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Nº 368 - TOMO 365 - 18 DE ENERO DE 1995

REPUBLICA ORIENTAL DEL URUGUAY

DIARIO DE SESIONES

DE LA

CAMARA DE SENADORES

QUINTO PERIODO ORDINARIO DE LA XLIII LEGISLATURA

63ª SESION EXTRAORDINARIA

PRESIDE EL DOCTOR GONZALO AGUIRRE RAMIREZ Presidente

ACTUAN EN SECRETARIA LOS TITULARES DOCTOR JUAN HARAN URIOSTE Y SEÑOR MARIO FARACHIO

SUMARIO

1) Texto de la citación

2) Asistencia

3) Asuntos entrados

4) Justificación de inasistencia

- El señor senador Batalla comunica que no podrá asistir a la sesión de hoy.

5) Solicitud de la licencia

- La formula el señor senador Librán Bonino.

6) Senador Leopoldo Bruera. Homenaje póstumo

- Manifestaciones de varios señores senadores y del señor presidente.
- Se resuelve, por moción presentada por todos los señores senadores presentes, guardar de pie un minuto de silencio en su homenaje, remitir la versión taquigráfica de los discursos pronunciados en sala a sus familiares y que el Senado se haga cargo de los gastos del sepelio.

7) Se levanta la sesión

1) TEXTO DE LA CITACION

"Montevideo, 18 de enero de 1995

LA CAMARA DE SENADORES se reunirá en sesión extraordinaria, hoy miércoles 18, a la hora 17 y 30 a fin de tributar homenaje al señor senador Leopoldo Bruera, fallecido en la víspera.

2) ASISTENCIA

ASISTEN: los señores senadores Alonso Tellechea, Astori, Belvisi, Blanco, Bouzas, Cassina, Grenno, Millor, Pérez, Raffo, Ricaldoni y Rubio.

FALTAN: con aviso, los señores senadores Batalla, Irurtia, Jude, Librán Bonino, Pereyra, Santoro y Zumarán; y sin aviso, los señores senadores Amorín Larrañaga, Bouza, Elso Goñi, Gargano, González Modernell, Hackenbruch, Korzeniak, Ramírez, Silveira Zavala y Urioste.

3) ASUNTOS ENTRADOS

SEÑOR PRESIDENTE. - Habiendo número está abierta la sesión.

(Es la hora 17 y 41 minutos)

-Dése cuenta de los asuntos entrados.

(Se da de los siguientes:)

"Montevideo, 18 de enero de 1995.

La Presidencia de la Asamblea General destina varios Mensajes del Poder Ejecutivo a los que acompañan los siguientes proyectos de ley:

por el que se aprueba el Protocolo relativo al Código Aduanero del MERCOSUR.

-A la Comisión de Asuntos Internacionales.

por el que se aprueba el Protocolo Adicional al Tratado de Asunción sobre Estructura Institucional del MERCOSUR - Tratado de Ouro Preto.

-A la Comisión de Asuntos Internacionales.

por el que se autoriza la salida del país de un contingente militar a los efectos de prestar apoyo a la operación de Paz de la Organización de las Naciones Unidas desarrollada en Angola.

-A la Comisión de Defensa Nacional".

4) JUSTIFICACION DE INASISTENCIA

SEÑOR PRESIDENTE. - Dése cuenta de una justificación de inasistencia.

(Se da de la siguiente:)

El señor senador Batalla comunica que no podrá asistir a la sesión de la fecha.

Léase.

(Se lee:)

"Montevideo, 5 de enero de 1995.

Señor presidente de la Cámara de Senadores
Dr. Gonzalo Aguirre Ramírez
Presente

De mi mayor consideración:

Cúmpleme comunicarle que hasta el día 22 de enero deberé estar ausente de nuestro país, en razón de asistir a la Reunión Ordinaria del Comité de Derechos Humanos de los Parlamentarios, de la Unión Interparlamentaria, que integro como miembro titular.

Por tal circunstancia, no podré estar presente en toda sesión extraordinaria del Senado que pudiera convocarse dentro de las fechas indicadas, lo que pongo en su conocimiento a los efectos que correspondan.

Sin otro particular, saludo al señor presidente muy atentamente.

Hugo Batalla. Senador."

5) SOLICITUD DE LICENCIA

SEÑOR PRESIDENTE. - Dése cuenta de una solicitud de licencia.

(Se da de la siguiente:)

El señor senador Librán Bonino solicita licencia por el día de la fecha.

Léase.

(Se lee:)

"Montevideo, 18 de enero de 1995

Señor presidente de la
Cámara de Senadores
Dr. Gonzalo Aguirre Ramírez
Presente

De mi mayor consideración:

Por la presente solicito al digno Cuerpo se me otorgue licencia por el día de la fecha a fin de atender asuntos particulares ineludibles.

Sin otro motivo y agradeciendo desde ya la atención que le presten a mi solicitud, le saludo muy atentamente,

Esc. Daoiz Librán Bonino. Senador."

6) SENADOR LEOPOLDO BRUERA. Homenaje póstumo.

SEÑOR PRESIDENTE. - El Senado ha sido convocado a fin de tributar homenaje a nuestro extinto compañero, senador Leopoldo Bruera, fallecido en la víspera.

SEÑOR PEREZ. - Pido la palabra.

SEÑOR PRESIDENTE. - Tiene la palabra el señor senador.

SEÑOR PEREZ. - Señor presidente y compañeros del Senado: nos encontramos frente a un hecho totalmente sorpresivo, ya que -como seguramente lo recuerda la mayoría de los presentes- el viernes pasado, entre los legisladores que concurrimos a la Asamblea General, estuvo presente el señor senador Leopoldo Bruera con su clásico buen humor y buen relacionamiento.

Repentinamente, entre el sábado y el domingo, por una enfermedad que es nueva -ya que de acuerdo con lo que manifestó el médico tratante sólo se dieron cuatro casos en el Uruguay en el último año- perdió totalmente las defensas y falleció cuando nadie lo esperaba, ya que llevaba airosamente sus 71 años.

Este hecho significa una gran pérdida para el Frente Amplio, para el Encuentro Progresista, para el Senado de la República, para todos los que lo conocieron y trataron y, sobre todo, para su señora. Nancy Reyes, para sus hijos, para sus nietos -varios de ellos adolescentes- para sus hermanos y para su cuñado, ya que se trata de una familia muy unida, forjada en ideales comunes y sentimientos muy profundos, lo cual pudimos comprobar quienes concurrieron al velatorio y al sepelio.

Considero, además, una pena que no esté entre nosotros el ex senador Cigliuti -precisamente, el domingo pasado concurrimos con el señor senador Bouzas a un homenaje que se le tributó en Canelones- ya que estoy seguro de que él hubiera encontrado las palabras exactas y poéticas para definir de la mejor forma la personalidad de alguien que dedicó consciente, tenaz y permanentemente toda su vida a la causa del Uruguay, de los trabajadores, de la concordia nacional, del Frente Amplio, del Encuentro Progresista y, durante muchísimos años, desde su más tierna adolescencia, a lo del Partido Comunista del Uruguay del cual, no hace mucho tiempo y con dolor, se separó, como lo hicimos tantos otros cuando pensamos que no teníamos condiciones para realizar una renovación interna, necesaria, acorde con los cambios que se han dado en nuestro país, en América Latina y en el mundo.

El señor senador Leopoldo Bruera fue gestor, junto con otros compañeros, de las mejores tradiciones de la izquierda uruguaya. Al mismo tiempo, fue solidario, empeñoso, con una imaginación prodigiosa para la búsqueda de alianzas y soluciones políticas, para buscar caminos donde parecía imposible y apelar, sin miedo, a políticos blancos, colorados y del Nuevo Espacio; para él no había ninguna puerta cerrada ya que, por el contrario, hizo un culto en ese sentido que le resultó útil a la izquierda, al sistema político y al pueblo uruguayo. Fue uno de los fundadores del Frente Izquierda de Liberación, en el año 1962; fue un luchador infatigable por la unidad de la izquierda; trabajó exhaustivamente, junto a representantes de otros sectores, en la concreción y construcción del Frente Amplio, lo que se logró el 5 de febrero de 1971.

Los avatares de la lucha y la permanente precariedad de su salud lo llevaron al exilio. Desde allí -primero desde Cuba, después desde México, y posteriormente desde otros lugares- trabajó muy intensamente, junto a otros uruguayos, en la conformación de una visión rica y solidaria del exilio, con los ojos puestos en nuestro país. Esto lo condujo a lograr una relación muy positiva con el señor Wilson Ferreira Aldunate y con su hijo, Juan Raúl, quienes también estaban en el exilio. Se contactó, además, con frenteamplistas que -si mal no recuerdo- comenzaron en Madrid un proceso de reconstrucción de la Coalición, mientras aquí había compañeros presos, como por ejemplo -entre otros- el presidente del Frente Amplio, general Líber Seregni. Se trató de una tarea llena de confianza y de optimismo que, junto con el esfuerzo que internamente realizaba el pueblo uruguayo y todas sus fuerzas políticas, contribuyó a la derrota de la dictadura.

Cuando el señor senador Bruera regresó al Uruguay, en una primera instancia trabajó como secretario de propaganda de aquel Partido Comunista. Durante más de 20 años fue edil de la Junta Departamental de Montevideo. No voy a entrar en detalles acerca de la tarea que allí realizó, pero habría muchos aspectos memorables para rescatar. De esos 22 años en que se desempeñó en la Junta Departamental, compartimos 17. La dictadura interrumpió estas tareas a nivel de la Junta Departamental y del Parlamento.

Leopoldo bruera fue un hombre de gran imaginación artística, no solamente para lo que era una de sus vocaciones más profundas, la pintura -había sido discípulo de Torres García- sino también para la poesía. Todo eso lo volcó a la política, no con un sentido estrecho sino buscando los caminos para enriquecer el sistema político uruguayo. Por eso, no causó sorpresa que a su velatorio concurrieran el presidente electo de la República, doctor Julio María Sanguinetti; el vicepresidente de la República, doctor Gonzalo Aguirre; el ministro de Relaciones Exteriores, el señor Cassina, el señor representante Stirling -con quien había estado hace poco en Brasil- y uno de los directores de ANTEL, perteneciente al Partido Nacional, a quien conocía desde niño.

En un día tan difícil como este -a pesar de que la mayoría de los señores senadores ni siquiera deben estar enterados de la noticia- se han hecho presentes representantes de todos los sectores, a fin de cumplir con un deber de conciencia. Esto habla bien del señor senador Bruera y del sistema político, del que él también formaba parte, al igual que todos nosotros, cada uno con sus particularidades y matices, en procura de la defensa de sus propios ideales. En definitiva, somos conscientes de que, en nuestro país, esa diversidad es un sinónimo de la democracia, representada de acuerdo con la voluntad ciudadana. Con cada resultado electoral, algunos triunfan y otros no, pero esa es la voluntad de la gente y debemos respetarla por encima de todo, porque aún no se ha encontrado un sistema mejor, como nos tocó aprender durante la dictadura.

Estuve muchos años junto al señor senador Bruera; nos unía una profunda amistad personal y familiar.

En el cementerio, relaté un hecho que me parece muy importante; estando muy mal de salud y encontrándome, junto con mi señora, en la entonces Unión Soviética, Bruera fue a verme para sacar sus propias conclusiones. Esto permitió -contando con su acuerdo, el de mi esposa y, naturalmente, con mi aquiescencia- que regresara a Uruguay e iniciara -no trato de hacer propaganda, sino que realmente fue así históricamente- un proceso de recuperación con el doctor Caritat, lo que años después posibilitó que accediera a este lugar. Esta es una de las facetas que, junto a otras, recuerdo de él con más cariño.

Por lo tanto, señor presidente, creo que este homenaje es merecido.

Podría resaltar todo lo hecho por Leopoldo Bruera en la Comisión de Medio Ambiente, de la que fue su presidente en forma permanente. Allí encaró la salvación del Uruguay, de América Latina y del mundo, que tanto preocupa a mucha gente; de todas maneras, no faltarán compañeros -probablemente sus propios colegas de la Comisión- que se refieran a este aspecto.

No quiero terminar estas palabras sin expresar mi solidaridad más plena con sus familiares -su señora, sus hijos, nietos, hermanos y cuñados- así como con todos aquellos que, de una u otra manera, tuvieron la dicha de conocerlo, entre ellos, sus secretarios de bancada, que tanto lo ayudaron y tanto aprendieron de él.

Muchas gracias.

SEÑOR CASSINA. - Pido la palabra.

SEÑOR PRESIDENTE. - Tiene la palabra el señor senador.

SEÑOR CASSINA. - Señor presidente: a quienes no han tomado parte de alguna manera del trabajo del Senado en esta legislatura, puede resultarles mera coincidencia que, cuando estaba tratando de ordenar mis ideas para hablar en esta sesión de homenaje, al igual que el señor senador Pérez volví a lamentar la ausencia en este Cuerpo de nuestro inolvidable compañero, don Carlos Cigliuti. Seguramente, en circunstancias como ésta él hubiera podido decir y decirnos, con profundidad de conceptos y belleza formal, lo que todos quisiéramos expresar hoy acerca de Leopoldo Bruera. Pero, en tanto ya no contamos -y desde hace algún tiempo- con don Carlos Cigliuti, el Senado tendrá que conformarse con las dolidas manifestaciones de quienes hoy hemos podido concurrir a esta sesión. Sabemos que otros colegas no han podido asistir por diversas circunstancias; es el caso -y me apresuro a señalarlo- de mi compañero, el señor senador Batalla quien, como se sabe, se encuentra en Ginebra participando de la reunión del Comité de Derechos Humanos de la Unión Interparlamentaria. En una comunicación telefónica mantenida en el día de hoy, informé al señor senador Batalla acerca de la muerte de Polo Bruera, y él me pidió que expresara su pesar y su dolor, y que trasmitiera su sentimiento de solidaridad para con sus familiares y compañeros políticos.

Conocí a Leopoldo Bruera y tuve una relación verdaderamente amistosa con él cuando ambos asumimos funciones -en el caso de él se trataba de un reingreso o de una continuación de sus tareas- en la Junta Departamental de Montevideo, el 15 de febrero de 1963. Se trataba de una Junta Departamental diferente a los actuales por muchas razones, entre otras, porque el régimen de la Constitución de 1952 preveía órganos más numerosos. En ese entonces, el referido Cuerpo deliberativo estaba compuesto por 65 miembros y, además, tenía facultades y competencias más amplias y fuertes que las actuales.

Conservo de aquella Junta Departamental un estupendo recuerdo por todo lo que allí aprendí, por la gente que conocí y por las amistades que empecé a cosechar, entre las que cuento de manera destacadísima la que logré con Leopoldo Bruera, con quien trabajé en las Comisiones de Presupuesto. Como siempre ocurre, sobre el vencimiento de los plazos realizábamos jornadas agotadoras y pasábamos toda la noche -y, a veces, aunque parezca increíble, varios días- encarando la materia presupuestal municipal que es, por cierto, muy compleja y que lo era mucho más entonces, porque la Intendencia Municipal que entonces era un Concejo Departamental y tenía una estructura presupuestal endiablada que Leopoldo Bruera, de manera principalísima, contribuyó a ordenar, en un trabajo farragoso, difícil, largo y tremendamente complicado. ¿Por qué digo esto? Porque la Intendencia Municipal, que abarca tantos cometidos y funciones, tenía en ese entonces un régimen escalafonario por el que cada oficina constituía un escalafón. Sin duda, esto lo recuerda muy bien quien nos hace el honor de estar presente en este caso, el señor Secretario de la Cámara de Representantes, don Horacio Catalurda, quien entonces era periodista del diario "Acción". Esta situación que mencioné determinaba que en la Intendencia Municipal de Montevideo, la suerte de los funcionarios en cuanto a su carrera estuviera vinculada a la oficina en que habían caído originalmente. Así, podría lograrse una carrera meteórica por haber sido destinado a un escalafón relativamente pequeño, o pasarse treinta años sin movimiento, como consecuencia de un escalafón enormemente grande, como lo era -por ejemplo- el del servicio de limpieza, que siempre fue difícil y en el que se recuerda la gestión, no tanto como Intendente, sino como Director de dicha repartición, de don Germán Barbato, quien tenía condiciones especiales para relacionarse y entenderse con los funcionarios.

Como decía, Leopoldo Bruera fue de los que más luchó y trabajó durante varias legislaturas para sacar adelante la reestructura presupuestal y escalafonaria del Municipio de Montevideo, lo que felizmente se logró.

Esta fue una tarea -créase que no exagero- hecha con mucho tesón, inteligencia y paciencia para hablar con todos y dejar conformes a todos, respetando derechos pero procurando además que aquellos que por años habían estado postergados como consecuencia de una situación de la que nadie tenía problablemente la culpa, resultaran contemplados y reparados como consecuencia de esa reestructura.

Después nos encontramos con Bruera mil veces, pero particularmente durante la conformación del Frente Amplio y de los primeros años de esta fuerza política, hasta el golpe de Estado. En esa instancia, como señalaba el señor senador Pérez, él trabajó como el que más para conformar la coalición y, hasta donde puedo saberlo -seguramente lo hizo también después- para ayudar a solucionar con espíritu amplio los miles problemas que siempre se plantean en el relacionamiento de todo grupo humano, como lo es una fuerza política.

Luego vino para él el largo exilio, que sin duda fue, como para todos, penoso, pero fue compensado -sin duda también- por las posibilidades que tuvo y aprovechó para luchar desde el exterior por la recuperación democrática de la República.

Nos reencontramos a su retorno y tuvimos la oportunidad, dialogando muchas veces y con absoluta franqueza, de plantearnos los problemas que nuestra fuerza política podía tener o creer que tenía dentro de la coalición Frente Amplio y de procurar buscarles solución, abriendo permanentemente todas las puertas para el diálogo.

Era un polemista muy duro cuando tenía que serlo. Lo recuerdo en este aspecto mucho más en su pasaje por la Junta Departamental que por esta etapa en el Senado.

Pero era a la vez un hombre tierno, afectuoso, que se conmovía por los problemas de sus semejantes. También era extraordinariamente culto, con esa cultura que se asimila profundamente y de la que nunca se hace exhibición; se la va adquiriendo para formar parte de la propia riqueza espiritual y se la pone al servicio de los semejantes con un espíritu fraterno, sin pretender por ello hacerse a sí mismo algo así como un pedestal de hombre culto. Sabía muchísimo de arte, de teatro, de cine, de música. En el Senado le debemos ese gran esfuerzo que se hizo durante esta legislatura para apoyar, en la medida de lo posible, la promoción y el desarrollo de las artes plásticas; él fue el autor de una resolución incorporada al Presupuesto del Senado que ha permitido que durante esta legislatura este Cuerpo contribuyera en ese sentido.

Recuerdo cómo, por ejemplo -perdóneseme que maneje algunos recuerdos personales- siendo ambos ediles nos encontrábamos en el cine o en el teatro y comentábamos casi diariamente aquellas obras y películas que nos habían gustado. Tengo presente la impresión que nos causó por igual dos películas de la década del 60: "Los compañeros" - "I compagni"- y "Ataque a la ciudad", formidable film italiano que denunciaba un proceso de corrupción política. De ese tema habló, además, en la Junta Departamental e hizo pie en ambas películas, por cuanto denunciaban una situación que a su juicio merecía ser puesta en evidencia.

Como senador, creo que todos debemos reconocer la contribución que él ha hecho y que ha sido fundamental a la legislación del país en materia de protección del medio ambiente. Para los que no nos tocó trabajar directamente en el tema, a veces su preocupación porque se aprobaran los proyectos de ley relativos a esa materia nos resultaba casi obsesiva; pero él, en ese espíritu amplio, con ese tono afectuoso con que siempre nos tratamos, venía a nuestro despacho o se dirigía a nosotros en el ambulatorio para pedirnos colaboración. Esta era una manera, también, de saber hacer el trabajo parlamentario y de sacar adelante aquellos proyectos en los que estaba convencido había un beneficio amplio para el país y para los intereses generales de su gente.

Si el país tiene hoy una ley de protección del medio ambiente -en la que seguramente habrá que insistir para obtener regulaciones mucho más precisas, aunque sirve por lo menos como un gran marco general- es, sin duda alguna, por él, por su inteligencia, por su conocimiento, por su preocupación por contribuir a la lucha en el país y en el mundo por mantener los equilibrios ecológicos.

Fue siempre ese hombre tan conmovedoramente abierto, receptivo a los problemas sociales de todos. Tenía, como bien señalaba el señor senador Pérez, una nota permanente de optimismo, aun en los momentos más difíciles. Es bueno recordar esto hoy, cuando todos nos sentimos afectados por su muerte, para la cual, dado el proceso de su enfermedad, no tuvimos tiempo ni siquiera de prepararnos.

Manifiesto, en lo personal y en nombre de mi partido, nuestro sentimiento de pesar por la muerte de Leopoldo Bruera. Expreso a sus compañeros, al Frente Amplio, nuestras condolencias. En particular, deseamos trasmitirle nuestra afectuosa solidaridad a su esposa, sus hijos, sus nietos y otros familiares.

SEÑOR ALONSO TELLECHEA. - Pido la palabra.

SEÑOR PRESIDENTE. - Tiene la palabra el señor senador.

SEÑOR ALONSO TELLECHEA. - Señor presidente: por la velocidad con que se produjeron estos hechos que lamentamos y que son motivo de la convocatoria del Cuerpo en la tarde de hoy, no pudimos estar presentes en el velatorio ni en el sepelio de Leopoldo Bruera. Al mismo tiempo, quiero expresar que, por lo menos en cuanto a los integrantes de nuestra bancada -que no tengo dudas que lo mismo ha ocurrido con los demás compañeros del Cuerpo- la falta de información ha motivado que esta sesión no sea tan numerosa y que tampoco lo haya sido el grupo de legisladores que acompañaron a "Polo" Bruera hasta el cementerio.

Mucho fue dicho ya, pero me gustaría agregar algunos elementos que especialmente adornaban la personalidad de Leopoldo Bruera y que, sin duda, constituían la primera impresión, lo primero que uno procesa cuando conoce a una persona.

En lo personal, tuve ocasión de conocerlo al ingresar a este Cuerpo, hace casi tres años. Creo que equivocarme al decir que Leopoldo Bruera era una de esas personas que se preocupan por caer bien y en forma permanente tratan de ganar a su interlocutor con una calidad humana muy especial. Sin embargo, procedía de tal forma sin abdicar de sus principios, a través de un relacionamiento cordial, buscando las vías de llegar a soluciones intermedias o aproximadas a la realidad que él ansiaba.

Desde el punto de vista ideológico nuestro sector y nuestro partido están lejos de lo que sustentaba Leopoldo Bruera; no obstante, eso no impedía que todos los consideráramos un amigo.

En varias ocasiones nos tocó concurrir juntos a reuniones e integrar la Mesa de la Comisión Parlamentaria del MERCOSUR, así como efectuar algunos otros viajes al exterior con motivo de esa misma representatividad. Puedo decir que el pesar que hoy se evidencia en esta sala por parte de todos los amigos que Leopoldo Bruera deja en el país, sin duda, debe sumarse al de una legión interminable de quienes así lo consideran en todo el mundo. El siempre estaba cerca de algún amigo, quizá por ese largo exilio al cual ya se hizo referencia y que trágicamente lo obligó a vivir lejos de su patria durante muchos años, visitando diferentes países en los cuales debió permanecer. Esto permitió que fuese sembrando, con esa especial calidez que lo caracterizaba, amistades que, como decíamos, están diseminadas por todo el planeta.

Leopoldo Bruera se encontraba en una etapa muy especial de su vida, ya culminando su labor como senador de la República pero preparándose para continuar luchando y trabajando. Conversamos con él -porque nos gustaba hacerlo siempre que era posible- cuando realizamos nuestro último viaje a Brasil con motivo de la reunión de la Mesa de la Comisión Parlamentaria del MERCOSUR. Como ya dije, tuve ocasión de compartir con él muchos viajes, asientos de ómnibus, de aviones, charlas, cafés, almuerzos, cenas, y recuerdo que en esta última oportunidad nos manifestó que quería volver a trabajar en el periodismo, que justamente era una de las actividades en las que se sentía cómodo, ya que le gustaba y lo motivaba, con lo cual a su edad estaría comenzando una nueva vida. Asimismo expresó que no quería asumir responsabilidades políticas demasiado importantes. El veía a su partido político creciendo, a su organización tomando rumbos que compartía, y se sentía orgulloso de ello. Sin embargo, consideraba que su actividad en el plano directriz quizá había llegado a su fin, a pesar de lo cual buscaba nuevos espacios para seguir manteniendo el vigor que siempre lo caracterizó.

Obviamente, no vamos a poder recibir trabajos periodísticos de Leopoldo Bruera; el destino no lo ha querido. No obstante, quienes lo conocimos poco -y por ello envidio a quienes tuvieron ocasión de tratarlo durante décadas como, por ejemplo, el señor senador Pérez- sí hemos recibido y con creces -y esa es la idea central de esta modesta exposición- la calidez de su persona, la ternura de su figura y el afecto por todo aquello que le parecía importante, aunque no fuese de su directo beneficio.

El Partido Nacional, nuestra bancada, se siente en la obligación de expresar su dolor y presentar sus respetos, a través de mi persona, a su partido y a su familia.

Muchas gracias.

SEÑOR BLANCO. - Pido la palabra.

SEÑOR PRESIDENTE. - Tiene la palabra el señor senador.

SEÑOR BLANCO. - Los senadores del Partido Colorado queremos expresar nuestra conmovida solidaridad ante la muerte de un querido compañero de este Cuerpo, don Leopoldo Bruera.

La noticia sorpresiva despierta en todos nosotros ecos dolorosos. Y en esta hora suprema es oportuno mirar a través de diferencias, de controversias, de oposiciones, y encontrar aquello hondo, intranferible, humano y profundo que alentó en Leopoldo Bruera y que bien supo comunicar.

Su humor fue un estilo de comunicación humana, una forma social y amiga de llegar a todos. Y en ese humor y en esa comunicación no se percibía -en lo personal nunca lo percibí- el tono amargo, acre, de sentimientos personales anatagónicos inspirados en la pasión política. Sí sentimos su deseo franco de comunicarse de esa forma cálida y cercana.

A medida que pasan los años uno reflexiona acerca de si no es precisamente por esa calidez y esa humanidad que es posible que los sueños cristalicen, que los proyectos se materialicen y que los países crezcan.

Se puede decir que Leopoldo Bruera también fue realista y práctico para saber encontrar, tal como se ha dicho, en las circunstancias más diversas, las soluciones ingeniosas, sencillas, y reconocer con realismo las limitantes y las condicionantes de determinadas coyunturas políticas.

En su larga dedicación al servicio público debió enfrentar avatares y circunstancias por cierto adversas y desventajosas, y fue en esas ocasiones fiel a sus ideas y, al mismo tiempo, capaz de sobrellevarlas con dignidad, humanidad, humor y capacidad de construir.

Sin embargo, señor presidente, sería engañoso si pensáramos que detrás de esta personalidad cálida, afectiva, generosa y cultivada, no había un espíritu poderoso que sabía estallar en la pasión y en el diálogo fuerte y vibrante; pero ese choque no lastima porque es el que emana de las convicciones dichas con autenticidad y de los aspectos verdaderos que surgen desde su interior. Si bien se puede discrepar profundamente con ellos, debemos reconocer que no lastiman en tanto que, reitero, son la expresión sincera de un espíritu convencido.

En esta sesión se evocó su parte a la legislación en materia de medio ambiente, a lo que adhiero, junto con todos los señores senadores colorados, sin violencia y con placer. En ese tema hizo gala, precisamente, de esa pasión y de esa fuerza, para llevar adelante esta iniciativa. No obstante las dudas, las dificultades, los tecnicismos que los abogados planteamos a cada momento, Leopoldo siguió adelante y tuvo éxito en su empeño. Más allá del acierto concreto de la legislación, marca un hito en el camino necesario a transitar para la tutela de ese bien absolutamente superior.

Sin duda, éste ha sido un hecho triste y sorpresivo, pero me pregunto si Leopoldo, de poder hacerlo, no hubiera elegido ese final. No imagino a su espíritu inquieto y a sus ojos chispeantes, aprisionados en largos sufrimientos que le privaran de la acción. Nos gustará a todos recordarlo vivaz, apasionado y afectuoso, cultivado, inteligente y también con ese toque de bohemia auténtica de naturalidad. Entonces, la muerte repentina, nos deja intacto este recuerdo imborrable de un compañero querido.

En nombre de los compañeros del Partido Colorado, séame permitido expresar finalmente nuestra solidaridad al Frente Amplio, a su Partido a nuestro compañero el señor senador Jaime Pérez -a quien me permito singularizar dado que su emocionada expresión nos llegó muy de cerca- y a la familia de Leopoldo Bruera.

SEÑOR ASTORI. - Pido la palabra.

SEÑOR PRESIDENTE. - Tiene la palabra el señor senador.

SEÑOR ASTORI. - Señor presidente: aun cuando quien ha hecho uso de la palabra en esta sesión de homenaje en representación del Frente Amplio es nuestro compañero, el señor senador Jaime Pérez, quisiera pedir permiso, en primer lugar a él y, en segundo término, a los restantes componentes del Cuerpo, comenzando por el señor presidente, para expresar, en forma breve, el profundo e intenso dolor que siento ante este episodio y dejar constancia en este tributo final que el Senado de la República le rinde a su ex integrante Leopoldo Bruera.

Quiero hacerlo, señor presidente, por muchos motivos pero, en particular -y esto deseo compartirlo con todos los aquí presentes- porque conociendo a Leopoldo Bruera desde hace muchos años, me tocó compartir con él en los últimos tiempos, muchas reflexiones personales. Hemos conversado largamente en muchas oportunidades. Públicamente, quiero señalar hoy que para mí esos diálogos fueron muy importantes e integraron una actitud de vida que no tuve tiempo de agradecerle en vida, razón por la cual deseo hacerlo a través de esta oración póstuma.

Justamente, el viernes pasado, al levantarse una frustrada sesión de la Asamblea General, el último intercambio de palabras que tuvimos refirió a eso que era una conversación permanente. En esa oportunidad, me dijo: "Bajo a conversar a tu despacho", y yo le respondí: "Te espero". No obstante, por alguna razón no se hizo presente. Por ello, deseo cerrar en este momento esa conversación que en los últimos tiempos mantuvimos frecuente e intensamente, diciendo aquí, en nuestro lugar de trabajo, que siento una inmensa tristeza por su desaparición física y, como cristiano, una gran esperanza, que también quiero hacer pública.

Señor presidente: creo que el Uruguay vive horas complejas; además, no es un secreto para ninguno de nosotros que los tiempos que se avecinan serán difíciles, que habrá que trabajar, conversar y escucharse mucho. En este sentido, estoy seguro que lo vamos a extrañar en los tiempos que vendrán. Cuando digo que lo vamos a extrañar no me refiero, solamente, a los frenteamplistas, sino a todos. Ojalá que no se trate, solamente, de un frustrante sentimiento de ausencia, sino, simultáneamente y con espíritu constructivo, de un recuerdo muy hondo que deseo nos estimule a todos a realizar lo que él hubiera hecho, aspectos que muy bien han expresado colegas y compañeros de todos los sectores políticos representados en este Cuerpo.

Señor presidente: con mucha humildad, como frenteamplista quisiera agradecer -estoy seguro de que represento a todos mis compañeros- las palabras y los sentimientos que hemos podido compartir y percibir todos, expuestos por integrantes del Cuerpo, reitero, representantes de los diferentes sectores políticos que forman parte del Senado de la República.

Ha sido enormemente gratificante escuchar lo que ha dicho los diferentes colegas que nos precedieron en el uso de la palabra y por eso expresamos nuestro sentimiento de reconocimiento y de agradecimiento en esta hora, reitero, de dolor y de esperanza.

Señor presidente: sentía la necesidad de expresar todo esto y, al mismo tiempo que manifiesto que rezo acongojado por su alma, señalo que también alimento la esperanza de que su recuerdo, de acá en adelante, nos ayude a todos a practicar el mismo espíritu de diálogo, de comunicación y de tolerancia que él exhibió durante toda su vida.

Muchas gracias.

SEÑOR PRESIDENTE. - Si el Senado me permite, me siento en la obligación, en lo personal por un imperativo de conciencia y, además, como presidente del Cuerpo, de expresar los sentimientos de profunda congoja que me embargan desde el momento en que, en razón de un llamado del señor senador Jaime Pérez, me enteré a primera hora de la mañana de hoy de la infausta noticia del fallecimiento de quien fue nuestro compañero de tareas durante cinco años en este Senado de la República, don Leopoldo Bruera.

Aunque siempre he dicho en análogas circunstancias que las personas que dejan una huella profunda en su tránsito por este mundo no deben ser juzgadas ni miradas a través del prisma de una relación singular ni de la peripecia personal, resulta inevitable fundar los juicios que se expresan sobre una persona desaparecida en las características intransferibles de la relación personal que con ella se tuvo.

Es sabido que, por razones que no es necesario explicar, mi vinculación con el señor senador Bruera principó en este hemiciclo, en esta hermosa Casa, en febrero del año 1990, es decir, hace poco menos de cinco años. Sin embargo, desde su comienzo fue una relación cálida y afectuosa, acorde con las características de su personalidad.

La primera oportunidad en que le pedí que concurriera a mi despacho fue para expresarle mi total solidaridad y mi respaldo, por si lo precisaba, ante un ataque, una salida de tono, diría, de un colega del Cuerpo -que no está aquí presente- en el seno de una Comisión, violentando las reglas del estilo parlamentario y del recíproco respeto que todos los legisladores nos debemos. Recuerdo que en aquella oportunidad le manifesté, aunque sabía que él había rechazado el exabrupto con la energía que sabía usar como hombre de carácter que era cuando ello era necesario, que contaba con todo mi respaldo -como cualquier otro integrante del Cuerpo- para que en el Senado y en las Comisiones se practicara el debido estilo parlamentario y se hiciera verdad el deber que todos tenemos de respetarnos recíprocamente. Quizá ese fue el inicio de nuestra relación amistosa, pero no su razón. De todas maneras, uno y otro íbamos a cultivar esos sentimientos por su manera de ser, su amplitud de espíritu y su vocación por hacer amigos en este mundo, que ha quedado de manifiesto a través de las expresiones de quienes me han precedido en el uso de la palabra y que, naturalmente, iba a producir ese resultado.

Hoy deseo expresarle mi gratitud por varias razones pero, sobre todo, como presidente del Cuerpo, porque en el Senado fue un parlamentario digno, laborioso y responsable en el cumplimiento de sus obligaciones. Inalterablemente procedió de esa manera, que es como siempre se debe actuar, aunque, como sabemos, lamentablemente no todos exhiben el mismo celo en el cumplimiento de sus deberes y responsabilidades.

No voy a reiterar lo que han dicho algunos colegas, pero es indudable que el progreso de la legislación del país en materia de medio ambiente -uno de los grandes problemas de nuestro Uruguay y del mundo entero- se ha debido, en esta legislatura y en este Senado, fundamentalmente, al esfuerzo, a la constancia, a la tenacidad y, por qué no decirlo, a la visión y al conocimiento adquirido en esta materia a través del estudio por el hoy extinto senador Leopoldo Bruera.

Debo decir, también, que lo que se ha expresado con respecto a su preocupación para que el Senado contribuyera a enriquecer el acervo artístico, no sólo del Palacio Legislativo sino del país, fue el resultado de una acción que coordinamos con él en los primeros meses del año 1990, cuando le manifesté mi propósito de transitar por esa senda y él señaló que estaba dispuesto a darme todo su apoyo. Fue él quien en la Comisión de Presupuesto formulo moción para que se votaran rubros que habilitaran el desarrollo de esa política que siempre respaldó con entusiasmo y con cariño. Lo recuerdo en la última de las dos exposiciones de la Pinacoteca del Palacio, asistiendo complacido a su inauguración, ocasión en que tuve el placer de señalar su aporte ante la concurrencia ajena a esta Casa.

Se ha hablado de su afición -y diría, de su amor- por las artes plásticas y, particularmente, por la pintura. Además de su vocación y de su lucha política durante toda su vida, era un hombre que tenía una simple formación y un gran cariño por todas las expresiones de la cultura. Recuerdo una ocasión en que -en un episodio que en aquel momento nos pareció risueño y que pinta adecuadamente esa faceta de su personalidad- interrumpió un arduo debate de un proyecto de ley para plantear una cuestión de orden, pero resultó que no era de orden -aunque tampoco era de desorden, como en una célebre oportunidad dijo el doctor Eduardo Rodríguez Larreta- ya que él deseaba tributar un breve pero emotivo homenaje -y así lo hizo entonces- a uno de los grandes genios de la música de todos los tiempos, Mozart, en el bicentenario de su nacimiento.

No puedo olvidar, tampoco, el día en que -hace poco más de un año- se apersonó a la Mesa y durante una sesión me dijo: "Presidente: ¿usted ha leído `Maluco'?", a lo que respondí que no había leído esa excepcional novela de Napoleón Baccino Ponce de León. Insistió en que debía hacerlo. Quizás pensando que en medio de mis múltiples ocupaciones y preocupaciones no leería la obra, a los pocos días me regaló un ejemplar de la novela. Luego de haberla leído la coloqué en mi biblioteca y, naturalmente, ahora la guardaré con mucho más cariño; será uno de mis libros más preciados por sus valores intrínsecos y, además, porque será para mí el testimonio último y permanente de la amistad y la generosidad del compañero que hoy estamos despidiendo.

Lo vimos entrar al Senado militando en una colectividad política a la que había brindado sus mejores afanes y su capacidad desde los años mozos, como aquí se ha dicho. Si los momentos difíciles para él y sus correligionarios, en que los hechos conocidos que se sucedieron -no en nuestro país sino a nivel mundial- lo determinaron a declararse desvinculado de ese partido político, mellaron su espíritu y le trajeron horas de desazón y de dolor intelectual, ello no se trasuntó en momento alguno en su accionar parlamentario ni en el trato que a todos nos dispensaba. Fue siempre igual a sí mismo: sereno, digno, responsable, cordial y estuvo permanentemente dedicado a estrechar los vínculos de amistad o, por lo menos de cordialidad que lo ligaban con todos sus colegas de este Senado. Creo que lo tenemos que señalar en este momento.

Por último, quiero traer el recuerdo de un pensamiento del maestro Irureta Goyena, quien afirmaba que en la vida de todo hombre cabal existen tres períodos que se deben recorrer o que casi siempre se recorren. El primero es de expansión: el sujeto trata de ocupar el mayor lugar posible bajo el sol. El segundo, de estacionamiento: el sujeto -como los personajes de Voltaire- vigila el dominio conquistado. El tercer período es de replegamiento: la persona abandona, hoy un soto, mañana un majuelo y pasado un rosedal, hasta quedar reducido al brevísimo espacio que necesita un hombre anciano, rodeado de sus libros, de los amigos que le puedan quedar y que contempla como se encienden y se apagan las llamas de un hogar, mientras los leños crepitan. Bruera recorrió dos de esos períodos en su tránsito por este mundo. Estaba vigilando el espacio conquistado en su vida política y había llegado a una de las más altas dignidades que todos los que aquí estamos también hemos tenido el honor de recibir del pueblo. Por ese mismo pueblo, desde su óptica o punto de vista, discutible o no -ello no interesa en este momento- pero con inmensa buena fe y con igual convicción, luchó toda su vida. No llegó, pues, a la tercera etapa; no tuvo tiempo de replegarse ni de ir abandonando una a una sus tareas y responsabilidades. Cayó como un árbol que lo abate de golpe, inesperadamente, una tormenta.

Si en la lápida que cubre sus restos y que vimos colocar hace muy poco rato en el Cementerio del Norte, debiera inscribirse un epitafio, en mi opinión, él debiera decir: "Aquí yace un luchador, un hombre que dejó una legión de amigos, una persona de bien, un hombre bueno".

Presento mis más sentidas condolencias a sus familiares, al Frente Amplio, particularmente a su amigo, el señor senador Jaime Pérez.

-Ha llegado a la Mesa una moción firmada por todos los señores senadores presentes en sala, que dice lo siguiente: "El Senado se pone de pie en homenaje al senador Leopoldo Bruera y guarda un minuto de silencio en su memoria. Envía a los familiares la versión taquigráfica de los discursos pronunciados en sala y dispone hacerse cargo de los gastos del sepelio, reforzándose a esos efectos el correspondiente rubro de gastos del presupuesto del Senado".

La Presidencia deja constancia de que anteriormente se adoptaron las medidas de estilo en cuanto a publicar en la prensa los avisos de su fallecimiento y enviar una ofrenda floral al acto del velatorio de los restos del senador Bruera.

Si no se hace uso de la palabra, se va a votar la moción presentada.

(Se vota:)

-12 en 12. Afirmativa. UNANIMIDAD.

La Mesa invita a los señores senadores y a la barra a ponerse de pie y a guardar un minuto de silencio en homenaje a la memoria del ex senador Leopoldo Bruera.

(Así se hace)

7) SE LEVANTA LA SESION

SEÑOR PRESIDENTE. - No habiendo más asuntos que considerar, se levanta la sesión.

Así se hace a la hora 18 y 55 minutos, presidiendo el doctor Aguirre Ramírez y estando presentes los señores senadores Alonso Tellechea, Astori, Blanco, Bouzas, Cassina, Grenno, Millor, Pérez, Raffo, Ricaldoni y Rubio.

DR. GONZALO AGUIRRE RAMIREZ Presidente

Dr. Juan Harán Urioste Secretario - Don Mario Farachio Secretario

Sra. Alba E. Rubio Cuadrado Directora General del Cuerpo de Taquígrafos

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Montevideo, Uruguay. Poder Legislativo.