercusión también se refleja en el ALCA y hace difícil -o más de lo que ya lo era- la negociación.

Por lo tanto, miremos estos escenarios no como opciones absolutamente libres que tomamos porque nos gusten o no, ya que son alternativas en donde el acento y el énfasis deben ser tenidos en cuenta al mirar con realismo las posibilidades efectivas.

Hemos encontrado una buena disposición en los Estados Unidos para crear la Comisión de Inversiones y Comercio ¿Deberíamos haberla rechazado? ¿Deberíamos haberle dicho que nuestra posición de política exterior nos impedía hacerlo? Eso hubiera sido, quizá, una posición de máxima oposición. También podríamos haberle dicho: "Dennos todo lo que puedan que nosotros nos alineamos con ustedes". No, no nos hemos alineado con los Estados Unidos. Hemos votado diferente a los Estados Unidos en un número importante de resoluciones de la Asamblea General de las Naciones Unidas y en la Comisión de Ginebra.

Recientemente, hemos actuado en el tema de Venezuela, en Costa Rica, en el mismo día en que se producía el golpe de Estado, repudiándolo, rechazándolo y poniendo en funcionamiento la Carta Democrática Interamericana, cuando otros apuntaban a la troica de tres países integrantes del sistema. Fue nuestro país el que pidió -junto con otros, naturalmente- que no se abandonara el sistema de la Carta Democrática Interamericana suscrita el 11 de setiembre del año pasado en Lima. Fue por este mecanismo que se convocó a una Asamblea General Extraordinaria. Cuando ello se hizo y comenzaron a fijarse las fechas, resulta que ya se había producido la normalización de la situación de Venezuela. De ahí que nosotros avisáramos al Canciller venezolano que entendíamos que esa reunión no tenía objeto; sólo la tenía dentro de la secuencia de los artículos 18 a 20 de la Carta Interamericana si todavía había una situación pendiente a resolver, pero ya no la había y los propios venezolanos, en el ámbito de sus propias decisiones, la habían solucionado. Esa fue la razón por la cual no asistimos a esa reunión -concurrieron sólo tres Cancille-res-, en el entendido de que ello significaba dar una injerencia indebida a la Organización de Estados Americanos en la solución del problema. Principio, pues, de no injerencia que hemos cuidado, que no es la primera vez que lo observamos y que hace a la política de Estado, y que hizo antes a la política de Estado en temas centrales. Por ejemplo al respecto, menciono el tema de Kosovo, o la decisión de las Nacio-nes Unidas de pasar por encima de las decisiones del Con-sejo de Seguridad para no observar que al conflicto balcánico le ponía fin la OTAN, diciendo ella misma si se había terminado o no, extinguido o no, el ejercicio diplomático.

Por lo tanto, acá no se trata de sacudirnos con esa bandera de la no injerencia, de la autodeterminación, de la igualdad soberana y de la independencia de los Estados, como si todos esos principios estuvieran hoy en crisis o puestos entre corchetes. Están plenamente vigentes; venimos observándolos y practicándolos, y advertimos que no hay ninguna defección. De modo que en esto de los principios, si de principios se trata, creo en los mismos que cree el señor Senador Gargano, pero además de ello le digo que los practico.

(Apoyados)

- Quisiera referirme un tanto brevemente -porque aquí hay temas centrales- a un aspecto en el que también me parece que debo detenerme, y que es el del alineamiento automático. Se ha evocado como una etapa de independencia, de autodeterminación, de la política exterior practicada por Enrique Iglesias, por Héctor Gros Espiell, por Sergio Abreu; no se ha mencionado a un excelente Canciller, como fue Barrios Tassano, seguramente por olvido, así como tampoco al Canciller Ramos, y ciertamente siendo yo el interpelado, es natural que no se me nombre, aun cuando llevo más de cuatro años en la Cartera. ¿Acaso fueron cuatro años de complacencia con los Estados Unidos y de alineamiento automático, de satelización de nuestra política exterior? Cuesta bastante creer que cuatro años después se me pida que rinda cuentas sobre mi condición de satélite.

Posiblemente, evocar el pasado y hablar del Grupo de Contadora y del Grupo de Río es hacer creer a alguien que la situación de la época de ambos es la misma de hoy. No, en ese momento Centro América era un problema. Me tocó actuar en Esquipulas, enviado por el señor Canciller Enrique Iglesias, ¡y vaya que esa situación era muy distinta a la de hoy! De manera que es cierto que Iglesias y Gros Espiell hicieron un trabajo, como luego lo realizó Barrios Tassano, dirigido a dar una participación activa a la región en la solución de los conflictos que azotaban ese lugar del mundo. Pero no había entonces alineamiento; ciertamente no lo había. El Uruguay y otros no estuvieron de acuerdo con la guerra de la Contra. Tampoco lo hay hoy.

Cuando se menciona la invasión de Panamá, se me hace un pase de área chica, que no puedo dejar de aprovechar. Quien habla era Presidente del Consejo Permanente cuando se produce la invasión en Panamá, cuando el señor Endara jura su condición de Presidente en una base militar de la zona del Canal. Cuando recibo las credenciales al señor Chapman Fábrega, que era el embajador designado por el Presidente Endara, le entrego un papel en el cual le digo que su recepción no significa en modo alguno el reconocimiento del Gobierno de Panamá desde que la OEA no otorga, no discierne ni niega reconocimiento, sino que simplemente acredita representaciones oficiales.

(Ocupa la Presidencia el señor Luis Hierro López)

- Vale decir, alineamiento hubiera habido si en aquel instante el Presidente del Consejo, de nacionalidad uruguaya, perteneciente a la política exterior, y por lo tanto en su representación como Embajador de la República de un Gobierno nacionalista -concretamente del entonces Presidente Lacalle-, en ese momento hubiera dicho: "Nosotros le reconocemos a ustedes, automáticamente, la legitimidad de este Gobierno que usted hoy representa".

Podríamos dar muchos ejemplos de nuestra independencia ética, moral, jurídica, profesional, jurisdiccional, pero no lo vamos a hacer porque eso supondría colocar sobre nuestra visión individual, temas que trascienden mucho más y que preocupan no sólo al que habla, sino también a todos los aquí presentes. Sobre este punto, quiero decir que no ha virado el timón de la política exterior. Lo que pasa es que la política exterior navega por mares procelosos, por aguas intranquilas, transcurre por lugares no escogidos como los más calmos; día a día se encuentra con situaciones complejas, en las cuales debe mirar con pragmatismo y realismo, desde una medición de posibilidades, qué es lo que se puede hacer.

Entonces, política de Estado no significa política exterior nacional, inmovilidad ni falta de imaginación creativa para ver los escenarios posibles. ¿Es que hay falta de política de Estado cuando el Uruguay sale a presentar internacionalmente sus propuestas en materia de diálogo de civilizaciones? ¿Es posible que alguien reproche a la política exterior uruguaya que en el LIII Período de Sesiones de la Asamblea General haya sido precisamente el Uruguay quien haya propuesto incluir este tema que, paradojalmente, por esa suerte del destino, viene a tratarse después del 11 de setiembre del año pasado en una reunión cumbre universal, en donde se reconociera por parte del Irán el papel gravitante que había tocado a nuestro país en la inclusión de este asunto en la Agenda, y que incluso eso fuera reconocido a la misión de Legisladores que recientemente visitara Irán y China, de cuyo informe he recibido, con detalle pormenorizado, diálogos y entrevistas con Khatami y con Kharrasi, con los que hacen a la política exterior iraní en su conjunto?

Aquí no se trata de hacer una medición "grosso modo", en la cual se toman tres o cuatro pantallazos y se hace, no un dibujo o no una fotografía, sino una caricatura de la política exterior. Esto es demasiado serio para pretender mostrarlo con pantallazos gruesos de brocha gorda; esto requiere análisis. He venido a este ámbito con el ánimo de analizar, y no de destruir lo que es una de nuestras cartas de identificación internacional, que es la comunidad de principios que guía nuestra conducta y la permanente acuciosidad por la iniciativa, por la participación, y no por el protagonismo de la vidriera, por el protagonismo fácil. No sé en qué circunstancias Iglesias dijo que somos demasiado chicos para ser protagonistas. ¿Batlle y Ordóñez no lo dijo cuando, a fines del siglo pasado, provocaba en La Haya la inclusión de la cláusula de la solución pacífica de controversias como arbitraje obligatorio? ¿No lo dijo Armand Ugón cuando fue Presidente de la Corte? No lo dijeron porque el protagonismo no depende del tamaño ni de la población, sino del valor de las ideas, de las propuestas. ¡Y vaya que podemos tener protagonismo!

El día que perdamos la noción de que podemos ser protagonistas, porque a ello nos habilita nuestro sistema cultural, nuestra dimensión ética y nuestro prestigio bien ganado en el campo internacional, en ese momento sí habríamos declinado una bandera de la política exterior uruguaya, la de tener protagonismo cuando los temas así lo demandan y cuando lo exigen nuestras iniciativas.

Quisiera referirme a un caso muy concreto, señor Presidente. Hace pocos meses, durante la Presidencia uruguaya del MERCOSUR, ni el Brasil ni la Argentina se disponían a trabajar con responsabilidad suficiente, en materia de tiempos y de plazos, en la formulación de una propuesta para presentar a la Unión Europea. Justamente, fuimos nosotros, el Uruguay, el que trató de conseguir una respuesta. El señor Lamai nos dijo que habían hecho un gesto político con nosotros, porque le hemos acercado una propuesta. Ella no nos satisface totalmente ni a nosotros mismos, pero ésa es la propuesta que presentó el Comisario Pascal Lamai. Esto nos lo dijo en México, en una Reunión Preparatoria de Cairns, es decir, del grupo de países productores agrícolas. En ese momento adquirimos un compromiso moral en el sentido de tratar que el MERCOSUR llegara a Bruselas con una propuesta razonable, atendible, y no con un portazo ni con una propuesta de máximas, que supiéramos de antemano que estaba destinada a morir. Entonces, el Uruguay trabajó y formuló esa propuesta. Hace apenas una semana retornamos de Madrid, donde se reunió la Unión Europea y el MERCOSUR; allí el proceso tiene otro empuje, otro elemento de avance.

Me dirán que no hay política de Estado, pero todavía no he informado al Senado y a la Cámara de Representantes por no haber tenido oportunidad. Además, quiero aclarar que toda vez que ha habido un tema de trascendencia he venido a este ámbito a explicarlo. Muchas veces ha tenido carácter cautelar como, por ejemplo, cuando informamos lo relativo a la Carta Interamericana Democrática; o en las etapas previas a la ratificación de tratados de significación como el de extradición en el MERCOSUR, y estoy dispuesto a venir el martes -si es que hoy no me censuran- para tratar el tema de la Corte. Con relación a esto último, es un asunto en el que he trabajado desde el principio y por el cual he procurado que el Uruguay no quede rezagado respecto a la evolución positiva del Derecho Internacional.

Con relación a esta iniciativa del Uruguay de trabajar con la Unión Europea debo decir que ha tenido su respuesta, porque en el mes de julio próximo tendremos una reunión para ya entrar a trabajar una base de negociación directa, de acceso recíproco al mercado entre los países del MERCOSUR. En este sentido, los tiempos corren también para la Unión Europea y ésta es consciente de que al haber suscrito un acuerdo con Chile, no puede establecer un patrón diferenciador y discriminatorio. Todos sabemos que Chile pudo rápidamente configurar el acuerdo porque ese país tiene una producción no sensible respecto a la producción de la Unión Europea, ya que no es un país agrícola y, por lo tanto, no choca con su política agrícola. En cambio, con el MERCOSUR sí sucede esto, ya que está integrado por países agrícolas que, precisamente, van a entrar en ese terreno de mayor sensibilidad en lo que tiene que ver con la protección que actualmente tiene la Unión Europea.

En cualquier caso, está claro que la Unión Europea tiene por delante dos grandes problemas. En primer lugar, la adopción del Euro ha producido efectos inmediatos en algunos países como, por ejemplo, en España y Francia. En los editoriales de los diarios "Le Monde" y "El País" de Madrid se habla sobre la preocupación por este efecto económico que, seguramente, el señor Senador Couriel podrá analizar con más minuciosidad y mejor óptica que yo, que soy simplemente un lector de este tema y no una persona formada en el área de las ciencias económicas. Pero está claro que la Unión Europea tiene este problema y, además, el de la inclusión de nuevos socios con producciones que son competitivas.

Como le decía "off the record" a una de las distinguidas señoras Senadoras aquí presentes, estuve de viaje por un tiempo mucho más largo que lo deseado pero, por razones de agenda, de destinos ya convenidos, mi permanencia en el Uruguay no podía ser de más de 24 ó 48 horas como máximo, por lo cual no podía continuar con mi labor. En esta ocasión visité Polonia, Suiza y, en particular, Ginebra, no para trabajar en la resolución -porque esto ya era historia del pasado-; incluso visité Francia y luego Madrid para participar en la Cumbre Europea - MERCOSUR. Antes de irme, en una entrevista personal -y quiero que el señor Senador Gargano lo diga-, le ofrecí adelantar mi presencia en el Senado para explicar los temas que le preocupaban. Lamentablemente, no pudimos llevar esto a cabo porque había un feriado y una serie de situaciones que lo impidieron; pero no ha sido nunca mi voluntad sustraerme a la comparecencia oportuna y seria. Digo esto porque en lo personal le asigno a las sesiones de las Comisiones la mayor seriedad.

Quiere decir, señor Presidente, que no venimos con la finalidad exclusiva de discutir las bondades o los errores de nuestra conducta, sino que concurrimos a informarles de los temas que tenemos entre manos, de los escenarios en los que el país se mueve, de las dificultades con que se encuentra. Ésta es una pelea de muchos e importan bastante las cantidades, los tamaños, las influencias sobre el sistema financiero. El Uruguay es un país que tiene, naturalmente, aspiraciones y deseos de seguir siendo un país institucionalizado, serio y responsable, pero para ello tiene que hacer un gran esfuerzo, y este esfuerzo, señor Presidente, no sé si lo estamos haciendo bien o mal -porque, en definitiva, de este tema se habrá de ocupar el futuro-, pero lo estamos haciendo.

Realmente no compartimos en absoluto ese diagnóstico tremendista que dice que no podremos llegar a nada en los Estados Unidos sin un guiño de complacencia del Brasil. Este guiño de complacencia del Brasil podría tener que ver con una visión un tanto "pasatista". Me refiero a ese alineamiento que hoy día no permiten, la multiplicidad de escenarios y la posibilidad de participar en la Organización Mundial de Comercio, en la Unión Europea, en el MERCOSUR y en las negociaciones bilaterales.

SEÑOR FERNANDEZ HUIDOBRO.- ¿Me permite una interrupción, señor Ministro?

SEÑOR MINISTRO.- Con mucho gusto.

SEÑOR PRESIDENTE.- Puede interrumpir el señor Senador.

SEÑOR FERNANDEZ HUIDOBRO.- Creo que el señor Ministro se iba a referir a Polonia y sus dificultades con la Unión Europea. Luego, el discurso evolucionó y me quedé en ayunas.

SEÑOR PRESIDENTE.- Puede continuar el señor Ministro.

SEÑOR MINISTRO.- Voy a tratar que pueda desayunarse, señor Senador.

La visita a Polonia, fijada desde bastante tiempo atrás, tenía un objetivo político y comercial. Político, porque Polonia está ubicada en los primeros lugares con respecto a sus posibilidades de acceso a la Unión Europea. Además, es un país de Europa Central que está creciendo a uno de los mejores ritmos. Polonia tiene un avance en su negociación y ha llegado ya al capítulo más sensible, que es el de la protección, donde ha recibido una oferta de la Unión Europea en el sentido de aceptar el 25% de la protección que la Unión otorga a los países socios. Reitero que Polonia está negociando esta posibilidad.

También importa la visita a Polonia por el aspecto comercial "stricto sensu". Polonia es un país astillero, con experiencia en la industria pesada tradicional y tiene interés en los servicios portuarios y en desarrollar actividades en la región, usando los servicios logísticos que ofrece hoy la ampliación en curso de nuestra capacidad portuaria. En el mes de julio vendrá una misión de este país al Uruguay, pero ya ha planteado claramente que nos compran y nos quieren vender. Es decir, hay una línea de productos, como arte de pesca, repuestos de pesqueros, adaptaciones -es una lástima que el señor Senador Garat no esté en Sala en este momento, ya que éste es un tema que él ha manejado por bastante tiempo-, así como otros productos, que son de interés de Polonia.

Además, hay un interés político muy claro. Para integrarse a la Unión Europea, Polonia tiene dos posibilidades: o su política exterior la maneja estrictamente la Unión Europea, o mantiene algunos niveles de relación bilateral externa, que es lo que está tratando de proteger. Es decir que, si bien tendrá que pasar por una política exterior, los acuerdos y compromisos que hubiere contraído con anterioridad serán respetados, y ésa es una idea fuerza en el diálogo con nosotros.

Podría decir, además, que Polonia acaba de cambiar su orientación política desde el punto de vista interno: pasó de un gobierno de centroderecha a uno de centroizquierda. Por consiguiente, visto desde la mirada de la evolución política europea, era para nosotros de especial interés saber cómo iba a ser el comportamiento de este país con respecto a esta región del mundo, con la que estuvo ligado durante mucho tiempo, por razones de migración, pero hoy se encuentra un tanto distante. Para mi sorpresa, me he encontrado con gente del Uruguay que hoy vive en Polonia, pero no quisiera hacer de esto un capítulo fundamental y sólo me limito a responder, en grandes líneas, que el objetivo político comercial que guiaba nuestra visita fue cumplido. Sin perjuicio de ello, aclaro que estoy completamente a disposición de los señores Senadores para suministrar, si se considera del caso, un material de mayor desarrollo en detalle.

En cuanto al discurso original, creo que podríamos concluir esta primera parte diciendo que no ha habido un debilitamiento del MERCOSUR; hemos procurado robustecerlo institucionalmente. Cabe aclarar también que Brasil no nos ha invitado a abandonar el MERCOSUR. El señor Botafogo, excediéndose claramente de sus competencias, ha hecho un comentario personal, que no fue respaldado por Itamaratí. Nadie nos ha dicho que estamos violando la Resolución Nº 32; por el contrario, se ha entendido nuestra situación y que estamos pasando grandes dificultades. Por tal razón, están dispuestos a darnos el respiro necesario.

Me permito recordar aquí que la República Argentina, bajo la conducción económica del Ministro Cavallo, nos pidió que le extendiéramos un "waver" -es decir, una autorización para adoptar determinadas medidas internas dirigidas a lo que ese Ministro llamó el "empalme", buscando el encuentro del euro y el dólar en aquella imaginaria solución de los problemas argentinos, por arte o magia del manejo monetario-, como socios del MERCOSUR y así lo hicimos. En aquel momento no hubo reparo a que estábamos abandonando alguna de las decisiones que habíamos tomado con anterioridad. Pero hoy nadie nos ha dicho: "Cuidado; no sigan adelante en la negociación con Estados Unidos, no encaren una profundización en la negociación con México o no sumen acuerdos bilaterales de comercio posibles con otros países porque, entonces, estarían violando la letra y el espíritu de la Decisión 32". La Decisión Nº 32 se elaboró en el marco del lanzamiento. En junio del año 2000 entendimos que en el mundo se puede resolver a través de decisiones; cuando la política de los países es previsible, ello es posible y la Unión Europea es la mejor demostración. Pero en nuestra América Latina prever en una decisión lo que va a pasar con las orientaciones económicas, particularmente de algunos países, es realmente difícil

No quisiera extenderme más sobre este punto, sin dejar de reconocer el papel gravitante de Brasil, y de recordar el ejemplo de México y su crecimiento. Asimismo, reconozco las dificultades que la ley agrícola americana plantea, y que la ampliación del mercado - aspecto en el cual estaba de acuerdo el señor Senador Gargano-, constituye un objetivo válido de nuestra política exterior. Quiero concluir, a diferencia del señor Senador Gargano en este punto, que hay un real interés de los Estados Unidos en tener algún tipo de acuerdo comercial con el Uruguay. El escepticismo que se tiene, quizás pueda ser visto hoy desde una óptica bastante teórica; tal vez deberíamos apostar a mostrar, en determinado momento, resultados tangibles, en lugar de adoptar desde el comienzo una actitud de escepticismo que nos pone muy cerca de la posición ideológica.

Ahora voy a pasar a hablar de lo que el señor Senador Gargano ha llamado la "peripecia de Cuba".

Me voy a referir a tres aspectos fundamentales. En primer lugar, cómo se generó el proyecto de resolución sobre Cuba, en segundo término, qué pasó en ocasión de su presentación en Ginebra y, por último, qué sucedió después de su aprobación por parte de la Comisión de Derechos Humanos.

Aclaro que todo lo que voy a decir con respecto a la génesis del proyecto, en una gran medida, ya lo mencioné antes. Digo esto porque el 4 de abril estuve en la Comisión de Asuntos Internacionales del Senado y allí informé que estábamos trabajando sobre algunas ideas. El señor Senador Gargano hoy leyó algunos párrafos de la versión taquigráfica en cuanto a la exposición que realicé en esa sesión. Pero yo voy a leer un parrafito que él no leyó porque seguramente en el apuro de su exposición no le dio el tiempo. Voy a leer ese párrafo y a arrimar mi trabajo al de él.

Hay un párrafo que dice: "Hay países que están trabajando en esa dirección y nosotros, como Gobierno, estamos manteniendo contacto con ellos. Lo hicimos en Monterrey, en ocasión de la Cumbre que allí se realizó..."

SEÑOR GARGANO.- ¿Me permite una interrupción, señor Ministro?

SEÑOR MINISTRO.- Primero quiero leer el párrafo completo y tengo derecho a hacerlo porque el Reglamento me autoriza. Yo no lo interrumpí durante el curso de su exposición y respeto muchísimo la forma en que hizo su planteo; respete también el mío.

SEÑOR PRESIDENTE.- Se solicita al señor Ministro que se dirija a la Mesa.

SEÑOR MINISTRO.- Me dirijo a la Mesa y pido disculpas. Conozco el Reglamento pero también conozco mi temperamento.

Vuelvo a la lectura: "Hay países que están trabajando en esa dirección y nosotros, como Gobierno, estamos manteniendo contacto con ellos. Lo hicimos en Monterrey, en ocasión de la Cumbre que allí se realizó, y lo vamos a seguir haciendo con motivo de la reunión del Grupo de Río, a partir del próximo lunes en Costa Rica. No hemos preparado, ni estamos distribuyendo ningún papel; estamos recibiendo algún papel y trabajando sobre ideas para un papel. El Uruguay no ha preparado ningún proyecto, pero tampoco se niega a trabajar con otras delegaciones, que así lo estimen, en la posibilidad de la preparación de ese documento que, reitero, tiene plazos perentorios para su presentación y para su eventual aprobación".

Más adelante, en la página 5 de la misma versión taquigráfica de la sesión del 4 de abril, digo lo siguiente: "Al día de hoy no tengo elementos como para decirle a la Comisión que existe un texto o un grupo de países comprometido con él, pero sí puedo afirmar que hay algún papel en circulación, de cuya autoría no hemos podido tener todavía una confirmación absoluta ..." Esto lo dije con absoluta buena fe porque, efectivamente, en ese proceso de consulta nadie se adjudicaba la paternidad de las ideas que allí circulaban. Nosotros nos adjudicamos la paternidad de lo que hicimos y a renglón seguido voy a demostrar cuál es la parte de nuestra paternidad en esta resolución.

Luego agrego: "Hay países de la región que están trabajando en esos textos y, reitero, en la semana próxima tendremos ocasión de trabajar sobre ello". Con esto me estaba refiriendo a la reunión del Grupo de Río en Costa Rica.

Después, continúo diciendo: "Por lo tanto, la idea que estamos manejando es no dejar el tema Cuba en el limbo, ni del mismo tamaño que tenía en el 2001, sino introducir ajustes que respondan a una suerte de inventario de situación en la que, como primer punto, reconozcamos el pasado; en segundo lugar, el compromiso de la comunidad internacional; en tercer término, la protección de los derechos humanos y de los instrumentos para hacerla efectiva; en cuarto lugar, la democracia como condición indispensable para asegurar la observancia de los derechos humanos; en quinto término, la situación de Cuba y la necesidad de contar con elementos de información que permitan establecer evaluaciones sustentables; y en sexto lugar, procedimientos hasta ahora no utilizados que podrían surtir efectos positivos tangibles dando una mayor posibilidad operativa".

Eso fue lo que yo escribí, de puño y letra, en un papelito que tenía en el avión y, precisamente, lo que compartí y leí a la Comisión. Además, en un programa de televisión de esos días, exhibí públicamente lo que había escrito, reitero, de puño y letra, que era lo mismo que figuraba en el acta. No oculté absolutamente nada a la Comisión; le dije lo que hasta ese momento sucedía; no omití ninguna información, ni dije que no estuviéramos trabajando sobre ideas. Es más, señalé cuáles eran las ideas, que son las que aparecen escritas en este papel. Sigamos el proceso, esto fue lo que sucedió el 4 de abril.

SEÑOR BAYARDI.- ¿Me permite una interrupción, señor Ministro?

SEÑOR MINISTRO.- Con mucho gusto.

SEÑOR PRESIDENTE.- Puede interrumpir el señor Senador Bayardi.

SEÑOR BAYARDI.- Mi pregunta es muy concreta y sigue en la línea de su razonamiento. Cuando usted, en la página 5, da lectura a lo que acaba de leer diciendo que sí podía afirmar que había algún papel en circulación, de cuya autoría no se había podido obtener todavía una confirmación absoluta, aunque sí relativa -hago hincapié en esto porque en la otra Cámara señalé lo insólito que me parecía el hecho de que la Cancillería de mi país estuviera analizando un papel del cual no tenía confirmación absoluta sobre su procedencia- quisiera saber, con relación a los documentos que han aparecido y que todos tenemos copias, a qué borrador se estaba haciendo referencia.

SEÑOR PRESIDENTE.- Puede continuar el señor Ministro.

SEÑOR MINISTRO.- Voy a contestar la pregunta planteada por el señor Senador Bayardi, sin perjuicio de continuar con lo que venía exponiendo.

En el campo de la política exterior es absolutamente frecuente que circulen papeles innominados de cuya paternidad nadie se siente responsable, hasta el momento en que la consulta interna, al nivel de la diplomacia, llegue a configurar una cierta base suficientemente consensuada como para convertirla en un proyecto.

Comprendo que al doctor Bayardi, que trabaja en otra área, científica, no sujeta quizás a este tipo de códigos un tanto específicos, le pueda resultar difícil y hasta inaceptable, entender que en una Cancillería se esté trabajando sobre un documento o papel que no tiene paternidad. Le puedo decir al señor Senador Bayardi -con el respeto que sabe que le tengo y que no es de ahora- que eso es así y lo es con mucha frecuencia y, además, quien le entrega a usted el papel, de lo primero que se encarga es de decirle: "Mire que este proyecto no es mío; este proyecto es un papel".

Eso es lo que estaba pasando. Recién estuve en condiciones de identificar, el día 9 de abril, un proyecto articulado presentado y elaborado por el Perú. Esto ocurrió, reitero, el 9 de abril, cuando recibí en Costa Rica, vía fax, de nuestra misión en Ginebra, el texto que Perú había decidido hacer circular. Asimismo, le voy a contar al señor Senador algo que me parece muy importante, no por lo anecdótico, sino por lo que encierra de principio, de forma de actuar y de manera de hacer las cosas. Concretamente le voy a narrar cómo se desarrollaron los hechos, porque no hay mejor manera que analizarlos para ver si hemos actuado de un modo u otro.

SEÑORA ARISMENDI.- ¿Me permite una interrupción, señor Ministro?

SEÑOR MINISTRO.- Con mucho gusto.

SEÑOR PRESIDENTE.- Puede interrumpir la señora Senadora.

SEÑORA ARISMENDI.- Fíjese, señor Presidente, que si al señor Senador Bayardi, que cursó la Universidad de la República, le cuesta seguir al señor Ministro en estas cuestiones tan raras, a mí, que sólo hice el Instituto Normal, me cuesta mucho más.

Creo entender -y el señor Ministro me instruirá- que cuando se refiere a un papel que no se sabe de dónde proviene, no está diciendo que no se conoce su procedencia, sino que no tiene firma, o sea que se trabaja sobre un borrador que circula, que no está firmado y del que nadie se hace cargo posterior y públicamente de su autoría, en caso de que el mismo tome estado público. Me gustaría saber si estoy tan errada, pero me parece bastante raro que la Cancillería trabaje sobre cualquier papel. Puede suceder, por ejemplo, que a mí o a mi futuro nieto cuando nazca se nos antoje mandar un papel a la Cancillería, y no creo que el Canciller y su equipo se pongan a trabajar sobre él. Creo entender -y el señor Ministro me corregirá- que de lo que está hablando es de que este papel no tiene firma y que nadie reconoce formalmente ser autor de ese borrador.

Por otro lado, el señor Ministro anunció que iba a hacer el relato de los hechos, razón por la cual quiero agregar lo siguiente. Con relación al ayuda-memoria del Departamento de Estado, de Colin Powell, que es tan parecido a la inspiración que se tuvo en el avión, quisiera saber cuándo llega a manos de la Cancillería, cuándo llega al Canciller y si ingresa como un papel o como un ayuda-memoria del Departamento de Estado.

SEÑOR PRESIDENTE.- Puede continuar el señor Ministro.

SEÑOR MINISTRO.- En primer lugar, quiero decir que tengo un gran respeto por el Instituto Normal, porque mi esposa, al igual que la señora Senadora Arismendi, es egresada de allí. Además, tiene una lógica de análisis seguramente similar a la suya, razón por la cual ésta no es una disputa entre ciudadanos de clase A, B o C, sino simplemente una pormenorizada explicación que doy sobre las fórmulas de trabajo habitual.

Siguiendo el hilo de mi exposición, lo que dije en la Comisión fue: "Al día de hoy no tengo elementos como para decirle a la Comisión que existe un texto o un grupo de países comprometido con él, pero sí puedo afirmar que hay algún papel en circulación, de cuya autoría no hemos podido tener todavía una confirmación absoluta, aunque sí relativa. Hay países de la región que están trabajando en esos textos y, reitero, en la semana próxima tendremos ocasión de trabajar sobre ello".

¿Qué es lo que hago en ese momento frente a la Comisión? Un manejo discreto de una información en la que se me ha pedido discreción; una información que dimana de la Región. Nunca recibí un informe del señor Colin Powell y ya es la segunda vez que me quieren correr con el trapo rojo del señor Powell. Hace un año exactamente fue una llamada telefónica para decir que habíamos cambiado la votación porque el señor Colin Powell nos había llamado por teléfono para que modificáramos nuestro voto, y estábamos votando igual que el año anterior. Realmente creo que a veces, antes de endosar posiciones que implican descalificaciones personales, debiera pensarse y reflexionar un poco más.

SEÑOR FERNANDEZ HUIDOBRO.- ¿Me permite una interrupción, señor Ministro?

SEÑOR MINISTRO.- Perdone, señor Senador, pero quiero concluir esta parte de mi exposición y, posteriormente, le concederé la interrupción.

El día 4 de abril fue cuando concurrí a la Cámara de Senadores, a la Comisión de Asuntos Internacionales, donde señalé lo que dijo el señor Senador Gargano y algunas cosas más que él no mencionó. También señalé que no había un proyecto que contara con una identificación o con un compromiso de países, de Estados, que nos permitiera a esa altura hablar de que éste existía. A su vez, el día domingo 7 de abril, el día antes de que viajara a Costa Rica, escribí un proyecto de cuya autoría me declaro responsable único y exclusivo y que ciertamente no fue aprobado. El que se aprobó fue, básicamente, el de Perú con enmiendas uruguayas. Pero a este proyecto que escribí -incluso hay periodistas que tienen fotocopias- en mi casa y que es un borrador, me parece importante leerlo para que sepan los señores Senadores qué es lo que la Cancillería uruguaya visualizaba con relación al tema de Cuba.

Ese proyecto decía lo siguiente: La Comisión de Derechos Humanos, recordando sus Resoluciones 1999/8 del 23 de abril de 1999, y 2000/25, del 18 de abril de 2000 y otra del 2001 -de la que no tenía la fecha, porque lo hice en mi domicilio y sólo puse "2001"-, reafirmando la obligación de todos los Estados miembros de promover y proteger los derechos humanos y las libertades fundamentales enunciadas en la Carta de las Naciones Unidas y la Declaración Universal de Derechos Humanos, recordando la indivisibilidad -esto está puesto entre paréntesis porque a continuación opto por la expresión "el carácter indivisible"; como no escribo en computadora, voy agregando frases y reemplazo una por otra- de los derechos civiles y políticos, y los derechos económicos y sociales, destacando la necesidad de un diálogo constructivo y abierto sobre los derechos humanos del pueblo y gobierno de Cuba con la comunidad internacional que permita alcanzar un efectivo mejoramiento de la situación actual, solicita al Alto Comisionado para los Derechos Humanos de la Organización de las Naciones Unidas enviar un representante personal -no un "rapporter", es decir un relator- a Cuba, a fin de visitar este país con el objeto de implementar lo acordado en esta resolución.

¿Qué era implementar lo acordado? Precisamente un diálogo constructivo y abierto sobre los derechos humanos.

En una segunda parte, el proyecto exhorta al gobierno de Cuba a tomar todas las medidas necesarias para el efectivo cumplimiento de dicha visita tan pronto como sea posible. Luego agrega que decide seguir examinando esta cuestión en su Quincuagésimo Período de Sesiones, en relación con el mismo tema del Programa.

Esto fue lo que yo escribí y trasmití, en la noche del día 7, a Ginebra, sin instrucciones al Embajador para que lo distribuyera porque era un papel de trabajo, no una propuesta. El día 9 recibo por primera vez la información del proyecto de resolución presentado por Perú; allí está la fecha de la transmisión que se hizo vía fax y lo que me dice el señor Embajador en Ginebra. Él me expresa que se adjunta el proyecto de resolución elaborado por Perú y que ha sido objeto de discusión con algunos países de América Latina en Ginebra. Se nos informó que dicho texto fue enviado hoy -o sea el día de esta comunicación, que fue el 9 de abril- a capitales y que será, asimismo, base de discusión sobre el tema "Cuba" en la Reunión del Grupo de Río. A las siete menos cuarto de la mañana del día 9 llamé a nuestro Embajador en Ginebra y le dije que en principio estaba de acuerdo con esta propuesta y que sólo me permitía señalar algunos cambios, que son los que aparecen reflejados en el texto final. Ciertamente no cambian la esencia de la propuesta, pero sí le dan continuidad a la intervención de la Comisión, así como también -diríamos- una mayor actitud procesal.

Ésta es la historia absolutamente fidedigna de la propuesta. Tanto aquí como en medios de prensa se ha mencionado un memorándum del señor Colin Powell que nunca recibí. Si hubiera recibido tal memorándum, señalizado como de su autoría, en oportunidad de asistir al Parlamento el día 4 de abril, habría comenzado por decirlo, manifestando su contenido. Más aún; rechazo la afirmación -supongo que se trata de un acto no suficientemente pensado porque no podría, de otra manera, pensar lo contrario- de que lo que escribí se parece a un memorándum "A" o "B" que nunca vi, porque tiene el tenor de una resolución constructiva, no penalizadora ni sancionadora, con un lenguaje difícilmente imaginable en una situación como la que tiene hoy la Administración del Presidente Bush con relación a Cuba. Es difícilmente imaginable, porque se trata de un diálogo constructivo y abierto sobre los derechos humanos con un lenguaje latinoamericano; la resolución es de neto cuño latinoamericano. De los países miembros latinoamericanos sólo votó contra la Resolución uno de ellos: Venezuela. Cuba era parte y, como es natural, su voto no podemos computarlo con la misma significación que los demás. Sería bueno y oportuno leer la lista de los países que votaron este proyecto.

SEÑOR FERNANDEZ HUIDOBRO.- ¿Me permite una interrupción, señor Ministro?

SEÑOR MINISTRO.- Con mucho gusto.

SEÑOR PRESIDENTE.- Puede interrumpir el señor Senador.

SEÑOR FERNANDEZ HUIDOBRO.- Muchas gracias, señor Ministro.

Con el ánimo de bajar un poco la tensión que puede haber en este punto delicado del debate -lo digo con toda sinceridad-, debo afirmar que no me quedó claro lo que el señor Ministro expresaba en cuanto a que hay un documento del que sí se adjudicaba la paternidad. No sé si es el que redactó en su domicilio u otro que finalmente será presentado por Uruguay. El gran problema, y aquí no está implícita una acusación -por lo menos en mi caso y creo que tampoco en el de los demás colegas-, es que se parece demasiado a ese documento cuyo origen, aparentemente, es el Departamento de Estado, Colin Powell o el Pentágono, lo que no me interesa, y no tiene por qué. Digo esto porque, a su vez, el señor Ministro ha dicho que los papeles circulan sin paternidad o sin responsabilidad y supongo que los papeles contienen ideas. Digamos que hay una especie de contaminación de ciertas ideas o polución del ambiente, en el caso de que la declaración sea mala, obviamente. El hecho objetivo es que se parece y supuse que esto había quedado claro luego de esa especie de exégesis que hizo el señor Senador Gargano, aunque esto es algo que no tiene demasiada importancia.

Otro aspecto que puedo mencionar es que esta posibilidad que manejo se agravaría por el hecho de que luego se trabajó sobre un documento elaborado por Perú que también pudo haber sido contaminado o polucionado. Pensemos que si todas las Cancillerías trabajan con papeles que circulan, basta con que desde un lugar tan importante como el Departamento de Estado o Colin Powell, o, por ejemplo, un nieto de la señora Senadora Arismendi, se pueda contaminar con unas ideas cuya paternidad luego, incautamente, como sucede a menudo, alguien se adjudica sin enterarse siquiera que no es el padre. No quiero hacer chistes porque me amedrenta mucho el temperamento del señor Ministro, pero podría haber pasado algo así; le pasa a mucha gente creer que un hijo es suyo y después enterarse que no es así.

SEÑOR PRESIDENTE.- Puede continuar el señor Ministro.

SEÑOR MINISTRO.- Simplemente quiero resumir lo que estaba diciendo en cuanto a que nuestro trabajo fue pausado, no fue precipitado y producto de consultas e intercambios. Cuando escribí eso el día 7 lo hice precisamente porque sentía la necesidad de poner en blanco y negro algunas de las cosas que se venían manejando como posibles. Es lo que hice y lo envié a Ginebra. Si hay parecido o no es un tema que tiene que ver con aquellos que conocían el documento; yo trabajé en blanco, usando un lenguaje que es bastante conocido en este tipo de resoluciones. Es un lenguaje evocatorio de resoluciones anteriores, hay recordandos y una serie de elementos que en este tipo de resoluciones internacionales aparece con frecuencia. Pero lo importante es ver el rasgo diferencial desde el punto de vista conceptual y no esa comparación dirigida a descalificar la autenticidad o legitimidad de la propuesta; lo importante es ver que hay un concepto constructivo, un concepto político absolutamente diverso de la Resolución del año anterior, distinto de los proyectos que había presentado la República Checa en su momento, esta República y Polonia en otro momento, así como Estados Unidos en alguna oportunidad. Cabe destacar que durante varios años fue Estados Unidos quien presentó esta propuesta y que este proyecto de cuño latinoamericano nacido en la región, lejos de ser una resolución penalizadora y condenatoria de Cuba, que señale violaciones a los derechos, reconoce los avances en el campo de los derechos económicos y sociales e invita a Cuba a realizar similares esfuerzos en el campo de los derechos civiles y políticos.

Eso se lo acaba de decir el ex-Presidente Carter en una visita muy publicitada en la que en vivo y en directo lo ha dicho a las autoridades y en la Universidad cubana. Nadie ha sentido en ese momento la necesidad de apostrofar a Carter hablando de una suerte de abyecto Judas capaz de introducirse en la Isla con un mensaje contrarrevolucionario. Es decir que aquí hay una suerte de selección en la reacción cubana, porque no he encontrado ninguna selección de Cuba con respecto a los países de la Unión Europea que votaron el proyecto ni tampoco a los países latinoamericanos que lo hicieron. Francamente, uno piensa si una vez más no se da aquello de buscar a este porque es el más chico del barrio; con el más grande, con el mediano, no te metas porque te tapa. No sé si aquí no estamos otra vez definiendo las relaciones, no en función del valor, la autenticidad y la legitimidad de las propuestas, sino de la mayor o menor capacidad de reacción internacional. Quizás sea más importante no lesionar totalmente al Presidente Fox o al Canciller Castañeda en términos definitivos y absolutos cuando existe -como existe- una relación comercial tan fuerte y sea más fácil, en cambio, destinarle adjetivos muy gruesos y muy distintos, por cierto, a los que utilizó el Presidente en su entrevista en TELEVISA. Pero de eso me quiero ocupar después con el tiempo suficiente.

SEÑOR KORZENIAK.- ¿Me concede una interrupción, señor Ministro?

SEÑOR MINISTRO.- Perdónenme, yo escuché la interpelación y me aguanté tres horas sin levantar la mano y, por lo tanto, no voy a conceder interrupciones por lo menos hasta que termine la secuencia de la génesis del proyecto.

Por lo tanto, cuando este proyecto llega a Ginebra lo hace como un papel presentado a la consideración del Embajador en esa ciudad, no para que lo distribuya o lo divulgue sino para que lo tenga como una base de cuáles son nuestras ideas al respecto. Tan así es que el Embajador Pérez del Castillo no lo distribuye; nuestro proyecto no fue distribuido. En ese momento Perú distribuye el suyo, el que sí es trasmitido a nosotros. Cuando el Canciller García Sayán me llama por teléfono de Colombia a Costa Rica y me dice que no va a presentar el proyecto porque existe una resolución del Parlamento peruano que le solicita que no lo haga y por lo tanto no está en condiciones de actuar de esa manera, yo le digo que nosotros coincidimos básicamente con él porque no es penalizador y es constructivo y, por lo tanto, estamos dispuestos a llevarlo adelante. Eso ya no es el protagonismo voluntarista porque sí. Además, en la Comisión de Asuntos Internacionales de la Cámara de Representantes el 17 de abril, dije que no estaba originariamente previsto que el proyecto lo presentara Uruguay. Está documentado y ustedes lo pueden comprobar leyendo la versión taquigráfica de ese día cuando hablo acerca de cómo se presentó el proyecto y cuáles fueron los pasos que lo precedieron.

De todas formas, yo les había anunciado que quería leerles algo que puede parecer anecdótico pero no lo es.

SEÑOR MICHELINI.- ¿Me concede una interrupción, señor Ministro?

SEÑOR MINISTRO.- Con mucho gusto.

SEÑOR PRESIDENTE.- Puede interrumpir el señor Senador.

SEÑOR MICHELINI.- Señor Presidente: el señor Ministro acaba de decir que no estaba previsto que Uruguay presentara el proyecto. Me está diciendo que sí, que no estaba previsto. Uruguay tenía en carpeta un documento, un borrador -llamémosle así- y la Cancillería uruguaya no tenía prevista esa presentación. No estoy hablando del voto. La pregunta es por qué lo hizo si es que pensaba no hacerlo.

SEÑOR PRESIDENTE.- Puede continuar el señor Ministro.

SEÑOR MINISTRO.- Como lo expresáramos en nuestra comparecencia en la Comisión de Asuntos Internacionales de la Cámara de Representantes, no estaba previsto que fuera Uruguay el que presentara ese proyecto, ya que hasta ese momento todo indicaba que lo iba a hacer Perú, su autor. El día 9 Perú hace saber que no lo iba a presentar y en ese momento, cuando nosotros vimos reflejadas las ideas y los criterios políticos de Uruguay sobre el tema en el proyecto, con las modificaciones que le introducíamos, creímos que estábamos en condiciones de presentarlo y así lo decidimos con el señor Presidente de la República. Decidimos presentarlo nosotros.

Creo que esto contesta claramente la pregunta del señor Senador Michelini. Visto que originariamente otro país lo iba a presentar -no lo íbamos a hacer nosotros-, vista la defección y la renuncia de ese país en hacerlo, Uruguay decide llevarlo adelante. Esto no quiere decir que si se hubiera presentado no lo habríamos acompañado; lo que ocurre es que aquel que presenta el proyecto tiene la carga de su negociación y, por consiguiente, la carga hasta ese momento la tenía Perú. Por eso, si el señor Senador Michelini me permite, voy a leer con más detalle cómo se generó este proceso, lo que creo va a satisfacer también parte o gran parte de su legítima curiosidad.

El día 7 de abril -como ya dije- se envió el proyecto diciendo que no debía ser circulado ni comentado hasta recibir instrucciones, o sea que se trataba de tener un papel de trabajo en la misión en Ginebra.

El lunes 8 de abril, el Viceministro de Relaciones Exteriores del Perú, señor Rodríguez Cuadros -que estaba presente en la Comisión- invita a una cena en la residencia de Perú a los Embajadores de un grupo de países latinoamericanos: Argentina, Chile, Costa Rica, Brasil, Ecuador, Guatemala, México, Perú y Uruguay. Asisten los invitados, salvo Costa Rica, que se excusa. Durante esa reunión, el Viceministro explica que desde hace algún tiempo se vienen realizando en la región una serie de consultas de alto nivel político con miras a que este año se presente en la Comisión una resolución sobre la situación en Cuba de origen latinoamericano. La misma tendría las siguientes características.

Primero, dejaría de lado el tratamiento clásico condenatorio e ineficaz respecto de Cuba a favor de una fórmula constructiva.

Segundo, la iniciativa reconocería los avances obtenidos en Cuba con relación a los derechos sociales de la población cubana e invitaría al Gobierno cubano a realizar esfuerzos para obtener avances similares en el campo de los derechos humanos, civiles y políticos.

Tercero, la propuesta alentaría al Gobierno de Cuba a adherir a los pactos internacionales de derechos civiles y políticos y derechos económicos, sociales y culturales, y debería plantear una modalidad constructiva para la participación de la Alta Comisionada de Derechos Humanos con el objetivo de que su oficina cooperara con Cuba.

El Viceministro solicitó reacciones de los presentes y de las diferentes reacciones surgió claramente -naturalmente, hubo delegados como el de Brasil, que adelantó su tradicional abstención; quiero decir que nosotros no trabajamos sobre Brasil porque conocíamos de mucho tiempo atrás su posición, que nos fue reiterada en ocasión de la visita Presidencial a Itamarati- la conveniencia de presentar o considerar un texto de las características anunciadas por Perú.

Ante la fecha límite del 10 de abril -plazo perentorio para presentar formalmente una resolución sobre el tema-, se recalcó la urgencia de contar con un texto lo antes posible. En esa circunstancia Perú convoca a otra reunión para el día 9 de abril en un desayuno a las 8 de la mañana. El mismo grupo de países antes mencionado al que se sumó Costa Rica, sin la presencia de Chile y Brasil, que se disculparon, se reunió el martes temprano en la mañana para considerar el proyecto presentado por Perú.

Argentina, Guatemala, Costa Rica y Uruguay adelantaron informalmente su apoyo al espíritu del texto presentado. Ecuador y México manifestaron que veían con simpatía el proyecto de resolución pero que no podían pronunciarse, ya que sus instrucciones hasta el momento eran de abstenerse ante cualquier texto de resolución que tratara de la situación de los Derechos Humanos en Cuba.

Se acordó que todos los países solicitarían soluciones. El Viceministro peruano informó que había iniciado consultas sobre el texto para conseguir el co-patrocinio de otros países de América Latina, no miembros de la Comisión o de otras regiones. A su vez, se nos informó que era intención de Perú presentar el proyecto a la Secretaría el miércoles 10 de abril por la tarde. Fue así que ese día a las 6 y 45 de la mañana -hora local de Ginebra- quien habla llamó desde Costa Rica al Embajador de Uruguay ante Ginebra. En esa oportunidad informo que me ha llamado desde Colombia el Canciller de Perú y que a consecuencia de un voto contrario del Congreso peruano ocurrido en la noche del 9 de abril, Perú no iba a presentar el proyecto. Ante esa circunstancia y ante el hecho de que estaríamos dejando de lado la resolución anterior que decía que el tema seguía bajo consideración en este período, consideramos que esto era dar una señal equívoca y que, de alguna manera, no se tomaba en cuenta que Latinoamérica estaba interesada en contar con un proyecto constructivo. Justamente por ese motivo íbamos a acompañar el proyecto peruano con los alcances y revisiones que estábamos ofreciendo. Fueron tres los cambios que propusimos: primero, juntar los párrafos uno y dos del texto peruano, incorporando una expresión que decía "sin perjuicio de reconocer los avances". Cabe acotar que luego se produjo un cambio porque como el texto de Naciones Unidas se inicia con un verbo, hicimos lo propio y el "sin perjuicio" aparece en el párrafo respectivo. El segundo cambio fue el de incorporar al texto peruano el penúltimo párrafo del texto uruguayo original, es decir, el que envié el 7 de abril y que dice que exhorta al Gobierno de Cuba a tomar todas las medidas necesarias para la efectiva realización de la visita tan pronto como sea posible. Por último, la tercera modificación refiere a un párrafo existente en nuestro papel del 7 de abril que establece que decide seguir examinando esta cuestión en su 59º período de sesiones en relación con el mismo tema del programa, ocasión en la cual el representante permanente de la Alta Comisionada presentará su informe sobre la aplicación de la presente resolución.

Sobre esta base, el 10 de abril a las seis menos cuarto de la tarde, se presenta el proyecto con lo siguientes patrocinios: Argentina, Canadá, El Salvador, Guatemala, Honduras, Nicaragua, Panamá, Perú y Uruguay. El día 12 de abril llega a Ginebra el Vicecanciller, Embajador Guillermo Valles, comenzando así la negociación tendiente a obtener la aprobación de este proyecto.

SEÑOR KORZENIAK.- ¿Me permite una interrupción, señor Ministro?

SEÑOR MINISTRO.- Con mucho gusto.

SEÑOR PRESIDENTE.- Puede interrumpir el señor Senador.

SEÑOR KORZENIAK.- Aclaro que hace muchos años que no ejerzo la abogacía, de manera que voy a prescindir de los detalles que, tal como decía el señor Ministro, a veces aparecen en los juicios, manejándose de un lado para el otro.

En mi opinión, hay un hecho absolutamente central y voy a decir con enorme franqueza -estoy convencido de ello- que si Uruguay no hubiera presentado esa moción, ningún otro país lo hubiera hecho. Cabe aclarar que se presentó en los últimos minutos en que se vencía el plazo. No se trata de un tema de patrocinio: Uruguay presentó esa moción. Es verdad que muchos la apoyaron y que hubo presiones, conversaciones y dialogados para que se hiciera pero, es evidente, que no se puede pretender que los cubanos -aclaro que no comparto la adjetivación que usó el Presidente Fidel Castro, como tampoco lo dicho por el Presidente uruguayo, Jorge Batlle- reaccionen frente a otros Gobiernos de la misma forma que lo hicieron ante el nuestro. Pretender que la diferencia se debe a que Uruguay tiene menos negocios con Cuba, creo que es absolutamente incierto. Es más, estoy convencido -lo digo con enorme franqueza- de que los hechos llevan a una vehemente conclusión. Cuando digo "vehemente" no aludo al tono de mis palabras, sino a lo que en Derecho se llaman conclusiones o deducciones vehementes, es decir, que son claras y evidentes. En este sentido, es evidente que esta resolución marchó porque se encontró un país o éste se autodesignó para presentar la moción.

En definitiva, el punto clave era que se designara un Comisionado para que hiciera un informe al año que es lo que mantiene enganchado al país con el tema de los Derechos Humanos. Esto es así en la realidad. ¡Dejémonos de detalles! Con todo gusto escucho los horarios, por qué Perú no pudo presentar la moción, etcétera, pero repito que para mí el contenido de la resolución, salvo la referencia a la OEA -tengo información confidencial de por que no se incluyó en la versión peruana ni en la moción uruguaya-, es el mismo que planteaba la resolución inicial norteamericana.

En resumen, culmino mi intervención diciendo que el cambio de la postura de Uruguay no fue sólo pasar de apoyar mociones condenatorias para Cuba por más que tengan una apariencia no confrontativa -como decía en la traducción al español del texto redactado originalmente en Estados Unidos- porque es, en definitiva, una resolución condenatoria. No podemos disimular, por más esfuerzos que se hagan, que se trata de una resolución condenatoria que si no la hubiese planteado Uruguay, según los elementos que todos tenemos a la vista y el momento en que se presentó, nadie lo hubiese hecho; algunos porque no podían y otros porque no querían. El hecho es que fue Uruguay quien presentó esa moción. Repito que el cambio consistió en pasar de votar mociones condenatorias a presentar la moción que permitió esa sanción. ¡Este es el punto! Presentar esta moción representa un cambio tremendo en materia de nuestra política exterior. Me refiero a un cambio en las opciones del panamericanismo y del latinoamericanismo que no digo que sea inconstitucional, pero en la Carta se indica una vocación latinoamericana y no panamericana, agregado propuesto por el doctor Sanguinetti en 1966. Reitero que el cambio es tremendo porque no es sólo pasar de votar mociones condenatorias, sino que si no hubiese presentado Uruguay esta moción, por lo que conozco, nadie lo hubiese hecho, lo que no hubiera dado lugar a una moción.

SEÑOR PRESIDENTE.- Puede continuar el señor Ministro.

SEÑOR MINISTRO.- Los votos por sí -como es conocido- fueron 23; los votos por no fueron 21 y las abstenciones fueron 9. Los primeros fueron de Argentina, Austria, Bélgica, Camerún, Canadá, Chile, Costa Rica, Croacia, República Checa, Francia, Alemania, Guatemala, Italia, Japón, México, Perú, Polonia, Portugal, Corea, España, Suecia, Reino Unido y Uruguay. Los segundos fueron de Argelia, Bahrain, Burundi, China, Cuba, Congo, India, Indonesia, Libia, Malasia, Nigeria, Pakistán, Rusia, Arabia Saudita, Sudáfrica, Sudán, Siria, Togo, Venezuela, Vietnam y Zambia. Las abstenciones fueron de Armenia, Brasil, Ecuador, Kenia, Senegal, Sierra Leona, Swuazilandia, Tailandia y Uganda.

Sobre las expresiones de que si este proyecto no lo hubiera presentado Uruguay nadie lo hubiera hecho, quiero decir que me resultan un tanto absolutas.

Decir que si Uruguay no lo hubiera presentado, no hubieran estado junto a él, o en lugar de él, en este caso, otros países que lo co-patrocinaron desde el comienzo, es negarles a estos la misma intencionalidad de tratar el tema de Cuba en el ámbito de la Comisión. Quiere decir que ese es un argumento un tanto impresionante, viéndolo desde ese punto de vista, pero que me permito matizar de la forma que lo estoy haciendo.

La segunda cosa refiere a si es o no algo importante el hecho de que Uruguay haya presentado un proyecto constructivo distinto de los anteriores. Si es mala cosa que Uruguay haya presentado un proyecto que mereció declaraciones favorables de la Unión Europea que, incluso, mereció de los países americanos que se abstuvieron, Brasil y Ecuador, expresiones de reconocimiento por los elementos positivos del proyecto. Tengo conmigo los votos razonados de ambos países y están a disposición de los señores Senadores, pero no los voy a leer para no seguir dilatando el trayecto de esta explicación. Está claro que han votado este proyecto países con tradición democrática; países comprometidos con el sistema democrático, países amigos de Cuba como es, sin duda, el caso de España y el de Suecia. Un país que, incluso, financia proyectos de cooperación muy importantes en el área universitaria, que nos ha permitido a nosotros, desde el Uruguay, formar en la Universidad de la República, grupos importantes de distinguidos profesionales cubanos que hoy ocupan posiciones relevantes en el sistema de autoridades cubano.

Me parece que no debemos poner el acento sobre Uruguay a la luz de una resolución equilibrada, razonable y no penalizadora. Por más que se diga que penaliza, nos preguntamos si penaliza el hecho de que un país permita y coordine en la forma que lo desee la visita de un Alto Comisionado, que le permitirá a Cuba decir que ya no se basan más en los informes de Amnesty Internacional. Por lo tanto, se podrán basar en la visita de un delegado oficial nombrado por la Alta Comisionada, la misma a la que nosotros recibiéramos el año pasado.

Quiero decir que uno lee detenidamente una y diez veces esta resolución y no encuentra en ella la carga de acusación o agravio a Cuba capaz de producir reacciones como las que se han dado. Resoluciones aprobadas por consenso, netamente penalizadoras, son, por ejemplo, las adoptadas este mismo año respecto de Burundi, Congo, respecto de la situación de los Derechos Humanos en Afganistán y en Sierra Leona; ahí sí el lenguaje es penalizador y condenatorio. En cambio, no lo es en modo alguno en el caso de Cuba.

Por otra parte, también deseo significar que nuestro país, en su momento, en situaciones de época de ruptura del estado de derecho, recibió visitas de organizaciones internacionales dirigidas a verificar el estado de situación. En su momento, recibió al propio señor Pérez de Cuellar y luego a sus delegados. Entonces, me pregunto, ¿es o no una contribución para colocar a Cuba en una situación, ya no de desinterés de la región y de apoyo a una resolución proveniente de un país de fuera de la región? ¿Este no es un cambio positivo importante? ¿O de lo que se trataba era de no cumplir con el mandato de la resolución anterior y no reconocer, por cierto, ninguna evolución en Cuba como lo hace la resolución, ni dejar abierta la posibilidad de una buena cooperación entre la Oficina del Alto Comisionado que todos sabemos que es una oficina independiente, que ha actuado con mucha probidad, a la que nunca hemos desconocido en su autoridad moral y jurídica para que trabajara en Cuba? Lo que le pide el ex-Presidente Carter a Cuba es, prácticamente la resolución, con la diferencia de que ellos ven en Carter a un amigo capaz de incidir en la política interna norteamericana y en nosotros ven que un informe de la Comisión de Derechos Humanos, basado en el informe de la Alta Comisionada, necesariamente va a ser contrario a Cuba o a sus intereses. Creo que aquí hay un problema de percepción de las cosas, si nosotros estamos buscando realmente generar un espacio de análisis de la situación cubana, objetivo, válido, no preñado de subjetivismo, que nada tenga que ver con la intervención en sus temas internos -desde que en Derechos Humanos todos admiten pacíficamente que el principio de la no intervención tiene la flexibilidad necesaria como para garantizar la actuación de este tipo de inspecciones o de visitas-, qué cosa distinta hay a lo que dice el ex-Presidente Carter cuando expresa que quisiera pedir que permitan al Comité Internacional de la Cruz Roja visitar las prisiones, cuando nosotros no hemos pedido eso y no hemos hecho ningún señalamiento en particular. No hemos hablado, como se mencionaba en las resoluciones anteriores, de la tortura, no hemos mencionado ninguna palabra que pudiera herir o suscitar una reacción, hemos sido tremendamente cuidadosos, hemos reconocido el entorno económico desfavorable que, en buen romance es el embargo, y que pese al embargo Cuba ha hecho avances en el terreno económico y social. Quiere decir, entonces, que se le reconoce; quiere decir que cuando el ex-Presidente Carter pide que reciban al Comisionado de las Naciones Unidas y al Comité Internacional de la Cruz Roja, está solicitando que examine el tema de los prisioneros, el tema del trato a los reclusos y estas visitas, tal como concluye el propio Carter, podrían ayudar a refutar una serie de críticas injustificadas.

Si el informe del año próximo sobre Cuba llega a la conclusión de que en Cuba se han restablecido las reglas del debido proceso, de que no hay presos sin sujeción a la justicia, de que no hay presos de conciencia, como se ha dado en llamar, que los hoy llamados disidentes ya no son tales, sino opositores que pueden formular sus listas y su presentación a las elecciones quinquenales que prevé la Constitución cubana en materia de integración de la Asamblea, si todo eso es posible, si todo demuestra una actitud en esa dirección, me pregunto si la presentación por Uruguay de este proyecto le ha hecho daño a Cuba o le haría bien.

Creo que en este tema no se puede presumir que los otros piensan de una manera o de otra, en función de ciertos alineamientos políticos que cada uno tiene -como es natural, el señor Senador Gargano y quien habla, pertenecemos a partidos políticos distintos-, ni creer o afirmar que es a través de una suerte de silencio contumaz de la comunidad internacional, que Cuba habrá de salir de esa situación de permanente contencioso entre la explicación de lo que son sus políticas y el resto de la comunidad iberoamericana. Cuba se ha comprometido en las Cumbres iberoamericanas, en todas ellas, por ejemplo en la que hoy se mencionaba de Panamá, para evocar un episodio lateral, porque el fondo de dicha Cumbre no es lo que sucedió entre el Presidente de El Salvador y Fidel Castro, ni con el Presidente Batlle deduciendo una tercería; lo importante de esa Cumbre -como la propia Cumbre de La Habana a la que concurrimos con el ex- Presidente Sanguinetti-, es el contenido del compromiso de establecer el juego libre de las opiniones, de las libertades, de la pluralidad de partidos políticos, todo eso está en esas Cumbres y el propio Comandante Castro lo ha aceptado y suscrito.

No puedo aceptar de una forma, diría, casi superflua, que se diga que si no lo hubiera presentado Uruguay, no habría pasado nada. En todo caso, es a Uruguay al que le recriminan y lo insultan porque se atrevió, de alguna manera, a romper esa relación de divorcio o de separación entre Cuba y la comunidad internacional.

SEÑOR FERNANDEZ HUIDOBRO.- ¿Me permite una interrupción, señor Ministro?

SEÑOR MINISTRO.- Con mucho gusto.

SEÑOR PRESIDENTE.- Puede interrumpir el señor Senador.

SEÑOR FERNANDEZ HUIDOBRO.- No me preocupa averiguar los pasos de una Cancillería ajena, como la cubana, sino tratar de que me quede claro los pasos que dio la mía. Quien puso sobre la mesa la tesis interpretativa de pegarle al más chico fue el señor Ministro, y me obliga a hacerle unas preguntas para averiguar y otras para tratar de interpretar algo.

Por ese motivo, voy a hablar de la Cancillería cubana. Pienso que lo que los enoja es, justamente, que la moción sea latinoamericana. Tengo entendido que hasta el día de hoy la presentaban los checos. Es verdad lo que dice el señor Ministro -y lo comparto- en cuanto a que este texto es mejor que el checo; en ese sentido, no cabe discusión alguna. El gran problema es que los checos habían decidido, antes que los peruanos, no presentarlo más. Se dice que esto es así porque hicieron un arreglo con la Unión Europea para entrar, aunque esto ya es interpretación, y como no soy diplomático, no lo puedo confirmar. Por tanto, a mi entender, lo hacían, pero como consiguieron lo que querían, ya no lo hacen más; a su vez, Perú tampoco. Entonces, para los cubanos, significaba desaparecer de la agenda en la Comisión de Derechos Humanos.

Ahora bien, quiero hacer algunas preguntas al señor Ministro, porque no soy diplomático y me cuesta mucho entender esto. Ante todo, quisiera averiguar por qué los checos no la presentaron más o si es verdad que esto fue así, porque eran los checos los que la venían presentando últimamente. Si nadie la presentaba, no sólo salía de la Agenda, sino que salía de lo peor de ella ya que, como bien ha dicho el señor Ministro, todas las resoluciones condenatorias han sido justamente de compañeros de Cuba en el punto 9 de la Agenda, que es donde Uruguay presenta la moción. Es decir, Cuba escapaba de Auschwitz. Según se me ha dicho, poner a alguien en el punto 9 de la Agenda de la Comisión de Derechos Humanos de Naciones Unidas es estar junto a países como Burundi, Sierra Leona, República Democrática del Congo, Irán, Irak, y los territorios árabes ocupados, aunque el texto sea hermoso, o incluso aunque fuera latinoamericano. Esto último, para Cuba, puede ser peor, porque evidentemente tiene más autoridad que la moción checa, desde el punto de vista de la propaganda política. Pienso que se debe interpretar esto por ese lado. ¿Uruguay no previó esa complicación y esa respuesta enérgica, no por pegarle al más chico, sino por cómo afectaba esa iniciativa a Cuba?

Además -discúlpeseme por lo extenso de mi interrupción-, el señor Ministro ha planteado qué pasaría si un emisario de altas funciones fuera a Cuba. En realidad, ya fue; eso ocurrió en el año 1995. Precisamente, tengo el informe que se elaboró en esa oportunidad. Me pregunto, ¿qué cambió desde el año 1995 hasta la fecha, para que un nuevo emisario vaya nuevamente? El Ministro habló del año próximo, pero me parece, de cajón, que Cuba no va a aceptar dicha presencia. Por tanto, se va a generar otro conflicto. Lo digo porque esto, a mi entender, va a tener una continuidad. Ahora Cuba se va a negar, y el año que viene Uruguay, que fue el que tomó la iniciativa, deberá hacer una resolución más condenatoria sobre esto. Me parece que se ha ingresado en una dinámica similar a la de un tren sin freno. Por supuesto que Cuba prefiere que vaya Carter -en el marco de un problema que hay en Estados Unidos entre Carter y Bush; esto es obvio, y no necesito ser diplomático para darme cuenta- y no que le pase esto, es decir, que se presente alguien, porque se resolvió dejarla en el punto 9 de la Agenda -cosa grave, repito, porque está junto a Burundi y Sierra Leona- cuando justamente estaba por salir de allí.

Estas son las preguntas que quería formular al señor Ministro sobre este tema.

(Ocupa la Presidencia el doctor Correa Freitas)

SEÑOR MINISTRO.- Sin duda, las preguntas que formula el señor Senador Fernández Huidobro son interesantes e importantes. La primera es con relación a si nosotros podíamos dejar de considerar el tema ante la ausencia de un proyecto de resolución. A esto le voy a contestar leyendo, simplemente, el párrafo decimocuarto de la decisión adoptada sobre Cuba el año pasado. El mismo dice lo siguiente: "Decide seguir examinando la cuestión en su 58º Período de Sesiones en relación con el mismo tema del Programa.". Nosotros no introdujimos el tema de Cuba, sino que ya estaba en la Agenda.

Voy a decir algo más que contesta, en buena medida, según estimo, la segunda parte de la pregunta formulada por el señor Senador. Si nosotros aspiramos a que el tema de Cuba salga del Capítulo 9, que se titula "Cuestión de la Violación de los Derechos Humanos y las Libertades Fundamentales en Cualquier Parte del Mundo", tenemos que procesalizar esa salida, cuando a la vez tenemos una resolución anterior que nos dice que debemos tratar el tema.

En el Proyecto de Resolución aprobado, la invitación para que concurra el representante personal de la Alta Comisionada, es para que coordine con Cuba el modo de implementar la Resolución; ni siquiera tiene el objeto de realizar una suerte de inspección "in situ" e informe de una forma casi unilateral o, en cierto modo, conminatoria, tipo inspección ocular. No; quiere decir que -y voy a la tercera parte de lo planteado por el señor Senador- si Cuba rechaza la aplicación de esta Resolución, y no habilita el ingreso del representante personal de la Alta Comisionada, difícilmente salga del Capítulo 9. En tanto no habilite ese ingreso, es obvio que la Resolución del año que viene no podrá ser básicamente distinta de la actual y hasta, eventualmente, podrá tener un tono un poco más duro, al que se incorporará el hecho de no haber permitido la entrada al representante de las Naciones Unidas. Pero si Cuba coopera en el marco de esta Resolución que acabamos de aprobar, puede salir del ítem 9 y pasar al 19, que refiere a cooperación.

Si el señor Senador me preguntara cómo asesoré al Presidente -por cierto, varias veces se ha hecho referencia a mi forma de actuar en ese sentido-, le respondería que lo hice tan mal que el señor Senador Gargano dice que me tengo que ir. Confieso que estoy muy convencido de que hemos diseñado la política exterior de un modo adecuado y correcto, pero finalmente eso lo dirán los señores Senadores. Ahora bien, si -haciendo un gran esfuerzo de tras-posición de roles, por decirlo de alguna manera- tuviera que asesorar o dar un criterio sobre este tema, en cuanto a la posibilidad de Cuba de mejorar su ranking internacional, me haría el siguiente planteo: ¿lo mejoro más cerrando las puertas al representante del Alto Comisionado o abriéndolas para que se vea la verdadera situación en ese país y, de esta forma, entrar en un terreno de cooperación y no en uno de controversias? Este es un examen que tenemos que hacer. De esta manera, contesto un poco en cuanto a lo que se decía de las previsiones que se esperaban de esta Resolución. De esta Resolución, ¿esperábamos una condena a Cuba? No; esperábamos la creación de un marco de cooperación y coordinación.

Eso es lo que la Resolución contiene y lo que una lectura desapasionada, fría y serena del texto aprobado tiene como consecuencia.

SEÑOR FAU.- ¿Me permite una interrupción, señor Ministro?

SEÑOR MINISTRO.- Con mucho gusto.

SEÑOR PRESIDENTE.- Puede interrumpir el señor Senador.

SEÑOR FAU.- Señor Presidente: haré unas breves reflexiones sobre dos aspectos a los que se hizo referencia hace pocos minutos. Antes que nada, me voy a referir al planteo a propósito de que si Uruguay no hubiera presentado la moción, no habría habido otro país que lo hiciera. Digo esto considerando la posición que sostiene el Gobierno acerca de la procedencia de la moción que presentó.

Pienso que hay diferencias sustanciales entre ambas posiciones. La primera constituye una suposición, que se está en todo el derecho de hacer, pero no pasa de eso. Así, presupongo que habría ocurrido tal cosa ante esta eventualidad; me imagino que si Uruguay no hubiera presentado la moción, no habría habido país que la patrocinara. Por supuesto, es un punto de vista, una interpretación que se hace sobre hechos subjetivos, sobre convencimientos interiores, que no responden a pruebas objetivas, documentales, que abonen dicha posición. En consecuencia, si bien es respetable como presunción y ejercicio imaginativo, así como una interpretación íntima, no se puede probar que tal cosa hubiera ocurrido.

A diferencia de lo anterior, tenemos la moción que el Gobierno uruguayo presenta, cuyo análisis no obedece a presunciones e interpretaciones subjetivas, a imaginaciones o dibujos intelectuales, sino que es una moción que, una vez presentada, se vota y resulta triunfante. Como vemos, es algo que surge de la fuerza de los hechos y, ante ello, reflexiono: si ningún país hubiera tomado la iniciativa de presentar la moción, si nadie hubiera creído oportuno hacerlo, de todas maneras existían los recursos para canalizar esa posición. Simplemente, se podía votar en contra diciendo que no era oportuno o abstenerse. Sin embargo, la mayoría de los países ni vota en contra ni se abstiene; vota por la afirmativa. Con ello se demuestra que hay una identificación con la propuesta, tan válida como si la hubieran firmado. De lo contrario, habrían contado con los otros recursos, que no usaron.

Es más; lejos de reprobar la actitud de la Cancillería, en este caso lo que debe apreciarse es la seriedad y la responsabilidad con que ella actuó, porque si hubiera propuesto una moción en ese sentido y no hubiera contado con el respaldo mayoritario que tuvo, seguramente habría constituido un error de su parte por no haber estimado los posibles resultados, exponiendo de esa manera a la consideración pública la imagen del Uruguay como propiciando soluciones que no tienen el menor respaldo.

Creo, señor Presidente, que es exactamente a la inversa. Pienso que Uruguay salió respaldado, en la medida en que tuvo una votación en una resolución que, además, alcanzó el récord de co-patrocinantes en cuanto al deseo de que existiera un pronunciamiento de esa naturaleza.

En lo que tiene que ver con una posible voluntad de condena por parte de la propuesta, creo que se ha sido lo suficientemente claro al explicar el punto, no forzando el texto de la moción, sino simplemente dándole lectura. Sin embargo, encuentro cierta coherencia y congruencia en el razonamiento, porque al sostener que si Uruguay no la hubiera presentado no habría existido una moción se presupone, en cierta medida, que nuestro país actuó en un determinado ámbito de dependencia cuando la formuló y que, como se movió en esa dependencia, es lógico que sólo Uruguay podía plantearla y que ningún otro país lo hiciera.

En consecuencia, tomo ese razonamiento imaginativo y lo traslado al ámbito de la condena. Como tengo el convencimiento de que en Cuba no se respetan algunos Derechos Humanos, cuando se pide un observador para que determine objetiva e imparcialmente si se respetan o no, entonces, se habla de condena. ¿Por qué? Porque como estoy convencido de que en Cuba no se respetan esos Derechos, cada vez que se menciona una observación en ese sentido, estará implícita la idea de condena.

Personalmente, encontraba una coherencia en los dos razonamientos que, en realidad, conducen a conclusiones equivocadas en ambos casos.

En consecuencia, la moción de Uruguay resultó enaltecida por el respaldo que obtuvo y, además, quedó claro que no existía el menor ánimo de condenar, sino de abrir una instancia en la que, objetiva e imparcialmente, se dirimiera por órgano insospechado, si los Derechos Humanos en Cuba se respetan en su totalidad.

SEÑOR PRESIDENTE (Dr. Correa Freitas).- Puede continuar el señor Ministro.

SEÑOR MINISTRO.- En la medida de lo posible, quisiera tratar de seguir el debate lo más ordenadamente posible. Naturalmente, concederé las interrupciones que se me soliciten, pero me gustaría que lo hiciéramos sin romper la unidad de presentación que sí respetamos religiosamente cuando habló el señor Senador Gargano. Por este motivo, solicito la comprensión de los señores Senadores, a fin de adentrarnos, ya no en la etapa de la génesis y la aprobación de la resolución, sino en la posterior, o sea, la de las consecuencias político-diplomáticas derivadas de su aprobación. Por lo tanto, si los señores Senadores permiten que cuando llegue a ese capítulo lo pueda desarrollar de manera ordenada y si el señor Presidente así lo dispone, estoy dispuesto a conceder, en este momento, las interrupciones que se me soliciten, a fin de adelantar en estas cuestiones previas y luego continuar con el discurso ordenado que me gustaría realizar, en virtud de la importancia de la ruptura de relaciones de nuestro Gobierno con la República de Cuba.

SEÑOR PRESIDENTE.- Habían solicitado interrupciones los señores Senadores Korzeniak y Millor.

En consecuencia, tiene la palabra el señor Senador Korzeniak.

SEÑOR KORZENIAK.- Muchas gracias, señor Presidente.

Deseo referirme a un razonamiento que hiciera el señor Senador Fau, a propósito de que si Uruguay no hubiera presentado la moción, tampoco lo habrían hecho otros países lo que, según el señor Senador, constituía una suposición íntima o una presunción, no abonada por ninguna prueba documental o de otro tipo. Sin embargo, el señor Senador considera que la afirmación del señor Ministro es objetiva o, de acuerdo con lo que entendí, está más probada.

En relación con la prueba documental, diré que faltaban sólo quince minutos para que expirara el plazo, cuando Uruguay presentó la moción. Entonces, la prueba documental de que si nuestro país no presentaba la moción tampoco la hubiera presentado otro, sería una especie de documento de confesión en el que todos dijeran: "Si no la presenta Uruguay, tampoco lo habríamos hecho nosotros". Esa sería la única prueba que yo podría aportar. En Derecho, la prueba negativa no es una carga. Por otro lado, el Gobierno uruguayo tampoco puede probar que se habría presentado, de todas maneras, una moción aunque la nuestra no hubiera existido.

Eso es evidente; es un tema que cada uno lo presume de acuerdo a las circunstancias del caso. ¿Cuáles fueron las circunstancias? Que hasta 15 minutos antes del término perentorio, nadie presentaba la moción, y todos sabemos que había un "conversadero" muy grande, cosa que se vio hasta en películas.

Esta era la única aclaración que quería hacer sobre mi razonamiento.

Muchas gracias.

SEÑOR MILLOR.- ¿Me permite una interrupción, señor Ministro?

SEÑOR MINISTRO.- Con mucho gusto.

SEÑOR PRESIDENTE (Dr. Correa Freitas).- Puede interrumpir el señor Senador.

SEÑOR MILLOR.- Agradezco al señor Ministro. Si bien es telegráfico lo que quiero decir, de repente no me alcanzan cinco minutos en función de un montón de cosas que se han afirmado aquí.

Lo de la llamada de Powell no es nuevo: ya se dijo el 17 de abril del año pasado. El porqué se insulta a Uruguay -y aquí se ha pretendido dar una explicación- es mucho más sencillo que eso: la alegría no va por barrios y los insultos van por países. El año pasado fue con Argentina, chantajeada, seducida, forzada y obligada. De Uruguay no se ocuparon; lo único que habían hecho Uruguay y Argentina -chantajeada, seducida- era votar la moción checa junto -y esto es bueno señalarlo- con todos los países ex-comunistas que forman parte de la Comisión, tal vez porque conocieron el comunismo.

El Día de los Trabajadores fue contra todos; por ejemplo, contra la OEA y con el único país que no se metieron explícitamente fue con el que tiene peor lío ahora, que es México. Por eso decía que la cosa va por barrios.

Creo que lo que se está ignorando aquí es la dinámica con que se mueven estos asuntos en la órbita internacional, por lo cual sería bueno repasar -pero repasar en toda su extensión- la comparecencia del señor Ministro el 4 de abril. El Presidente de la Comisión, señor Senador Gargano, le hace una pregunta específica sobre qué actitud habría de adoptar Brasil, México y Chile. El Ministro contesta con sinceridad -y no por eso es ineficiente- que Chile, Perú, Guatemala y Costa Rica están dispuestos a trabajar en un proyecto. Pero también manifiesta sus dudas respecto a lo que pueda pasar con México, porque recuerdo muy bien que el Canciller Castañeda había anunciado que el Presidente Fox no iba a recibir disidentes de La Habana, pero los recibió. Por lo tanto, la situación es tensa y México termina votando la moción presentada por Uruguay.

Se insiste en por qué Uruguay es protagonista, pero parece olvidarse que el Ministro lo explicó cuando vino el 4 de abril, y lo hizo como una forma de ayudar a Cuba con una moción que pudiera abrirle una avenida hacia la democracia y que no le rechinase, como sí podría ocurrir con la moción que viniese condenando, y para colmo, de un país ajeno a la región. Esto figura en las páginas cuatro y cinco de la versión taquigráfica de la Comisión. Decía el Ministro: "Por lo tanto, la idea que estamos manejando es no dejar el tema Cuba en el limbo." Y más adelante agregaba: "Sin embargo, está muy claro que si creativamente somos capaces de generar alguna base que pueda significar la muestra responsable de la comunidad internacional sobre el compromiso con la protección de los Derechos Humanos y la convocatoria a Cuba para que colabore en la presentación de su situación política real, al menos habremos producido un hecho nuevo que en las actuales circunstancias entendemos que es nuestro deber producir porque estimamos que la región no puede permanecer ajena. ¿Qué legitimidad tendríamos para pronunciarnos mañana sobre una situación política en un Estado determinado basado en la Carta Democrática de Lima, si con respecto a un Estado de la región, que es un país hermano, eso ya está planteado hoy y mantenemos al respecto un puntual silencio? ¿Qué legitimidad tendríamos para hacerlo selectivamente con algunos y con otros no? Por consiguiente, el Uruguay colabora en el examen de este tema junto con otros países de la región interesados en él." Esto, repito, lo dijo el Ministro en la Comisión de Asuntos Internacionales del Senado.

Entonces, no entiendo por qué ahora hay dudas y recelos en cuanto a cómo surge la moción.

Para finalizar esta interrupción -y adelanto que luego haremos uso de la palabra-, digo que me llama la atención la dualidad de criterios. Me pareció escuchar que se decía que el Ministro tiene que irse. En los días que se estaba gestando esto, el 11 de abril, el Presidente del Encuentro Progresista - Frente Amplio se encontraba en España, sin mucho éxito, porque no obtuvo las audiencias que esperaba se le concedieran. Allí le preguntan sobre lo que estaba pasando con relación a la propuesta de Uruguay, y hay que ver lo que contesta el doctor Tabaré Vázquez. Dijo: "En cuanto a eventuales presiones externas para votar contra Cuba, no me gusta prejuzgar y no tengo elementos para hablar de presiones. Sé del comportamiento serio de nuestra Cancillería, más allá de compartir o no sus acciones. También sabemos que nuestro Canciller es una persona seria, respetada internacionalmente por sus aptitudes y conocimientos."

Parto de la base de que el Canciller Opertti, en los Ministerios que ha ocupado y en sus respectivas comparecencias -muy generosas- a cuanta Comisión se lo ha citado y también al Plenario de la Cámara de Representantes y del Senado, no necesita abogados. Entonces, como no necesita abogados consiguió a un médico para defenderlo: el doctor Tabaré Vázquez. Y quienes piden el voto para él, también piden que el Ministro se vaya cuando resulta que en España no lo atiende nadie, pero elogia, por sus conocimientos, por su probidad y su seriedad al Canciller al cual hoy solicitan que se retire.

Muchas gracias.

SEÑOR PRESIDENTE (Dr. Correa Freitas).- Puede continuar el señor Ministro.

SEÑOR MINISTRO.- Muchas gracias, señor Presidente

SEÑORA ARISMENDI.- Pido la palabra para una pregunta a la Mesa.

SEÑOR PRESIDENTE (Dr. Correa Freitas).- Está en uso de la palabra el señor Ministro de Relaciones Exteriores.

SEÑORA ARISMENDI.- Quiero saber cómo seguimos, señor Presidente.

SEÑOR PRESIDENTE (Dr. Correa Freitas).- Está en uso de la palabra el señor Ministro de Relaciones Exteriores.

SEÑOR MINISTRO.- Voy a agotar mi presentación del mismo modo que...

SEÑORA ARISMENDI.- Se puso enérgico, señor Presidente.

(Campana de orden)

SEÑOR PRESIDENTE (Dr. Correa Freitas).- La Mesa ruega a los señores Senadores que mantengan el orden.

Continúa en uso de la palabra el señor Ministro de Relaciones Exteriores.

SEÑOR MINISTRO.- Antes de entrar a la cuestión de los efectos que tuvo la adopción de la Resolución por parte de la Comisión, quiero señalar algunas indicaciones sobre cómo nuestro país ha acompañado ponencias, propuestas por Cuba en la propia Comisión de Derechos Humanos de Ginebra en el LVIII Período de Sesiones, para marcar con ello que Uruguay no tiene una posición que pueda ser calificada de anticubana, puesto que si la tuviera, es decir, una posición anti Cuba en una forma dogmática, maniqueista, no hubiera votado como votó algunas de las resoluciones de proyectos presentadas por Cuba. Voy a mencionarlas, porque me parece extremadamente importante. Cuba presentó una resolución sobre el aumento de la eficacia de los métodos de trabajo de la Comisión buscando, precisamente, mejorarlos a la luz de lo que ha sido la evaluación de los últimos años. Uruguay vota a favor.

Cuba presentó una propuesta sobre el tema del derecho de los pueblos a la libre determinación y su aplicación a los pueblos sometidos a la dominación colonial o extranjera o a ocupación extranjera, que fue abarcado en la Resolución Nº 2002/5, que refiere a la utilización de mercenarios como medio de violar los derechos humanos y obstaculizar el ejercicio del derecho de los pueblos a la libre determinación. Uruguay votó a favor. Esa resolución obtuvo 36 votos a favor, 8 en contra y 9 abstenciones.

Cuba presentó una Resolución sobre consecuencias de las políticas de ajuste estructural de la deuda externa para el pleno ejercicio de los Derechos Humanos, especialmente los derechos económicos, sociales y culturales, que llevó el Nº 2002/29. Fue aprobada por 29 votos a favor, 15 en contra y 9 abstenciones. Uruguay vota a favor y patrocina el proyecto de resolución cubano.

Cuba presentó una propuesta sobre promoción del derecho de los pueblos a la paz, en un contexto internacional en el que este tipo de proyectos tienen la lectura que corresponde a la situación en la cual se inscriben. Sale aprobado con 33 votos a favor, 16 en contra y 5 abstenciones. Uruguay vota a favor.

Cuba presentó la Resolución Nº 2002/73 sobre los Derechos Humanos y la solidaridad internacional, que registra 38 votos a favor y 15 en contra. Uruguay vota a favor.

Cuba presentó la Resolución Nº 2002/80 sobre composición de la Oficina del Personal del Alto Comisionado de las Naciones Unidas para los Derechos Humanos, importante resolución si se le ven las perspectivas de su aplicación para los pasos inmediatos a seguir por ese país.

Esta resolución es aprobada por 36 votos a favor, 14 en contra y 3 abstenciones. Uruguay vota a favor y otorga el copatrocinio, coherentemente con su posición de hacer funcionar los mecanismos de Derechos Humanos y de aplicarlos para este u otros casos. A nuestro juicio, esto demuestra a cabalidad que no hemos ido a la Comisión de Ginebra a plantear una oposición a rajatabla con Cuba o una confrontación ciega con ella. Respetamos su derecho a tener el sistema político que sustenta; respetamos su decisión autónoma y, por ello, desde 1985 tenemos relaciones diplomáticas con ella, infelizmente rotas en estas horas. También sabemos que las relaciones diplomáticas no se basan en la identidad de los sistemas políticos y, por eso, mantenemos relaciones diplomáticas con países que no tienen uno similar al nuestro. En el caso particular de Cuba, país iberoamericano y de la región que, además, ha comprometido su posición, incluso, en la propia declaración de la Cumbre de La Habana, emitida desde allí, esta nación expresa que: en nuestras relaciones internacionales reiteramos el firme compromiso de cada uno de los Gobiernos de fortalecer y hacer efectivo el funcionamiento de las instituciones democráticas, el pluralismo político, el Estado de Derecho, el respeto a los Derechos Humanos, las libertades fundamentales, incluido el derecho al desarrollo. Esta es, reitero, la Declaración de la Cumbre de La Habana y no son palabras del señor Colin Powell ni del Departamento de Estado, así como de ninguna otra fórmula que pudiera haber incidido en nuestro pensamiento.

Si el señor Presidente lo permite, quisiera ingresar al tercer tema que he anunciado.

SEÑOR FERNANDEZ HUIDOBRO.- ¿Me permite una interrupción, señor Ministro?

SEÑOR MINISTRO.- Si me disculpa el señor Senador, por esa vía estamos, de alguna manera, eludiendo la consideración con tiempo suficiente del tema que, quizás, como país, Estado, Parlamento y Poder Ejecutivo, más importa en este momento. Me refiero a no evaluar si nos hemos acercado o alejado del MERCOSUR, donde hemos tratado de expresar lo que hemos demostrado; también hemos puesto de manifiesto la génesis de nuestra resolución que, en definitiva, no es malsana ni ilegitima o hace de esto una suerte de base para el escarnio público. Por lo tanto, ahora, voy a analizar la relación razonable de causa-efecto que existe entre la actitud del Gobierno uruguayo y las expresiones del Gobierno cubano.

El día 5 de abril, el Ministro de Relaciones Exteriores de Cuba, Felipe Pérez Roque, dijo lo siguiente: "Hay tres países que han dicho ya que votarían en contra de Cuba, aun cuando todavía no hay ni documento ni quien lo presente. Es un caso, yo diría, insólito; una actitud nueva en la que un país expresa su disposición a votar a favor de algo que todavía no existe y nadie ha presentado. Vamos a decir que hay una prueba de servilismo virtual. Ellos están dispuestos a agacharse cuando todavía nadie lo ha pedido. Me refiero al Gobierno de Argentina, al Gobierno de Uruguay y al Gobierno de Costa Rica. Los tres, de un modo u otro, han expresado, han dicho en estos días, que están dispuestos a votar contra Cuba, aunque todavía no se sabe cuál es el texto y, como sabemos ahora, es que en Washington lo están elaborando y discutiendo con las Embajadas latinoamericanas allí, pidiéndoles apoyo. De manera que hemos visto un caso singular de decisión de un voto cuando todavía no se sabe sobre qué hay que votar, lo que yo llamaría una posición coherentemente genuflexa a los intereses de los Gobiernos de los Estados Unidos". Y agrega que: "También el Presidente Batlle ha expresado que Uruguay votará contra Cuba, aunque todavía, como ya dije, no se sabe qué va a votar. En el caso de Uruguay, sin embargo, debo hacer constar que la Cancillería uruguaya considera que su país debería abstenerse y no debería votar a favor de un proyecto contra Cuba y que no debería presentarlo". Sigue diciendo: "Sabemos que esa es la opinión de la Cancillería uruguaya y que el Canciller uruguayo en el día de ayer se lo explicó asimismo a la Comisión de Relaciones Internacionales del Parlamento".

Aquí hay varias cosas. Hay calificaciones que no voy a reiterar, ya que creo que son suficientemente claras por sí mismas. Se habla de una "actitud genuflexa" y de "servilismo virtual", pero también hay una deformación de la verdad, porque se asigna a la Cancillería un pensamiento distinto de aquel que el Gobierno como tal sostuvo cuando, en realidad, esa sesión a la que se alude, precisamente, fue motivo de explicación de todo lo que antes, en la participación del señor Senador Gargano y la nuestra, quedó de manifiesto. Es decir, la forma en que se venía trabajando en el tema y, de ninguna manera, una discrepancia o disenso entre una opinión presuntamente técnica y una opinión de Gobierno.

Sobre el tema de los Derechos Humanos estimo -y lo dije en la Comisión de Asuntos Internacionales de la Cámara de Representantes el día 17 de abril- que es un tema que indudablemente se corresponde con un tipo de opinión o dictamen que se coloca mucho en la dimensión no exclusivamente normativa o jurídica, sino en la propia dimensión política, razón por la cual hemos entrado a reorganizar ese sector, cosa que yo puse en conocimiento, en su momento, en forma personal y directa, al propio señor Senador Gargano. Vale decir que, con ello, no estoy haciendo de ninguna manera calificaciones sobre las personas involucradas o participantes, sino que simplemente estoy diciendo que los pronunciamientos sobre los Derechos Humanos en el Uruguay o en cualquier país de la tierra, siempre son extremadamente difíciles para un asesor o consultor.

En este caso en particular, me quiero quedar exclusivamente en este momento con esta declaración del Canciller Pérez Roque y ver si ustedes entienden cuando dice que Uruguay cuida muy bien sus mercados de carne y lana de oveja cuando trata de votar en Ginebra; cuando dice que según nuestra reacción realmente no tomamos en serio al señor Presidente Batlle; ni siquiera sus ofensivas declaraciones sobre Cuba en días recientes; que no lo tomamos en serio y nos parece que no vale la pena, etcétera. Es decir que aquí hay un cúmulo de comentarios que son impropios de una relación diplomática basada en lo que debe ser el código de conducta desde el punto de vista de los países.

Eso determinó que el día 5 de abril llamáramos en consulta al Embajador acreditado en La Habana, Enrique Estrázulas, en acuerdo con el Presidente, adoptado esa misma noche.

El día 6 de abril, el Embajador Valles, Subsecretario, convoca al Embajador cubano para que, en su caso, confirme, ratifique, aclare o formule algún tipo de comentario sobre las expresiones vertidas por su Canciller en La Habana.

El día 9 de abril, el Embajador cubano anuncia que la Cancillería de su país realizaría una declaración. Naturalmente, en ese momento, no hace ninguna declaración, ni la hace desde esta fecha hasta pasados muchos días, como verán enseguida los señores Senadores.

El día 10 de abril se presenta el proyecto.

El día 13 de abril soy consultado por medios periodísticos en San José de Costa Rica acerca de cómo ve el Gobierno uruguayo las posibilidades de salir de esta situación. Le contesto al periodista que estamos en una actitud de expectativa, que hemos abierto una suerte de compás de espera; me estoy refiriendo a la parte de la relación diplomática, no a lo referente al proyecto de resolución que ya estaba encaminado de la forma en que expresaba.

El día 19 de abril se produce la votación, con el resultado conocido de 23 a 21 votos, y con 35 co-patrocinios, es decir, países que si bien en este momento no están integrando la Comisión, sí están de acuerdo con esta propuesta, lo cual revela una masa importante de representatividad desde el punto de vista de la política internacional, que es una de las cosas que un Canciller debe vigilar. Me refiero a que las decisiones o resoluciones que prohíja o coestimula guarden correspondencia razonable con lo que la sociedad internacional prefiere o reclama.

Como dije, el día 19 se votó la Resolución. El 22 de abril, el Presidente Fidel Castro -paso por alto muchas expresiones, porque no quiero entretener al Senado en detalles puntillosos- expresó lo siguiente: "El miércoles 10 de abril el trasnochado y abyecto Judas que preside el Uruguay, asumiendo el inglorioso papel de lacayo que venía desempeñando la República Checa, presentó ante la Comisión de Derechos Humanos el engendro contra Cuba, concebido y fraguado con Washington por el Canciller Castañeda. Hay algo más: hasta se nos amenazó con romper relaciones. Un Gobierno en el cual un Ministro de Salud asesino permitió que murieran niños sencillamente por no adquirir las vacunas de Cuba, único país que las producía con las características adecuadas, según informó el Instituto francés Pasteur al responder una consulta de Uruguay." Luego agrega: "Es ruin y miserable esa política del Gobierno uruguayo y a Cuba no se le puede amenazar. Nadie la puede amenazar. Ha vivido cuarenta y tres años amenazada por el gigante que es hoy tres veces más fuerte de lo que fuera entonces."

Estas declaraciones fueron formuladas, reitero, por el Presidente Castro el día 22 de abril. El 23 del mismo mes, tras el acuerdo presidencial correspondiente, se hizo la declaración de persona non grata del Embajador Joaquín Alvarez Portela, y se convierte en retiro definitivo el llamado al Embajador Estrázulas acreditado en La Habana, con la comunicación pertinente. También ese día el Presidente Batlle anuncia la ruptura de relaciones con Cuba. Ese mismo día viajé a Polonia. Y el 24 de abril el Embajador Valles convocó al Embajador cubano para comunicarle que ha sido declarado persona non grata. En la noche de ese mismo día, el Subsecretario Guillermo Valles, Ministro interino en ese momento, se presentó a la Comisión de Asuntos Internacionales de la Cámara de Representantes a informar sobre lo actuado, sin que compareciera la Bancada del Encuentro Progresista-Frente Amplio.

El 24 de abril, el Embajador Joaquín Alvarez Portela emitió unas declaraciones en las que, refiriéndose a nuestro país, señala lo siguiente: "En él pululan los asesinos y los torturadores, razón por la cual he pedido la correspondiente seguridad". Cabe aclarar que esa seguridad le había sido ofrecida por el propio Vicecanciller Valles sin que mediara solicitud de su parte, como corresponde en estos casos, hasta que el Embajador dejara su puesto.

El 4 de mayo se produjo la partida del Embajador Alvarez Portela, y ese mismo día, el Ministro Pérez Roque hizo unas declaraciones respecto del señor Ministro Fraschini, que también son de público conocimiento, enrostrándole la condición de asesino.

El día 6 de mayo, se dictó el decreto de ruptura de relaciones diplomáticas. Estamos absolutamente convencidos de que la ruptura es un acto trascendente, importante. Creemos no haber sido entendidos en nuestro gesto. Pensamos que no se entendió, más allá del detalle literario, de lo que pueden ser los estilos y las expresiones, que nuestro país, como Estado, se encontraba, se encuentra y se encontrará dispuesto a ayudar a Cuba en la medida de sus posibilidades. Considero que todos, oposición y Gobierno, deberíamos sentir el prestigio de ser administradores; me refiero al prestigio internacional que el país, la República tiene y del cual podrán valerse el Gobierno A, B o C, cualquiera sea al que le toque ocupar la Administración en este sistema político de libertades. Por esta razón, nosotros decimos que no hemos roto relaciones con alegría ni como un acto de triunfalismo. Se nos ha preguntado si éste fue un acto de la diplomacia del Estado uruguayo, a lo que hemos contestado rotundamente que no. Aquí no hay, ciertamente, ningún triunfo, sino una actitud responsable del Jefe de Estado de todos los uruguayos, según el artículo 159 de la Constitución. Por cierto, estoy en presencia de distinguidos abogados constitucionalistas, cuando yo soy modesto y especializado en el Derecho Privado. Pensemos si es posible mantener relaciones diplomáticas normales con un Estado cuyo Jefe califica a nuestro Presidente de abyecto, vale decir vil, prostituido. La lista de calificaciones del Diccionario de Antónimos y Sinónimos de la Real Academia en esta materia es casi exhaustiva: todos son los adjetivos más negativos que se le pueden endilgar a una persona. No entro en el tema de Judas, con mayúsculas -así, al menos, se reproduce en una nota de prensa- porque abriría un debate de otra naturaleza, en todo caso, referido a la traición. Me parece que el calificativo "abyecto" constituye algo irreparable en las actuales circunstancias. Además, del mismo modo que el establecimiento de relaciones diplomáticas en 1985 fue saludado con alegría y como el reconocimiento de que, aun teniendo diferencias desde el punto de vista filosófico político, podíamos mantener vínculos diplomáticos basados en el respeto mutuo con Cuba, los hechos posteriores demostraron cuán difícil fue protegerlos y mantenerlos en pie. Cuatro episodios que tuvieron por protagonistas a sendos Embajadores cubanos, mostraron que muchas veces era difícil impedir pronunciamientos que hacían a la política interna uruguaya, relacionadas particularmente con el empleo de la fuerza en etapas que históricamente el país había pasado. Naturalmente, no era ese el momento adecuado para evocar esos hechos, mucho menos, cuando quien lo hacía representaba diplomáticamente a un Estado extranjero.

Decía, señor Presidente, que los hechos mostraron cuán difícil fue llevar adelante esa situación. Yo mismo tuve que vivir alguna circunstancia relacionada con ese trayecto. ¡Pero un hecho de esta índole, intensidad, tamaño, gravedad e intencionalidad es absolutamente nuevo! Esto no tiene comparación alguna con los antecedentes que he tratado de relevar en la ruptura de relaciones diplomáticas -fueron varias- con Cuba en la década de los 80. Rompió relaciones con distintos países de la región y luego las restableció. Incluso, tengo una carpeta que contiene información al respecto. En su momento, rompió relaciones con Costa Rica, Venezuela y Jamaica. Durante todo este tiempo, desde el restablecimiento, hemos mantenido una actitud que incluso se expresó con la visita del Presidente Fidel Castro en 1995, que constituyó el primer acto de invitación de corte de visita bilateral a un Estado latinoamericano, tras 24 años de ausencia de la región.

Estos hechos son importantes, trascendentes y, por lo tanto, no es fácil tener una suerte de respuesta automática, absolutamente clarividente que convenza a tirios y troyanos. Pero lo importante es colocar este asunto en la dimensión del Gobierno, en la perspectiva de la responsabilidad del Gobierno, que es donde corresponde situarlo. Es desde allí que decimos que, en este in crescendo, en este aumento progresivo del estado de descomposición del diálogo, no había alternativa. Así lo reconocieron públicamente los ex Presidentes Lacalle y Sanguinetti, al igual que también intentó hacerlo en una instancia inicial el propio doctor Tabaré Vázquez quien -acaso por un conocimiento personal recíproco, no profundo, pero sí suficiente como para que cada uno tenga una valoración del otro- indicó que esperaba primero conocer los hechos, para tener luego una dimensión global del tema, sin perjuicio de adelantar que el señor Canciller le merecía consideración.

Lo importante aquí es ver cómo salimos de esto y si este acto de ruptura tiene vocación de permanencia o de cambio. Esto está íntimamente ligado a la Resolución porque es evidente que si a través del operativo de la misma se logra mantener una relación de cooperación internacional con Cuba que haga innecesaria la presentación de propuestas similares a esta y que aliente a los gobernantes a recuperar en su relación recíproca el trato que les corresponde en sus responsabilidades públicas, esta ruptura correrá la suerte que tendrán las relaciones de Cuba, no con nosotros, sino con el sistema internacional en su conjunto, particularmente con el de Naciones Unidas en materia de protección de Derechos Humanos. Por lo tanto, no es un tema adjetivo, secundario o accesorio, el relativo a la ruptura con Uruguay. En todo caso, este es el cierre de una relación que de alguna forma se fue trasladando de un terreno en el que la operación de análisis fue reemplazada por el agravio, por el maniqueísmo y por la manifestación excluyente. Este es el punto en el que desearíamos dejar colocada esta cuestión, y no como una declaración de guerra al sistema político cubano. La Constitución de ese país es distinta de la nuestra; su sistema es diferente del que rige en nuestro país. El señor Presidente es constitucionalista y conoce bien el Derecho Comparado Constitucional. Podrá apreciar que resulta difícil encontrar en esos ciento cuarenta artículos una sinonimia o una alternativa de comparación con nuestra Constitución; es realmente difícil encontrar una dogmática destinada a los derechos, deberes y garantías y un desarrollo de las competencias de los poderes y las relaciones de estos entre sí, así como un control de la constitucionalidad o legalidad de los actos del Estado. Eso es difícil porque allí hay una suerte de modelo distinto del nuestro. Seamos lo suficientemente tolerantes como para admitir que existe la posibilidad de modelos diferentes, pero seamos también claros y digamos que los compromisos contraidos a nivel iberoamericano no son solamente para la letra y para la historia gráfica de las Resoluciones, sino para el compromiso del cumplimiento de los Estados que las suscriben. Con Cuba hemos tenido Resoluciones sucesivas de estas Cumbres, que luego no hemos visto satisfechas en los hechos.

Como último dato quiero decir que el Presidente Fidel Castro no estuvo en España; no se hizo presente en la Cumbre América Latina - Unión Europea. Allí, pude percibir en vivo y en directo la sensación, diría de preocupación, del Gobierno español por la ausencia del Presidente Castro, porque esto agrega un elemento ya no referido a Uruguay, sino a España, que es el principal inversionista en Cuba, y el país con el que históricamente mantiene lazos más vivos y vigentes. Acaso ellos sean los que explican los episodios a que aludió en modo lateral el señor Senador Gargano referidos al incidente entre Paco Flores y Fidel Castro por motivo de la negativa del representante cubano a asociarse a un proyecto de resolución condenatorio de la muerte producida cuarenta y ocho horas antes por un atentado etarra en España. Quisiera creer que esta ausencia de Castro no tiene que ver con una contumacia en esa posición de no servir suficientemente en el terreno de la cooperación internacional a un país sacudido por el terrorismo, como es España. También desearía creer que en esto no hay un rasgo de disolución de esa relación que permitía mantener un puente abierto con Cuba desde la Unión Europea. Es extraño que precisamente sea bajo la Presidencia española de la Unión Europea y en Madrid, que se haya producido esta situación.

Concluyo mis manifestaciones en este momento y, naturalmente, estoy dispuesto a contestar las preguntas que se consideren necesarias. Simplemente he tratado de reflexionar sobre nuestra evolución en el tema económico, en el comercial, en el institucional, en lo relativo al MERCOSUR, en nuestra relación con Estados Unidos, en el 4 + 1, en el ALCA, sobre nuestro papel en la Organización Mundial de Comercio, y de dar una serie de pantallazos muy generales de nuestra actuación que, por cierto, ha sido detenidamente examinada en el seno de la Comisión de Asuntos Internacionales del Senado en oportunidades anteriores. También he pretendido concentrarme en el segundo núcleo temático que es el que realmente controvierte actos de política exterior concretos y presentes, como son los que atañen a la política de Cuba.

SEÑOR GARGANO.- Pido la palabra.

SEÑOR PRESIDENTE (Dr. Correa Freitas).- Tiene la palabra el Miembro Interpelante.

SEÑOR GARGANO.- Voy a intentar examinar brevemente la intervención del señor Ministro, a efectos de que otros señores Senadores puedan hacer uso de la palabra.

Dividí mi exposición en tres partes, todas ellas relacionadas con la política exterior: una referente al relacionamiento regional y a nuestros vínculos con el ALCA y con Estados Unidos en un planteo bilateral. Quiero señalar que a veces uno parece no escucharse, pero yo escucho y atiendo. Créame señor Ministro que dije que me parecía bien que se mantuvieran relaciones con todos los países del mundo, más allá del régimen político que tuvieran, y señalé los principios que guiaban esa orientación. Por lo tanto, no me sorprende que el señor Ministro visite Irán y que promueva las relaciones comerciales con ese país; me parece bien que lo haga y que, si mañana corresponde, visite Arabia Saudí, aunque de pronto tengo diferencias abismales con el sistema penal y la manera como actúan esos países en el campo internacional.

Quiero decir que -no sé si el señor Ministro lo sabe, pero el señor Vicecanciller está informado- en lo que tiene relación con el restablecimiento de las relaciones diplomáticas con la República Popular China, algo hice para que ese objetivo se lograra, coordinando mis acciones con la Cancillería. Acá lo importante es por qué se elige a un país como Cuba como centro de operaciones en torno a los Derechos Humanos y no a otros, que es lo que hemos advertido desde el principio.

Me referí al MERCOSUR, a la economía uruguaya y a las declaraciones del ex-negociador principal de Brasil en el MERCOSUR, señor Botafogo. Créame, señor Presidente, que estoy absolutamente seguro de que el actual Embajadoar de Brasil en Buenos Aires no dijo lo que dijo sin que su Gobierno estuviera enterado. Esto no pasa en la Cancillería brasileña jamás. Si dijo lo que dijo es porque había un hondo y profundo malestar, y no conozco ninguna declaración que haya rectificado esas manifestaciones. Claro que atiendo la actitud de grandeza y de bien hacer diplomático de decir que Brasil entendía que Uruguay sufría graves problemas económicos. Me parece muy bien que el Presidente de Brasil lo haya señalado. En torno a las relaciones diplomáticas, el Canciller nos dice que cómo vamos a cuestionar que se busquen otros mercados. Expresamente manifesté que lo considero excelente. ¿Quién cuestionó que se haga un convenio con México, si todos dijimos lo bueno que era cuando se logró? ¿Y cómo vamos a cuestionar a Brasil que ahora lo promueva, después que nosotros lo hicimos y lo llevamos adelante? Me parece bien, y no lo podemos cuestionar.

Estoy siguiendo punto por punto las manifestaciones del señor Ministro.

El señor Ministro habló de la devaluación. El señor Senador Couriel ya contestó en parte. Yo digo que era previsible todo lo que iba a pasar, porque Brasil estaba pagando a 30 días el 40% de interés por los Bonos que emitía y había logrado que en solo un año la deuda externa de su país trepara de U$S 110.000:000.000 a U$S 250.000:000.000. Nadie sabía cómo iban a hacer, si no pasaba lo que ocurrió. Todos lo decíamos aquí, una y mil veces, especialmente la gente que tiene competencia técnica en el Uruguay. Se dijo que esto autorizaba a que Brasil actuara como actuó. Dije -y creo tener buena memoria; además, figura en la versión taquigráfica de mi exposición- que me parecía que ese tipo de medidas que repercuten profundamente en los socios del MERCOSUR deben consultarse o adelantarse, por lo menos, pero acá lo que se hizo fue desmentirlo. El Gobierno uruguayo apoyó ese desmentido con una actitud de su Ministro de Economía y Finanzas, a través de una conferencia de prensa, publicitando el video de Malán, en donde desmentía terminantemente que se iba a operar una devaluación.

Estoy absolutamente de acuerdo con que hay que buscar otros mercados alternativos. También dije que me parece bien que mañana recuperemos el mercado de carnes de Estados Unidos y que ojalá nos aumenten la cuota en todo lo que cuotifican. Ojalá que también abran el mercado de los lácteos y el de los oleaginosos, lo que no está dicho.

Las principales preocupaciones de nuestros exportadores textiles, que nos trasmitió en la Comisión de Asuntos Internacionales el Presidente de la Unión de Exportadores, ingeniero Soloducho, radica en que con ellos no existe reciprocidad porque para entrar con los textiles en Estados Unidos hay que pagar un arancel del 35%. El señor Senador Pereyra, que también integra la Comisión de Asuntos Internacionales, puede dar fe que eso fue informado en ese ámbito, reitero, por el Presidente de la Unión de Exportadores. Naturalmente, queremos ingresar con los textiles, y ojalá podamos hacerlo con productos elaborados, de carácter industrial, y que no se pongan trabas. Estoy de acuerdo con ello y ojalá se tenga éxito. Lo que recalqué es que hay enormes dificultades para hacerlo y que existe una política que se predica hacia afuera, pero se practica la contraria hacia adentro. Es con ese país que queremos buscar una relación de tipo bilateral. Pero voy a otra cosa.

El señor Ministro dice: "¿Es un paso atrás que exista una negociación con Estados Unidos?" Diría que para mí no lo es. Lo que quiero es que eso se haga en el marco de lo que prescribe el compromiso que tenemos con el MERCOSUR y la Resolución Nº 32 -no voy a leerla nuevamente porque es muy clara-, que obliga al país a hacer una negociación conjunta de los cuatros países para lograr un acuerdo entre todos con los Estados Unidos o con la Unión Europea, tal como se está haciendo, aunque sin mucho éxito hasta ahora, como sabe el señor Ministro, no sólo por la dureza de las posiciones de la Unión Europea, sino también por las dificultades existentes en el MERCOSUR para conseguir acuerdos sobre qué contraprestar a la Unión Europea.

SEÑOR MINISTRO.- ¿Me permite una interrupción, señor Senador?

SEÑOR GARGANO.- Con mucho gusto.

SEÑOR PRESIDENTE (Dr. Correa Freitas).- Puede interrumpir el señor Ministro.

SEÑOR MINISTRO.- Prometo al señor Senador Gargano ser muy breve.

Deseo aclarar que hemos ido a los Estados Unidos con la finalidad de remover los obstáculos al comercio. Ese ha sido el objetivo básico en el tema sanitario, en el de acceso al mercado y en el de sistema de compra de los lácteos, cosa que ya habíamos hecho en setiembre de 1999.

Naturalmente, ante la posibilidad de llegar a mayores niveles de asociación comercial con los Estados Unidos a través de esta Comisión de Comercio e Inversiones -no es sólo de comercio, sino también de inversiones-, podríamos considerar, al usar el mismo sistema que utilizó Chile, que estamos colocados desde la perspectiva de un eventual acuerdo de libre comercio.

El tema de la Resolución Nº 32 -tantas veces mencionada y en vigor-, no lo planteamos nosotros, pidiendo al conjunto de los socios una autorización para negociar, porque aún no hemos llegado a una etapa en la cual eso sea necesario. Si como país llegáramos a negociar mejores condiciones de acceso, que se tradujeran en la celebración de un nuevo convenio que, por ejemplo, en el sistema de preferencias arancelarias introdujera otros productos o mejorara nuestro acceso al mercado de otra forma y tuviéramos necesidad de realizar un acuerdo, seguramente tendríamos la necesidad de colocar este tema en la circulación mercosureña. No lo hemos hecho hasta ahora, porque hemos actuado al amparo de la comprensión que los países socios han tenido con nosotros. De modo, pues, que de ninguna manera podría suscribir que al día de hoy estemos violentando o violando esa Decisión Nº 32, cuya vigencia no está en discusión.

SEÑOR PRESIDENTE (Dr. Correa Freitas).- Puede continuar el señor miembro interpelante.

SEÑOR GARGANO.- Señor Presidente: examino lo último que ha dicho el señor Ministro: es ahora cuando tiene que hacerlo, porque es lo que ha dicho y pide Brasil, lo que ha indicado Botafogo, es decir, negociar en conjunto y no bilateralmente, y luego, cuando se obtenga el resultado, se verá, porque, entre otras cosas, la posición que se tiene en esas condiciones es absolutamente débil, inferior a la que se lograría cuando se negocia en conjunto.

Por lo demás, los señores Senadores conocen y el señor Ministro sabe que no en una, sino en varias reuniones de carácter internacional, las delegaciones brasileñas han puesto siempre como condición concertar las posiciones sobre las negociaciones del ALCA. El señor Presidente de Brasil ha hecho reiteradas declaraciones acerca de qué entiende sobre las negociaciones del ALCA y cómo no es posible permitir, antes de que se concrete un espacio económico más fuerte y sólido en América del Sur, entrar en el proceso de la Asociación de Libre Comercio de las Américas porque es prácticamente regalar el mercado latinoamericano. Reitero que eso lo ha dicho el Presidente de Brasil, Fernando Henrique Cardoso, así como también su Ministro de Economía. Por lo tanto, no estamos descubriendo nada.

Analicé las dificultades existentes. Celebro que el señor Ministro sea optimista, pero señalé lo que está haciendo Estados Unidos en su Congreso, tanto en su Cámara de Diputados como de Senadores, incluyendo setecientos productos sensibles que no se pueden negociar sin la autorización del Congreso, porque no hay vía rápida para ello; ahí se termina todo.

Además, manifesté que había un contexto en el cual -esto es lo principal para mí de esta primera parte, porque me parece una comprobación categórica de la razón que nos asiste en la primera parte- existían catorce declaraciones del Presidente de la1 República, diciendo desde que el futuro para crecer está fuera del MERCOSUR hasta que éste era el corralito para Uruguay. Por supuesto, no voy a reiterarlo. El señor Ministro no citó ni una sola vez que el señor Presidente de la República no hubiera dicho eso. La conducción de la política exterior la instrumenta el Canciller, pero la lleva adelante el Presidente de la República. Precisamente, el Presidente de la República ha dicho todo esto y está en estas declaraciones que he citado. No se puede desmentir, porque además fueron extraídas de las versiones que tiene la página web de la Presidencia de la República. El señor Ministro no habló una sola vez en el sentido de que el Presidente de Uruguay no haya hecho esa política, que es la que agujerea al MERCOSUR, la que lastima el proceso de unidad de la Región para todo y crea un clima que no es por supuesto el que permite elaborar una política que pueda sincronizar otros aspectos de las relaciones con Brasil, Argentina y Paraguay. Vuelvo a insistir en que no mencionó ni una sola vez al señor Presidente de la República en esta primera parte, y yo hablé no menos de 25 minutos sobre la forma en que el Primer Mandatario encara el relacionamiento, no sólo regional, sino también con Estados Unidos.

Está probado categóricamente que es así como se llevan las cosas. Creo que esta es la prueba concluyente de que esa es la orientación de que por ahí se va, pese a todos los argumentos que el señor Ministro esgrime de que no. Estoy de acuerdo, pero lo que se piensa sobre el MERCOSUR, sobre la relación bilateral con Estados Unidos está en la voz del señor Presidente de la República, que es el que determina cuál es la política.

Paso a otro tema, porque prometí ser breve. Con respecto a Venezuela, hablé públicamente; lo hice en el Senado de la República. No me voy a referir a la conversación bilateral que mantuve con el señor Ministro de Relaciones Exteriores porque pertenece a nuestra reserva...

SEÑOR SINGER.- Distinta a Fidel Castro.

SEÑOR GARGANO.- ...y en esa materia soy absolutamente leal, sobre todo, cuando tengo ese tipo de vínculo.

Yo soy yo y hablo por mí mismo; no asumo personería por los demás. Pero ese señor tiene algunas credenciales. Podrá estar equivocado o errarle pero, reitero, que tiene algunas credenciales, que no voy a valorar acá.

Quiero señalar que yo critiqué aquí lo que hizo el Gobierno de mi país con respecto al golpe de Estado en Venezuela. Lo hice acá y repito que no me parece que sea una buena conducta que al segundo día del golpe de Estado que llevó preso al Presidente de la República de Venezuela, que fue electo por dos veces consecutivas y ratificado en seis oportunidades electorales -se esté de acuerdo o en contra de él, era el Presidente legítimo-, el gobierno del Uruguay, por la palabra de su Presidente -lo escuché en la televisión y lo leí en la prensa- dijera el día sábado que estaba a la expectativa. A mí me parece una barbaridad.

Digo, además, que la resolución del Grupo de Río en Costa Rica sobre el golpe de Estado en Venezuela es, a mi juicio, absolutamente insuficiente porque, en realidad, lo que hace es condenar la interrupción del orden institucional de aquel país. ¡Bueno estaría que la aprobara! Pero explica que la interrupción del orden constitucional se debe a un proceso de polarización creciente, -reitero, ¡bueno estaría que lo aprobara!- y luego agrega -esto ya lo dije aquí, pero lo vuelvo a repetir- que lo que reclama son elecciones, es decir, da por sentado una realidad golpista y, entonces, lo que propone es que se convoque a elecciones. ¡Bueno estaría que no se dijera esto! No me parece que esto sea algo exultante y que sirva como elemento para decir que lo que hicimos está bien.

Nosotros promovimos acá que el Senado de la República emitiera una declaración, lo cual nos llevó casi 20 días y, por supuesto, una discusión bastante dura, que no hubiera sido necesaria porque simple y sencillamente propusimos que se condenara el golpe de Estado en Venezuela.

SEÑOR SINGER.- La aprobamos por unanimidad, señor Senador.

SEÑOR GARGANO.- Sí, señor Senador, la aprobamos por unanimidad pero después de una espera de 20 días y luego de una discusión en el seno del Senado, donde afloraron todas las cosas que el señor Senador ya sabe que, a mi juicio, mediatizaron esa declaración que creo debería haberse resuelto rápida y contundentemente no desde el Poder Legislativo, sino del propio Poder Ejecutivo, el que se mantuvo a la expectativa.

Paso ahora a la tercera parte de este asunto. El señor Ministro dijo que yo no había hablado de lo que él manifestó en la Comisión. Si el señor Ministro así lo desea puedo leer exactamente lo que traje escrito, pues lo que él leyó es exactamente lo que dije que él había dicho. Es decir que el señor Ministro se equivoca o no me escuchó, pero reitero que dije exactamente lo que él había dicho, y así consta en la versión taquigráfica. Insisto en que si el señor Ministro lo desea lo leo nuevamente, pues no tengo ningún inconveniente. Lo cierto es que yo trasmití en la Comisión palabra por palabra lo que había dicho el señor Ministro el 4 de abril.

Creo que el señor Senador Bayardi había hecho una pregunta -lamentablemente, ahora no está en Sala-, pero quiero decir a ese respecto que yo no conozco el proyecto que hizo el señor Ministro y no sé por dónde circuló. Me refiero a ese proyecto que no es el definitivo y del que no conozco su contenido. Hoy el señor Ministro nos mostró un original, digamos, de la servilleta del avión...

SEÑOR MINISTRO.- Son las bases, señor Senador.

SEÑOR GARGANO.- Pero yo no las conozco, nunca las leí.

SEÑOR MINISTRO.- Las leí en el Senado; las puede encontrar en la versión taquigráfica.

SEÑOR GARGANO.- No, señor Ministro, nunca lo hizo públicamente.

SEÑOR MINISTRO.- Las leí en el Senado.

(Campana de Orden)

SEÑOR PRESIDENTE (Dr. Correa Freitas).- La Presidencia les solicita que no dialoguen.

Puede continuar el señor Senador Gargano.

SEÑOR GARGANO.- Reitero, que no lo hizo públicamente, señor Ministro, pero no vamos a discutir sobre eso. No conozco más que lo que el señor Ministro nos mostró personalmente, no al Senado ni a la Comisión.

SEÑOR MINISTRO.- Lo dije en la Comisión, señor Senador.

SEÑOR GARGANO.- De todos modos quiero subrayar lo siguiente. Me parece que el tema de los papeles innominados y sin paternidad, reitero, es algo impresentable desde el punto de vista de la gestión del Ministerio. No creo que sea costumbre decir "Le acerco un papel, no diga que se lo di yo", porque así no se resuelven diplomáticamente las situaciones. En realidad, el señor Ministro tendría que haber trasmitido que el Uruguay presenta tal cosa y, verbalmente, comunique que se lo hemos presentado nosotros. Pero, reitero, no a través de papeles innominados.

Vuelvo a insistir en que el problema es la presentación del proyecto de resolución.

El Uruguay ha votado contra Cuba varias veces. Cuando lo hizo, se mantenían las relaciones diplomáticas y, naturalmente, el Gobierno de Cuba no estaba contento, pero nunca hubo improperios, adjetivos y tampoco se llegó al rompimiento de relaciones diplomáticas. El cambio sustancial, lo que califica la nueva conducta del Gobierno es que ahora se transforma en protagonista, porque no había quien asumiera esta situación.

Voy a decir algo que para mí es grave: si el Gobierno uruguayo hubiera llegado a la conclusión de que tenía que hacerlo, el señor Ministro debería haberse presentado al Senado, o lo hubiera hecho públicamente, para decir que luego de conversar con el señor Presidente de la República han llegado a la conclusión de que se debe promover a nivel internacional la condena a Cuba por tales y tales razones. Esa es una conducta absolutamente admisible, porque es dar la batalla de frente y asumir sus consecuencias. Podría estar radicalmente en contra de eso, pero esa sería una conducta clara y diáfana, que no daría lugar a la más mínima sospecha.

Entonces, no son problemas de percepción. El protagonismo es lo que ahora trajo como consecuencia todo el jaleo que se armó. Pero no sólo es el protagonismo, sino también el proyecto de resolución y el decirle "viejo chocho" a Fidel Castro, y esperar que él...

Eso se lo dijo el Presidente de la República, ¿o no? Habló en Televisa, lo acabo de leer. Ha sido publicado en todos lados, dijo: "es un show de viejo". El señor Ministro se sonríe y yo me pregunto qué impresión nos daría si hoy o mañana el señor Canciller pasa a ser Presidente de la República y otro Presidente dice que está haciendo un show de viejos, que tiene aburrido a todo el personal y que acabe con esto. Al parecer, ese es el estilo con el que conducimos las relaciones diplomáticas con otros países. Recientemente estuvo en nuestro país el Presidente de China, Jian Ze Min. Si le dicen algo así, seguramente el Gobierno chino en forma inmediata se lleva la representación diplomática. No se puede esperar que después de hacer agresiones no hayan contraagresiones, porque son reacciones que están condicionadas, sobre todo, si a eso se suma la conducta de ser protagonista de un proyecto de resolución que tiende a condenar a ese país por la violación de los derechos humanos en el marco de esa disposición, ítem 9, de la Agenda de la Comisión de Derechos Humanos de las Naciones Unidas, lo cual tiene una gravedad inusitada. En esto no hay vueltas.

Ahora bien, voy a los textos y voy a leerlos; no lo hice porque creí que todos lo conocían. Lo cierto es que el primer documento que circula del Departamento de Estado dice cosas como la siguiente: "Creemos que una resolución corta, simple y de no confrontación, quizás basada en la Carta de Democracia de la OEA" -a lo que aludió el señor Senador Korzeniak, que no se puso porque el Secretario General de la OEA dijo que, de no ser así, iba a tener que citar a una reunión de esta Organización- "haciendo hincapié en la situación de los derechos humanos y haciendo un llamado a una visita para investigar la situación, tendría mejores posibilidades de éxito".

El Departamento de Estado agrega: "Estaríamos muy complacidos de apoyar tal resolución. Esperamos que ustedes van a animar a los miembros regionales de la Comisión, a presentar tal resolución y a copatrocinar una resolución si se presenta un proyecto aceptable". Esto es lo que se dice el 1º de octubre.

Después hay otro documento más extenso que es el que entregó el Presidente Fox al Canciller Pérez Roque, hecho publicitado por la Cancillería cubana y no desmentido por el Gobierno mexicano. Por esta razón, está probado que el documento venía de los Estados Unidos. Lo dijo el Presidente Fox. En ese documento se habla de la indivisibilidad a que se refería hoy el señor Ministro, que era uno de los puntos contenidos en el proyecto, en el que se reconocía que los derechos humanos son tan absolutos como universales, que no son internos ni externos y que el ejercicio de la soberanía no puede ser usado como una excusa para justificar ninguna violación de los derechos fundamentales. Al mismo tiempo, reafirma que aunque es importante garantizar los derechos económicos y sociales, esa garantía no debe ser usada como una excusa para dejar de hacer énfasis en los derechos políticos y civiles. Asimismo, se llama al Alto Comisionado de Naciones Unidas de los Derechos Humanos a visitar Cuba para investigar, etcétera. O sea que sustancialmente tiene el mismo texto que los otros documentos.

Sigo sin conocer el proyecto que hizo el Ministro. Tengo aquí el texto presentado por Perú y ese es el documento base. Lo circuló Perú y tengo la convicción -es más, lo expresa la prensa peruana- de que ese Gobierno fue sometido a intensas presiones, pero optó por la presión de su pueblo no aceptando ser protagonista y presentador del proyecto de resolución, porque el Congreso de su país así lo decidió. Entonces, es la Cancillería uruguaya la que lleva adelante un proyecto cuyo texto tiene la información básica que viene del mes de octubre desde el Departamento de Estado.

SEÑOR MINISTRO.- Eso es inexacto.

SEÑOR GARGANO.- Es absolutamente exacto.

(Dialogados)

(Suena la campana de orden)

SEÑOR PRESIDENTE (Dr. Correa Freitas).- Por favor, no dialoguen.

Continúa en uso de la palabra el miembro interpelante, señor Senador Gargano.

SEÑOR GARGANO.- El proyecto de Perú con las dos modificaciones que leí, es decir, quitar la palabra "avance" y sustituirla por "esfuerzos", sacar la palabra "invoca" y reemplazarla por otra que ahora no recuerdo, es exactamente el mismo texto. Luego agrega una parte que sí la dijo el señor Ministro y, en ese sentido, soy absolutamente leal porque en la Comisión de Asuntos Internacionales del Senado nos dijo que iba a promover que el tema de Cuba permaneciera en la agenda y eso fue lo que incorporó al texto. Reitero que yo soy leal; usted lo dijo y cumplió.

Estas son las modificaciones que introdujo al texto del proyecto de Perú.

SEÑOR MINISTRO.- Es inexacto.

SEÑOR GARGANO.- Son problemas de percepción, yo creo que es así; tenemos posiciones distintas. En lo que a mí respecta, la documentación más los hechos me dan la percepción de que se actuó de la manera que yo creo, que fue absolutamente inconveniente para el país.

Voy a decir algo más. El Gobierno cubano hizo públicos algunos documentos fotográficos y videos, en los que los oficiales del Gobierno norteamericano se permitieron dentro de Sala en la reunión de la Comisión que no integran, prácticamente coaccionar -no me refiero a nuestros representantes porque no admito que hayan sido coaccionados- a algunos miembros, ya que se les pusieron al lado y los tuvieron amartillados hasta que se votó, en un acto que me parece impresentable desde el punto de vista que debe tener un país en el escenario internacional.

Señor Presidente: quiero decir algo que me hizo recordar el señor Senador Korzeniak y que me parece importante resaltar. El señor Canciller señaló acá que si Cuba no acepta esto y el observador, las cosas el año que viene van a ser más duras. Es así, ¿no? Hay un suceso reciente y es que Uruguay en la Comisión de Naciones Unidas, frente a los hechos que ocurrían en Israel y que aquí fueron examinados, no votó la condena hacia ese país. Esa es una conducta clara y no lo hizo por los hechos de Jenin. A pesar de esa resolución de la Comisión de las Naciones Unidas sobre los Derechos Humanos, protegió a Israel porque no lo condenó, sin considerar los hechos que todos vimos en la CNN. Si bien todos condenamos a la CNN, a veces si no fuera por ella no sabríamos absolutamente nada. La enjuiciamos muchas veces y decimos que tiene determinados sesgos, pero al final dice algunas cosas que nos lleva a pensar: ¡menos mal que está!

El Secretario General de la ONU Kofi Annan nombró una misión y un Observador, con la autoridad que le da su condición de tal. Frente a ello, el Gobierno de Israel dijo que no la dejaba entrar y no entró. ¿Saben lo que hizo el Secretario General de la ONU? Desarmó la Comisión dictando una resolución que la dejaba sin efecto. Esto ocurrió en medio de una situación terrible en donde todos los días morían decenas de personas.

Todo esto son percepciones y distintas maneras de ver las cosas. Es la forma que cada uno de nosotros tiene de enfocar los temas.

He dicho que hay un encuadre presidencial. Creo que este esquema en torno al MERCOSUR, a las relaciones regionales, a la forma de conducir la política exterior y los hechos de Cuba, no es una improvisación, sino que están articulados, conectados unos con otros. No separo el hecho de la Comisiones de Naciones Unidas de Derechos Humanos, de la opinión sobre el MERCOSUR, de las dificultades económicas que existen internamente, de la necesidad de conseguir otros mercados, de la política de la relación bilateral con los Estados Unidos. Yo sincronizo todo y me parece que todo tiene una explicación, y tal como le gusta decir al señor Senador Sanabria, vinculante. No podemos despegar lo de Panamá, lo de Monterrey, los reportajes, etcétera, de la desgraciada conclusión. Cuando debatimos la condena que propició la coalición de Gobierno a las declaraciones del Canciller Pérez Roque, dijimos que era una desgracia lo que había ocurrido y que se había generado una situación de tensión. Por todo ello, esperábamos que no ocurriera lo que finalmente sucedió, es decir, que no se rompieran las relaciones; lo dije yo desde esta banca. Desgraciadamente, sucedió todo lo contrario porque se siguió con lo mismo hasta el final. Por lo tanto, creo que se trata de una postura articulada, no improvisada, no producto de la irascibilidad de un momento. Cuidado, porque si es irascibilidad de un momento, de la improvisación del Presidente de la República, en materia de relaciones exteriores, estamos bien aviados, porque puede pasar cualquier cosa. Creo que no, que se buscó el resultado y por eso expresé al final de mi intervención -aclaro que leí esta frase- que no hay política de Estado ni tampoco política de la coalición de Gobierno ni tampoco política de partido de Gobierno. Como en muchos ámbitos de la vida del país, la política internacional es manejada en forma inconsulta y soberbia desde la Presidencia de la República. Repito que esa fue mi conclusión. Respeto mucho a las personas y creo que no es una irrespetuosidad decir que el señor Presidente de la República actúa de esta manera. No estoy juzgando la institución Presidencia de la República, sino la forma de conducir esa alta magistratura por el Presidente actual, que es otra cosa.

SEÑOR MINISTRO.- ¿Me permite una interrupción, señor Senador?

SEÑOR GARGANO.- Con mucho gusto.

SEÑOR PRESIDENTE (Dr. Correa Freitas).- Puede interrumpir el señor Ministro.

SEÑOR MINISTRO.- Es sólo a propósito del tema vinculado con Israel y Palestina. Nosotros teníamos pleno conocimiento de que Israel no había atendido las recomendaciones relacionadas con su acción contra la población civil, particularmente, y el empeoramiento de la situación. Visto que esa situación empeoraba y en virtud de que había que darle un apoyo a la Organización de Naciones Unidas para que esta pudiera seguir actuando, se votó una resolución que se denomina "Arreglo Pacífico de la Cuestión de Palestina". Dicha resolución tuvo 131 votos a favor, 6 en contra y 20 abstenciones. Uruguay votó afirmativamente.

En consecuencia, no sé exactamente a qué resolución se refiere el señor Senador, ya que también podemos citar la referida a asentamientos israelíes en el territorio palestino ocupado, incluida Jerusalén, y el Golan sirio ocupado, que Uruguay también votó a favor. Hemos votado a favor diferentes resoluciones, por ejemplo, la referida a las prácticas israelíes que afecten los derechos humanos del pueblo palestino en territorio palestino ocupado, incluida Jerusalén. En este caso, se aprobó por 145 votos a favor, incluido Uruguay, votando en contra Estados Unidos, Israel, Islas Marshall y Micronesia. Se abstuvieron Nicaragua y Papua Nueva Guinea. En el caso del Golan sirio ocupado, también votamos a favor y, de la misma manera procedimos con los derechos del pueblo palestino a la libre determinación, resolución que tuvo 161 votos a favor, incluido Uruguay. Este es el récord de votación y lo pongo a disposición. También he hecho llegar la copia de ese original defectuoso de mi máquina de escribir, a efectos de que sepa el verdadero origen del texto, sobre lo cual había dudas. También puedo hacer llegar las resoluciones que hemos tomado respecto del conflicto de Israel y Palestina, porque son documentos públicos por todos conocidos.

Muchas gracias.

SEÑOR PRESIDENTE (Dr. Correa Freitas).- Puede continuar el señor Senador Gargano.

SEÑOR GARGANO.- En realidad, yo referí a la conducta del Gobierno de Israel al no permitir la entrada de un observador de Naciones Unidas sobre el tema de Jenin. Esto es algo que vimos todos, no necesita pruebas, lo vio todo el mundo y también pudimos observar cómo el Secretario General de Naciones Unidas decía que retiraba la propuesta y disolvía la Comisión.

También señalé que había una moción de condena al Estado de Israel por violar los derechos humanos. Hubo un proyecto de resolución que Uruguay no votó y que decía, precisamente, eso; es más, lo vi publicado en la prensa. Este es un aspecto que pongo como un hecho, pero de pronto me parece legítimo, si la mayoría del Gobierno cree que Israel está actuando bien y no viola los derechos humanos, que no vote. Lo señalé como un hecho y no como una observación crítica.

Concluía mi intervención, señor Presidente, diciendo lo que mencioné recién. Creo que es la Presidencia de la República la que conduce, de la forma que he mencionado, las políticas de relaciones internacionales o política exterior del país, y pienso que no está bien, que va por un mal camino, que le hace daño al país, a la ciudadanía nuestra y a su relación con el mundo.

Naturalmente que, como ya dije, no puedo censurar al Presidente de la República; al Presidente de la República se le puede hacer un juicio político, pero no se lo puede derrotar en elecciones porque no hay reelección, tal como él lo señalaba en una intervención en Monterrey. Lo que ocurre es que el Canciller es el fusible en esta materia.

Deseo finalizar diciendo que las explicaciones que nos ha dado el señor Canciller sobre estos hechos que hemos mencionado, no son satisfactorias y a mí me reafirman en lo que he dicho desde el principio.

SEÑOR FERNANDEZ HUIDOBRO.- Pido la palabra.

SEÑOR PRESIDENTE (Dr. Correa Freitas).- Tiene la palabra el señor Senador.

SEÑOR FERNANDEZ HUIDOBRO.- Aquí se han citado palabras de Tabaré Vázquez elogiosas para la persona del señor Ministro, y a mí también me pasa lo mismo, es decir que coincido. A su vez, cuando escucho las explicaciones del señor Ministro, por ejemplo, la primera parte referida a la política internacional en materia económica y comercial, estoy tentado de aplaudir y suscribir plenamente esas explicaciones. El grave y gran problema que aquí estriba es que eso no tiene nada que ver con lo que dice el señor Presidente de la República; en absoluto, y ese es uno de los problemas que estamos discutiendo en este momento. Mucho de lo que hemos escuchado hoy aquí, no tiene nada que ver con las declaraciones del señor Presidente de la República. Tampoco sucede eso en el respeto y en la intención de ayudar a Cuba, de acuerdo a las declaraciones del señor Presidente en Monterrey. Cito esto como ejemplo para no hablar de la moción, del problema de los derechos humanos, etcétera. Esa es una gran interrogante que en lo personal me queda, en relación a lo que hemos vivido acá.

Por otro lado debo aclarar -voy a ser breve porque muchas cosas de las interrogantes ya las he planteado- desde qué posición personal miro todos estos acontecimientos. Ya lo dije aquí en el Senado de la República el 9 de abril, en oportunidad en que el Partido Nacional presentara una moción condenatoria de las primeras declaraciones duras del Canciller cubano. Se presentó una moción de condena que a la postre aquí fue votada por mayoría y, en ese momento, tuve la necesidad de explicar una especie de paradoja. No voy a leer la versión taquigráfica para ahorrarle tiempo al Senado, pero la voy a resumir lo más auténticamente posible y está a disposición. En esa instancia señalé que no me parecían buenas las declaraciones de ese Canciller cubano, pero no podía votar la moción porque seguía creyendo en la existencia de una cosa llamada "imperialismo", y hasta que no me demostraran -quizás me lo pudieran demostrar aquí en el Senado y estaba dispuesto a convencerme- que ese fenómeno no existe, seguiría creyendo en su existencia, a pesar de correr el riesgo de ser calificado por muchos como "dinosaurio". Decía esto aclarando bien el respeto que le tengo al pueblo de Estados Unidos, a su historia y a su revolución, a la que le debemos mucho y es quizás de las más hermosas. Incluso entendiendo que el pueblo de los Estados Unidos suele ser la primera víctima de los intereses imperialistas de ese país, sigo creyendo en la existencia del imperialismo norteamericano hoy en el mundo. Además, señalé que no podía votar aquella moción porque era funcional a los planes de eso que considero como el peor peligro de la humanidad en la actualidad, en especial por una mezcla muy combustible que se ha creado. Esta es una interpretación política y, quizás, si fuera diplomática, opinaría lo mismo, pero no sé cómo lo instrumentaría. Me refiero a una mezcla combustible que se ha creado entre esos minoritarios intereses imperiales con un señor Bush -que hasta el día de hoy, ni siquiera en Estados Unidos se sabe bien quién lo eligió-, que es un gran petrolero, hijo de petrolero y cuyo padre era amigo del padre de Bin Laden. A su vez, el Vicepresidente es petrolero y lo mismo sucede con el Secretario de Defensa y casi todos sus asesores. Concretamente es un Gobierno que huele a hidrocarburos; por eso es combustible y también lo es porque es muy pendenciero y peligroso.

Creo que así opina gran parte del sistema político norteamericano y ahora -esto no lo dije- interpreto bien la visita del ex-Presidente Carter a Cuba; creo que fue por los problemas en Estados Unidos y no en Cuba, confirmando de esta manera algunas de las cosas que creía y sigo creyendo.

Desde ese posicionamiento enjuicio la actitud del Gobierno uruguayo en relación con toda esta crisis que hemos vivido. Como dijo el señor Senador Gargano en aquella reunión del 9 de abril, lo peor que puede pasar aquí es que esto termine en una ruptura de relaciones entre Uruguay y Cuba, algo que sólo va a servir a los Estados Unidos. Por eso mismo es que enjuicio desde ese ángulo, tal vez equivocado, y digo todo esto porque, quizás, pueda tener algo de razón y esto pueda servir de advertencia, inclusive para guiar pasos peligrosos de nuestros diplomáticos por un mundo que hoy es particularmente peligroso.

Nunca creí -inclusive después del condenable y bochornoso atentado del 11 de setiembre, que hoy está investigando el Congreso si era conocido o no por los servicios de inteligencia de los Estados Unidos; y no lo dije porque es algo reciente- que Estados Unidos fuera a Afganistán a buscar a un Bin Laden que todavía no encontró, porque hace tiempo que dejé de creer en los Reyes Magos. Dije en aquel momento, y por todos lados, que Estados Unidos había ido a quedarse con Afganistán, como efectivamente lo ha hecho, así como con las reservas de hidrocarburos a ambas márgenes del Mar Caspio. Reitero que fue a quedarse con ese país, porque si realmente hubiera ido a buscar al terrorista, creado y prohijado por ellos, y a los talibanes, habría mandado un pequeño conjunto de tropas especiales -que las tiene, y muy buenas- y Bin Laden ya estaría en el infierno o en alguna cárcel.

Es peligrosa la situación, porque este señor que preside hoy los Estados Unidos para desgracia, en primer lugar del pueblo norteamericano, ha calificado, en su lucha contra el mal con reminiscencias bíblicas -algo a lo que se refirió el señor Ministro-, quiénes son los ejes del mal. Se proponía incluir a Yemen, Georgia y Filipinas, y ha incorporado a Cuba en estos días. ¡Qué peligroso es que un pendenciero de esta laya incluya en estos días a un país dentro de los que él entiende, en su justicia infinita, como ejes del mal, y que en la lucha contra esos países que prohíjan el terrorismo, incluso con armas bacteriológicas -que Cuba dijo que tenía, qué casualidad, después de la resolución que hubo en Ginebra-, no descartaba el uso del armamento nuclear! Francamente, esto es de alto peligro. Ni la Unión Soviética ni los propios Estados Unidos en los peores momentos de sus enfrentamientos más encarnizados llegaron a eso, ¡gracias a Dios! Pero este señor, para luchar contra los terroristas como quien caza mosquitos con escopeta, dice que no descarta, en sus aventuras planetarias, usar armamento nuclear. Es en ese marco que anunció el otro día, al conmemorarse los seis meses de los atentados a las Torres Gemelas, la segunda etapa, que se llama del "Juicio Final", y esta es otra de sus reminiscencias bíblicas.

Este país no acepta el Tribunal Penal Internacional, no ratifica ni suscribe la declaración a la que se refiere la moción presentada por Uruguay en Ginebra porque, entre otras cosas, esa Declaración de Respeto a los Derechos Civiles incluye la no existencia de la pena de muerte -que sí existe en los Estados Unidos- y está firmada por ciento veinte países. También se retiró del Tratado de Misiles Antibalísticos; no acepta la Convención sobre Armas Biológicas y Tóxicas firmada por ciento cuarenta y cuatro países; se opone al Acuerdo sobre el Flujo de Armas Pequeñas Ilícitas de la que es el mayor fabricante, exportador y contrabandista; rechaza lo que ciento veintidós países firmaron contra las minas terrestres, así como la prohibición del uso de minas y bombas antipersonales; declara muerto el Protocolo de Kyoto sobre el Calentamiento Global; niega discutir con la Unión Europea el macroplan de espionaje Ékelon, que nos está espiando a todos, en especial a los europeos; se retira de la Conferencia contra el Racismo en Sudáfrica; se retira de la UNESCO; incumple las resoluciones de la ONU que ordenan levantar el bloqueo contra Cuba, etcétera. Creo que existe el imperialismo y, obviamente, la mezcla de Sharon con Bush, para desgracia de la humanidad y de los israelíes y palestinos, es algo altamente comburente y combustible.

Reitero lo que dije el día 9 de abril, y así termino con estas citas: "Entonces, en ese contexto yo no quiero ser funcional con las estrategias del imperio en momentos en que él está muy peligroso a raíz de las aventuras en las que está embarcado y en las que nos está prometiendo que se va a embarcar. Mucho me temo que el hígado del norte de Sudamérica, que le duele mucho y que apunta no a Colombia ni a las FARC, sino a Maracaibo, pronto nos traerá grandes tragedias." Aclaro que no soy "pae umbandista" ni adivino. Dije esto aquí, en Sala, el 9 de abril y, lamentablemente, unas 48 horas después se dio el golpe de Estado con participación del imperialismo, según lo reconocen sus principales diarios, no los de izquierda ni los minúsculos que pueda leer la militancia anarquista "underground" en los Estados Unidos, que es mucha sino, como dije, los principales. Reitero que no soy adivino y la única información que tenía era la de unos uruguayos que desgraciadamente viven en Venezuela -digo desgraciadamente porque tuvieron que irse-, y que fue esta: a Chávez, que tomó el gobierno en febrero de 1999, se le había ocurrido, pocos días antes, tratar de cambiar el Directorio de lo que sería ANCAP en Venezuela, es decir, Petróleos de Venezuela Sociedad Anónima. Es insólito que recién en ese momento pudiera hacerlo. Siempre se dice que la única multinacional latinoamericana que existe es la de la droga y olvidamos esa gigantesca riqueza que produce 3:600.000 barriles de crudo por día; Uruguay consume 12:000.000, lo que quiere decir que podría abastecerlo en tres días. Multipliquemos por U$S 25 el barril en crudo y, además, tengamos en cuenta que es una multinacional que tiene refinerías diseminadas por los Estados Unidos y por Europa y que vende, no crudo, sino refinado, lo que convierte a Venezuela en el tercer exportador mundial y el primer proveedor de los Estados Unidos. Entonces, era obvio que Bush quisiera a Maracaibo. Aclaro que esta es mi interpretación. Vamos a tener muchos problemas en el norte de Sudamérica porque hay un gobierno imperial petrolero que "jiede" a nafta. Dije lo que iba a pasar y desgraciadamente se produjo.

Esto lo digo para que el señor Ministro vea -y en esto tengo que ser leal- desde qué perspectiva enjuicio la labor de la Cancillería. Tal vez, si pensara de otra manera no formularía críticas, pero como pienso de esta manera, creo que Uruguay se equivocó, porque contribuyó, quizás sin darse cuenta, con planes imperiales que, lamentablemente, como nos hemos enterado en estos días, incluyen a Cuba como uno de los ejes del mal. Es así que Carter corrió presuroso a Cuba, creo que dándole una bofetada en la cara al Presidente de los Estados Unidos, y Fidel lo recibió con los brazos abiertos. No quisiera estar en el pellejo de ningún cubano después de que Bush, nada menos, pone a su país entre los ejes del mal.

Ahora quisiera hacer una crítica más concreta -yendo de lo global a lo particular- acerca de la actuación de la Cancillería en este incidente, que es uno de los más graves. Existen algunas paradojas, como la de que los checos siguen teniendo Embajada en Cuba, a pesar de que hasta hace poco eran los que presentaban una moción mucho más dura que la de Uruguay.

¡Qué paradoja que a mí me duele! Creo que ellos cumplían servilmente la labor que se les ordenaba y, a pesar de eso, después de obtener los logros a que aspiraban en la Unión Europea, abandonaron la changa y siguen teniendo una embajada en Cuba.

La otra crítica que quiero formular es acerca de la similitud del documento del Departamento de Estado con la moción presentada por Uruguay. Sin embargo, aparto de ahí toda intención de mi Cancillería. Ya expliqué que eso perfectamente puede pasar sin que se percate el más prevenido, pero llama poderosamente la atención desde el punto de vista gramatical, literario, etcétera, la enorme similitud y las fechas, ya que en octubre estaba circulando ese "paper", para decirlo en inglés, que luego se va a plasmar en la resolución concreta. Probablemente, tal como se ha dicho aquí, si no la hubiera presentado Uruguay, lo habría hecho otro país, porque lo que se vio por televisión en materia de presiones de la Comisión de Derechos Humanos de la ONU por parte de algunos agentes, que no sé si eran del FBI o de las tropas especiales, para que todos votaran lo que debían votar, daba para pensar que, repito, si no lo planteaba Uruguay, lo iba a hacer otro país. Pero faltaba poco tiempo.

Antes de continuar, quiero aclarar al señor Ministro que tozudamente me siguen llamando algunos asesores a quienes volví a preguntar si en caso de no haber moción de resolución -a pesar de que había una decisión en ese sentido-, el tema de Cuba igualmente se trataba, a lo que me respondieron que no, porque así funciona -según me dicen- la Comisión de Derechos Humanos. Incluso, si desde el año anterior hubiera una decisión de tratarlo, si alguien no presenta una moción en el momento -por tal razón hay un plazo-, el asunto no se trata.

Asimismo, me animo a formular otro vaticinio, aunque a lo mejor me equivoco; de todos modos voy a correr el riesgo. Creo que la Alta Comisionada para los Derechos Humanos de las Naciones Unidas, señora Mary Robinson -que creo es irlandesa-, "vuela", la "barren", porque no es del gusto de los Estados Unidos. Digo esto porque ella hizo un informe sobre Palestina que no les gustó para nada y dentro de poco la "barren". Más aun, creo que le han encargado a ella esta faena sabiendo que va a ir al fracaso -porque Cuba no va a aceptar su propuesta-, a fin de preparar el terreno para "barrerla" y colocarla entre la espada y la pared. Desde el punto de vista político, pienso -y aclaro que no soy diplomático- que así se mueven los piolines en el planeta Tierra y que nadie da puntada sin hilo.

Entonces, no tengo más remedio que preguntar al señor Ministro si en el comienzo de toda esta crisis se previeron las consecuencias o no, y si en caso de haberlas previsto, efectivamente se buscaba lograr lo que al final sucedió. Por otro lado, si en realidad esas consecuencias no se previeron, seguramente hubo una omisión porque, sin duda, eran bastante previsibles. Asimismo, puede haber ocurrido que la Cancillería asesorara al Presidente para ir por ese camino, ¿o la Cancillería no asesoró al Presidente para ir por ese camino? Aquí ha dicho el señor Senador Gargano que la política internacional la conduce el señor Presidente, y el señor Ministro se alteró y tiene razón. Sin embargo, de las declaraciones públicas del señor Presidente surge claramente una contradicción con las declaraciones que el señor Ministro formuló en el Senado en variadas materias, al igual que sucedió en este caso.

El señor Ministro ha dado a conocer un listado acerca de lo que Uruguay ha votado con Cuba y a favor de Cuba y, en ese sentido, creo que él se ha olvidado de un mérito que Uruguay tiene para con Cuba, que es el de haberse abstenido de votar en 1998 en la Comisión de Derechos Humanos, con lo cual la moción que estaba presentada ese año no salió. Entonces me pregunto qué cambio hubo desde 1995 -cuando el Alto Comisionado visita, por invitación de Cuba, ese país y hace un informe- ó 1998 hasta este momento para que Uruguay decidiera convertirse en protagonista. Supongo que Uruguay tiene, en todas sus embajadas, personas que hacen informes acerca de los derechos humanos de los países en los que están. Y como el señor Enrique Estrázulas -a quien admiro como escritor, porque he leído sus libros; recuerdo una frase genial que dice que visitando Holanda comprendió lo buenos que eran como trabajadores los indonesios- debe haber elevado un informe sobre los derechos humanos en Cuba, me gustaría conocerlo porque tiene que haber sido manejado por la Cancillería, máxime cuando se lo hizo regresar. Quisiera saber qué informó el señor Estrázulas -porque para algo están los embajadores allí-, si hubo un agravamiento y si celebró reuniones con la oposición cubana -como se ha dicho acá- en su casa o en la sede de la Embajada. En definitiva, ¿qué informó?

Pido disculpas porque tengo desordenados los papeles en un tema que no manejo porque no soy especialista. Quisiera saber cuántas veces en la historia de la Comisión de los Derechos Humanos de Naciones Unidas, o por lo menos en los últimos diez años, Uruguay presentó resoluciones bajo el capítulo 9 contra cualquier país y respecto a cuáles actuamos en este sentido. Tengo entendido que jamás lo hicimos, de modo que esta es la primera vez. Repito: Burundi, Sierra Leona, República Democrática del Congo, etcétera. Esta es la primera vez que Uruguay lo hace en esa Comisión.

Por otra parte, creo que presentar una resolución vinculada con ese capítulo 9 no era el único modo que Uruguay tenía de hacer presente su preocupación respecto a la situación de los derechos humanos en Cuba y que había muchos otros mecanismos posibles de menor agresividad o menor potencia generadora de conflictos; por lo menos, que hubieran evitado esta polarización que hoy estamos comentando.

En este asunto hay otros aspectos algo raros. Uruguay hace regresar a su Embajador, pero el Gobierno cubano no hace lo mismo con el suyo; Uruguay declara persona no grata al Embajador cubano, pero los cubanos jamás declaran persona no grata al Embajador uruguayo. Tengo entendido que incluso hay libros del señor Ministro que tratan sobre la graduación que puede haber en materia diplomática en el manejo de este tipo de crisis cuando se busca encontrar una salida sin antes llegar a las peores consecuencias.

¿Quién asesoró al señor Presidente de la República para que se actuara de este modo y no de otro? México, por ejemplo, tuvo un incidente mucho más fuerte -según entiendo- con Cuba, del cual aquí se han hecho comentarios a los gritos en torno al incumplimiento y la deslealtad de un Presidente que revela ciertas conversaciones, y sin embargo no ha roto sus relaciones diplomáticas con ese país.

SEÑOR KORZENIAK.- ¿Me permite una interrupción, señor Senador?

SEÑOR FERNÁNDEZ HUIDOBRO.- Con mucho gusto.

SEÑOR PRESIDENTE (Dr. Correa Freitas).- Puede interrumpir el señor Senador.

SEÑOR KORZENIAK.- Señor Presidente: en realidad, lo que voy a decir no aporta al fondo del tema, pero sí quiero contribuir con una información. Yo viví seis años y pico en Monterrey. Guardo un gran recuerdo de México y de esa ciudad y conservo muchos amigos del PRI, del PAN y del PRD, aunque tengo más afinidad ideológica -como es natural- con la gente de este último.

(Ocupa la Presidencia el señor Luis Hierro López)

Quiero decirle a los señores Senadores que cuando se realizó la reunión en Monterrey -tengo muchas amistades allí- todo el mundo sabía que el Presidente Fox le había pedido a Fidel Castro que se fuera antes de que viniera Bush. Esa era la información de corrillos entre los universitarios y la gente más o menos cercana a la militancia política. No tengo una autorización expresa para mencionar nombres de gente de todos los partidos políticos de México, pero no tendría ningún inconveniente en hacerlo. Como se sabe, Monterrey es una ciudad muy industrial y allí va gente de los tres partidos como, por ejemplo, el Senador del PAN -partido de derecha- Mauricio De la Garza, a quien conozco. Esta gente va todas las semanas a Cuba para realizar otro tipo de actividades que nada tienen que ver con la política, y todos conocían esa información.

SEÑOR PRESIDENTE.- Puede continuar el señor Senador Fernández Huidobro.

SEÑOR FERNANDEZ HUIDOBRO.- Quisiera hacer otra pregunta o, más bien, una especie de valoración crítica. Como bien se ha dicho, me parece que la ruptura de relaciones diplomáticas es un hecho grave. En la historia diplomática del país creo que sólo se rompieron relaciones diplomáticas con los países integrantes del Eje nazi y fascista, durante la Segunda Guerra Mundial -no lo tengo claro-; con Cuba en l964 ó l965; y creo que en l930 ó 1932 con Argentina. Hay una anécdota famosa que aquí se ha mencionado -aunque no sé si es verdad o mentira- por la cual se dice que en la época de la ruptura con Cuba, como el Canciller Zorrilla discrepaba, encargó al Subsecretario de aquel entonces que hiciera las cosas que había que hacer. Con todo el respeto que me merece el Subsecretario, señor Guillermo Valles, me pareció que el señor Ministro no debió dejar en sus manos algunas de las cosas que se han hecho en el marco de este proceso. Es más, en cuanto a la concurrencia a Ginebra, a la Comisión de Derechos Humanos, debo decir -aunque no pertenece a mi partido- que tenemos allí un Embajador de lujo, que fue Subsecretario de Relaciones Exteriores: el señor Pérez del Castillo. Me parece que es un lujo para Uruguay tener a ese hombre en Suiza, y nos sale muy caro tenerlo allá. El podía estar perfectamente capacitado para manejar todo esto. Digo esto, con todo respeto hacia el señor Subsecretario, porque aquí estamos evaluando sólo procedimientos. Creo que me sobran los dedos de la mano para contar los casos de crisis diplomáticas más graves que debió atender el país.

Dada la trascendencia que tiene esta Comisión de Derechos Humanos y dado que Uruguay, como tengo entendido, va a ser miembro hasta el año que viene -aquí se habló de países que renunciaron en forma indeclinable para que otros entraran- quisiera saber si nuestro país va a proponer su reelección. Desde ya digo que entiendo que debe hacerlo, pero me gustaría saber si es así o no. Ese cargo que dura dos años, obviamente, llegaría hasta 2004 ó 2005.

SEÑOR PRESIDENTE.- Ha llegado una moción de orden a la Mesa para que se prorrogue el término de que dispone el orador.

Se va a votar.

(Se vota:)

- 22 en 23. Afirmativa.

Puede continuar el señor Senador Fernández Huidobro.

SEÑOR FERNANDEZ HUIDOBRO.- Muchas gracias.

Dicho de otro modo, es obvio que excederá el período del actual Gobierno y, como se ha dicho acá, creo que es muy importante estar allí. Quisiera saber si se ha firmado algún compromiso diplomático de renuncia, y también cómo se maneja la política de candidaturas a los órganos y cargos del sistema, si actualmente se están otorgando apoyos, declinando candidaturas en esta Comisión o en algunos otros organismos de importancia, de los cuales después Uruguay o el próximo Gobierno ni siquiera puedan apartarse.

SEÑOR MICHELINI.- Pido la palabra.

SEÑOR PRESIDENTE.- Tiene la palabra el señor Senador.

SEÑOR MICHELINI.- Abusando de la confianza de la Presidencia, quisiera pedirle al señor Ministro que me aclare dos o tres consultas muy breves que, supongo, él conocerá.

En primer lugar, quisiera saber si hay algún país latinoamericano, salvo Uruguay ahora, que no mantenga relaciones con Cuba.

SEÑOR PRESIDENTE.- Tiene la palabra el señor Ministro.

SEÑOR MINISTRO.- No hay ningún país latinoamericano que haya suspendido sus relaciones con Cuba, aunque existen distintos niveles en cuanto a la integración de sus misiones. No lo hay.

SEÑOR PRESIDENTE.- Puede continuar el señor Senador Michelini.

SEÑOR MICHELINI.- Quisiera saber si después que se tomó la resolución en el acuerdo -creo que el 23 de abril-, de romper relaciones con Cuba -porque supongo que fue en el acuerdo ministerial donde se tomó esa decisión; se me dice que así fue-, se hicieron consultas con integrantes de las Comisiones de Relaciones Internacionales de ambas Cámaras, con los integrantes de los partidos políticos, con sus figuras más prestigiosas, con sus líderes o qué consultas se realizaron y a quiénes informaron antes de comunicárselo a la prensa.

SEÑOR PRESIDENTE.- Tiene la palabra el señor Ministro.

SEÑOR MINISTRO.- La decisión de declarar persona no grata al señor Embajador -como es de su conocimiento- había sido tomada con antelación, creando la dimensión exacta del problema y marcando la seriedad del asunto. Las declaraciones claramente ofensivas del señor Castro determinaron una acción inmediata del Presidente de la República con el señor Ministro. De manera que las consultas a que alude el señor Senador Michelini seguramente habrían tenido lugar si la situación no hubiese tenido la flagrancia con que se presentó. Sin embargo, como se presentó de una forma tan clara, diría que colocado en términos de Derecho Penal, sería casi un acto de legítima defensa inexorable. Por tanto, si la pregunta está dirigida a justificar el carácter inconsulto de la medida, mi respuesta está referida a señalar lo innecesario de la consulta.

SEÑOR PRESIDENTE.- Puede continuar el señor Senador Michelini.

SEÑOR MICHELINI.- Quizás estuvo mal formulada mi pregunta. Lo que quise trasmitir fue si, tomada la decisión de suspender las relaciones con la República de Cuba en el acuerdo ministerial, se decidió informarlo directamente a la prensa, a algunas de las figuras políticas, a los Diputados y Senadores idóneos en las Comisiones del tema o si, entre la decisión en el acuerdo y la expresión pública, se tomaron las salvedades de informar a los partidos, bajo los mecanismos que sean.

SEÑOR MINISTRO. - En la relación de hechos que hoy presenté en el Senado establecimos en detalle la secuencia. El día 23 el Presidente de la República hace una expresión pública sobre la decisión política de poner fin a las relaciones diplomáticas con Cuba. Por consiguiente, diría que no es que el señor Presidente de la República se lo informe a la prensa, se lo informa al país en todo su conjunto. El día 23 quien habla viajó a Polonia, por lo tanto, no estuvo en los días siguientes haciendo consultas sobre una decisión ya tomada. Lo que sí quiero señalar es que este tema hay que medirlo a la luz de las reacciones de los líderes políticos respecto de la decisión misma y es allí donde uno advierte con claridad que, naturalmente, puede haber diferencias, pero que en el orden de la coalición, es decir en su seno, no hay discrepancia significativa alguna en cuanto a la conveniencia, oportunidad y necesidad de la adopción de tal medida, razón por la cual va de suyo que quienes han expresado esa posición favorable a las medidas, se han dado por satisfechos en orden a la comunicación pública que el señor Presidente hiciere, sin perjuicio de reconocer que en un terreno ideal de tiempos y circunstancias diferentes a las vividas -porque no siempre la ruptura de relaciones responde al cúmulo causal que hemos tenido en este caso-el procedimiento de la consulta enraizado dentro del sistema de la coalición política, hubiera funcionado.

SEÑOR PRESIDENTE .- Puede continuar el señor Senador Michelini.

SEÑOR MICHELINI.- El señor Ministro, con lo que expresó, me ha aclarado algunas cosas. Voy a tratar de razonar acerca de cómo el Nuevo Espacio y quien habla ven el tema, lo que no tiene por qué ser compartido por el señor Ministro, pero quiero transmitir con la mayor franqueza y tranquilidad lo que pensamos.

Hay un hecho crucial que es una reunión de Gabinete, y en acuerdo ministerial se discute el tema, donde cada uno de los señores Ministros habrá expresado lo suyo, quizá alguno no haya dicho nada. Me refiero al Consejo de Ministros.

SEÑOR MINISTRO.- ¿Me permite una interrupción, señor Senador?

SEÑOR MICHELINI.- Con mucho gusto.

SEÑOR PRESIDENTE.- Puede interrumpir el señor Ministro.

SEÑOR MINISTRO.- A fin de aclarar al señor Senador Michelini, quiero decir que en algún momento se consideró cuál era el mecanismo jurídicamente adecuado a la decisión de poner fin a las relaciones diplomáticas. Yo me pronuncié, concretamente, por la solución en virtud de la cual esto corresponde al ámbito de las competencias del señor Presidente de la República, actuando con el Ministro y no en Consejo de Ministros. Es una competencia propia del Ministerio de Relaciones Exteriores con el Presidente, o del señor Presidente con el Ministerio de Relaciones Exteriores. Por esa razón, la idea de convocar a Consejo de Ministros no fue de recibo y se optó por el camino que acabo de señalar.

SEÑOR PRESIDENTE.- Puede continuar el señor Senador Michelini.

SEÑOR MICHELINI.- Creo que hay un antes y un después del hecho por el cual el Presidente de la República, en acuerdo con el señor Ministro, toma una decisión -si me equivoco, el señor Ministro me corregirá- casi como en defensa propia. Frente a determinadas expresiones públicas del Presidente cubano -en mi opinión, naturalmente, fuera de lugar- el Gobierno uruguayo resuelve -por consejo del señor Ministro de Relaciones Exteriores que no había necesidad jurídica, política o por las razones que él ha dado ahora, de tomar una decisión por parte del Consejo de Ministros, el señor Presidente de la República y el señor Ministro de Relaciones Exteriores deciden suspender las relaciones con la República de Cuba y comunicar esa decisión al país, a través de los mecanismos que el Presidente creyó necesarios. Como el señor Ministro tuvo que viajar en ese momento, se actuó en consecuencia por parte de la persona más importante después del titular, que es su Subsecretario. Esa información trasciende a los medios a través de una conferencia de prensa que hizo el Presidente de la República explicando sus razones, fundamentos y argumentos, y es percibida por los partidos políticos, así como por los líderes políticos y los señores Senadores y Representantes, e incluso por algún Ministro, en forma diferente. En función de eso, hay una parte del país que no se siente representada. No lo puedo cuantificar, pero personalmente me encuentro en esa parte. El Nuevo Espacio no se sintió representado: aunque quizá sea una expresión muy minoritaria del país.

Obsérvense los hechos: se toma expreso cuidado en una resolución que se redacta, que el Ministro tiene y que se envía a nuestro representante en Naciones Unidas solicitándole expresamente que la guarde. Estamos hablando del inicio de los acontecimientos. El señor Ministro dijo que esto no le resultaba grato, y si hay alguien que sabe de tiempos diplomáticos es él; yo no sé. Esta es una punta del razonamiento. Por otro lado, cuando toman la decisión, la expresan, sin tomarse una, dos o tres horas para tranquilizarse y para informar -no para consultar, porque la decisión ya estaba adoptada- al resto de los Ministros del Gabinete, a los partidos políticos, a las Comisiones respectivas de cada Cámara y, en todo caso, a quien consideren más importante para recibir esta información, que no era menor. Se trataba de una decisión importante que tomaba el Estado uruguayo, el Ministro, con su fundamento de legítima defensa, tema que -repito- no era menor. Si de todos estos acontecimientos concluimos que, entre que se toma la decisión y se la comunica, no medió lapso alguno -en mi opinión, se hizo apresuradamente-, que traten de explicarme por qué no se pudieron tomar dos, tres o cuatro horas, o comunicarlo al otro día. El razonamiento va a más, señor Presidente, porque tengo la sensación de que nunca se quiso llegar a lo que se llegó y, a pesar de todo, los hechos gobernaron la voluntad del Estado y de la República.

No digo que el Estado uruguayo se haya enterado hoy de que hay presos de conciencia en Cuba. Eso lo sabemos todos, lo sabíamos, incluso, cuando Fidel Castro fue invitado por el Gobierno uruguayo y visitó esta Sala, aunque no estábamos reunidos. Entonces, había una estrategia de la República, del Estado uruguayo: no aislar a Cuba, estrategia que recibe el concierto de muchos Estados. Por otro lado, hay otra estrategia: la de aislar a Cuba, que recibe, sobre todo, el concierto de los Estados Unidos, de su Gobierno y de su principal cabeza, que es Bush. Carter está del otro lado: "no aislemos a Cuba", tiene una estrategia diferente, la de abrir puertas, de dialogar, de intercambiar ideas y conversar.

En eso estábamos cuando el señor Presidente de la República de aquel entonces, Julio María Sanguinetti, invita a Fidel Castro. Además el Presidente viaja a Cuba, e independientemente del hecho de que se vea con Castro, se encuentra también con la oposición. Aquí podemos observar la apertura, el diálogo, el decirse las cosas en la cara, así como también la política de no aislamiento hacia Cuba. Creo que en eso estábamos; lo que no sé es cuando se cambió esa política. Si en los hechos ella fue cambiada, entonces sería preferible que se me interrumpiera en mi exposición ahora, porque estaría razonando incorrectamente.

SEÑOR MINISTRO.- ¿Me permite una interrupción, señor Senador?

SEÑOR MICHELINI.- Con mucho gusto.

SEÑOR PRESIDENTE.- Puede interrumpir el señor Ministro.

SEÑOR MINISTRO.- La reflexión que hace el señor Ministro podría ser válida si el axioma del cual él parte también lo fuera, pero es allí donde tenemos la diferencia. El señor Senador parte del axioma de que hay dos alternativas: aislar a Cuba o no hacerlo, y que nosotros hemos optado por el primer criterio. Por mi parte, he tratado de demostrar -y esto no quiere decir que me considere el dueño de la razón o que tenga el monopolio de ella- que en nuestra posición de presentación del proyecto no hemos estado animados por el criterio de aislar a Cuba. Por el contrario; no hay ninguna palabra, ninguna frase ni indicación de que esa sea la voluntad del Gobierno uruguayo. Por lo tanto, la inferencia que se hace en cuanto a querer aislar a Cuba y con ello crear un apartamiento de una línea política anterior, constituye una interpretación que hace el señor Senador Michelini pero, en todo caso, no es unívoca, no es una verdad revelada, ni un juicio absolutamente indiscutible. Simplemente, se trata de una valoración política tan válida como cualquier otra que pudiéramos hacer nosotros, ni mejor ni peor.

Personalmente, digo que el texto se defiende por sí mismo, y difícilmente un texto que no hiciera eso hubiera tenido el apoyo de todos los miembros de la Unión Europea con asiento en la Comisión, así como de países fuertemente comprometidos con la causa de los Derechos Humanos; me refiero, por ejemplo, a Canadá y a Suecia. Se trata de países que han hecho de este tema una cuestión fundamental a lo largo del proceso de conformación de la Comunidad Europea.

Entonces, me parece que de alguna manera estamos centrando toda la atención de este asunto en el Uruguay, como si nuestro país fuera el que hubiera convertido un tema desde una perspectiva de búsqueda de aislamiento, en un concepto compartido por países sobre los cuales el nuestro tiene una escasa capacidad de presión. Me parece que hay que ubicar este aspecto en este contexto. Si se observa la nómina de países que votaron la resolución, es difícil endosar el discurso de que esto fue producto de una decisión uruguaya y de que el Uruguay se convirtió poco menos que en amo y señor de la Comisión. No; hubo un proceso persuasivo. Hubo una presentación de una idea viable, de un proyecto razonable, de un texto constructivo, y hubo también una interpretación que libremente hicieron otros países que la acompañaron, algunos votando y otros patrocinando.

Quiere decir que si hoy viniéramos al Senado a explicar que la propuesta del Uruguay fue rechazada, los términos de esta discusión serían acaso diferentes. Es decir, la situación sería distinta si hubiéramos enfrentado un fracaso con respecto a una decisión de esta índole. Se habría tratado de un ejercicio mal previsto, con pocos cálculos sobre el resultado.

Por mi parte, insisto en que se debe considerar en forma separada lo que es el proceso de génesis del proyecto, que es tal como lo he explicado. Además, he alcanzado "off the record" al señor Senador Gargano una copia del texto original. Naturalmente, no tengo otra prueba más que el hecho de haberle enviado esa fotocopia.

En lo que refiere al tema de la ruptura, debo decir que, a mi entender, actuó de acuerdo con la dignidad nacional. ¿Cómo podía nuestro país continuar su relación diplomática con un Estado cuyo jefe señalaba al nuestro como "abyecto Judas", etcétera, etcétera? Francamente, me parece que se trata de ese tipo de situaciones en las que hay una decisión instantánea y una respuesta inmediata. No es el caso de una decisión de tipo administrativo y aun político, que se consulta dentro de niveles de plazos diferentes. Distinto fue cuando mandamos nuestra propuesta. Estábamos todavía a cuatro días de la votación; el día 7 no se sabía cuál podía ser la propuesta a presentarse. Era un papel de trabajo, una contribución. No estábamos frente a una reacción inmediata como la que tuvimos que asumir frente al insulto, frente a la diatriba y a la desvalorización.

Quisiera solamente insistir por un momento en el hecho de que, a mi juicio, el agravio al gobernante uruguayo debería ser sentido por todos los orientales de la misma manera. Sin embargo, comprendo perfectamente que la interpretación política de cada uno pueda ser diferente.

SEÑOR PRESIDENTE.- Puede continuar el señor Senador Michelini.

SEÑOR MICHELINI.- Ante todo, quiero decir que me duele cuando agravian al Uruguay, ya sea en la persona de su Presidente o de algún Legislador, se trate de quien se trate. Pero ese no es el tema en cuestión; aquí estamos evaluando la acción de la Cancillería del Uruguay.

Además, creo que el razonamiento que hace el señor Ministro es correcto y que él me interpretó mal. Considero que en ningún momento el Uruguay ha querido aislar a Cuba. El problema consiste en saber cómo llegamos a eso. Mi pregunta es cómo, no queriendo una cosa, terminamos en ella; aquí hay un problema de experticia. Perú quería hacer algo; después no lo hizo, votó en contra, no rompió relaciones con Cuba y sigue teniendo comercio. A la Argentina, Cuba le dijo de todo y, sin embargo, continúa manteniendo relaciones con ese país. México sigue comerciando con Cuba y, que yo sepa, votó contra la resolución. Aclaro que no estoy abriendo juicio sobre ella, aunque por supuesto lo tengo. Esta es una cuestión mucho más grave y más profunda.

El señor Ministro no quería aislar a Cuba. La política uruguaya -por lo menos desde que Fidel Castro estuvo aquí- era la de no aislar a Cuba. El problema es saber cómo terminamos siendo el país que presentó la propuesta y que rompió relaciones con Cuba. En definitiva, esta es la política contraria a la que queremos. Esa es mi duda. Confieso que no puedo entender la situación; no puedo entender cómo hacemos todo un esfuerzo pagando costos políticos a nivel internacional, como los pagó el Presidente Sanguinetti en su momento, lo cual no fue nada fácil como el señor Ministro lo sabe, porque en aquella época era titular de otra Cartera. Y después, el Presidente va a Cuba, teniendo incluso relacionamiento con la oposición o con la disidencia cubana, lo que también hace luego el Embajador. ¿Pero cuál es la estrategia? Conversar con todos, tener relaciones diplomáticas e, incluso, poder tener comercio, aunque en esto último existe un problema de números o de deuda. La estrategia era otra, no esta.

Además, todo esto ocurrió en pocos días y me parece que hubo apresuramiento. Los hechos nos gobernaron, en lugar de ser nosotros sus gobernantes. Hoy España tiene relaciones con Cuba, además de comerciar con la isla, y entonces Fidel Castro no va a ese evento al que asistió el Presidente de la República. Es decir, enviaron figuras cubanas de categoría, pero no fue Fidel Castro.

El señor Ministro nos dice casi al final de su exposición -tengo sus palabras grabadas en la mente- que eso podía suponer que empezara a generarse turbulencias -aclaro que él no utilizó este término, pero yo sí lo emplearé para que se entienda mi razonamiento- o que se rompiera un puente entre la Unión Europea y Cuba. ¿Cómo voy a pensar que un Ministro que afirma estar preocupado por el hecho de que se rompa otro puente más, puede haber empleado la estrategia de aislar a Cuba? No; pienso que la idea es no aislar a Cuba y no romper este puente, pero terminó rompiéndose.

Ahora bien; ¿toda la responsabilidad la tiene Fidel Castro y el Gobierno cubano? ¡Por favor! ¿Acaso puede ser que toda la responsabilidad la tengan los otros?

Acá hay un problema de cómo nos movimos con los recursos, las dificultades, el esfuerzo que hace la Cancillería y la gente del Ministerio de Relaciones Exteriores. Es un problema de experticia, de manejo de los tiempos, de no apresurarse y generar una situación tras otra que nos irían gobernando, sin que las pudiéramos parar, contrarias a la política que queríamos desarrollar. Eso es lo que yo veo. Entonces, cuando con mucha humildad levantamos nuestra voz, no es para decir que lo que dicen al Presidente Batlle está bien, porque no es así. Cuando lo insultan, condenamos esas palabras. Sin embargo, lo que tengo que evaluar y controlar como Senador de la República es la conducta de la Cancillería y del señor Ministro, que al final dice que no había alternativa. Creo que esas fueron sus palabras. O sea que teníamos la política de no aislar a Cuba, pero se fueron sucediendo los hechos -creo que, en cierta medida, parte de la responsabilidad es nuestra, no toda- y, al final, no había alternativa.

Ahora bien; cuando se dice que al final no había alternativa, creo que hay que tener mucho cuidado porque con ese argumento justifico todos los hechos, sin prestar atención. En el día de mañana puede darse una situación de guerra y que seamos agredidos y, entonces, el Ministro correspondiente dirá que no había alternativa, porque así se fueron dando los hechos. Pero en cada uno de los acontecimientos, en algunas circunstancias fuimos nosotros quienes levantamos la apuesta, sin medir las consecuencias, al menos, desde una política de Estado y sin consultar ni informar a todos.

Tan es así que, aparentemente, no surgían alternativas, pero el Gobierno ya había tomado decisión al respecto. Debería haber informado al resto y no hacerlo a través de los medios de comunicación, a fin de que todos supiéramos lo que estaba haciendo el superior Gobierno; pero nadie pudo expresar una opinión en los últimos minutos. Quizás había alguna alternativa. Como sabemos, en ciertos deportes se pide "tiempo" y, tal vez en este caso podríamos habernos tomado 24 horas.

SEÑOR MINISTRO.- ¿Me permite una interrupción?

SEÑOR MICHELINI.- Con mucho gusto. El señor Ministro me ha concedido todas las interrupciones que le he pedido, por lo que yo haré lo propio.

SEÑOR PRESIDENTE.- Puede interrumpir el señor Ministro.

SEÑOR MINISTRO.- Creo que en la presentación también me he referido a este hecho. El Uruguay mantuvo una situación de expectativa vigilante y atenta durante varios días esperando, primero, una aclaración de la Cancillería cubana, la cual nunca llegó, y más tarde, algún gesto que, de alguna manera, no pusiera de relieve la intención de ofender -hasta ese momento- por parte del Canciller cubano. Tan fue así, que el 13 de abril declaramos a la prensa que esperábamos que las cosas mejoraran. El propio Subsecretario de nuestro Ministerio estuvo presente en Ginebra, no porque no contemos con un Embajador valioso allí, sino porque el tema era de tal importancia y representatividad política que creímos que era un acto que no debía ser endosado exclusivamente a nuestro Embajador, independientemente de su talento y condiciones. Tengo a mi lado al Vicecanciller, quien puede testimoniar sobre estos hechos con la convicción que le otorga el haber sido protagonista de ellos. En su conversación con el representante cubano en Ginebra, hablaron de puentes, que es a lo que se ha referido el señor Senador Michelini. La respuesta antes de la votación -reitero, antes de la votación- decía: "Todos los puentes están rotos". Esto significa que para el Gobierno de Cuba, la presentación de la resolución, independientemente de su contenido y de sus perspectivas de ser un instrumento útil para revincular a ese país con la comunidad internacional, significó que todos los puentes quedaban rotos, al punto de decir que no aceptaba ninguna resolución, cualquiera fuese ella, porque bastaba con que tuviera la palabra "Cuba" para que no fuera aceptada.

Esto marca, señor Presidente, el grado de conflicto y de oposición que se había creado a esas alturas. Sin embargo, hay que observar que desde la declaración de "persona non grata" hasta la ruptura de relaciones, transcurren varios días y, también, que desde el anuncio de la ruptura misma pasan otros tantos días, sin que hayamos podido encontrar ningún otro gesto más que el del Embajador cubano quien, al salir del Palacio Santos el día que recibió la declaración de persona "non grata", dijo que había solicitado seguridad, porque este país "está lleno de torturadores y asesinos". Es muy difícil, en este cuadro de situación, no tener una reacción inmediata como la que el Gobierno debió adoptar.

SEÑOR PRESIDENTE.- A la Mesa ha llegado una moción a fin de que se prorrogue el tiempo de que dispone el señor Senador Michelini.

Se va a votar en ese sentido.

(Se vota:)

- 21 en 24. Afirmativa.

Puede continuar el señor Senador Michelini.

SEÑOR NIN NOVOA.- ¿Me permite una interrupción?

SEÑOR MICHELINI.- Con mucho gusto.

SEÑOR PRESIDENTE.- Puede interrumpir el señor Senador.

SEÑOR NIN NOVOA.- La verdad es que no me gustan los regímenes de partido único o donde no hay oposición, sin embargo, como bien define Eduardo Galeano, me siento amigo de Cuba por solidaridad latinoamericana. No me gusta que la potencia más grande del mundo intente ponerle la bota encima para intentar cambiar un régimen que no le gusta, porque también pudo haber ejercido esa presión sobre otros regímenes a los que, por el contrario, ayudó.

Luego de esta aclaración, debo decir que respetamos mucho -como han afirmado los señores Senadores Fernández Huidobro y Millor-, la figura de nuestro Canciller, por tratarse de un hombre muy versado en el tema, a quien deseo hablar con total franqueza y lealtad. Asimismo, opino que quizás el mayor problema de nuestro Ministro de Relaciones Exteriores sea su jefe, que es un tanto, por lo menos, impulsivo. Como para muestra basta un botón, recordemos que un día, desde los Estados Unidos, el Presidente decidió relevar a un Jefe de Policía, casi impulsivamente, sin escuchar los descargos de la persona imputada.

Las reflexiones del señor Senador Michelini me provocan esta reflexión que habla de la representación y de la decisión que ha adoptado el Gobierno uruguayo. Creo que en base a esta suerte de prestigio que el Uruguay ha alcanzado gracias a su Cancillería y a su política exterior, no es lo mismo que quien rompa relaciones con Cuba o presente una declaración condenatoria -aceptemos que no sea condenatoria- o del tenor de la que formuló el Uruguay, sea un país con mucho prestigio en esta materia, a que lo hagan naciones como Burundi, Sri Lanka o Sierra Leona.

SEÑOR BRAUSE.- Ellos votaron en contra de la resolución.

SEÑOR NIN NOVOA.- No importa. Estoy hablando del prestigio bien ganado de la Cancillería uruguaya a través de muchos años de aplicar una política exterior que se fue convirtiendo en política de Estado. Entiendo que cuando el señor Senador Michelini dice que no se siente representado, habla de una sensación que está en muchísimos uruguayos que no pertenecen a su fuerza política ni a la que integro, sino que adhieren a los más diversos partidos que hay en el Uruguay, incluyendo a los Partidos Nacional y Colorado. Tengo testimonios escritos de personas que han sido candidatas a Diputados por el interior, muy modestamente, tanto del Partido Nacional como del Partido Colorado, que se han pronunciado sobre esto que ha ocurrido respecto de Cuba. ¿Sabe por qué, señor Ministro? Porque puede ser verdad -y creo en sus palabras- que la intención uruguaya no sea aislar a Cuba mediante esa declaración, pero la ruptura de relaciones diplomáticas con ese país sirve a los que sí quieren aislarlo.

Me parece que ese es el drama que estamos viviendo hoy en el Uruguay, inadvertidamente, quizá hasta de buena fe, defendiendo el prestigio, el honor mansillado del señor Presidente de la República por los ataques que se cruzaron mutuamente. Pero lo cierto es que al final se produce la ruptura de relaciones con Cuba, que tampoco es muy bien explicada, ni siquiera por el Presidente de la República, que el 23 de abril dice que se rompen relaciones con la República de Cuba porque, al fin y al cabo, allí no hay libertad y hasta que no se le franqueen las puertas a la democracia -palabras más o palabras menos-, esto va a seguir manteniéndose. Esto ocurría desde el 1º de marzo de 2000, cuando el Presidente Batlle asumía el Gobierno de la República y nada había cambiado en ese entonces.

Por lo tanto, siento que más allá del respeto que usted nos merece señor Ministro, el Uruguay tendría una buena política -lo digo con toda franqueza- de relaciones exteriores si estuviera más en sus manos.

Muchas gracias.

SEÑOR PRESIDENTE.- Puede continuar el señor Senador Michelini.

SEÑOR MICHELINI.- Señor Presidente: discrepo con el señor Senador Nin Novoa en su última afirmación, porque quien comete tantos tropiezos en tan poco tiempo, no sé -lo digo con todo respeto- si no corremos el riesgo de que los cometa de nuevo.

Pensemos en dos meses atrás. ¿Acaso alguien hubiera imaginado que la política del Uruguay con respecto a Cuba no era la de no aislar? Esa era la política de todos los uruguayos, la política del Gobierno y la política del señor Ministro. Quiere decir, entonces, que hace dos meses teníamos una política del Gobierno uruguayo y del señor Ministro de no aislar a Cuba y, también, el tema de derechos humanos estuviera en la agenda. No había voluntad de romper relaciones, ni tener un conflicto con Cuba ni que se quebrara la política de Estado. Lo que ya no hay más es política de Estado a escala internacional. Alguien podrá decir que ya no la había; pero lo cierto es que a partir de la ruptura o suspensión de relaciones con Cuba, ya no hay más política de Estado. Entonces, para unos cientos de miles de uruguayos esa decisión institucional que legítimamente toma el Estado uruguayo, no nos representó.

Van sucediéndose los hechos y lo que pretendemos es que el tema figure en la agenda -el señor Ministro bien sabe que tengo contacto con gente que padece persecución o que son presos de conciencia en Cuba-, cosa que podría resultar interesante. Quizás yo hubiera aconsejado otro camino, pero el tema aquí es que el Ministro es quien maneja las relaciones exteriores.

El Ministro hace un memo y hasta ese momento se había acordado que la presentación la hiciera Perú. Se trata de un memo que él reserva, que ni siquiera está pensando en presentar. En todo caso, estábamos ante una estrategia de contingencia: queremos que figure, pero como esto nunca se sabe y hay presiones de todo tipo, tengo hecho el memo. Un día antes Perú era el que hacía la presentación y el memo estaba guardado; pero un día después, quince minutos antes, lo estábamos presentando nosotros. Ya estamos con la política de contingencia, porque una cosa era votar y otra presentar. Eso no era lo que pensaba el señor Ministro un mes antes, ni siquiera 24 horas antes, puesto que, repito, era Perú el que presentaba. A partir de ahí se van sucediendo una serie de hechos entre los cuales -es cierto- hay países latinoamericanos que votan la resolución elaborada por Uruguay -que seguramente era mejor que la que podían confeccionar otros países- y la firman porque están convencidos, pero, ¡oh casualidad, siguen manteniendo relaciones con la República de Cuba!, ¡oh casualidad, siguen manteniendo el diálogo!, ¡oh casualidad, siguen comerciando!

SEÑOR SINGER.- Pero no fueron insultados soezmente sus Presidentes.

SEÑOR MICHELINI.- ¿Argentina no fue insultada el año pasado?

Agrego un dato de la realidad: tomada la decisión de presentar esa moción, el Gobierno cubano, en el acierto o en el error -es problema de ellos, no mío-, iba a tener una actitud de confrontación, de conflicto.

SEÑOR MINISTRO.- Fuera de estilo.

SEÑOR MICHELINI.- Sí, fuera de estilo, pero ya lo había tenido.

Entonces, que no se nos venga a decir que nunca pensamos que iba a ocurrir eso.

SEÑOR ATCHUGARRY.- ¿Me permite una interrupción?

SEÑOR MICHELINI.- Con mucho gusto.

SEÑOR PRESIDENTE.- Puede interrumpir el señor Senador.

SEÑOR ATCHUGARRY.- Creo, señor Senador, que ahí está el problema: ¿qué alternativa tiene un país como el Uruguay en el ejercicio de su soberano derecho de integrar una Comisión de las Naciones Unidas? ¿Cuál es la alternativa? ¿Vota según su leal saber y entender, y tiene un conflicto, o en virtud de ello no vota?

Señor Senador: me parece que aquí tenemos que preocuparnos un poco también de cuáles son los derechos del Uruguay, en el error o en el acierto de sus autoridades legítimamente electas. De lo otro de lo que nos tenemos que preocupar es si usted cree realmente que Cuba cumple con la Declaración Universal de los Derechos Humanos de 1948. ¿Puede afirmar que los cumple? Pienso que ahí radica el asunto.

Muchas gracias.

SEÑOR PRESIDENTE.- Puede continuar el señor Senador.

SEÑOR MICHELINI.- Yo no afirmo nada; ¡cómo voy a afirmar eso, si ni siquiera sé si la cumple Uruguay! No puedo, pues, afirmar que la cumpla Cuba; para ello, debería tener mucho más conocimiento de la situación cubana. Por otra parte, como conozco presos de conciencia, como Vladimiro Roca, ¡cómo voy a afirmar eso! Continúo, señor Presidente: el problema no es que Uruguay no defienda lo que está convencido, sino a quiénes tenemos al frente de un Ministerio que dos meses atrás iba en una dirección y terminamos en otra. Esto es algo así como que íbamos para Maldonado y terminamos en Artigas.

Se me dice que no hubo alternativas, pero discúlpenme, eso no me basta, porque no quiero ser gobernado por una persona que dice "este es mi objetivo" -más allá de que yo lo comparta o no- y termino en cualquier otro lado.

El señor Ministro tiene la sensibilidad de decir que se puede romper un puente más entre la Unión Europea y Cuba; por lo tanto, no quiere que haya aislamiento hacia Cuba. Comparto el camino, pero ¿cuál es la política que tiene Uruguay con respecto a ese país? Está aislado. ¿Cuál es la política de Carter? La de no aislamiento. ¿Cuál la de Bush? De aislamiento, y yo quiero estar entre aquellos que abrimos las puertas y pretendemos no aislar a Cuba, lo cual no quiere decir refrendar todo lo que ésta hace. Al revés, soy de los más críticos, pero no se trata de eso, sino de preguntarnos, a un mes del rompimiento de relaciones con la República de Cuba, si las autoridades hicieron las cosas bien o mal. Creo que las hicieron mal, que todo fue impulsivo, que no lo hicieron siquiera convencidas, porque si lo hubieran estado, un mes o dos meses antes, nos habrían dicho lo que iba a hacer el Uruguay y nosotros a contestar que con una medida de ese tipo se iba a romper lo que es una política de Estado. Si se hubiera roto por convicción del Gobierno, jurídica y constitucionalmente estaba habilitado a actuar de ese modo, tenía todas las potestades para hacerlo. Simplemente, el Estado uruguayo, en el que vivimos todos, hubiera llevado adelante esta política; pero no se dio así, señor Presidente. El Ministro reafirma que no hay una actitud del Gobierno uruguayo de aislar a Cuba, y yo le creo, pero fíjense dónde terminamos. Esa es mi crítica; ese es el problema.

No hubo un momento de reflexión para saber hacia dónde íbamos. Y hay dos justificaciones. Una de ellas, es la dignidad nacional y, la otra, que no hay más alternativas. Entiendo que sí había alternativas y considero que las hay ahora. Nosotros debemos tener relaciones y comercio con todos los países latinoamericanos y combatir el aislamiento que se le hace a uno de ellos, como así también el cercenamiento de la libertad de comercio que se le hace a una de estas naciones. Creo en la libertad de comercio.

SEÑOR MINISTRO.- ¿Me permite una interrupción?

SEÑOR MICHELINI.- Con mucho gusto.

SEÑOR PRESIDENTE.- Puede interrumpir el señor Ministro.

SEÑOR MINISTRO.- Quisiera realizar una aclaración que me parece necesaria. Nosotros no hemos cancelado las relaciones consulares, las comerciales, ni las de cooperación; ninguno de los programas o proyectos que están en curso será afectado. Mantenemos a nuestro Cónsul en La Habana y en esto no hemos seguido otros ejemplos anteriores, como en el año 1964, cuando la ruptura de relaciones con Cuba abarcó todo, tanto el plano diplomático, como el consular, el de las comunicaciones y el del transporte.

Quiere decir, por lo tanto, que cuando hablamos del aislamiento tenemos que acotarlo y ver con claridad que lo que se cancela -me imagino que no va a ser en forma vitalicia- de alguna manera, se resolverá como lo hizo en su momento Cuba con Jamaica y Costa Rica. En definitiva, lo que le quiero señalar al señor Senador Michelini es que el Ministerio no previó, no tuvo como intención, no estaba en su imaginario ni en su propósito aislar a Cuba; quería salir de esa resolución puntual de todos los años, idéntica, que era de cuestionamiento, de penalización, y abrirle una instancia responsable y seria de cooperación con la representante personal del Alto Comisionado, al punto de que hubo algunos juristas especializados en estos temas -el señor Senador Michelini lo tiene muy cerca en su familia- que han llegado a pensar en algún momento que esta resolución encuadraba más en el Capítulo XIX que en el IX, es decir, que encuadraba más en el terreno de la cooperación que en el del cuestionamiento. De modo que lo invito a que reflexione sobre si puede considerarse que hubo un acto fallido, una circunstancia que trajo aparejada de modo automático en esa dinámica de los hechos, que él mismo ha señalado como inexorables, no dándole, creo yo, la suficiente atención e importancia al agravio, al insulto, a esas expresiones que difícilmente harían imaginable que hoy día pudiéramos mantener el mismo tenor de relaciones. Digo esto porque se puede decir que estamos en contra de la ruptura, que no debió producirse, que no debió existir esa escalada de comentarios; bien, digo y razono: ¿es posible, sobre esas bases, mantener una relación diplomática normal? Mi respuesta es negativa.

SEÑOR PRESIDENTE.- Puede continuar el señor Senador Michelini.

SEÑOR MICHELINI.- Ya he expresado mi razonamiento. Creo que empezamos en un lugar y terminamos en otro. Considero que hay una responsabilidad de parte del Ministerio; no me convence la explicación del señor Ministro, pero él tiene una oportunidad. Públicamente le voy a decir que tiene una oportunidad. Si él expresa que la política del Gobierno uruguayo es no aislar a Cuba, entonces, estará trabajando para restituir y reconstruir las relaciones diplomáticas con la República de Cuba lo antes posible. Y dentro de tres, cuatro o cinco meses, expresamente, aquí o en otro lugar, le diré al señor Ministro que tenía razón. Si eso no ocurre así, el que tiene razón es quien habla, lo cual lamentaría, en el sentido de que teníamos la política de no aislar y terminamos en la política de aislar, teníamos una voluntad para un lado y los hechos nos la fueron torciendo para otro. En eso tenemos responsabilidad: nos gobernaron los hechos y no nosotros a ellos, y como el Poder Legislativo controla al Ejecutivo, tengo la obligación de decir lo que pienso, expresárselo directamente al señor Ministro, en el sentido de que no me convence que se diga que no había alternativa y que no había otra posibilidad.

11) SOLICITUD DE LICENCIA

SEÑOR PRESIDENTE.- Dése cuenta de una solicitud de licencia.

(Se da de la siguiente:)

"El señor Senador Enrique Rubio solicita licencia para el día 24 de mayo de 2002."

- Léase.

(Se lee: )

"Montevideo, 24 de mayo de 2002.

Sr. Presidente de la

Cámara de Senadores

Don Luis Hierro López

Presente.-

Por su intermedio solicito al Cuerpo me conceda licencia por razones personales el día 24 de mayo de 2002.

Sin más, le saluda atentamente.

Enrique Rubio, Senador."

SEÑOR PRESIDENTE.- Se va a votar si se concede la licencia solicitada.

(Se vota: )

- 23 en 24. Afirmativa.

Queda convocado el señor Senador Bayardi.

Dése cuenta de otra solicitud de licencia

(Se da de la siguiente: )

"El señor Senador Astori solicita prórroga de la licencia concedida hasta la finalización de la sesión iniciada el 23 de mayo de 2002."

- Léase.

(Se lee: )

"Montevideo, 24 de mayo de 2002.

Sr. Presidente de la

Cámara de Senadores

Don Luis Hierro López

Presente

De mi mayor consideración:

Por la presente solicito al Cuerpo la prórroga de la licencia concedida, hasta la finalización de la sesión iniciada el 23 de mayo de 2002.

Sin otro particular, saluda al señor Presidente muy atentamente.

Danilo Astori, Senador."

SEÑOR PRESIDENTE.- Se va a votar si se concede la licencia solicitada.

(Se vota: )

- 23 en 25. Afirmativa.

12) INTEGRACION DEL CUERPO

SEÑOR PRESIDENTE.- Dése cuenta de un desistimiento a la convocatoria.

(Se da del siguiente: )

"La señora Nelly Goitiño comunica que, por esta única vez, no acepta la convocatoria de que ha sido objeto."

- Léase.

(Se lee: )

"Montevideo, 23 de mayo de 2002.

Señor Presidente de la

Cámara de Senadores

Don Luis Hierro López

Presente

De mi mayor consideración:

Habiendo sido convocada por este Cuerpo, en mi calidad de suplente del Senador Danilo Astori, comunico a usted por este medio, mi renuncia por esta única vez, solicitando se convoque a mi suplente correspondiente.

Sin otro particular, saludo al señor Presidente muy atentamente.

Nelly Goitiño."

SEÑOR PRESIDENTE.- Continúa en el ejercicio de su banca el señor Senador Segovia.

13) SOLICITUD DE LICENCIA

SEÑOR PRESIDENTE.-Dése cuenta de otra solicitud de licencia.

(Se da de la siguiente: )

"El señor Senador Mujica solicita licencia por el día 24 de mayo de 2002."

- Léase.

(Se lee: )

"Montevideo, 23 de mayo de 2002.

Sr. Presidente de la Cámara de Senadores

Don Luis Hierro López

Presente

De mi consideración:

Por la presente, solicito se dé trámite a licencia por el día 24 de mayo de 2002 y que se convoque al suplente correspondiente.

Sin otro particular, saluda a usted atentamente.

José Mujica, Senador."

SEÑOR PRESIDENTE.- Se va a votar si se concede la licencia solicitada.

(Se vota: )

- 24 en 25. Afirmativa.

14) INTEGRACION DEL CUERPO

SEÑOR PRESIDENTE.-Dése cuenta de un desistimiento.

(Se da del siguiente: )

"La señora Lucía Topolansky comunica que, por esta única vez, no acepta la convocatoria de que ha sido objeto."

- Léase.

(Se lee: )

"Montevideo, 23 de mayo de 2002.

Señor Presidente de la

Cámara de Senadores

Don Luis Hierro López

Presente.-

De mi mayor consideración:

Por intermedio de la presente comunico a Ud. que por esta vez no me es posible aceptar la integración a la Cámara como suplente del Senador José Mujica para el día 24 del corriente.

Sin otro particular, saluda a Ud. atentamente.

Lucía Topolansky."

SEÑOR PRESIDENTE.- Continúa en ejercicio de su banca el señor Senador Abelenda.

15) POLITICA EXTERIOR DEL PAIS

SEÑOR PRESIDENTE.- Continúa la consideración del tema en debate: Política Exterior del país.

SEÑOR COURIEL.- Pido la palabra.

SEÑOR PRESIDENTE.- Tiene la palabra el señor Senador.

SEÑOR COURIEL.- Son las 23 y 35 minutos; llevamos casi ocho horas de debate, luego de una jornada muy larga que transcurrió en el día de ayer. Por eso, voy a ser lo más breve posible sobre esta temática.

Hace exactamente un año, señor Presidente, llevamos a cabo una reunión en el Senado en régimen de Comisión General con el señor Ministro de Relaciones Exteriores. Diría que la conclusión y la convicción que saqué de aquella Comisión General era que en el Uruguay habían dos políticas internacionales: una llevada por el señor Presidente de la República y otra -lo digo con todo respeto- por el señor Ministro de Relaciones Exteriores.

(Ocupa la Presidencia el señor Senador Correa Freitas)

- En aquel momento -y lo digo claramente- el señor Ministro me convenció. En aquella oportunidad le dije que aceptaba sus explicaciones, pero ellas no coincidían con lo que él llamó la autopsia que yo le había hecho a las declaraciones del señor Presidente de la República, doctor Jorge Batlle. Lo que siento hoy es otra cosa, y es que hay dos hechos nuevos en el año. Uno es el intento de un acuerdo comercial con los Estados Unidos y, otro, el tema relacionado con Cuba. Por lo cual siento que en lugar de haber dos políticas internacionales hay una sola. Y de aquellas expresiones de diferencia que sentía hace un año, hoy predomina la política internacional que a mí no me convencía y que tiene que ver con las posiciones del señor Presidente de la República.

Esto es lo que yo siento. Me da la sensación -y lo voy a decir de la mejor manera posible- de que, a veces, el Presidente de la República hace declaraciones como si fuera el Ministro de Economía y Finanzas, y en otras ocasiones emite afirmaciones propias del Ministro de Relaciones Exteriores.

Por lo tanto, llego a la constatación de que, si bien el señor Ministro quiere tener una política de Estado -le creo, puesto que lo ha demostrado en infinitas oportunidades-, también lo es que durante este año, a raíz de estos acontecimientos, da la impresión de lo contrario. Hace un año el señor Ministro me convenció, pero ahora no. Siento que la política de Estado, que es muy positiva para un país pequeño como el Uruguay, no es estática, sino dinámica. Recuerdo que el 4 de abril, a raíz de que yo sentía que no existía una política de Estado, el señor Ministro me dijo en la Comisión: "Me llama la atención que usted diga eso, porque la política de Estado es algo que se va construyendo en el tiempo". Creo que es exacto lo que expresó, pero hoy siento que la política de Estado también se va destruyendo con el tiempo, puesto que las diferencias se van profundizando, limitan e impiden que aquélla se pueda llevar a la práctica.

Creo que el señor Ministro está entre dos fuegos. En virtud de lo avanzado de la hora, no voy a profundizar sobre este tema. Sólo voy a decir que, como Ministro de Relaciones Exteriores, uno de esos fuegos es el Presidente de la República y, el otro, el de su grupo político, el Foro Batllista que, desde el Poder Ejecutivo, hizo una política de Estado y que, en este momento, su "leit motiv" es la confrontación con el Frente Amplio, no a nivel de política interna, sino internacional. Son dos fuegos que, sin ninguna duda, afectan las posiciones del Ministerio de Relaciones Exteriores.

Ya manifesté muchas de estas puntualizaciones el año pasado; otras son nuevas. No me olvido del discurso del doctor Batlle en Quebec apoyando al Presidente Bush y pidiéndole al resto de los Presidentes latinoamericanos que presionaran al Partido Demócrata para sacar cuanto antes el "fast track", que dio lugar a que el Presidente Bush le cursara una invitación especial al finalizar la reunión.

Aclaro que comparto las manifestaciones del señor Ministro acerca de las declaraciones del Canciller de Cuba y del Presidente Fidel Castro. Sin embargo, no dijo lo que hizo nuestro Presidente de la República antes, en Monterrey. En esa ocasión, sus expresiones se acercaron mucho más a la posición de Estados Unidos cuando criticaba a Cuba. Recuerdo algunas expresiones del Presidente Batlle a raíz de los acontecimientos que se vivieron el 11 de setiembre. Confieso que las compartí y me parecieron muy atinadas. Pero no siento lo mismo con respecto a otros temas. Por ejemplo, en estos días, el Gobierno de Estados Unidos adoptó una resolución a través de la cual otorga un subsidio por U$S 180.000:000.000 a los productos agrícolas. He escuchado al Presidente de la República decir cosas terribles contra la Unión Europea -aunque a veces, los términos que utiliza no son los más adecuados- criticando los subsidios. Pero no vi ninguna declaración suya -admito la posibilidad de que pueda haberlo hecho y de que yo no me haya enterado- sobre esta medida que se acaba de tomar en Estados Unidos. El Gobierno de este país está tratando el TPA, antes "fast track" o vía rápida en el ámbito parlamentario. No hay acuerdos. Esto es muy importante, porque uno siente que en el Parlamento se están tratando de buscar mecanismos tendientes a que el Poder Ejecutivo no pueda negociar los rubros sensibles, los 315, o los que se puedan considerar "anti dumping", que pueden afectar la industria norteamericana. He leído declaraciones del Ministerio de Relaciones Exteriores de Brasil criticando permanentemente estas medidas. ¡No tengo conocimiento que nuestro Gobierno haya criticado estas disposiciones!

SEÑOR MINISTRO.- ¿Me permite una interrupción, señor Senador?

SEÑOR COURIEL.- Con mucho gusto.

SEÑOR PRESIDENTE (Dr. Correa Freitas).- Puede interrumpir el señor Ministro.

SEÑOR MINISTRO.- Quisiera compartir con los señores Senadores cierta información que, por su naturaleza, no se maneja permanentemente en los medios de prensa, por cuanto hacen a la vida interna e internacional de la Cancillería.

Respecto del asunto específico al que acaba de referir el señor Senador Couriel, me gustaría leer, al menos la parte sustantiva, de las instrucciones enviadas a nuestro Embajador en Ginebra, el 7 de abril, con relación al "Farm Bill". Concretamente, en dicho documento se expresa lo siguiente: "1) Como es de su conocimiento, el día 2 de mayo la Cámara de Representantes de los Estados Unidos aprobó la llamada Ley sobre Seguridad Agrícola e Inversión Rural 2002, "Farm Bill", que contiene un conjunto de medidas de apoyo al sector agrícola americano, a través del otorgamiento de subsidios a la producción de determinados productos, así como programas para la conservación de tierras, nutrición, apoyo a las exportaciones, infraestructura, etcétera. 2) El sistema de apoyo al sector agrícola ya reconoce un primer antecedente en la Ley de 1996, pero esta nueva versión de la "Farm Bill" introduce nuevos mecanismos y fundamentalmente aumenta drásticamente los montos destinados a subsidiar la producción interna. 3) El proyecto aprobado en la Cámara de Representantes deberá ser ahora discutido y aprobado por el Senado norteamericano durante la presente semana. 4) Varios países exportadores de productos agrícolas han manifestado públicamente su oposición a este proyecto de ley, denunciando las graves implicancias que tendrá para el comercio internacional en materia de productos agrícolas. Australia, Nueva Zelanda, Brasil y Canadá han realizado a través de distintos voceros sendas declaraciones de rechazo a la aplicación de este conjunto de ayudas al sector interno norteamericano. En ellas se advierte sobre las implicancias negativas que ello tendrá sobre las negociaciones comerciales multilaterales, ya que la "Farm Bill" se orienta en un sentido claramente contrario a los objetivos aprobados en Doha para el inicio de un nuevo ciclo de negociaciones en la OMC. 5) Dada la posición tradicional que Uruguay ha sostenido respecto al comercio agrícola rechazando la utilización de subsidios a la exportación y apoyos internos distorsionantes del comercio, resulta importante que nuestro país exprese a su vez su preocupación respecto al alcance de las medidas de apoyo previstas en las "Farm Bill". 6) Se ha entendido que el ámbito adecuado para expresar dicha posición es el de Ginebra, donde se analiza la conformidad de las medidas de política comercial adoptadas por los diferentes países respecto a los compromisos multilaterales de la OMC. 7) En tal sentido, sería conveniente que en el marco del Grupo Cairns, donde el tema será considerado, nuestro país adopte una posición sobre la base de los siguientes lineamientos."

Esto es lo fundamental. Prosigo con la lectura: "Uruguay, junto al grupo Cairns ha mantenido durante años una posición contraria a la utilización de los subsidios y los apoyos internos distorsionantes del comercio en el sector agrícola. Nuestro país ha reclamado su eliminación como objetivo final de las mismas, independientemente de quiénes sean los países que los otorguen. Estos mecanismos constituyen el factor más pernicioso para emprender una liberalización ambiciosa y creíble del comercio mundial en el sector. De acuerdo con los elementos recabados hasta el momento la Farm Bill prevé apoyos a ciertos productos mediante la utilización de distintos canales: low rates, direct payment, target price, que se vinculan claramente con la producción y los precios de los productos básicos seleccionados. Asimismo se constata un aumento sustantivo de los fondos públicos destinados a este destino", etcétera.

No quiero seguir leyendo porque es un largo fax al que, de todos modos, quizás haya dado lectura en forma abusiva. Quiero decir que esta instrucción fue dada en mi ausencia -me encontraba en España, en ocasión de la Cumbre Unión Europea - MERCOSUR- , pero con mi conocimiento y aprobación, por parte del señor Canciller interino. La Cancillería, en este tema, como en otros, no siempre tiene la disposición de hacer notoria y pública su acción, dado que ésta se registra en niveles en los cuales el tipo de comunicación que mantenemos los gobiernos y las organizaciones, corresponde a este tipo de trato. Naturalmente, si algún Senador o Diputado nos hubiera convocado a la Comisión de Asuntos Internacionales para explicar cuál era nuestra reacción frente al Farm Bill, habríamos hecho lo que estamos haciendo ahora.

SEÑOR PRESIDENTE (Dr. Correa Freitas).- Puede continuar el señor Senador Couriel.

SEÑOR COURIEL.- Imaginaba que la Cancillería debía tener una posición de esta naturaleza, y me alegro por ello; no puedo pensar que tenga otra. Sin embargo, estaba diciendo que, permanentemente, el Presidente de la República ataca la política de subsidios de la Unión Europea y no lo había visto nunca condenar la de Estados Unidos. No obstante ello, la Cancillería lo está haciendo y me parece muy bien.

Con respecto al ALCA, cabe señalar que hay un elemento nuevo. Hace un año, no se planteaba un acuerdo comercial. Estoy totalmente de acuerdo con la búsqueda de nuevos mercados y negociar para rubros específicos, para que pueda entrar la cuota Hilton en Europa, para poder exportar carne con o sin vacuna de aftosa a Estados Unidos, como así también lácteos. Además, vamos a hablar claro: el mundo quiere exportar todo a Estados Unidos, porque es el principal mercado mundial. Esa es una cosa, pero otra es hacer permanentes declaraciones en el sentido de que lo que queremos es un acuerdo de carácter comercial. Recuerdo que hace un año se decía que no era un acuerdo y que no afectaba al MERCOSUR. Primero hubo un consejo de economía conjunta -que no afecta para nada al MERCOSUR- y luego una comisión conjunta de comercio e inversiones. Entonces, el Ministro nos dice que cuando lleguemos a una etapa determinada tendremos que pedir autorización porque estaremos afectando el artículo 32 del Tratado del MERCOSUR. De manera que eso es real. Me imagino, señor Presidente, que en la situación que viven Argentina y Uruguay, el grado de comprensión debe ser muy alto; eso es muy lógico. Las múltiples declaraciones del Presidente de la República diciendo que a Argentina y a Brasil no les podemos vender y que nos queremos ir a otros mercados, están dando una sensación de que elementos claves del MERCOSUR podrían quedar sin efecto. Por su parte, pregunta si es malo hacer un acuerdo comercial como lo está intentando Chile. El tema es el siguiente, señor Ministro. Negociar con Estados Unidos no es sencillo y eso todos lo sabemos. El señor Ministro fue representante de Uruguay en Washington, oportunidad en la que tuvo ocasión de estar con él. El Parlamento norteamericano siempre fue muy regionalista y como tal, muy proteccionista. Ojalá tengamos la máxima suerte pero, insisto, no es fácil. Cuando se aproxime un acuerdo comercial, ellos van a pedir algo relativo a la propiedad intelectual, a los servicios, a las inversiones, etcétera. Nosotros tenemos una ley de patentes en materia de medicamentos con la que estamos muy contentos, pero si se alcanza un acuerdo comercial, eso es lo primero que van a pedir; ya lo han declarado.

A su vez, el Ministro también pregunta si no es positivo hacer todo esto. Ante eso, me pregunto si solos tenemos más fuerza que acompañados. A mi juicio, este es el tema fundamental en lo que tiene que ver con el acuerdo comercial. Bienvenida la búsqueda de mercado, porque todo eso es muy positivo. Quiero leer un documento de la cumbre presidencial del MERCOSUR hace dos años, llevada a cabo en Buenos Aires. Allí, se habla de fortalecer el bloque y que éste sea el trampolín para negociar con el ALCA. También reitera el compromiso de negociar en forma conjunta acuerdos comerciales con terceros países. Los presidentes acordaron iniciar negociaciones para crear antes del 2002 una zona de libre comercio entre el MERCOSUR y la comunidad andina, más Chile, Guyana y Surinam, como paso previo a la conformación del ALCA. Sin embargo, vemos que las declaraciones del Presidente de la República van en el sentido de negociar con Estados Unidos a fin de llegar a un acuerdo comercial bilateral.

SEÑOR MINISTRO.- ¿Me permite una interrupción, señor Senador?

SEÑOR COURIEL.- Con mucho gusto.

SEÑOR PRESIDENTE (Dr. Correa Freitas).- Puede interrumpir el señor Ministro.

SEÑOR MINISTRO.- Siempre sigo con mucha atención los razonamientos del señor Senador Couriel, entre otras razones, porque tiene la gran virtud de que logra introducirnos en su línea de pensamiento, más allá de que luego uno pueda compartir su conclusión o no. A mi juicio -y no soy quién para evaluarlo- buena parte de su razonamiento es correcta. Sin embargo, hay un dato de la realidad que deberá compartir con nosotros. Hoy día, la situación de la comunidad andina y del propio MERCOSUR no es normal; ambas afectadas por razones u orígenes distintos, pero las dos son situaciones patológicas.

En consecuencia, nuestra posibilidad para manejar una noción regional del tema, se hace por demás difícil. Eso auspicia aún más la búsqueda acuciante de otros mercados, como es el caso de Estados Unidos, de la ampliación del convenio con México o la apertura de negociaciones comerciales con Canadá, que pensamos llevar adelante. No se trata de una situación retórica, sino real. Precisamente, es en su interior que nos estamos moviendo.

Por lo tanto, desde esa perspectiva analítica que lo caracteriza, invito al señor Senador Couriel a que reflexione teniendo en cuenta que estamos ante una situación de hecho en la que resultaría prácticamente imposible tomar otro camino que no fuera el de buscar caminos alternativos.

SEÑOR PRESIDENTE (Dr. Correa Freitas).- Puede continuar el señor Senador Couriel.

SEÑOR COURIEL.- Comparto lo que dice el señor Ministro. Sé que hay problemas, y para empezar, basta con mirar a Argentina.

Insisto, negociar con Estados Unidos no es fácil, como tampoco lo es con Brasil. Sin embargo, hay una conducta que es la que quiero sostener. Estamos en un mundo de bloques: uno liderado por Estados Unidos, otro es el de la Unión Europea, en el Sudeste asiático tenemos mucha fuerza de parte de Japón y de China. Entonces, solos no podemos.

Es verdad lo que dice el señor Ministro sobre la Comunidad Andina. Es verdad lo que dice el señor Ministro sobre Brasil. Es verdad lo que dice el señor Ministro sobre Argentina. Hagamos los máximos esfuerzos por tratar de conjugar esfuerzos. Me parece vital. ¿Esto qué significa? ¿Que el señor Ministro se limite, que no comercie con Estados Unidos, que no vaya a pelear el tema de la aftosa? Vaya a pelearlo, y yo lo acompaño, si el señor Ministro me invita. ¿El señor Ministro quiere incluir los lácteos y los textiles?

No quiero entrometerme en otro tema. Lo cierto es que el Uruguay perdió cuotas por falta de rentabilidad y competitividad de sus productos de exportación. El Uruguay perdió ofertas, y cada vez tiene menos, como consecuencia de una política que afectó al sector exportador. Esto es responsabilidad del Uruguay. Sin embargo, ganar mercados es absolutamente vital, pero se debe intentar hacerlo sin conflictos con sus países vecinos del MERCOSUR, tratando de conjugar esfuerzos, porque el mundo internacional nos obliga a buscar el máximo elemento de unidad en la región latinoamericana, pese a todas las dificultades que tenemos.

No es de casualidad -según tengo entendido- que haya salido una delegación empresarial y del Gobierno -no estoy seguro hacia dónde; me parece que a China- que iba a Brasil y pidió a Argentina que fueran juntos. Entonces, fueron con empresarios argentinos y representantes del Gobierno, hecho que me parece extremadamente positivo. Ojalá pudiéramos hacer muchas cosas de esta naturaleza en el futuro. Pero oigo permanentemente declaraciones -quiérase o no- de gente que siente como que el punto clave es el mercado norteamericano -por supuesto es muy importante-, y que lo es como el sustituto de la parte regional. Eso se siente constantemente, no digo como un ataque ni mucho menos, porque una cosa son las declaraciones y otra la negociación. Esas son declaraciones, pero se llegó al Acuerdo comercial; hay un estado de avance nuevo.

El año pasado el señor Ministro nos dijo: "Mire, todas las negociaciones en el ALCA, así como en la Unión Europea, las hacemos como MERCOSUR". Sé que es verdad. Sin embargo, acá hay un hecho nuevo en el cual, de pronto, se puede llegar a entrar en conflicto con el resto de los países.

El señor Ministro manifiesta: "Botafogo tuvo que retractarse". Sí; no digo que no. El señor Ministro conoce mucho más que yo a Itamaratí, y sabe que juega muchas cartas. No me puedo olvidar de que la primera vez que el Presidente de la República llegó a ver a Fernando Henrique Cardoso, se repartió a los periodistas una nota en donde se mencionaba que el doctor Jorge Batlle había hablado del Virreinato del Río de la Plata, que era pro argentino, antibrasileño. Por supuesto, la Cancillería dijo: "No tenemos nada que ver". Es lógico, la Cancillería no podía tener nada que ver, pero lo cierto es que ese papel se repartió. Desde este punto de vista, es verdad que Botafogo es el Embajador en Argentina, pero tampoco cualquier funcionario de Itamaratí.

Se dice: "Nuevos mercados". Sí. "Avanzar hacia la obtención de rubros específicos". Sí, pero intentemos hacerlo siempre dentro de una línea estratégica en donde se me diga que en este mundo de bloques la unidad de América Latina es fundamental.

SEÑOR SUBSECRETARIO.- ¿Me permite una interrupción, señor Senador?

SEÑOR COURIEL.- Con mucho gusto.

SEÑOR PRESIDENTE (Dr. Correa Freitas).- Puede interrumpir el señor Subsecretario.

SEÑOR SUBSECRETARIO.- Señor Presidente: simplemente deseo brindar dos informaciones que quizás sean útiles.

Anteayer se reunieron Brasil y los Estados Unidos, concretamente el heredero en el puesto del Embajador Botafogo, el Embajador Clodoaldo Hugueney y el representante de los Estados Unidos para Comercio. Esa reunión se llevó a cabo en el marco del Consejo Económico y de Inversiones, como consecuencia de la visita del Presidente Fernando Henrique Cardoso a Washington el año pasado. Esa es una información.

El segundo comentario que quiero hacer es que dentro de quince días está saliendo una delegación conjunta de los cuatro países del MERCOSUR -que hemos venido promoviendo con importadores de cada uno de ellos- a Sudáfrica, donde habremos de mantener negociaciones, y también tareas de promoción conjunta entre los cuatro Estados.

Es cuanto quería manifestar.

SEÑOR PRESIDENTE (Dr. Correa Freitas).- Ha llegado a la Mesa una moción firmada por el señor Senador Gargano, para que se prorrogue el término de que dispone el señor orador.

Si no se hace uso de la palabra, se va a votar.

(Se vota:)

- 18 en 19. Afirmativa.

Puede continuar el señor Senador Couriel.

SEÑOR SINGER.- ¿Me permite una interrupción, señor Senador?

SEÑOR COURIEL.- Tengo media hora, por lo que no me va a alcanzar el tiempo. Hago el esfuerzo de conceder interrupciones al señor Ministro y al señor Subsecretario, por lo que pido disculpas al señor Senador Singer.

Uno lee los diarios brasileños todos los días, y podemos ver declaraciones, no sólo por el tema del Parlamento norteamericano, sino también de miembros del Poder Ejecutivo norteamericano, que dicen: "El tema de los subsidios y de los paraarancelarios," ‘es decir, las cuotas’ "y de los sanitarios, todos van a ir a la OMC". Brasil señala: "Si no hay esto en el ALCA, no hay ALCA". Me pregunto: ¿Uruguay dice lo mismo que Brasil? O acaso expresa: "no importa, qué le vamos a hacer; los subsidios y los paraarancelarios que vayan a la OMC, donde están Europa, Japón y Estados Unidos y donde va a ser mucho más difícil la negociación. Allí yo también me siento en posiciones distintas".

Insisto: no es que estemos contra el ALCA, pero queremos negociar de la mejor manera posible. En la década de 1980 había desconfianzas enormes entre los países latinoamericanos, lo que jamás permitió una unidad para negociar la deuda. Había un problema de Estados Unidos -no voy a relatarlo ahora-, y de desconfianza de los países. La década de 1990 representa un brutal avance de cooperación política de los países latinoamericanos, y positiva, y uno tiene que saludarlo. Lo que uno siente cuando analiza este tipo de declaraciones es que estamos como bombardeando la posibilidad de unidad en estos campos.

Asimismo, uno se pregunta: ¿en el futuro van a venir negociaciones? Por su parte, el mundo desarrollado dice: "¿Restricciones a movimientos de bienes?". No, ninguna. ¿Restricciones a movimientos de capitales? No, ninguna. Máxima restricción al movimiento de personas, que a nosotros también nos interesa y que es uno de los grandes problemas que tiene México.

El Presidente de Brasil dice -y lo comparto-: "La volatilidad y vulnerabilidad de los movimientos de corto plazo afectan a los países emergentes y a la periferia. Hay que regularlo". ¿Uruguay va a ir solo a negociar esto? No; no puede hacerlo. Entonces, otra vez la unidad de América Latina es vital, y ojalá que con otros. A veces, uno le teme al acuerdo multilateral de inversiones, en función de lo cual no puede haber políticas que afecten a ninguna transnacional. ¿Lo vamos a negociar solos? No, en unidad.

En fin, tengo aquí todo lo que tiene que ver con la inserción comercial de Uruguay, pero como lo referí el año pasado, no voy a reiterarlo ahora.

Sobre el MERCOSUR, sé lo que va a decir el señor Ministro de Relaciones Exteriores, porque ya lo señaló. Es verdad lo que afirma; no lo niego. Sin embargo, a veces empiezo a preguntarme, cuando escucho declaraciones del señor Presidente de la República: ¿queremos Unión Aduanera o Zona de Libre Comercio, porque con esta última podemos negociar solos?

Entonces, si salimos a decir permanentemente que queremos el ALCA cuanto antes y una Zona de Libre Comercio con Estados Unidos, eso va a afectar al MERCOSUR, porque hace lo propio con su Arancel Externo Común y, por lo tanto, la política comercial conjunta con respecto a terceros países también se va a ver afectada.

A veces siento -y hago una comparación- que el señor Ministro de Relaciones Exteriores cumple un papel parecido al que cumplió en la época del Presidente De la Rúa el Ministro Rodríguez Yavirini. El Ministro de Economía, Cavallo, hacía declaraciones contra Brasil, y el Ministro de Relaciones Exteriores salía a resolver el conflicto que había generado el Ministro Cavallo. Reitero que a veces siento que cuando el señor Presidente de la República hace declaraciones, el señor Ministro de Relaciones Exteriores sale a ver cómo resuelve la situación.

Sin duda, insisto, creo que esta Cartera tiene políticas de Estado, ha hecho esfuerzos con respecto a las relaciones comerciales con Estados Unidos y con el MERCOSUR. Pero con este Acuerdo comercial con Estados Unidos y con el asunto de Cuba, los elementos claves de la política de Estado se modifican.

El señor Senador Gargano, en su segunda exposición, habló del tema de Venezuela. A mí me parece muy bien que desde el Grupo de Río en Costa Rica se haya criticado, pero, en lo que me es personal, me hubiera gustado que el Poder Ejecutivo y el Ministerio de Relaciones Exteriores hubieran hecho una condena concreta y específica al golpe de Estado que se dio en ese país. Entonces, no quiero tener suspicacias de ninguna especie, pero estábamos en esos días en que parecía que el Gobierno de Estados Unidos iba a apoyar al señor Carmona, que había dado el golpe de Estado. Hubiera sido bueno que el Gobierno de Uruguay hubiese dicho: "No, de ninguna manera; nosotros condenamos el golpe de Estado, porque queremos defender, antes que nada, la democracia y las cláusulas democráticas que se aprobaron en Lima".

¿Cuál es el problema central sobre Cuba? Creo que uno de los elementos claves es que Uruguay presenta la moción. Esto, para mí, es la novedad, porque nuestro país varias veces votó en contra de Cuba, apoyando la declaración de condena por los problemas de derechos humanos. Pero nunca esperábamos -ni imaginábamos- que el Gobierno de Uruguay hubiera tenido la iniciativa para presentar la moción. Me siento en la necesidad, porque me parece que el tema no se puso sobre la mesa aunque, de alguna manera, lo presentó el señor Senador Fernández Huidobro, de preguntar quién es en el mundo internacional el que tiene la posición de enfrentar y condenar a Cuba. ¿Quién es? ¿Es Argentina, Uruguay, Chile, Venezuela, Brasil o México? Quien tiene la posición de aislar y condenar permanentemente a Cuba es Estados Unidos. Esa es la gran verdad. Eso está en el contexto, está arriba de la mesa, no lo puedo saltear. Además, vivimos acontecimientos concretos y específicos. Es más, la última elección que ganó el Presidente Bush se definió en el Estado de la Florida y, en esta oportunidad, el voto de los exiliados cubanos fue muy importante. En las próximas elecciones se va a presentar para Gobernador el hermano de Bush, y él también va a tratar de convencer de la política que aplicará a los exiliados cubanos.

El señor Senador Fernández Huidobro hacía mención acerca de que la política de Estados Unidos, a partir del 11 de setiembre, era de seguridad. Siempre lo escucho decir al señor Presidente Cardoso -y me gusta- que la seguridad es muy importante, pero que no nos olvidemos de los problemas económicos y sociales que se están viviendo en la periferia y que el mundo desarrollado debe ayudar y, por el contrario, no lo hace. Inclusive, Estados Unidos introdujo a Cuba en el eje del mal, y la ubicó también entre los países que hay que atacar por problemas de terrorismo.

Estados Unidos estuvo en la negociación que se produjo en Ginebra. No forma parte de la Comisión, pero igualmente estuvo presente; inclusive, aparecen en las fotos, en los videos, en las películas, representantes de los Estados Unidos presionando.

Hay algo muy interesante que expresa el señor Ministro: "Fíjense todos los países que apoyaron la moción", como diciendo que Uruguay la apoyó, pero hubo más países que también lo hicieron. ¿Estados Unidos no tenía nada que ver, señor Ministro, en ese apoyo que tuvo la moción? Cuando el señor Ministro dice que la Unión Europea votó, Fulano votó y el otro votó, ¿Estados Unidos estaba al margen? ¿No tenía nada que ver en esto? ¿Era Uruguay solo que podía convencer a todos los países que apoyaron su moción? Qué quiere que le diga, señor Ministro. Es poco creíble. Entonces, allí está de nuevo la sensación que uno tiene de que el voto sobre derechos humanos debiera ser siempre una política de principios, no por razones de conveniencia o de oportunidad. A veces, en este mundo internacional, esto ocurre, porque cuando votamos y no condenamos a China o a Irán en el pasado, no es por principios, sino que también hubo elementos de conveniencia y de oportunidad.

Entonces, para mí la gran novedad en este asunto de Cuba no es la votación. El señor Ministro nos dijo el 4 de abril que se iba a votar alguna moción que tenía que ver con Cuba, pero no dijo que fuera a favor. La gran novedad es que Uruguay haya presentado la moción.

SEÑOR MINISTRO.- ¿Me permite una interrupción, señor Senador?

SEÑOR COURIEL.- Con mucho gusto.

SEÑOR PRESIDENTE (Dr. Correa Freitas).- Puede interrumpir el señor Ministro.

SEÑOR MINISTRO.- Me pregunto, señor Presidente, si un país como el Uruguay, que tiene una tradición democrática sólo interrumpida por un período afortunadamente breve en el conjunto de su historia, no tiene la legitimidad para presentar un proyecto de la naturaleza del que se votó. Me pregunto si es posible pensar que nosotros debiéramos autobloquearnos, autovetarnos, en nuestra capacidad de iniciativa, pensando que luego nos iba a traer determinadas consecuencias. Hay un problema importante, en este sentido, que es saber cuáles son nuestras propias posibilidades que, ciertamente, no son las de habernos adueñado de la comunidad internacional. Por cierto, el voto en Ginebra no fue producto de una acción exclusiva de Uruguay. Pero también veamos cómo varios países que incluso tienen en el interior de sus Estados gobiernos de cuño socialista o laborista, apoyaron esta propuesta. Lo hicieron en el bien entendido de que iba al encuentro de un problema que hoy existe, que es que el esfuerzo de mejorar la situación de los derechos humanos en Cuba, aparece no suficientemente abastecido del oxígeno que le deben brindar los derechos civiles y políticos.

Cuando vemos a Francia, con un Gobierno socialista, al Reino Unido y a Alemania, nos surge la idea de que hay que analizar con más cuidado la composición de este acto de voluntad, que no puede estar de ninguna manera inspirado en un criterio político de un determinado país -y pequeño como el nuestro- en el concierto de las naciones, frente a una Unión Europea que tiene con los Estados Unidos una relación que, por momentos, se torna contenciosa. Basta ver la reacción de la Unión Europea frente al "Farm Bill" y todas las declaraciones que en las Naciones Unidas son acompañadas por la Unión Europea y tienen el voto contrario de Estados Unidos. Todos sabemos que no hay un gran amor entre ambos, debido a muchos temas de política exterior y, sin embargo, todos los miembros integrantes de la Unión Europea en la Comisión votaron la propuesta de Uruguay.

¿El delito de Uruguay estuvo en presentarla? ¿No estuvo en compartir su contenido, ni en saber si en ella se veía o no reflejado su pensamiento, su sentido liberal de los sistemas y métodos para hacer posible que la voluntad popular permee las decisiones del Gobierno y éste no se convierta en una especie de coraza amurallada, en donde no existe la posibilidad de ventilarlas con la opinión pública? ¿En eso estuvo el delito de Uruguay? ¿Ese es el gran pecado de Uruguay, que lo ha convertido en una especie, diría yo, de estigma de su política exterior?

No comparto de ninguna manera ese criterio. Estoy absolutamente convencido de que hicimos lo que los principios ordenaban; y separo este tema de la ruptura. Esta es un efecto o consecuencia de hechos o actos que no están en la planificación de ninguna Cancillería normal del mundo, cuales son los improperios y los agravios. Sólo hago referencia a aquello que es razonablemente previsible, es decir, cuando uno se embarca en una propuesta y los efectos que derivan de su aprobación o de su rechazo.

SEÑOR PRESIDENTE (Dr. Correa Freitas).- Puede continuar el señor Senador Couriel.

SEÑOR COURIEL.- En este tema no comparto para nada la posición del señor Ministro. En primer lugar, me pregunto por qué tenemos que condenar a Cuba.

SEÑOR MINISTRO.- No la condenamos.

SEÑOR COURIEL.- Eso es lo que usted cree, porque de alguna manera le llama cooperación a algo que hay que ver todo el lío que le ha generado a Uruguay con Cuba. Esto es así.

SEÑOR BRAUSE.- Los insultos vienen de ahí.

SEÑOR COURIEL.- Sobre ese tema voy a hablar enseguida; ya voy a llegar ahí. Todavía no hablé del tema del rompimiento de relaciones.

Uno se pregunta por qué no condenamos a Guatemala, donde el problema de los derechos humanos con los indígenas es permanente ¿Por qué no la condenamos? ¿Por qué no condenamos a El Salvador en el pasado? ¿Por qué no condenamos el hecho de que en América Latina la calidad de la democracia está brutalmente afectada, porque hay ciudadanos de primera y de segunda frente a la Justicia, frente al Estado o frente a la Policía? ¿Por qué no condenamos esto? Creo que no lo hacemos -lo digo con total sinceridad y claridad- porque Estados Unidos no está interesado en condenar a Guatemala, la calidad de la democracia, ni algunos fraudes electorales. Estados Unidos está interesado en Colombia. Entonces, arriba; vamos a ver qué hacemos con Colombia. Estados Unidos está interesado en afectar al Gobierno de Chávez en Venezuela; arriba. Es más que evidente que Estados Unidos quiere afectar a Cuba y el elemento que encuentra permanentemente todos los años es atacarlo vía derechos humanos. Esto es así. Entonces, desde ese punto de vista, cuando no consiguió a la República Checa, tuvo que presionar. No sé si presionó o no al Uruguay, pero presionó -sin duda que lo hizo- para que saliera la votación y estuvieran los 23 votos. Por supuesto que presionó. ¿Cuáles son las ventajas para el Uruguay? Pregunto por que no sé cuáles son. De pronto se me aclaran y me dicen: "Habiendo hecho esto, obtuve tales y cuales ventajas". No sé cuáles son.

En cuanto a la génesis del documento, puedo aceptar que el señor Ministro tenga toda la razón. En ese sentido, voy a contar una anécdota. Una vez tuve que dirigir un proyecto de Naciones Unidas en Lima. El chofer se enfermó y entonces salí yo manejando el auto. Di una marcha atrás y apenas rocé el auto con alguna cosa. Eso generó una abolladura impresionante, pero reitero que el roce fue mínimo. Cuando le conté esto al representante del Presidente de las Naciones Unidas, me dijo: "Fue de noche, habías tomado copas", etcétera. En realidad, en general, no me emborracho, y no lo podía convencer. Entonces, les comenté a dos argentinos que estaban conmigo lo que me había pasado con el representante de Naciones Unidas, el que había pensado que yo estaba borracho. Ellos me dijeron: "¿Sabés lo que pasa, Alberto? Vos tenés toda la razón, pero no es creíble lo que decís". Yo siento lo mismo ahora. Es posible que el señor Ministro tenga razón, pero cuando vemos el hecho de que el documento que presenta Uruguay tiene tantas similitudes con otros que estaban en juego y en los que Estados Unidos había tomado parte, nos cuesta mucho aceptar lo que él dice como un elemento creíble. No puedo juzgarlo.

En relación al rompimiento de relaciones, lo primero es la iniciativa de Uruguay presentando la moción sobre Derechos Humanos; no tengo dudas de eso. El segundo elemento es muy interesante y es el siguiente. El señor Senador Gargano y quien habla empezamos diciendo lo que había dicho el doctor Batlle en Monterrey. Por su parte, el señor Ministro señala los agravios de los cubanos. Entonces, se transforma en un diálogo de sordos, porque las dos versiones son ciertas. ¿Dónde empieza todo esto? Fidel Castro habló del mundo, pero no del Uruguay. En cambio, en el discurso del doctor Batlle lo critica y dice que hace 45 años que está el dictador Castro. Después uno empieza a ver más información y siente que antes de salir el reportaje de Televisa, Batlle había estado con Fox. Y ahora sabemos que Fox tuvo su problema con Castro porque Bush le había pedido que no coincidiera con él. Lo interesante de esto es que el Ministro de Relaciones Exteriores de México dice que esto fue así. Por su parte, el Presidente Fox dice: "Yo no mentí, pero si algunos no me creen, les pido perdón". Esto lo dijo el Presidente de México y no es algo menor frente a este acontecimiento.

Concretamente, se dijo: "Cada vez que va a una conferencia de estas hace un show. En Panamá hizo un show y le dijo de todo a ‘Paco’ Flores. ‘Paco’, que tiene unas agallas imponentes, le contestó como corresponde". ¿Qué es lo que le dijo Flores a Castro? Flores lo trató primero de sangriento responsable. Lo voy a leer directamente: "Señor Castro:" -dice Flores, el Presidente de El Salvador- "es absolutamente intolerable que usted, involucrado en la muerte de tantos, que entrenó a muchísimas personas para matar a salvadoreños, me acuse a mí de estar involucrado en el caso de Luis Posada Carriles". Es brutal lo que Flores le dice a Fidel Castro en Panamá, y el doctor Batlle sale a defender a Flores, que acaba de decir esto. Entonces, uno se pregunta dónde empezó esto. Para mí empezó cuando Uruguay presenta la moción y en las múltiples declaraciones del doctor Jorge Batlle en Monterrey; e, incluso, cuando vuelve al Uruguay, también ataca a Castro. ¿A dónde fue? ¿Al financiamiento del desarrollo o a criticar al régimen cubano? ¿Para qué era la conferencia? ¿Para criticar al régimen cubano y decir que Fidel Castro era un dictador, que era viejo y que hacía show, o fuimos a ver cómo los organismos de Naciones Unidas podían tener alguna vinculación inclusive con los organismos financieros internacionales? Me tocó participar en una reunión del Parlatino en donde mandamos mociones concretas para esa reunión que tenía que ver con el financiamiento para el desarrollo. Esta es la realidad.

El señor Ministro de Relaciones Exteriores nos dice: "Nosotros no estamos condenando, no estamos atacando; de ninguna manera". ¿Usted cree que está ayudando a un régimen que están golpeando permanentemente, que hace 40 años que tiene un bloqueo comercial?

Yo también puedo ser muy crítico sobre Cuba, pero no es el tema. He dicho muchas veces que en Cuba no hay democracia política; lo digo. ¿Por qué no lo voy a decir? Del mismo modo también sostengo que es el país que tiene la esperanza de vida al nacer más alta de toda la región. Sin embargo, la presentación de la moción por parte de Uruguay, más las declaraciones de Batlle, no permite decir que uno está buscando cooperación, ni ayuda.

Por otro lado, hoy el señor Senador Michelini hacía planteamientos con miras al futuro, pero en realidad la declaración del Presidente Batlle es que no se van a retomar las relaciones con Cuba hasta que ésta no tenga democracia. Quiere decir que vamos a reventar todas las otras relaciones con el resto de los países si no tienen democracia. ¿Por qué con Cuba y no con el resto?

En consecuencia, uno comienza a preguntarse por qué Uruguay hace esto. No lo sé. Esta es la pregunta, ¿por qué? Unos vienen y dicen que Uruguay es independiente y que nadie lo presiona, pero de pronto otros dicen que al Presidente Batlle no le gusta el régimen cubano por el sistema económico y porque es socialista, razón por la cual se habrían tomado estas acciones que terminaron en un rompimiento de las relaciones. ¡Por favor! Si alguien me dice a mí que después de las acciones, de la moción y de los dichos del doctor Batlle en Monterrey, las respuestas del Canciller cubano y del Presidente de Cuba, son para romper relaciones, yo digo que sí, no digo que no, en razón de que esas respuestas son absolutamente inadecuadas. Pero sí me pregunto por qué hicimos lo que hicimos. Alguien podrá decir que en realidad Uruguay tiene una política totalmente independiente, pero al Presidente de la República le disgusta un régimen socialista en América Latina y por eso sostiene que hasta que no haya democracia no restablecemos las relaciones; y por ese motivo lo ataca.

Hay otros que vienen y argumentan que hay tantos problemas en Uruguay, de índole económica, social y financiera -ojalá todos ellos se puedan resolver- que de pronto con esto tapamos todos estos problemas generando esta situación con Cuba. No sé si esto es así, pero también es un elemento que se pone arriba de la mesa. Cabe señalar que inmediatamente después de producirse un problema con Cuba todas las radios y todos los canales de televisión quieren hacer programas sobre ese país. En cambio, a mí me gustaría hacer programas sobre desempleo, pero no hay posibilidad; sobre pobreza y sobre política económica, tampoco. Acá no hay ningún debate, pero cuando viene el tema de Cuba todos los canales se llenan de debates en torno al tema. Frente a esto, nos preguntamos si no será que todo esto tiene que ver con la política interna. ¿Será por algo que el Presidente de la República no declara -aunque sí el señor Ministro de Relaciones Exteriores- sobre los subsidios, sobre el "fast track" y sobre otras tantas cosas que están ocurriendo en la política norteamericana? ¿Tendrá que ver eso? No lo sé, pero sí tengo derecho a la duda sobre todos y cada uno de estos elementos; capaz que no se trata de ninguno de ellos o es una combinación, no lo sé. Los únicos que lo pueden saber, sin duda, son los representantes del Poder Ejecutivo. En lo personal acá no tengo respuesta sobre este tema, al menos por el momento.

Para un país chico, la política de Estado es muy importante, vital; y la hubo. ¿Por qué siento yo que se fractura, que se quiebra esta política de Estado? En primer lugar, porque por lo menos a mí no me convencieron de que Uruguay tenía que presentar la moción sobre derechos humanos en Cuba. En segundo término, porque no estoy de acuerdo, de ninguna manera, con las declaraciones del señor Presidente de la República en Monterrey, atacando permanentemente al régimen cubano, lo que después trajo respuestas absolutamente inadecuadas y el rompimiento de las relaciones. En tercer lugar, creo que cuando el Presidente de la República dice que sí al ALCA y cuanto antes, y los norteamericanos dicen que ALCA significa menos aranceles, pero todas las cuotas y los subsidios van a la Organización Mundial del Comercio, eso no lo acepto porque para mí eso no es ALCA; y en esto comparto la posición de Brasil. El apoyo a ALCA y una zona de libre comercio, cuanto antes, afecta al MERCOSUR, a Brasil y a Uruguay, porque si algunas exportaciones que alguna vez vamos a empezar a retomar también con Brasil y Argentina tienen arancel cero desde Estados Unidos, no podemos competir. Esto es lo que piden los sectores arroceros en este momento, y lo cito para que se entienda.

Un cuarto punto es el de que por lo menos soy partidario de que es imprescindible no liquidar la unión aduanera con todas las dificultades que tiene, porque significa la posibilidad de políticas de bloque con terceros países y negociaciones conjuntas, al tiempo que supone el inicio, el trampolín para una mayor unidad latinoamericana, a pesar de que es ahora difícil porque hay problemas en este país y en otros. Es cierto todo lo que dice el señor Ministro en este punto, pero es la línea estratégica y no la puedo perder en este mundo internacional.

(Ocupa la Presidencia el señor Luis Hierro López)

- En quinto término, no hay políticas de Estado, no porque no se quieran conseguir mercados -búsquese el máximo de mercados- pero este acuerdo bilateral comercial con Estados Unidos va a tener, sin ninguna duda, repercusiones en el MERCOSUR. Mientras tanto, el señor Ministro termina diciendo que cuando estemos más cerca vamos a tener que pedir autorización al MERCOSUR.

En sexto lugar, esto es llamativo y así me lo demostró el señor Ministro, que critica la política proteccionista y de subsidios de Estados Unidos, aunque esto no surge de las declaraciones del señor Presidente.

En séptimo término, para mí no son aceptables muchas declaraciones del Presidente de la República, sobre todo en Quebec, oportunidad en la que apoyó firmemente a Bush, atacó a los demócratas -a mi entender- y no denunció lo que sucede en el Parlamento norteamericano.

Finalmente, en octavo lugar, quiero decir que directa o indirectamente, en forma subyacente, virtual, real o como se le quiera llamar, uno siente siempre que las declaraciones del señor Presidente de la República son contra Brasil. Este país, en el fondo, es el único de América Latina que tiene una posición y una propuesta para la América Latina distinta a la de Estados Unidos; es el único. Y se podrá compartir o no. Entonces, como queremos estar más cerca de Estados Unidos, de alguna manera nos estamos enfrentando a Brasil.

Lamento mucho, señor Ministro, hubiera deseado en el alma que me hubiera convencido, pero no me convenció.

SEÑOR SINGER.- Pido la palabra para contestar una alusión.

SEÑOR PRESIDENTE.- Tiene la palabra el señor Senador.

SEÑOR SINGER.- Creo que por esta vía, señor Presidente, voy a poder intervenir muy sintéticamente.

Esta reunión es una repetición de varias que ya hemos tenido y en las que se ha dicho exactamente lo mismo; no ha variado casi nada. El tema nuevo que ha motivado esta reunión -como todos sabemos- ha sido el rompimiento de las relaciones con Cuba. Tuvimos una reunión en régimen de Comisión General y antes de ella habíamos tenido tres o cuatro sesiones de la Comisión de Asuntos Internacionales, al tiempo que a lo largo del año se produjeron otras instancias de dicha Comisión, algunas sin el señor Ministro y otras con su presencia, pero estos mismos temas y discursos se repitieron. Invito a los señores Senadores a revisar la versión taquigráfica de todo esto y van a poder comprobar que es una repetición continuada.

Otra precisión que me interesa hacer es que el caudal que se ha hecho en todas estas reuniones es el de presentar al señor Presidente de la República como teniendo una política exterior distinta a la del señor Canciller. La primera vez que se planteó este asunto, el Canciller demostró con absoluta y palmaria claridad que eso era absolutamente inexacto; simplemente un invento. Se podrá discutir o discrepar con el estilo del señor Presidente de la República, pero todos se lo conocemos en el país porque es un político que ya lleva muchas décadas de actividad pública.

¿Pero cuál ha sido el fundamento de la intervención del señor Presidente de la República, a veces -como se ha dicho- hablando como si fuera el Ministro de Economía y Finanzas y otras como si fuera el de Relaciones Exteriores? Defender la producción y el trabajo de los uruguayos. ¿Qué otra motivación ha tenido el Presidente de la República en sus intervenciones en lo que en algunos casos ha sido remover un poco la situación en el MERCOSUR, enfrentándose con Brasil y con Argentina, así como también con Europa y con los propios Estados Unidos? También lo ha hecho con los Estados Unidos aun dentro de ese país, mientras lo estaba visitando. Reitero que ninguna otra motivación ha tenido el Presidente de la República que defender la producción y el trabajo de los uruguayos. MERCOSUR sí; siempre. Pero cuando el país está enfrentando lo que todos sabemos y cuando suceden hechos más allá de todo lo previsible dentro de las reglas de funcionamiento del MERCOSUR -por ejemplo, Brasil se ve obligado a hacer una tremenda devaluación, que los uruguayos pagamos con enormes dificultades para poder acceder a ese mercado y sufrimos las consecuencias negativas que eso provoca- el Presidente hace muy bien en reaccionar. Creo que defendiendo los intereses del país todos hubiéramos hecho lo mismo que él, quizás no con su mismo estilo ni de la misma manera. ¿En eso ha habido una discrepancia, una desconexión con la política de la Cancillería o con la del señor Ministro? De ninguna manera. Por otra parte, vamos a ser muy claros, quienes conocemos a Didier Opertti en este país sabemos muy bien que si tuviera una discrepancia radical en materia de política exterior con el Presidente de la República no permanecería ni un minuto en la Cancillería. El fue Ministro del Presidente Sanguinetti y lo sigue siendo del Presidente Batlle, en coincidencia total con uno y con otro. De otra forma no estaría allí. En ese sentido, creo que en cierta medida es una forma de ofender al señor Ministro cuando se sigue insistiendo con la misma cantinela de que el Presidente dispone algo y el Ministro no tiene por qué estar de acuerdo porque tiene otra política o porque son cosas distintas. Estimo que debemos tener un reconocimiento a lo que es la calidad personal, intelectual y moral del doctor Opertti para estar contestes en cuanto a que en el país hay una sola política exterior: la misma del Presidente y la misma del señor Ministro.

(Suena el timbre indicador de tiempo)

- Si se acabó el tiempo, señor Presidente, pido tolerancia para poder hacer una aclaración.

Sobre la segunda cuestión, que tiene que ver con Cuba, quiero decir que pocos días antes del rompimiento de las relaciones, tuve una discusión en un programa televisivo con el señor Senador Mujica a propósito de este tema.

SEÑOR PRESIDENTE.- Efectivamente se ha terminado el tiempo de que disponía el señor Senador. Si le parece bien, le daríamos la palabra al señor Senador Atchugarry, que está anotado para hablar, y él le puede conceder una interrupción, a fin de formalizar esta situación.

Tiene la palabra el señor Senador Atchugarry.

SEÑOR SINGER.- ¿Me permite una interrupción a fin de ser estrictamente cuidadosos con el régimen, señor Senador?

(Dialogados)

SEÑOR ATCHUGARRY.- Con mucho gusto.

SEÑOR PRESIDENTE.- Puede interrumpir el señor Senador.

SEÑOR SINGER.- Muchas gracias, señor Senador.

Como decía, en lo que tiene que ver con el tema de Cuba, mantuve una discusión con el señor Senador Mujica. Debo decir que tengo una elevada consideración y respeto por él, y esto es así porque cuando fuimos compañeros en la Cámara de Representantes vi actitudes en él que no sólo ponen de manifiesto su talento, sino su calidad moral, y es el reconocimiento de sus propios errores como dirigente y de los de su movimiento. Aclaro que esto no lo he visto en otros dirigentes del movimiento. Además, creo que ese reconocimiento ha sido una contribución muy importante al interior de su movimiento, al interior del Frente Amplio y al interior de la sociedad uruguaya.

Tuvimos una discusión a propósito del tema de Cuba con respecto a la moción que iba a presentar o había presentado Uruguay -no lo recuerdo bien- y manifesté en ese momento algo que quiero repetir aquí en el Senado, porque a uno, al igual que a la gente en la calle, le cuesta asumir que los dirigentes y los militantes del Frente Amplio defiendan a Cuba en el tema de los derechos humanos. La gente no lo entiende y se lo pregunta. Lo digo porque me he encontrado con mis correligionarios y también se preguntan cuál es el motivo por el cual el Frente Amplio está defendiendo a Cuba en el tema de los derechos humanos, cuando es notorio -no se necesita ningún tipo de investigación- que en esa materia, y no me refiero a los derechos civiles o políticos, sino a los derechos humanos fundamentales, al derecho a la vida, a la libertad de conciencia, a las libertades mínimas de reunión y de expresión del pensamiento, a las más elementales, hay una violación continuada, flagrante y sangrienta desde que empezó el régimen. ¿Cuál es la explicación? En aquel programa di una explicación que es la única que entiendo puede llevarnos a la conclusión de que hay una coherencia en esa actitud, y es el principio de que el enemigo de mi enemigo es mi amigo. Cuba es enemigo de los Estados Unidos; el Frente Amplio ve en Estados Unidos al imperialismo y, por lo tanto, lo considera un enemigo. Reitero que el enemigo de mi enemigo es mi amigo y, entonces, lo defiendo, aun cuando está haciendo una violación tremenda y flagrante de los derechos humanos. Si no fuera esa la explicación, cualquier otra conclusión sería mucho peor y ni siquiera me animo a pensarla, porque no me gusta. Esa es la realidad, ¿qué otra cosa puede haber? Ninguna. Por todo lo que ha dicho el señor Ministro, lo que se ha explicado reiteradamente, el Uruguay simplemente ha tomado la actitud de decir a Cuba que empiece por hacer un esfuerzo mínimo y permita, por lo menos, que la Comisionada en el tema de los derechos humanos de Naciones Unidas pueda tener conversaciones con ese país para ver si se puede mejorar la situación y, por lo tanto, mejorar la imagen para que el aislamiento disminuya. Digo esto porque aquí, en definitiva, se ha discutido si el Uruguay quiere o no aislar a Cuba. No; quien se está aislando es Cuba, es el gobierno cubano y estas actitudes soeces y groseras, estos insultos del Presidente de Cuba contra el de Uruguay, ¿qué otra cosa son que una forma de aislarse? En ese caso diría que hay una especie de autoflagelamiento de un régimen que ya no sabe por dónde salir. Si hay algo en lo que nosotros nos sentimos profundamente solidarios con la actitud que han tomado el Poder Ejecutivo, el Presidente de la República y el Canciller, es en este tema que tiene relación con la defensa de los derechos humanos fundamentales en Cuba.

Muchas gracias.

SEÑOR PRESIDENTE.- Puede continuar el señor Senador Atchugarry.

SEÑOR ATCHUGARRY.- Señor Presidente: en primer lugar debo señalar que la intervención del señor Senador Singer, inteligente y madura, nos exime de referirnos a buena parte de los asuntos. En consecuencia, básicamente vamos a dejar algunas constancias en el entendido de que, dado el transcurso de esta sesión, no está en nuestro espíritu levantar polémicas, que adelanto no rehuímos.

Creo que aquí se ha hecho un cuestionamiento al señor Ministro, a quien respaldamos absolutamente, al igual que lo hacemos con su equipo. El primer cuestionamiento se ha hecho -así se inició- a propósito de la orientación de la política global del Estado uruguayo. Todos somos conscientes de que aquí hubo una discusión en 1999. Parte de esa discusión tenía que ver con el hecho de si Uruguay debía atar absolutamente su política, lo cual debía hacerse en caso de que efectivamente aquí existiera un mercado común. Como todos sabemos, una de las bases del mercado común, es mantener una política comercial común; naturalmente, eso supone también una lealtad y un ordenamiento macroeconómico común. En esos términos el Mercado Común del Sur no existe. Tan cierto es que no existe, que Brasil hizo un acuerdo -por supuesto en el marco de la ALADI- con la Comunidad Andina a la que otorgó una vasta lista de exenciones. Argentina y Uruguay hicieron tratativas con México y también las hizo y las está haciendo Brasil, y así podemos mencionar una larga lista de hechos.

Obviamente, en medio de la crisis, Brasil devaluó; Paraguay puso aranceles al MERCOSUR; Argentina, cuando intentó soportar el tipo de cambio, interpuso inhibiciones, aranceles, cuotas compensatorias y cuanto instrumento hubiera a los otros socios. Pero vamos a hablar de la realidad; ¿qué debía hacer Uruguay ante todo eso? ¿No explorar ninguna otra posibilidad porque sería ir contra el MERCOSUR? El Uruguay ha sido el país que más ha cumplido con las reglas de juego del MERCOSUR. Sin ninguna duda. Está bastante claro que con estas reglas de juego, más allá de los temas de competitividad interna, el trabajo nacional también sugiere salir a buscar oportunidades en el mercado y, precisamente, en eso se estuvo. Se trató de ir con el bloque y, en ese sentido, siendo Presidente pro témpore del MERCOSUR el señor Jorge Batlle, fue que se decidió revitalizar el Acuerdo del Jardín de las Rosas del 4 + 1 -¿o nos olvidamos de eso?- del cual, por lo menos formalmente, participaron los cuatro países, y de hecho se está trabajando sobre esas bases. Tal como señaló el señor Presidente de la República, Uruguay, por supuesto, quiere un acuerdo con México, que es el mismo que está negociando Brasil. ¿Acaso no hay negociaciones entre Brasil y Estados Unidos por la naranja y el acero? Entonces vamos a defender nuestro interés, señor Presidente. Tendremos tanto MERCOSUR como sea posible -parafraseando otros comentarios que se hacen por ahí- y toda la apertura comercial que sea necesaria. De otro modo, ¿cómo hacemos para acceder a los mercados? Somos la economía más chica del MERCOSUR. ¿Qué hemos recibido? ¿Una balanza comercial negativa? ¿Grandes oportunidades de comercio? ¿Hubo lealtad en la fijación de inversiones en estos diez años? ¿No hubo subsidio de los países más grandes en lo que tiene que ver con las inversiones? Y no sólo contra nosotros; ¿o acaso no sabemos lo que pasó con las inversiones automotrices en la década del 90?

Entonces, señor Presidente, aceptemos que nuestro proceso está muy lejos de tener las reglas de la Comunidad Económica Europea. ¿Eso significa que no queremos MERCOSUR? Sí queremos MERCOSUR. ¿Eso significa que el Uruguay no cumple? El Uruguay es el primero en cumplir, señor Presidente. Ahora bien, ¿qué hacemos entonces? ¿Nos suicidamos? ¿Renegamos de la posibilidad de buscar otras oportunidades? Y si en determinado momento a uno de los socios no le gusta que hagamos lo mismo que hacen ellos, que es explorar, tendremos que desarrollar toda nuestra aptitud para tratar de convencerlos de que nuestra iniciativa de discutir con el ALCA y buscar oportunidades, en primera instancia los incluye a ellos, y si eso no es posible, de todos modos no vamos a renunciar a nuestro interés.

Por eso creo que nuestra orientación global, la de fondo, no implica hacer nada que no haga el MERCOSUR. Hacer todo lo que podemos con el MERCOSUR y al mismo tiempo intentar de todas maneras conseguir más mercados, ha sido la línea global que ha ilustrado estos dos años. Naturalmente, esto siempre trae algún roce, pero al final, para un país pequeño como el nuestro, esa es la única oportunidad; la única oportunidad de no quedar presos de una situación, que es la que hoy vemos todos. Perdimos el mercado argentino; Chile hizo todas las negociaciones que pudo y que quiso y Brasil hace todas las que puede y que quiere. ¿Ese es el funcionamiento del MERCOSUR? ¿O nos olvidamos cuando salimos y nos encontramos con dificultades? Uruguay ha sido el mejor cumplidor de todos sus compromisos en el MERCOSUR; ha sido el más leal y así debe seguir siendo, pero no por ello debemos seguir sintiendo, pensando y obrando como si esto fuera un mercado común que realmente funciona, porque no es así. Sin duda tenemos que trabajar todo lo posible para que llegue a ser de esa forma pero, mientras tanto, es preciso buscar otras oportunidades.

Señor Presidente: en este primer bloque que se ha planteado creo que es buena cosa negociar con Canadá, ya que en el año 2000 nos dio la posibilidad de vender carne cuando en aquel momento no teníamos donde colocarla. ¿Acaso no debíamos hablar con Canadá porque no pertenece al MERCOSUR, y por eso quedarnos sin vender esa carne? En lo personal siento que cuando un país pequeño toma estas actitudes, genera algún tipo de escozor y es posible que alguna cosa no le haya gustado a Itamaratí. Seguramente ha sido así. Ahora bien, a Itamaratí no le pagan el sueldo por resolver mis problemas y los uruguayos tenemos que preocuparnos primero por los nuestros. Creo que esa ha sido la línea que hemos seguido -con mayores o menores aciertos- y, en definitiva, pienso que ha sido una buena línea; mejor dicho, es la única línea posible dadas las circunstancias. Creo firmemente que esa orientación de básicamente defender nuestros asuntos y buscar tanto los mercados europeos como los estadounidenses y otros, ha sido una orientación de trabajo, acompañada de una alineación que ha hecho el país a partir del mes de junio del año pasado con el cambio de precios relativos. Eso se hizo en previsión de que iban a pasar las cosas que ya han sucedido en el MERCOSUR. Naturalmente, estamos a años luz de tener un Maastricht y en función de eso vamos tratando de acomodar nuestra economía a estos vaivenes y de obtener las oportunidades comerciales de Brasil, que son muy importantes, y también las de otros mercados.

También hay un juego entre el ALCA y la Comunidad Europea. ¡Cómo no! Claro que hay un coqueteo hasta en Brasil. Todos entendemos claramente que hay aspiraciones en cada una de estas comunidades de cierta hegemonía. ¿Alguien duda que a Brasil le gustaría hablar por toda América del Sur? ¿Alguien duda que la Comunidad Europea se motiva a comerciar más cuando siente que el ALCA está tratando de penetrar en la región? Todos nos damos cuenta de eso.

La base de la política uruguaya respecto al mundo y la región siempre ha sido pendular como en todo país pequeño. Bueno; ahora los péndulos son mucho más grandes porque hay que pendular entre otras áreas. Es así. Existe el deseo de querer revitalizar lo que ha sido el MERCOSUR como idea central, pero con la clara conciencia de que eso no depende de otra cosa que de que Argentina y Brasil tomen el mismo papel que tuvieron Alemania y Francia en la construcción del Mercado Común Europeo, donde esas economías hicieron sacrificios en sus naciones para darle condiciones a los más chicos. Irlanda es un gran ejemplo, y ahora también recibe subsidios de la Comunidad Europea para compensar su falta de tamaño. Lo mismo sucede con Bélgica y Luxemburgo. No debemos olvidar que también se le brindaron condiciones a Grecia y España en momentos de su integración. Esta no es la circunstancia en que se ha construido esta situación.

Con respecto a la República de Cuba, deseo efectuar dos o tres comentarios. El primero de ellos, señor Presidente, tiene que ver con que con la óptica tradicional, cómo organizan la vida, la política y los derechos internos los cubanos, es un problema de ellos, pero desde los juicios de Nüremberg los derechos humanos se han considerado supranacionales. No lo inventamos nosotros, sino que es la orientación de la humanidad en este estadio que no fue el que tuvo hasta esa época. Entonces, las Naciones Unidas cuentan con una Comisión que se ocupa de este asunto a través de un Comisionado. Allí los países votamos con errores o sin ellos, y presiones hemos recibido siempre. Incluso, Cuba nos ha presionado, ¿o no nos ha venido a ver siempre el Embajador de ese país para pedirnos que votemos tal o cual cosa? ¡Por supuesto! Cada uno juega su juego; pero si un país soberano participa en una Comisión para laudar sobre un tema de derechos humanos, tiene derecho a votar como quiera, sin represalias. Creo que este es el primer asunto, señor Presidente. Considero que en materia de fondo nadie puede decir que no hay un problema de derechos humanos, mientras que la moción lo único que dice es que vaya un Comisionado.

Es obvio que hay un juego y una lógica bipolar al igual que sentimientos de simpatía histórica -que nosotros entendemos- de muchos compatriotas con respecto al proceso cubano. Sin embargo, acá fría y objetivamente lo que está es el derecho soberano de Uruguay de expresarse como le parezca según las autoridades que ha votado el pueblo, y no es legítimo recibir represalias por votar como uno cree. Tampoco lo es que quien es juzgado amenace al juez que lo juzga, en el acierto o en el error. Por lo expuesto, creo que Uruguay ha ejercido su legítimo derecho y ha tenido represalias y con esto no aludo a lo que dos viejos líderes políticos se puedan decir, ya que me importa muy poco. Sí como uruguayo me parece muy grave que se acuse a nuestro país de cambiar su voto por carne porque ahí no estamos hablando ni de las barbas de los dirigentes políticos, ni de las orientaciones políticas, ni de los chistes que se cruzan. No estamos hablando de las palabras que entre ellos se dijeron que, como viejos dirigentes políticos y Presidentes que son, tienen derecho a decirse lo que se les antoje, lo que a mí no me mueve un pelo que, además, no tengo. Acá estamos en otra cosa. Cuando un Canciller, ya no un viejo dirigente político, acusa a un país de cambiar su voto por carne, nos acusa a todos.

Señor Presidente: reivindico el derecho del Uruguay de votar según su leal saber y entender y en esta circunstancia, además, creo que lo hizo con acierto. Pero así no hubiese sido de esta forma, tiene derecho a hacerlo sin sufrir represalias y sin tener acusaciones de ser un país que se conduce con vileza. Nos podremos equivocar, señor Presidente, pero no somos viles los uruguayos. Ese agravio no se lo hago a ninguno de los uruguayos quiera lo que quiera, vote lo que quiera y tenga la posición que tenga en este asunto, ame a Cuba o no. No se trata de amar, sino de lo que los uruguayos como nación nos merecemos cuando votamos, en el error o en el acierto, pero nunca a cambio de unos churrascos. Esto sí me dolió.

SEÑOR ABELENDA.- ¿Me permite una interrupción, señor Senador?

SEÑOR ATCHUGARRY.- Después, señor Senador, ya que esperé seis horas para hablar.

Señor Presidente: no tengo, como uruguayo, otra preocupación respecto a otro país que hacer cumplir sus obligaciones ante la ONU. De lo contrario, digamos que no tenemos una Comisión de Derechos Humanos y no nos ocupamos de éstos porque es violar la soberanía. Esta es una tesis que el mundo tuvo muchísimos años, pero no es la actual, que creo que es buena.

Por otra parte, con respecto al tema de Cuba, siento que no tengo animosidad y tampoco tengo como misión salvar o dejar de salvar a los cubanos. Ellos tienen su propio proceso y se los respeto, aunque no lo comparto. Como uruguayo deseo que respeten mi voto, que no me envilezcan y, de ser posible, que me paguen lo que me deben. Me refiero a los U$S 51:000.0000 que no les hemos podido cobrar, cuyo último débito es el pago de U$S 850.000 de vacunas en el año 1996. Que me paguen y si me quieren decir que soy feo, lindo, que mi régimen es simpático o antipático, me tiene sin cuidado; están en su derecho de opinar lo que se les antoje y yo de opinar de ellos también lo que se me antoje. Como país exijo que no me tomen por vil; por equivocado, puede ser, pero -repito- no por vil.

La verdad es que en las circunstancias graves que vive el país, más que tener una larga discusión sobre estos asuntos, me gustaría soñar. Al respecto, el otro día vi a un ex Presidente de Chile ir a conversar con sus cofrades políticos buscando un mercado. Ojalá en lugar de pelearnos por estas cosas pudiéramos, cada uno con sus cofrades y simpatizantes en el mundo, dedicarnos los próximos meses a ver quién puede traer alguna oportunidad comercial. Ojalá bajemos la pelota al piso y en lugar de hacer una gran discusión ideológica, tengamos la prudencia de hacer alguna declaración buscando puntos de coincidencia entre los partidos. La verdad, que cuando vi al ex-Presidente chileno yendo a abrazarse por ahí para ver si conseguía alguna cosa, pensé que tal vez ese era un trabajo que podíamos adoptar entre todos los partidos.

Pido disculpas al señor Senador Abelenda pero, francamente, me hice el propósito de procurar no iniciar una discusión por respeto a los señores Senadores. Entonces, no le voy a dar la interrupción, ya no porque no lo merezca, sino porque intento evitar una polémica con mis palabras, ya que de ser así, tal vez, solicitaría que lo hiciéramos otro día, aunque creo que no es de estilo porque siempre terminamos las interpelaciones.

De cualquier manera, voy a concederle una interrupción porque me es imposible no hacerlo.

SEÑOR ABELENDA.- ¿Me permite una interrupción, señor Senador?

SEÑOR ATCHUGARRY.- Con mucho gusto.

SEÑOR PRESIDENTE.- Puede interrumpir el señor Senador.

SEÑOR ABELENDA.- Le doy las gracias al señor Atchugarry por concederme la interrupción aunque, de cualquier manera, si no me la hubiera otorgado, seguramente me la hubiera concedido el señor Senador Bayardi.

En realidad, no quiero polemizar a esta hora, pero las expresiones del señor Senador Singer me obligan a agradecerle los conceptos sobre el señor Senador Mujica, a decirle que no vi ese programa y que, por lo tanto, no puedo opinar sobre él. También quiero decir que no pensaba polemizar sobre los dichos que después manifestó sobre el tema de los derechos humanos y sobre la opinión que podría tener la izquierda al respecto.

Sí quiero referirme a la última parte de la intervención del señor Senador Singer y a la del señor Senador Atchugarry, sobre cómo pararse frente a una situación de este tipo. Creo que los países en general tienen principios orientadores de la política exterior; el Uruguay los tiene. Me refiero a los principios de no intervención, solución pacífica de las controversias, rol del Derecho Internacional en el mantenimiento del equilibrio político, el rechazo a la guerra, papel del eje del sistema de Naciones Unidas, etcétera. Por supuesto que todos los países, en general, tienen los derechos humanos como un tema importante a través del cual analizan la realidad. Sin embargo, creo que una cosa son los principios que orientan la política exterior y otra es la política exterior. Considero que esos principios orientan pero no son la única vía de la política exterior; tampoco lo es un pragmatismo absoluto, pero esos principios se miran a la luz de determinadas realidades.

Si vamos a esta reunión de la Comisión de Derechos Humanos, observaremos que el Uruguay se abstuvo sobre la declaración acerca de la violación de los derechos humanos en Irán, votó a favor de una moción contra Irán y en el caso de Cuba, la posición que tuvo fue la de promover una declaración. Son actitudes diferentes y en cada uno de los casos hay consideraciones políticas para definir tal o cual procedimiento.

Hay consideraciones políticas, hay consideraciones económicas, es decir, un armado de política exterior. Lo que yo no entiendo con claridad es cuáles son las consideraciones políticas que llevan al Uruguay a tener la iniciativa de presentar, en el caso de Cuba, la moción. El Uruguay podría haber copatrocinado la moción, podría haber votado, pero no, definió una actitud política que no definió en otros casos, y fue la de impulsar una declaración. En lo que me es personal, no tengo claridad con respecto a la política que nuestra Cancillería ha adoptado y que no comparto.

Muchas gracias.

SEÑOR PRESIDENTE.- Puede continuar el señor Senador Atchugarry.

SEÑOR ATCHUGARRY.- Creo que nosotros teníamos derecho a hacer lo que hicimos, creo que estuvimos bien. Y con la misma franqueza les digo que estoy totalmente en contra -y creo representar también la opinión del Presidente de la República, con el bloqueo- de que haya una base naval y haya ese tipo de intervención. Ese ha sido nuestro leal saber y entender, y no fue a cambio de churrascos. Creo que los uruguayos estamos para algo más. Evidentemente, nos podemos equivocar.

Termino mis palabras diciendo que superado este incidente en el cual no adherimos políticamente sino brindamos nuestro respaldo real porque creemos que la conducción de la Cancillería merece, no sólo no ser cuestionada sino ser respaldada. Ojalá cuando termine este incidente podamos armar los ámbitos necesarios para que nuestros esfuerzos puedan traer algunas soluciones en materia de profundizar nuestras oportunidades, tal vez con la ayuda de todos.

SEÑOR PRESIDENTE.- Antes de darle la palabra al próximo orador, la Mesa desea hacer una exhortación. Hace más de nueve horas que estamos reunidos; hace más de tres horas que están en la Mesa las mociones que han presentado las Bancadas, una de las cuales declara insatisfactorias las explicaciones del Ministro; el señor miembro interpelante ha hablado durante más de dos horas y media y el señor Ministro ha hecho lo propio. En todo caso, la exhortación, cuidando respetuosamente el derecho de los señores Senadores de expresarse, es a ser lo más conciso posible. Si ya tenemos la moción por la cual se declaran insatisfactorias las explicaciones del señor Ministro, no sé para qué seguimos discutiendo.

Tiene la palabra el señor Senador Bayardi.

SEÑOR BAYARDI.- En primer lugar, voy a tratar de responder a la exhortación que hace la Mesa. De todos modos, mis pasajes por el Senado son itinerantes y en este tema de hacer críticas a la actitud que ha adoptado la Cancillería, en el marco de la otra Cámara y de la opinión pública he hecho algunas apariciones, por lo que quería, estando el señor Ministro aquí, reafirmar algunas apreciaciones o puntos de vista que he tenido al respecto. Por lo menos, desde el punto de vista de la honestidad intelectual, quería hacer algunas consideraciones acerca del tema, así como también respecto a las dos últimas intervenciones, la de los señores Senadores Singer y Atchugarry, que me cambiaron el eje de lo que iba a ser mi intervención. Con los señores Senadores que he mencionado compartimos en otras instancias otros espacios institucionales.

En primer lugar, no me condiciona ni me motiva para nada mi intervención pretender entablar contradicciones entre el señor Ministro de Relaciones Exteriores y el señor Presidente de la República. Por un lado, porque creo que el Presidente manda, es la cabeza del Poder Ejecutivo y si tiene convicciones que llevar adelante desde el punto de vista institucional, lo hará en acuerdo con el señor Ministro de Relaciones Exteriores y si este no estuviera de acuerdo, le pedirá la renuncia o el señor Ministro renunciará. Por lo tanto, en ninguna de las apreciaciones que haga voy a motivar contradicciones entre el señor Ministro y el señor Presidente de la República. El problema es que en el plano de lo político discutimos institucionalmente con el señor Canciller y no podemos hacerlo con el señor Presidente.

No me voy a meter en el tema que tiene que ver con cuál es nuestro posicionamiento en el campo de los procesos de integración ni en los procesos de las relaciones comerciales, porque ya ha habido otros colegas que lo han hecho.

Sí voy a hacer referencia a algo que manifestó el señor Senador Atchugarry. El pacto del acero y del carbón entre Alemania y Francia no fue motivado por objetivos económico-comerciales, sino políticos. Y la política debe guiar la economía. Si no lo hace, avísenme, así paso a dedicarme a otra actividad y no a ésta. El objetivo político del acero y del carbón fue evitar la extensión de la Unión Soviética hasta el Atlántico. En ese objetivo político coincidieron los sectores dominantes de la Europa destrozada de la posguerra y los Estados Unidos. Este fue, en definitiva, el objetivo por el cual todas y cada una de las naciones de Europa, de este lado de la cortina, hicieron sacrificios, concesiones, y llevaron adelante el proceso que culminó en lo que hoy es la Comunidad Económica Europea. No fue éste el mecanismo que se dio en nuestro proceso de integración que llamamos MERCOSUR.

Para llevar adelante el proceso de integración, los países, o las elites dominantes -y que no quede esto como elitista en la formulación- deben construir proyectos políticos nacionales. Esto significa no sólo un desafío, sino una acción determinante que pone en juego la existencia de los países en el largo plazo. En mi opinión, en América Latina existen, del Río Bravo para abajo, sólo tres países que tienen proyectos políticos nacionales; éstos nos podrán gustar más o menos, pero son tres las naciones que cuentan con ellos. Una es Cuba, otra es Brasil y la última es Chile. En realidad, Cuba empezó a construir su proyecto político nacional con la Revolución Cubana desde 1959 en adelante. Por otro lado, Brasil hace lo propio desde la época del Imperio, y Chile desarrolla proyectos políticos estratégicos nacionales desde la década del 70. Una vez frustrado el proyecto del allendismo, la dictadura pinochetista comienza a desarrollar un proyecto político nacional.

Cuando digo que se construyen proyectos políticos nacionales, estoy manifestando que las elites políticas -entre las cuales, obviamente, la parte sustantiva de su representación está en este ámbito institucional- los partidos políticos, la intelectualidad, la academia y los sectores vinculados al trabajo, tanto desde el punto de vista del capital como del quehacer mismo, son capaces de conseguirlos. Estos estarán en el marco de una senda que tendrá matices propiciados hacia la izquierda o hacia la derecha, pero tendrán cosas centrales que marcan y pautan el desarrollo de un país. Justamente, nuestro país no tiene proyectos políticos nacionales, y los que tenemos responsabilidad política no hemos tenido la capacidad para construirlos; hasta el momento, los liderazgos de la derecha y de la izquierda no la han tenido, porque en gran parte seguimos todavía en una lógica de la guerra fría. Insisto en que este país sigue, en gran parte, en una lógica de la guerra fría. Esto lo vemos en los discursos y en las declaraciones que se hacen a la prensa. Lo vemos sistemáticamente. La lógica de la guerra fría no permite construir al interior de las sociedades proyectos políticos nacionales. Esto será un desafío si tenemos la capacidad de asumirlo en esta grave crisis nacional en la que estamos.

Todos sentimos la sensación de que estamos discutiendo sobre política exterior, y alguien podría decir que deberíamos estar discutiendo sobre muchos de los problemas graves que tiene este país. En realidad, vine a esta sesión con menos satisfacción interior, pensando que tendríamos que estar discutiendo otras cosas, mientras estamos inmersos en estos temas.

Llevo ya treinta años en política, e incluso hay Legisladores que llevan cuarenta o cincuenta -me detengo por acá, para no afectar la susceptibilidad de nadie- por lo que todos sabemos que este es el peor momento de la vida del país, probablemente a lo largo de toda su historia.

No hemos podido construir proyectos políticos nacionales y no podemos elaborar salidas porque cada cual está parado en su verdad, y ella dice, por ejemplo -voy a simplificar, porque no quiero discutir sobre un tema que ya ha sido analizado en estos días- que de la difícil situación en la que estamos salimos con ajuste y con endeudamiento. En mi opinión, no salimos con ajuste ni con endeudamiento. De todas maneras, esto es parte de otra exposición que haré el martes en el otro ámbito parlamentario que integro en forma permanente. Como decía, cada cual se para en su verdad, y dice " la salida pasa por mi verdad". En realidad, si aquí no se puede construir este proyecto, será difícil pararnos en todos los procesos de negociación. De todos modos, vaya esto como marco para saber por qué muchas veces nos cuesta entendernos cuando hablamos de procesos de integración y de los caminos por los que debería transitar el país.

Sí quiero dar algunas respuestas de otro orden, que tienen que ver con el posicionamiento de la Cancillería y del Gobierno en relación a la política exterior y a los hechos que se han dado en llamar " la ruptura de relaciones con Cuba".

Como he dicho, no he sido un individuo nacido a la política al fragor de la revolución cubana, porque en realidad en el año 1959 no tenía edad para ello. Fui asumiendo las realidades de nuestro continente y he tenido la suerte de conocer muchas de sus tierras, entre ellas la República de Cuba.

Creo que la política prevalece en el análisis de los hechos y trataré de explicar políticamente, desde mi perspectiva, por qué el Gobierno ha tomado determinadas conductas. Lo que el señor Canciller ha dicho hoy temprano me recuerda a aquellas clases de semiología, cuando uno estaba cuatro horas dentro del Hospital -quizás el doctor Cid se acuerde de esto, porque yo no lo llegué a tener como profesor- y, precisamente, un profesor de esa materia decía a los estudiantes que entraran con cuatro bolitas en el bolsillo porque iban a recibir mucha información; entonces, les decía que en función de cada cosa que fueran aprendiendo, cambiaran una bolita de bolsillo. Les aconsejaba que no fueran con más de cuatro bolitas porque pensaba que era difícil que pudieran aprender más de cuatro temas por día. Incluso, les señalaba que si marcaban más, era porque no habían aprendido nada. Ahora bien, el señor Canciller ha dicho que no ha virado la política exterior del Uruguay, pero que navega en aguas procelosas, y yo lo comparto, porque creo que el mundo se ha tornado muy complicado, sobre todo después del 11 de setiembre de 2001.

No me voy a extender en este tema, pero quisiera señalar que hablar de imperialismo no significa que no se deba negociar con Estados Unidos. Tampoco me extenderé en las aseveraciones que ya formuló en su intervención el señor Senador Fernández Huidobro. Sin embargo, cada país está en el punto en el que está y cada persona llega a la situación a la que llega en su vida en función de las decisiones que fue tomando a lo largo de la historia anterior. La historia no comienza cada día, no comenzó el 13 de enero de 1999, con la devaluación en Brasil y tampoco el 20 de diciembre de 2001 con la debacle de Argentina. Cada país llega al punto al que llega por el conjunto de decisiones, acertadas o equivocadas, que lleva adelante en el proceso anterior.

De la misma forma, cada uno de los que hoy estamos acá, llegamos hasta donde estamos por el conjunto de opciones que tomamos a lo largo de la vida.

Obviamente, la situación está difícil y ello se debe, en mi opinión, a un conjunto de decisiones en materia político-económica que se tomaron en el país, en los últimos quince o veinte años. No cabe duda de que ello se ha visto agravado por situaciones externas. En realidad, no voy a decir que acá no se dieron situaciones externas desfavorables, pero decir que la historia comenzó porque los brasileños devaluaron y que los argentinos rompieron la convertibilidad, es una simplificación para justificarse y decir que no se cometieron errores del pasado. Como estamos en una muy difícil situación económica y social, las aguas se tornan procelosas y los espacios de libertad -no en términos de libertad individual- para tomar decisiones se acotan, tanto en el interior como en el exterior.

Estamos hablando de política y el señor Canciller sabe el respeto intelectual que le tengo, por lo que ninguna de las consideraciones que haga van a rozar lo ético o lo moral, en términos individuales. Digo esto porque, a veces, sobrevuelan determinadas susceptibilidades, aunque no es el caso respecto del señor Canciller.

En su oportunidad, expresé que como consecuencia de nuestro comportamiento, habíamos cambiado mercado por honra, que eran el mayor agravio que podían tener las declaraciones del Canciller Felipe Pérez. Las otras adjetivaciones, se podrán evaluar.

Debo decir que nací en este país. Soy el cuarto en edad, empezando de abajo, entre los presentes, o sea que hay tres más jóvenes que yo en este Recinto. Nací en un pequeño país de tres millones de habitantes y siempre anduve por el mundo con el orgullo de decir que soy uruguayo. No importaba si se conocía dónde estaba el Uruguay; lo único que valía era decir que yo era uruguayo y esa tradición se construyó sobre la base del desarrollo de la historia política de este país, en la que participó, obviamente, gente que ayudó a conformar mi actual identidad política. Digo esto porque la historia de este país no sólo la construyeron los integrantes de los partidos políticos tradicionales. Esa interpretación de guerra fría de que, en realidad, la historia del país es sólo blanca y colorada, es una simplificación, ya que también ayudaron en su formación identidades que no pertenecieron a dichos partidos. Asimismo, esa tradición de decir que era uruguayo se construyó también sobre el papel activo, en política internacional, de figuras insignes de los partidos tradicionales. He dicho muchas veces que con los representantes del sector del doctor Luis Alberto de Herrera tuve discrepancias ideológicas muy grandes. Sin embargo, había que sacarle el sombrero al antiimperialismo del doctor Herrera. Yo, que no vengo de la tradición blanca herrerista, aprendí a tener valoraciones positivas. Cada vez que me preguntan si soy frenteamplista, expreso que muy probablemente, de haber nacido en el Siglo XIX, hubiera sido blanco; a principios del Siglo XX, colorado y batllista y hoy, soy frenteamplista y pretendo nutrirme de sus mejores tradiciones sin pedir permiso a nadie para ello.

Pienso que las conductas hay que explicarlas a la luz de lo político. Sería una simplificación decir que Fidel Castro y Jorge Batlle se equivocaron. Yo no estaba ni siquiera en la idea de ser concebido cuando ellos dos ya actuaban en política. Por eso expreso que acá no hubo errores, sino decisiones políticas que nos trajeron adonde estamos. Reitero que no hubo errores; me podré equivocar yo, pero ellos no. Cuando digo esto, expreso que hay cosas que cuesta explicar. El señor Canciller decía que pertenezco al área de las ciencias biológicas. Es cierto, pero el pensamiento científico lo podemos aplicar, tanto en las ciencias biológicas como en las sociales. Hay que tratar de analizar desde el punto de vista político algunas consideraciones. Hoy solicité al señor Canciller una respuesta que no me terminó de dar, aunque no se trata de un tema central. Mi pregunta apuntaba a saber, no quién había presentado el papel del 4 de abril, sino cuál era el texto.

En la historia de la evolución del conocimiento humano, dos grupos desarrollados en forma aislada en el mundo -no en el mundo de la intercomunicación actual, sino miles de años atrás- en el mismo contexto llegaban a estadios de conocimiento similares. O sea que las condiciones generaban este estado de evolución, hecho que está probado y desarrollado.

Acá tuvimos un proceso que empezó antes del 7 de abril -hablo sólo en lo relativo al Uruguay- porque el propio Presidente de la República declaró que intercambió borradores en un vuelo desde Monterrey. Hubo otro borrador, cuyo texto no conozco, del 4 de abril; luego, el 7 de abril, hubo una iniciativa del señor Canciller. Antes, en octubre de 2001, hubo una nota que circuló por las Cancillerías latinoamericanas, aunque esto no quiere decir que se tuviera conocimiento de la misma en la Cancillería uruguaya. Digo esto, porque el señor Ministro declaró que no tenía conocimiento de la misma y no voy a poner en tela de juicio sus palabras. Por su parte, la declaración que termina presentando Uruguay tiene, prácticamente, los contenidos, las líneas de esa nota de octubre del año 2001. Debo decir que esta nota, en idioma inglés, fue redactada por "gringos", dada la lógica de su redacción y por palabras que allí se emplean. En realidad, fue redactada por ingleses, diríamos, no por "gringos", ya que así se denomina no sólo a quienes hablan inglés. Reitero que fue redactada en inglés. Es muy difícil explicar, sin conocer el texto que circulaba el 4, cómo se puede dar una coincidencia entre lo que terminamos redactando y lo que preexistió, por lo menos, siete meses antes. Es difícil pensar que se llegó a las mismas conclusiones que estaban planteadas.

Creo que esto nos lleva a que cambiemos la actitud, más allá de todas las declaraciones del señor Canciller en la sesión del 4 de abril, que leí detenidamente. En ningún momento de esa sesión dijo que íbamos a tener que cambiar la actitud en un sentido diferente al que hubiéramos tenido.

Uno se pregunta por qué lo podríamos haber hecho. En mi interpretación, lo hicimos por política. ¿Por qué? Aquí hago entrar en escena al señor Presidente de la República, y repito que el mando es de él. Con esto no estoy menospreciando la función, ni mucho menos, del señor Canciller; pero creo que aquí hubo una decisión del doctor Batlle.

El Presidente de la República siempre tuvo tendencia, en la estructura política de su partido, a identificarse más con los ingleses y los norteamericanos que otros dirigentes que, en realidad, fueron más europeístas. El está convencido y cree en las propuestas políticas que hace. Para aventar dudas -por lo que supongo puede venir- digo que también es mi Presidente, no sea que algunas cosas que valoro lleven a pensar de otra manera. Es un Presidente al que difícilmente le hagan hacer lo que no quiere; ante esta difícil situación de encarar el camino de las aguas procelosas en las que el país se encuentra, tiene tomadas decisiones políticas. Cree que los Estados Unidos, país con el que hay que negociar -no se tenga dudas de que no estoy planteando en términos de negociación sí o negociación no, de enemistad sí o enemistad no- le va a abrir la puerta de los mercados para que el Uruguay se pueda salvar. No me parece que la política sea una cuestión de fe, pero no voy a combatir a quienes la tienen. Me parece que hay que negociar, que hay que ganar espacios y que hay que tener estrategias para ganarlos, pero no creo que esa sea una tarea fácil.

En mi opinión, aquí viene la situación política que explica lo que hicimos: en realidad, la aplicación de un modelo determinado generó la limitación de los espacios y los grados de libertad para la acción política interna y externa, lo cual llevó a que presentáramos la moción en Ginebra. Tengo conocimiento de a que nuestra representación allí, o por lo menos, a sus funcionarios, los puso en una situación muy embarazosa. Pero la política manda y actuamos en función de esa determinante; estará bien o mal, en todo caso es un tema a evaluar.

SEÑOR MINISTRO.- ¿Me permite una interrupción?

SEÑOR BAYARDI.- Con mucho gusto.

SEÑOR PRESIDENTE.- Puede interrumpir el señor Ministro.

SEÑOR MINISTRO.- Desearía saber exactamente qué quiere decir el señor Senador Bayardi cuando habla de que se puso en una situación embarazosa a nuestra misión en Ginebra. Me gustaría que me explicara un poco, porque esa es una calificación que va de la mano con una suerte de presunción de ideología de una misión y no de ajuste a lo que es su responsabilidad profesional como parte del Servicio Exterior.

SEÑOR PRESIDENTE.- Puede continuar el señor Senador Bayardi.

SEÑOR BAYARDI.- La representación en Ginebra es una representación profesional y técnica, sujeta a las decisiones políticas del Estado. El problema es que el hecho de haber tenido que llevar adelante esta moción iba contra lo que ella entendía era un posicionamiento desde el punto de vista técnico y profesional.

SEÑOR MINISTRO. Está absolutamente equivocado.

SEÑOR BAYARDI.- Perfecto, pero no me pida que le diga con quién hablé en Ginebra el día de la presentación de la moción, porque no lo voy a hacer, pero créame que no le estoy inventando nada.

A lo que voy es a que si políticamente había que hacerlo -no estoy cuestionando si era una medida que había que llevar adelante o no- pido que no nos refugiemos en el discurso de los principios para fundamentarlo, porque apelar a ellos cuando no tenemos argumentos para defender lo que se debe realizar desde el punto de vista político, termina siendo de patas muy cortas. Si aceptamos la defensa de los principios para justificar lo que hicimos, eso nos exige ser consecuentes.

Aquí se ha hablado mucho y sé la respuesta que ha dado el señor Ministro; luego me referiré a ella. Se ha planteado por qué no presentamos mociones contra violaciones a los derechos humanos en Irán y en China. ¿Por qué? Por política: porque necesitamos mercados para salir adelante. Esta es, ni más ni menos, una definición política. Las condiciones son las mismas. En un lado hay un partido religioso único y en el otro un partido comunista único. ¿Cuál es el problema? Hay un solo diario, un único periódico.

SEÑOR PRESIDENTE.- Pido excusas por la interrupción, pero ocurre que ha llegado a la Mesa una moción de orden en el sentido de que se prorrogue el término de que dispone el orador.

Se va a votar.

(Se vota:)

- 21 en 22. Afirmativa.

Puede continuar el señor Senador Bayardi.

SEÑOR FERNANDEZ HUIDOBRO.- ¿Me permite una interrupción, señor Senador?

SEÑOR BAYARDI.- Con mucho gusto.

SEÑOR PRESIDENTE.- Puede interrumpir el señor Senador.

SEÑOR FERNANDEZ HUIDOBRO.- Quiero hacer un brevísimo paréntesis a esta altura de la noche.

Me contó un ex Ministro de Cultura cubano, a su vez intelectual y Presidente de Casa de las Américas, que quiso invitar al genial derechista Jorge Luis Borges a visitar Cuba, por el respeto intelectual y literario que se le reconocen. Y este admirable escritor argentino recibió las explicaciones del Ministro en Buenos Aires, quien le decía que aparte de las enormes discrepancias que evidentemente había, Cuba era diferente. Y la respuesta genial de Jorge Luis Borges fue decir: "Yo soy imparcialmente anticomunista".

Muchas gracias.

SEÑOR PRESIDENTE.- Puede continuar el señor Senador Bayardi.

SEÑOR BAYARDI.- Hablaba de un país en que no había elecciones en forma periódica -aclaro que en uno de los mencionados no las hay, y no es precisamente en Cuba-; de un país en el que hay un único medio de prensa -aclaro que en esos países, por lo menos conozco muy pocos, o solamente uno-; de un país en el que todavía hay presos de conciencia; de un país en el que hay un control estricto sobre la prensa, que convierte en disidente a todo aquel que emite una opinión que básicamente refleje un criterio de independencia política periodística; de un país en el que hay un control férreo sobre la entrada y salida de personas y, por consiguiente, la ausencia de algunas libertades básicas que son el sustento de una sociedad democrática. Pero frente a estas circunstancias no actuamos del mismo modo, porque estamos tratando de ganar mercados en Irán y en China. Me parece bien; no estoy planteando que era necesario proponer una moción sobre Irán y China. Es más, creo que es excelente que no lo hayamos hecho.

Uno podría decir -que es la defensa que ha planteado el señor Canciller, tanto antes como hoy, y ya lo he leído- que el problema es la idiosincrasia latina. Todos somos parte de la comunidad iberolatinoamericana; por eso tenemos problemas de idiosincrasia y el tema Cuba es distinto. Dije que he caminado bastante por América Latina; puede ser que no conozca algún país latinoamericano, pero he estado en casi todos los que la conforman.

Diría que si tomamos en cuenta los derechos civiles, políticos, económicos y sociales -porque los derechos humanos son indivisibles y no se puede elegir uno sí y otro no- y los ponemos en una planilla y, al lado, cada uno de los países, dándoles el puntaje que se desee, categorizando con el número o valor que se quiera a cada uno de los derechos, del Río Bravo para abajo, Cuba no estaría al final. Dejo que se determine el número que se desee, siempre y cuando me dejen expresar ciertas variables en el marco de esos derechos. Ya se habló de Guatemala, que se encuentra hoy enfrentando una situación terrible después de no haberse cumplido los acuerdos de paz y donde, en realidad, hay violaciones sistemáticas de los derechos humanos.

No voy a hablar de Cuba, pero no porque no pueda o no quiera hacerlo, sino porque estoy haciendo referencia a la política exterior de Uruguay y no a ese país. Pero acá se hacen categorizaciones, como la "sangrienta dictadura cubana", tal como dijo un señor Senador. En realidad, podemos decir que existió la etapa del paredón, de la que muchos se han alarmado. Yo fui criado en este país bajo el miedo del paredón, pero claro, cuando estudié la Revolución Francesa me di cuenta de que efectivamente en ella no hubo paredón, sino guillotina. Sin embargo, ¿quién hablaría en contra de la Revolución Francesa? Aclaro que no digo esto para debatir sobre la Revolución Francesa. Cuando se habló del paredón, en realidad terminamos diciendo que había cientos de paredones y miles de personas habían muerto en ellos. Se habló de proceso sangriento, pero entendámonos: Cuba debe ser el país de América Latina en el que murieron menos personas en forma sangrienta desde el año 1959 en adelante.

Se pueden tener discrepancias legítimas con respecto al régimen, al sistema, a la Constitución y a los procesos penales. Es legítimo discutir todo esto y está bien que lo hagamos; el problema es cómo se ubican los Estados en materia de política exterior.

El señor Presidente de la República, es decir, la máxima investidura de este país, la noche del 23 de abril, cuando rompió las relaciones con Cuba dijo: "No vamos a tener más relaciones con Cuba hasta que cambie su sistema político". ¿No es cierto que no podemos usar las relaciones internacionales para forzar cambios de naturaleza política al interior de los otros Estados? ¿O es que las relaciones políticas hoy habilitan a que las usemos para forzar cambios adentro de los Estados? Está bien que eso lo haga Estados Unidos, que acaba de decir cuáles son las condiciones para tener relaciones con ese país. ¡Allá Estados Unidos! Nosotros no tenemos la capacidad imperial ni la potencia para hacerlo. Entonces, debemos ser consecuentes; no invoquemos principios como "lo hicimos por política". Reitero que puedo no acompañar que hayamos hecho esto por política...

SEÑOR MINISTRO.- ¿Me permite una interrupción?

SEÑOR BAYARDI.- Con mucho gusto.

SEÑOR PRESIDENTE.- Puede interrumpir el señor Ministro.

SEÑOR MINISTRO.- Me gustaría preguntar al señor Senador Bayardi si hace política por principios o para ganarse la vida.

SEÑOR PRESIDENTE.- Puede continuar el señor Senador Bayardi.

SEÑOR BAYARDI.- Yo hago política por principios.

SEÑOR MINISTRO.- Entonces, suponga que todos podemos hacer política por principios.

SEÑOR PRESIDENTE.- Puede continuar el señor Senador Bayardi.

SEÑOR MICHELINI.- ¿Me permite una interrupción?

SEÑOR BAYARDI.- Con mucho gusto.

SEÑOR PRESIDENTE.- Puede interrumpir el señor Senador Michelini.

SEÑOR MICHELINI.- Con todo respeto digo que aquí el que tiene que dar cuentas es el señor Ministro y no los señores Senadores. No se trata de preguntar a un Senador si se viene a ganar la vida o si hace política por principios. El que tiene que rendir cuentas es el Poder Ejecutivo y sus representantes.

SEÑOR MINISTRO.- Yo tengo derecho a preguntar, señor Senador.

SEÑOR MICHELINI.- No, señor Ministro. Usted no tiene derecho.

SEÑOR PRESIDENTE.- Eviten los dialogados.

SEÑOR MICHELINI.- Entonces, señor Presidente, ampáreme en el uso de la palabra.

El que tiene que dar explicaciones es el Poder Ejecutivo al Parlamento, no los señores Senadores o Diputados, en cada una de las Cámaras, al Poder Ejecutivo. El Poder Ejecutivo, reitero, es el que tiene que dar cuenta al Parlamento. Naturalmente, mandan las mayorías, y si ellas lo respaldan, tendrá todo el apoyo, pero el señor Ministro no tiene ningún derecho a interrogar a los señores Senadores. Por lo menos, conmigo no cuenta.

SEÑOR PRESIDENTE.- Puede continuar el señor Senador Bayardi.

SEÑOR MINISTRO.- ¿Me permite una interrupción?

SEÑOR BAYARDI.- Con mucho gusto.

SEÑOR PRESIDENTE.- Puede interrumpir el señor Ministro.

SEÑOR MINISTRO.- No he hecho una pregunta con ánimo de formular ningún interrogatorio. Tampoco acepto la mordaza, lógicamente, del señor Senador Michelini.

(Apoyados)

- Pero quiero decir que le he hecho esa pregunta porque sé que el señor Senador Bayardi ha estado refiriéndose a este tema con extremo respeto y con consideraciones de carácter general que no he controvertido. Lo he consultado sobre esto porque parecería que se ha fijado como una suerte de dialéctica entre principios y política, como si no pudiera haber una política basada en principios. De ahí mi pregunta, que no está dirigida a averiguar su vida personal y parlamentaria, sino simplemente a establecer si existe o no un vínculo entre su acción política y los principios en los cuales se discrepa. Va de suyo que seguramente así es, y también en nuestro caso sucede eso. De ahí, por lo tanto, que no hayamos usado el interrogatorio para invertir la carga de la prueba; las explicaciones las hemos dado y las seguiremos dando, pero lo que no vamos a aceptar es que alguien a los gritos nos diga que no podemos formular una pregunta.

SEÑOR PRESIDENTE.- Puede continuar el señor Senador Bayardi.

SEÑOR BAYARDI.- Si bien comparto que el interpelado es el señor Ministro, de todos modos la respuesta fue casi automática por dos razones. Por un lado, porque hay una cosa que me complica que me insinúen en mi vida personal y en mi carácter. Sé que el señor Ministro sabe por qué hago política, pero el que crea que estoy sentado acá por dinero -no en su caso- en realidad no ha registrado lo que llevo perdido en 12 años, y estoy dispuesto a seguir perdiendo. Quiero aclarar al señor Ministro que no planteo la dicotomía en términos personales ni digo que él no hace política por principios. No estoy diciendo eso, sino que señalo que la actitud política que tomamos, más que responder en mi opinión a principios, lo hace a decisiones políticas. Esto es lo que quiero señalar.

SEÑOR FERNANDEZ HUIDOBRO.- ¿Me permite una interrupción?

SEÑOR BAYARDI.- Con mucho gusto.

SEÑOR PRESIDENTE.- Puede interrumpir el señor Senador.

SEÑOR FERNANDEZ HUIDOBRO.- Sobre este tema de los principios en materia de política exterior, pienso que a veces coliden principios de similar importancia y hay que tomar decisiones. El Generalísimo Francisco Franco, caudillo de España por la gracia de Dios o a Dios gracias -según se mire- después de la batalla de Guadalajara, donde las tropas italianas que lo apoyaban sufrieron un vergonzoso desastre, dijo una frase famosa: los rojos serán rojos, pero son españoles.

En el caso de Cuba, concretamente, tal vez recordando el papel jugado por los Estados Unidos allí, aquel hombre del cual no se sospechará alguna veleidad comunista, roja, rojiza, rosada, ni tampoco que sea de mi simpatía, no rompió relaciones -hasta hoy España, como aquí se ha dicho, es el principal inversor- porque entre su política cerrilmente anticomunista -creo que eso está fuera de discusión- y su política de solidaridad -no sé como llamarla- con quienes hablan en castellano -y acá refuerzo lo que dijo el señor Senador Bayardi con relación a la idiosincrasia latinoamericana o iberoamericana- tenía que optar entre condenar a un socialismo que hablaba en castellano o elegir un imperio con el que no se llevó demasiado bien en otras épocas.

SEÑOR PRESIDENTE.- Puede continuar el señor Senador Bayardi.

SEÑOR BAYARDI.- Se ha hablado del deterioro de las relaciones bilaterales, no como un acto accidental, sino como proceso. Ya se hizo referencia -y no lo voy a reiterar- a la Conferencia de Panamá en el año 2000, y a los dichos y entredichos que se suscitaron.

Creo que el señor Presidente no hizo aquellas consideraciones por error. En realidad, apuntó en esa dirección: ¡avaló a Francisco Flores! El señor Presidente de la República tiene enorme cantidad de méritos políticos como para avalar a Francisco Flores, de quien conozco parte de su currículum como consecuencia de haber estado en El Salvador. El señor Presidente llevó adelante un acto político.

Monterrey es un capítulo aparte, digno del juego de la política del Presidente Fidel Castro y del doctor Jorge Batlle. Todos leímos la transcripción de la conversación telefónica entre el Presidente Fox y Fidel Castro. En realidad, ¿cuántas llamadas importantes puede recibir Fidel Castro, del mundo? Dos. Voy a relatar estas ideas en un tono coloquial para distender un poco el clima, dado lo avanzado de la hora. No sé cuáles son las actividades nocturnas del Presidente de Cuba; tampoco sé si son muy activas, periódicas y "non sanctas" las actividades de este Presidente que ya tiene más de setenta años. Ojalá cada uno de nosotros pueda llegar a esa edad con actividades frecuentes "non sanctas". Entonces, si a las once de la noche recibiera dos llamadas importantes, una tendría que ser del Presidente Bush y otra del Presidente Fox, de México. En ambos casos, dejaría lo que estuviera haciendo para atenderlos. Pero aquí hubo una situación montada por el Presidente de Cuba quien, a raíz de una decisión política, llegó a la conclusión de que tenía que relevar de su responsabilidad en México a Jorge Castañeda. Hoy digo que lo derribó; no importa si ya sucedió o si ocurrirá dentro de tres meses, porque difícilmente vuelva a ser Canciller. ¿Por qué? Porque estaba trabajando para Estados Unidos. Como decía, se armó toda una escena para pegarle a Castañeda. Entonces, si Fox se pegaba con Castañeda, le pegaba a Fox. No voy a leer la transcripción de esa conversación telefónica, puesto que cualquiera de nosotros, aunque hubiera entrado en la política hace dos minutos, habría sabido qué se estaba preparando en ese diálogo. Supongamos que cuando llamó al Presidente Castro alguien le respondió que en ese momento no podía atenderlo, que estaba ocupado, que intentara más tarde. Y cuando lo intentó nuevamente, estaba pronto el audio para grabar la conversación. Después, fue a Monterrey y le dijo que se iría a la hora 13. Pero no fue así; se quedó hasta las 17 porque tenía trancado al Presidente Bush en El Paso. El Presidente Bush despegó, y le avisaron cuando llegó a Monterrey. En realidad, Fidel Castro se retiró del hotel a las 17 horas y no se cruzaron en la calle, de asco. Se va de la Conferencia diciendo que no había ninguna condición y que, en realidad, no tenía razones para permanecer en ella. ¿Quién tenía que explicar? México, Kofi Annan o Bush. El Presidente de Uruguay fue el único en toda la Conferencia que se metió en el medio a descomprimir el contencioso que tiene Fidel Castro con Castañeda y Fox.

Después de lo ocurrido en Panamá y Monterrey, los dados ya estaban echados. ¿Adónde se dirigió el Presidente de Cuba? A destrozar a Castañeda y deslegitimar a Fox. Creo que lo logró. Estaba seguro que no se rompían las relaciones. En todo caso, con respecto a Uruguay hizo una percepción política equivocada. La política manda. El objetivo era ese, porque estaba visualizando al Presidente Batlle jugando en una estrategia al servicio -no por servilismo ni por genuflexión, lo cual también rechazo- de los norteamericanos, por necesidades políticas. ¿Qué deslegitimó del Presidente Batlle? ¿Por qué el Presidente Batlle tiene legitimidad? No me refiero a nivel personal. Lo que ocurre es que no es lo mismo hablar por Guatemala o El Salvador -podría seguir nombrando países, pero no quiero ponerme en saco de once varas- que hablar por Uruguay. ¿Por qué? Porque este país de tres millones de habitantes tiene una tradición y un prestigio en política internacional forjados a lo largo de centenas de años. El señor Canciller expresó hoy, en Sala, que el acto de ruptura era trascendente e importante, porque va con él el prestigio que todos nosotros debemos sentir, dado que somos sus administradores. Suscribo sus palabras. El problema es que el Presidente de la República, procediendo tal como lo hizo, demostró ser un muy mal administrador del prestigio histórico de este país en materia de relaciones y políticas internacionales.

Este es el punto más crítico de la situación que estamos analizando. Podría defender a los cubanos en este contencioso que tienen, no con Uruguay, sino con Estados Unidos. ¡No nos equivoquemos, no tienen un contencioso de más de cuarenta años con Uruguay, sino con Estados Unidos! Tanto es así, que acaban de cambiar la línea que divide el Comando Sur de los Estados Unidos e incorporaron a Cuba, el año pasado, al Comando Central. ¡Los cubanos no se pelean con nosotros! ¡Hace cuarenta y nueve años que se pelean con la principal potencia mundial! ¿Cuál es el problema? Se buscaron dos cosas: si van a continuar los ataques del doctor Jorge Batlle hacia Cuba, es necesario horadarle la credibilidad y la posibilidad de que, cuando se presenten mociones de ese lado, tengan valor en función del prestigio del país. Ahora podrán ir a todas las conferencias que quieran. ¡Ya importará poco lo que se diga! La otra cosa que valoró mal Cuba, fue que no había condiciones para romper relaciones. Estoy seguro que valoró dos cosas: la crítica situación económica que tiene este país y el peso de la adhesión solidaria de nuestro pueblo hacia Cuba. Podrá haber alguien que no esté de acuerdo, pero, ¡cuidado! Cuando Fidel Castro estuvo en nuestro país concentró una enorme cantidad de gente, tanto en su primera visita en 1959, como en la última, en este Parlamento. Seguramente, el Presidente de la República pensó que no tenía condiciones que romper. ¡Claro, no conocía bien la idiosincrasia del Presidente de la República!

De todos modos, no cambia que uno de los objetivos era horadar el prestigio para mocionar, de aquí en adelante, en nombre de Uruguay. Es esto lo que debíamos administrar, en tanto administradores -lo que comparto, señor Ministro- del prestigio de este país en materia de relaciones exteriores. Hoy lo coadministra el actual Canciller, en el pasado lo han hecho otros, y en el futuro también.

Todos sabemos lo que es hacer política, se podría haber dicho en el espacio privado que no teníamos otra posibilidad. Lo hubiéramos discutido y aceptado o rechazado. También sabemos que había otras formas de invalidar la moción en Ginebra, incluso presentándola. Es claro que la presión era muy fuerte desde el punto de vista económico. Cuando hablo de imperialismo, no me refiero al poderío militar de los Estados Unidos, ya que éste sólo constituye una pequeña parte, a pesar de los U$$ 349.000:000.000 que destina anualmente al presupuesto militar. Otra forma de poderío es la asfixia económica, el apretar la yugular de los países. Habría que preguntarle a Argentina, en este momento.

Voy a decir algo y quisiera que quedara claro que es una ironía, para que luego no se saque de contexto. ¿Quién sabe si el destino de este país -no quiere decir que me esté proclamando para Canciller- hoy o mañana no me impone esa responsabilidad y tenga que presentar una moción de ese tenor? En ese caso, diré que la presenté condicionado, porque la asfixia determinaba que tomara esa conducta. De todas formas, si lo hiciera, sabemos que hay maneras de invalidarla. En realidad, las altas fuentes de la Cancillería dejan entrever que se hizo por presión de los Estados Unidos. No importaba quién terminaba presentándola ni cómo se expresara.

Es por eso que planteo mi discrepancia con lo actuado en esta oportunidad. Por un problema de honestidad intelectual, tenía que decirlo porque fue mi punto de vista en este proceso de ruptura de relaciones con Cuba. Finalmente, la ruptura terminó siendo como una crónica de consecuencias por decisiones políticas de ambos lados.

Muchas gracias.

SEÑOR PRESIDENTE.- No hay más oradores inscriptos, por lo que se va a dar lectura a la primera moción llegada a la Mesa.

Léase.

(Se lee:)

"El Senado de la República declara no satisfactorias las explicaciones del señor Ministro de Relaciones Exteriores.

(Firman: las señoras Senadoras Xavier y Arismendi, y los señores Senadores Korzeniak, Couriel, Gargano, Segovia, Fernández Huidobro, Bayardi, Cid, Nin Novoa, Abelenda y Núñez.)"

SEÑOR PRESIDENTE.- Se va a votar.

(Se vota:)

- 12 en 25. Negativa.

Léase la segunda moción llegada a la Mesa.

(Se lee:)

"Mocionamos para que, oídas las explicaciones del señor Ministro de Relaciones Exteriores, el Senado pase a considerar el Orden del Día.

(Firman: los señores Senadores Millor, Fau, Virgili, Singer, Correa Freitas, Atchugarry, Riesgo y Brause.)"

SEÑOR PRESIDENTE.- Se va a votar.

(Se vota:)

- 15 en 26. Afirmativa.

16) SE LEVANTA LA SESION

SEÑOR PRESIDENTE.- No habiendo otros asuntos en el Orden del Día, se levanta la sesión.

(Así se hace, a la hora 2 y 15 minutos del día 24 de mayo, presidiendo el señor Luis Hierro López y estando presentes los señores Senadores Abelenda, Atchugarry, Bayardi, Brause, Cid, Correa Freitas, Couriel, de Boismenu, Fau, Fernández Huidobro, García Costa, Gargano, Heber, Michelini, Millor, Nin Novoa, Núñez, Pereyra, Pou, Riesgo, Sanabria, Segovia, Singer, Virgili y Xavier.)

SEÑOR LUIS HIERRO LOPEZ Presidente

Sr. Mario Farachio - Arq. Hugo Rodríguez Filippini Secretarios

Sr. Freddy A. Massimino Director General del Cuerpo de Taquígrafos

 

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Montevideo, Uruguay. Poder Legislativo.